Curso impartido por Julián Marías durante el centenario del nacimiento del cine. En un ciclo de conferencias anual del Colegio Libre de Eméritos. Fue realizado en el Cuartel del Conde Duque de Madrid, con gran afluencia de público y con dificultades de acceso, lo que ha impedido tener grabaciones de todas las clases. En próximas fechas continuaré completando el curso, hasta donde he podido llegar.
La primera conferencia se titula:
I. Un nuevo órgano de percepción.
La calidad de la grabación impide su entendimiento con suficiente claridad, por lo que voy a transcribirla en su totalidad, seguidamente:
El curso de este año se titula “Un siglo de antropología cinematográfica”. Coincidiendo con el centenario de la aparición de este nuevo arte. Hace tiempo vengo considerando la posibilidad de la existencia de una antropología cinematográfica. Cuando escribí el libro “Antropología metafísica”, tenía conciencia de que muchas de las ideas filosóficas provenían de mi experiencia del cine. No se trata de que la experiencia del cine lleve a la concepción de una antropología, sino que el cine mismo es una antropología.
El cine nace en el año 1895. Es una realidad nueva, que cumple ahora un siglo. Es decir, todos los que estamos aquí hemos nacido en un mundo en el que el cine está presente, porque no se trata de que todos hemos visto películas, centenares de ellas o miles, sino que hemos vivido en un mundo condicionado ya por la experiencia cinematográfica, algo que era desconocido antes.
No solo es la proyección de una imagen en movimiento sobre una pantalla, sino que las imágenes tienen permanencia en la retina, y además es una diversión. Ambas cosas son de gran importancia.
La técnica es esencial en la vida humana, en un ingrediente de la estructura empírica de la vida humana. La forma en que se desarrolla la realidad humana es un conjunto de estructuras empíricas, que pudieran ser otras, no son necesarias, y se conocen empíricamente. Una de las realidades empíricas de la vida personal es la técnica: el hombre es un animal técnico. El hombre ha vivido siempre con técnicas muy sencillas, que la han acompañado a lo largo de la historia, técnicas muy rudimentarias: la palanca o el hacha de sílex, el cuchillo o el arado. La técnica altera lo que es la vida natural del hombre.
El tamaño del hombre es uno determinado: entre uno y dos metros, pero lo que le define es su capacidad de obrar, independiente de su tamaño, pues puede atender a la mínima dimensión del átomo y, al mismo tiempo, el espacio exterior con sus enormes dimensiones, donde realiza ya movimientos reales, con los satélites y la aventura del espacio. Estamos viendo en una película actual operaciones reales en una cápsula que está en el espacio exterior.
Esta es la magnitud real del hombre, que rebasa sobremanera su propio tamaño. A esto hay que añadir la capacidad perceptiva, que la técnica permite aumentar enormemente. El hombre tiene una vista que le permite ver cosas de cierto tamaño, pero con microscopios, con telescopios agranda en mucho su capacidad visual. Percibe los colores del espectro, pero no los infrarrojos, no los ultravioleta, no las innumerables radiaciones, que en cambio puede detectar con aparatos.
Actualmente el hombre pasa la vida hablando por teléfono, oyendo la radio, viendo la televisión. Es decir percibiendo realidades que no son directamente perceptibles.
Ahora les estoy hablando sin esforzar la voz, porque hay un aparato técnico que se interpone entre ustedes y yo, que nos ayuda. Es decir el sistema sensorial del hombre tampoco es natural, está potenciado por la técnica.
La sensibilidad corporal permite a mi vida tener un carácter transitivo, pues me pone en contacto con el mundo. La naturaleza del hombre es distinta del resto de las cosas y de los animales, pues es una naturaleza en expansión, que no está dada, con posibilidades, en principio, ilimitadas.
Esto es lo que permite la técnica, que acompaña a la humanidad desde sus comienzos. Lo que aparece totalmente nuevo es la fantástica aceleración de la técnica. Siempre ha vivido el hombre en un nivel técnico muy poco cambiante, en unas posibilidades técnicas muy específicas. Vean como ejemplo una novela o una obra teatral. Inmediatamente nos damos cuenta de que la obra no es actual, porque, por ejemplo no hay luz eléctrica, o no tiene automóvil o no vuela, etc. o no ve la televisión o no habla por teléfono. Nos cuesta mucho trabajo reconstruir las formas de la vida en otras épocas.
Piensen ustedes en la cirugía, que técnicamente era posible, pero el paciente moría por la infeeción o por el dolor. La asepsia y la anestesia han hecho posible algo que no lo era hasta el siglo XIX, y hoy los progresos en esta cuestión son incomparables.
Y estamos empezando con lo que es la informática está ahora introduciéndose, sin imaginar siquiera el horizonte de sus posibilidades, y con el mayor de los problemas, que es que no entendemos. Temo que la mayor parte de ustedes están en una situación parecida a la mía.
El cine es una técnica, pero es una parte decisiva de la vida humana, y además es una técnica de diversión, que es una realidad que acompaña a la humanidad desde el comienzo. El hombre que vive en una vida real y efectiva, que le ocasiona problemas constantemente. Curiosamente no se conforma con eso, quiere distracciones, desde la infancia, con su exigencia de que le cuenten cuentos o que les cantes, como yo hacía con mis hijos, que paseando les cantaba “La marsellesa”, por eso huían de mí, para no escuchar mi canto.
Desde el comienzo de la humanidad, el niño pide imágenes, narradas en forma de cuentos o en cantos. El hombre necesita añadir a su vida real y efectiva, vidas imaginarias, ficción. La ficción es un artículo de primera necesidad en el hombre. El cine crea una forma de diversión de las más potentes que la humanidad ha inventado, por eso el cine es tan importante, y es una innovación inmensa.
¿En qué consiste esa innovación? Lo primero, que es un órgano de percepción más. El hombre percibe las cosas de un cierto modo, de una cierta manera. Sus sentidos tienen un alcance limitado. Su convivencia se realiza a una cierta distancia. Los sentidos nos dan las cosas, pero la vista nos da el mundo, no solo de las cosas, sino que es el sentido de la mundanidad como tal. Vemos lo que no está inmediatamente presente, además lo vemos dentro de un ámbito. La vista nos da una multiplicidad de distancias y de planos, y, por tanto, de perspectivas.
El oído no nos da la presencia inmediata de las cosas, y el resto de los sentidos son mucho más limitados en la percepción de la cosas. Los sentidos producen una articulación del mundo sensorial.
El cine introduce una nueva manera de ver las cosas, la percepción cinematográfica es distinta de las demás. Por lo pronto hay algo, que es la pantalla, y nos hacer ver de una manera especial, hasta tal punto que nos hace ver el mundo real cinematográficamente. Los que eran viejos no entendían bien el cine, lo mismo que había personas que no sabían hablar por teléfono, era frecuente que esas personas gritaran al hablar por el aparato, como si la persona estuviera muy lejos y hubiera que gritar.
El cine, mediante la pantalla, convierte la realidad en cuadros, es una visión pictórica que acompaña al cine. Hemos adquirido la visión cinematográfica de la realidad. Sobre todo cuando vemos un paisaje desconocido- Recuerdo cuan fui por primera vez a Nueva York me pareció una cosa de película, convertía en película la realidad que estaba observando cotidianamente.
Hay una cosa en el cine decisiva, y es la pluralidad de perspectivas, la pluralidad de las distancias. Otro gran descubrimiento, que es extraordinario, del cine, es el primer plano. Habrá que hablar de eso con detalle. Vemos, por ejemplo a John Wayne cabalgando en la pradera, y luego una cabeza que ocupa toda la pantalla. Experiencia que no tenemos, salvo en muy contadas excepciones.
Recuerdo que Ortega, hablando del Dante, refería un rostro reflejado en una pupila, y añadía: “esto indica inclinaciones muy próximas sobre ojos muy dóciles”. Esto nos lo da el cine constantemente.
Hay una articulación de la perspectiva visual, en el sentido literal de la palabra, y se lo debemos al cine. Además aparecen las conexiones de la realidad, al trasladarnos de plano y observar que esas realidades están juntas en la vida, no están juntas físicamente, ni en el mismo espacio. Como ven ustedes existe una alteración total del sistema perceptivo, puramente visual cuando el cine fue mudo, lo que nos enseñó a ver un mundo sin sonido. Creo que el cine es siempre mudo, por lo que nos enseña mediante imágenes.
En un ensayo antiguo definí al cine: “como un dedo que señala”, y eso es la función que tiene el cine, también ahora cuando la realidad señalada es sonora, que aunque sea otra cosa; pero la operación cinematográfica siempre es cine mudo, es visual y es señalar.
Cuando se pasó del cine mudo al sonoro, resultó que muchos actores no servían, porque no sabían hablar o tenían unas voces inaceptables, y no pudieron seguir actuando en el cine sonoro. En el cine mudo no hacía falta seguir un diálogo y los actores hablaban de cosas que no tenían que ver con la escena, como observaban las personas que sabían leer en los labios. A veces se hacían bromas o se insultaban.
Con el cine sonoro se incorporan los ruidos cotidianos, la voz, la música...La realidad que el cine presenta es distinta, se enriquece con el sonido. Lo mismo ocurrirá con el color, el blanco y negro era un cine de sombras. Hubo una sorpresa agradecida cuando apareció el color en el cine, parece como si la retina tuviera una extraña gratitud, la realidad se vivificada, también dependiendo de la calidad del color. El cine se iba acercando cada vez más a la realidad, pero una realidad siempre ficticia, siempre imaginada. El cine no puede perder nunca el carácter de imaginación, por eso el cine no puede ser documental, que es un cine incompleto. Si no le pasa algo a alguien, entonces no es cine, que para serlo tiene que ser narración, porque si no lo es, no interesa. El documental se justifica muy difícilmente, tiene que tener grandes calidades para que resulte aceptable, y a última hora produce frecuentemente cierto aburrimiento. En cambio cuando la realidad que se refleja es dramática lo que tiene de representación de realidad es capital en el cine, entonces es eficaz y nos da un enriquecimiento de la realidad.
Hay una gran cantidad de posibilidades nuevas, que nos hacen ver la realidad como no se había visto nunca antes. Se pueden buscar analogías a esta nueva situación, analogías muy remotas, en el teatro clásico español. Esos cambios de escena, que se dejaban a la imaginación, porque apenas había escenario y este era mínimo, pero los cambios de escena, los traslados a otra situación, a otro momento, a otro lugar es justamente lo que el cine realiza. Lo contrario de lo que hace el teatro clásico francés con la regla de las tres unidades: unidad de lugar, unidad de tiempo y unidad de acción.
En principio el teatro tiene esta condición, si no afecta a la obra teatral entera, afecta a cada acto, o incluso en un texto dramático escrito, a cada escena. Normalmente se consideraba, si ustedes leen una obra teatral tradicional, está dividida en actos, los actos en escenas, las escenas están definidas por los personajes que están en ellas. Cuando un personaje sale o entra, es otra escena, se considera como otra escena.
Entonces el teatro, por ejemplo el teatro español clásico, por supuesto no tiene las unidades, y mucho menos, pero se conserva, por lo menos en cada escena. Pero en todo caso hay un intento de la fragmentación de perspectivas, de los cambios de lugar, de los cambios de escenario. Naturalmente sí, la posibilidad técnica que tiene el cine, pero lo consigue en cierto modo el teatro, ese teatro, concretamente el teatro clásico español, que en inglés, es Shakespeare, no en cambio el teatro clásico francés, el teatro de Racine, de Corneille, de Moliere, no tiene eso, evidentemente es algo muy distinto.
Esto es capital. Pero luego lo que ocurre, y esto es a última hora lo más importante, es que esa manera cinematográfica propia del cine, esa manera que tenemos de percibir, esa forma de percibir que es constitutivo de las películas, lo trasladamos después al mundo real. Y entonces resulta que se nos ha desarrollado una cierta manera cinematográfica de ver la realidad.
Y en una gran proporción la vemos cinematográficamente. Yo creo que si se pudiera analizar, es muy difícil hacerlo, cómo ve el mundo y cómo vive, con un proyecto de transformación y convivencia de una persona con una vida en el cine, una persona formada en el cine, o una persona que no lo ha sido. Es muy interesante y creo que no se ha intentado nunca, pero sería interesante analizar la forma de convivencia de la persona la situación cinematográfica de hoy en día.
En el aspecto de la relación amorosa la influencia del cine es extraordinaria. La experiencia cinematográfica ha sido uno de los instrumentos de la movilización sentimental de los más poderosos. En este sentido ha sido algo absolutamente decisivo.
Lo que había sido en otros tiempo de la lírica, lo ha sido el teatro, finalmente, en un modo muy complejo, el cine. La verdad es que se ha trasladado a otra dimensión, a otro plano, y es un instrumento absolutamente distinto. Es evidente que la pedagogía ha visto con malos ojos la ficción, pero para vivir la vida humana, se trata de constituir la propia. Era muy importante consultar a los viejos. Los viejos Los la habían visto, han construido la vida en todas sus partes. El viejo conocía desde el nacimiento hasta la muerte. Los demás. El viejo conocía la vida de todos, claramente el viejo, mayores y menores. Por eso, los senados han tenido mucha importancia. .
Ahora, la ficción nos da una especie de mapa abreviado de la vida humana. La novela, si es larga. en unos días, en unas semanas, podemos decir que asistimos la totalidad de la vida completa, imaginariamente, es el tiempo real. El plazo más breve, el tiempo más breve, es el de una película , una película, que dura una hora y media, pero además, con una visualidad, con una intuición directa que, naturalmente, la lectura no lo conoce.
Así pues, vivíamos como un equipo de conocimiento del tiempo, como un equipo de dilatación imaginaria, inspiración física del tiempo real. En definitiva, la ganancia que hemos tenido, esto se siente también en la televisión, pero que no tiene lo que tiene el cine: la oscuridad y la pantalla grande, que permite una mayor atención. Con la magia que el cine solo puede ofrecer.
Aunque ahora existen las pantallas de los cines pequeños, en que la pantalla de cine es un término medio entre la verdadera pantalla y la verdadera televisión, y da una visión muy precaria y no tiene esa magia, no tiene la verdadera pantalla en la sala, solo cada espectador con la pantalla ingresa en ese mundo mágico, en ese mundo difícil. Entonces, hay una transformación fundamental, insisto, no ya del cine, no ya cuando vamos al cine, sino cuando estamos fuera de él, cuando vivimos la realidad. E insisto, porque es quizá lo más importante, en que las relaciones personales, las relaciones que tenemos con las demás personas, están transformadas también por el cine.
Y es evidente, por ejemplo, que la distancia, la identificación, la interpretación de los detalles, piensen ustedes, recuerdo, por ejemplo, que hay una película bastante antigua, había un momento que aparecía una mujer en la escena y había un momento en que la luz hacía brillar un anillo en uno de sus dedos. Esto era, naturalmente, explicar que aquella mujer era una mujer casada. Claro, el cine no exhibía la partida de matrimonio.
Ni se decía, ni se explicaba, simplemente brillaba un anillo y esto interpretaba la realidad de aquella mujer como casada. Por ejemplo, las conexiones en el cine, que eso que no entendía bien el que empezaba a ver cine o era ya muy maduro cuando empezaba a verlo, no entendía las conexiones, no era capaz, no entendía bien la acción. En cambio, hay casos literarios interesantísimos en que esto se hace, por ejemplo, esa maravillosa novela, para mi gusto, de Azorín Doña Inés que está escrita para el cine, es absolutamente genial, está hecha, está vista cinematograficamente.
Y es la época en que Azorín, que estuvo veinte años, o veinticinco, sin ver cine, por diferentes razones, y de repente descubrió el sonoro, el color, y dice, los labios gordezuelos de Ingrid Bergman. Entonces se produjo un entusiasmo por el cine, y iba a ver un programa doble todos los días. Andaba por los cines de cerca de su casa, en la calle Zorrilla, y por los cines del barrio, que había muchos, entonces todavía había algunos, pero había más, iba todos los días a un programa doble y escribió sobre el cine bastante.
Y además, cuando se hablaba del cine, se animaba, y era un hombre de pocas palabras, cuando se hablaba del cine también se animaba y se volvía locuaz. Y esto fue, pero su novela es de 1925, "Doña Inés" es de 1925, es decir, la época en que no había ido apenas al cine, y sin embargo, tiene tal talento literario que descubre lo que el cine aporta como medio de presentación de las formas de la vida. Miro el reloj, porque nos han dicho que esto se debe de terminar antes de las nueve, y no quiero prolongarlo más que la cuenta.
Como ven ustedes, por tanto, el cine significa un órgano perceptivo. Es decir, ha ejecutado una dilatación, una transformación, precisamente, de lo que es la dimensión perceptiva del hombre. Al decir perceptiva, hay que añadir algo.
La percepción humana no es mera percepción. Ustedes comparen, por ejemplo, la visión humana con la visión de la cámara fotográfica. La cámara fotográfica simplemente capta lo que hay, lo que es visual. La mirada no. Porque la mirada no es mera visión, una cosa es ver, otra cosa es mirar. La mirada significa una presión sobre las cosas.
La mirada significa una cierta atención. Por lo pronto, la orientación de la mirada hace que unos objetos u otros coincidan con la mancha amarilla de la retina. Es decir, yo, en este momento, los miro a ustedes y diríamos, a la mayor parte de ustedes, los veo, pero no los estoy mirando propiamente. Los veo borrosamente. Los veo, el español dice, con una expresión graciosa, con el rabillo de ojo. Pero, naturalmente, yo me fijo en algunos de ustedes y, en cambio, los voy enfocando. Fijo a la mirada en uno u otro de ustedes y, entonces, los veo con un relieve, con un detalle, evidentemente, que la cámara, no, la cámara es neutral. La cámara fotografía todo con indiferencia. Lo único que actúa es, naturalmente, la distancia.
Algún problema de perspectiva. Lo que está lejos apartará muy pequeño. Lo que está en primer plano apartará mayor. Naturalmente, la iluminación tiene datos objetivos, pero la cámara no mira. La cámara es fotográfica. Pero la cámara, la cámara cinematográfica sí.
Ah, claro, entonces, les decía que es un dedo que señala. Porque cambia de orientación, señala las cosas. Por ejemplo, aparece una escena. Aparece una escena y es una muchedumbre que llena una calle o que sale del metro. Y nosotros, inmediatamente, vemos que una muchacha con un pequeño sombrero va a ser la protagonista. No nos han dicho nada, sí, pero la cámara se ha fijado en ella.
La cámara la ha enfocado especialmente. La ha aislado. Hay un tipo de percepción muy curiosa, que yo no sé si los fisiólogos o los psicólogos la han conseguido explicar o no, pero es un hecho evidente. Si una persona, un hombre, en este caso tiene que ser un hombre, entra en un lugar en el que hay muchas personas o en el metro cuando está lleno, si hay una mujer bonita, la ve inmediatamente. No sé cómo. Yo no lo he explicado, pero es un hecho. La ve inmediatamente. No ha visto a los demás. Las mujeres, quizás, para ser algo parecido, a lo mejor, no es un hombre bonito, quizás sea otra cosa. No lo sé, pero probablemente sea otra cosa. En fin, nunca he tenido la experiencia y no hablo de lo que no entiendo. Pero en el caso del hombre es absolutamente claro.
Incluso a veces ocurre en una fotografía, una fotografía en la que hay muchas personas. Uno la mira, la mira 10 segundos y ve una cara bonita que hay. Hay algunas, o a veces hay sólo una, o a veces no hay ninguna y lo cual es... Es decir, esto justamente es un fenómeno que no entiendo bien porque es instantáneo.
Bueno, el cine enfoca, en cierto modo, la cámara cambia de punto de vista, establece las conexiones, salta de un punto a otro, es decir, establece articulaciones y conexiones que no son las conexiones meramente visuales, pasivas. Por eso es muy distinto de lo que decía de la cámara fotográfica. Fíjate que son fotografías. El cine lo que hace es fotografiar. Ah, sí, fotografiar pero con una cámara en movimiento. Y entonces, justamente altera todo el sistema perspectivo y significa, claro, un enriquecimiento prodigioso, que en general no nos damos cuenta porque es algo habitual y porque además no le damos importancia.
El cine es una operación trivial, vamos para divertirnos, es un aparato, es una técnica más o menos complicada. Se está perdiendo a fuerza de técnica, piensen ustedes que es muy frecuente que la acumulación de técnicas y de efectos especiales hace que esto, que es el verdadero enriquecimiento, que es el valor perspectivo que el cine añade a la percepción normal de la realidad. No nos dan tiempo.
El cine a veces nos da tanta cantidad de cosas, de episodios, de explosiones o lo que sea, ¿no? Que no nos deja ver, lo mismo que a veces es el sonido. El ruido frecuentemente no nos deja ver. Hay un hecho, yo muchas veces me quejo de que en el cine la música, a veces se emplea y viene maravillosamente a veces, otras veces es un desastre.
Hay escenas por ejemplo en las cuales se está oyendo música que no hace más que impedir la visión. Hace poco vi una película que estaba sumergida la música toda y la película. Y en el 90% de los casos sobraba. Pero claro, como ven ustedes, esto, repito, no nos damos cuenta, no lo advertimos a fuerza de habitualidad y a fuerza de trivialidad y de no darle importancia. En definitiva, es curioso también ese giro español y de todas las lenguas, que es darle importancia a las cosas. Las cosas tienen importancia. Siempre en gran parte es la que les damos. Si no se las damos, a veces no la tienen, a veces se imponen con su importancia, pero muchas veces no.
Y es evidente que el cine se toma de una manera muy trivial. Al cine normalmente no se le da importancia. Lo cual es bueno en un sentido, que es que el cine durante casi toda su historia, hasta hace poco tiempo, se ha visto en estado de inocencia. La gente iba al cine porque se divertía, porque le gustaba. No era pedante, no sabía quiénes eran los directores, le gustaban unos actores especialmente. Luego después ya empezó la gente a ser más sabedora de cine, a conocer más cosas, a tener erudición, a tener cierta pedantería, y frecuentemente, a ver películas que no les gustaban. O desdeñar a las que más les gustaban. Cosa que es muy mala. Esto es una tendencia que ocurre en muchas cosas, como en la música, o en la literatura, en la pintura, en el cine.
En casi todo ocurre. Pero en el cine ha sido muy visible porque el cine fue inocente. Diríamos hasta hace quizá 30 años o algo parecido, que el cine se veía en estado de inocencia. Es lo más creador. Yo siempre creo que el estado de inocencia es lo más creador que hay. Cuando se pierde la inocencia, se pierde la percepción.
Como ven ustedes, por tanto, significa el cine una transformación de la vida real. Y entonces esto quiere decir que la realidad humana ha cambiado en el espacio de un siglo. Y ha cambiado desigualmente. Ha cambiado en gran parte de un modo cuantitativo. ¿Cuánto cine se ve en cada país? Yo estuve hace bastantes años en la India. Me encontré con una sorpresa. Era el país en que la producción de cine era mayor del mundo. Cosa que yo no sabía. Y en un país en que una gran parte de la población era muy pobre. Muy pobre. Y comía poco. Muy poco.Y mal. Había largas colas delante de todos los cines porque la gente se gastaba las pocas rupias que tenía en ver películas. Hasta el punto de que me hablaron de una actriz muy notable. Que entusiasmaba a los públicos del sur de la India y quise verla. No lo conseguí. Nunca conseguí la entrada. Es decir, que la gente se privaba de lo más necesario. Incluso de la comida. ¿A cambio de qué? De nada. De unas imágenes. Unas pocas imágenes.
Me pareció humano. Me pareció admirable. Entonces, evidentemente, la cantidad de cine que tiene cada vida es cambiable. Es variado. Depende de las épocas. Depende de los países. Depende de la visión. De las condiciones. De qué se vive. O del lugar en el que se vive. En esto, la televisión es un sucedáneo del cine, pero ha difundido en los lugares en que no hay cine que son innumerables, naturalmente. La televisión lo suple. No se puede desdeñar tampoco. Es algo muy valioso. Como vemos, es, por consiguiente, la realidad misma del hombre se ha transformado mediante el cine.
Por eso, estamos hablando de antropología cinematográfica, si ustedes tienen paciencia y me quieren acompañar, exploraremos esta nueva realidad. Muchas gracias.
IX El descubrimiento del rostro
(Debido a la dificultad de audición de esta conferencia, transcribo su contenido)
Ustedes saben que la palabra rostro, en griego, se dice, "prósopon". En latín hay diversas palabras: "rostrum", "facies", "vultus" ... Es una palabra que tiene un montón de sentidos, es la proa, en un barco por ejemplo, el pico, por ejemplo de aves, es también el sentido de fachada, es por supuesto lo que el rostro pone, que es la máscara, la máscara clásica y por tanto el papel, el papel que es lo principal en el teatro.
Y finalmente el sentido de persona, es el que ha venido a tener la palabra latina persona. Es decir, hay dos elementos que tienen que ser capitales en la idea de rostro. Uno es entre lo que avanza, es la delantera, el otro es la representación, el elemento de la representación.
Efectivamente, la cara humana es en cierto modo representativa de la totalidad de la persona, o por lo menos, si se acuerdan naturalmente, ustedes saben, en los documentos de identidad, hay una fotografía, es la cara simplemente, no hay una fotografía del cuerpo entero, parece que el cuerpo es desdeñable, o sea, está representado por la cara. Muchas veces una revista representa una cara, representa una cara bonita, no siempre. Y eso es lo que va a representar a la persona.
En el caso del animal no, el animal cuenta la totalidad del cuerpo. Normalmente se, no sé, se presenta un toro, un caballo, un perro, el cuerpo completo, no solamente lo que debemos llamar cara. Ni siquiera, ni siquiera es lo mismo entre los más parecidos morfológicamente al hombre, que son los simios.
Entonces yo siempre he dicho que lo más parecido a la cara humana es el perro. Es más gráficamente muy distinto, pero se parece bastante más a la misma cara humana, el perro. Es mucho más expresivo, mucho más próximo a lo que es, a la función que tiene la cara humana.
Como pueden ver, por ejemplo, la cara tiene una importancia extraordinaria. Es, en cierto modo, lo que releva a la persona, lo que la define, en ella aparece el quién de cada cual. O también, naturalmente, el tipo humano, el que pertenece.
Hay, evidentemente, en la cara misma aparece claramente, y si no claramente es peor, la presencia del varón o de la mujer. Es malo que haya que recurrir a otro recurso para determinar el sexo de una persona que no sea su cara.
Es muy importante. Como pueden ver, esto es sumamente interesante. Además, en un elemento que tratamos de varón de mujer, la cara no es una porción erógena del cuerpo. Es, en cambio, una porción erótica del cuerpo. Es decir, tiene mucho más que ver con la dimensión personal del amor.
Incluso, por ejemplo, el sexo es sobre todo una relación personal. Una relación sexuada. No solamente sexual, sino primariamente sexuada.
Es, digamos, el contacto corpóreo personal. Propiamente personal. Entonces, por tanto, el rostro tiene una enorme importancia.
Y no digamos lo que tiene de valor expresivo o revelar como es la gente. Yo siempre me he fiado en la cara de la gente. Hace muchos años. Tengo mucha experiencia. Y cuando hago caso de lo que veo, casi siempre acierto. Y cuando por una especie de racionalismo mal entendido me olvido de lo que veo, y hago caso de lo que se dice, de lo que la persona pretende ser, y me equivoco, entonces luego lo siento.
Pero es algo absolutamente representativo. Hay un dicho español que dice que la cara es el espejo del alma. Yo lo digo un poco más. Yo digo que es el alma el visible. El alma está presente. Ahí está.
Y yo digo a ustedes, incluso, que hay además un elemento étnico importante. Por ejemplo, nosotros vemos rostros españoles o europeos o occidentales en general y nos entendemos bien. Cuando vemos caras de gente de otra raza que son muy distintas llegamos a perdernos un poco.
Y eso es curioso. No sabemos bien la edad. La edad que reconocemos rápidamente en una cara habitual, yo creo que con ustedes más o menos, yo puedo calcular la edad.
Cuando son caras muy distintas no es seguro. No nos sentimos tampoco con seguridad en el estado de ánimo de gente, lo que es una cara cordial, amistosa, hostil, recelosa. Es como en un aspecto distinto, en un alfabeto distinto.
Nosotros por ejemplo cualquier texto escrito en la traducción de latino o en una lengua que nos entendemos podemos leerlo. Si es un alfabeto que nosotros no conocemos, un alfabeto hebreo, un alfabeto árabe o lo que sea, no podemos leer. Hay una especie de frustración y ya no entendemos.
No podemos leer. No digamos si tratamos con japoneses. Entonces esto nos ocurre de cierto modo con las caras.
Las caras que son ajenas, que no pertenecen a un círculo histórico, cultural muy cercano a nosotros no son enteramente inteligibles. A veces a veces nos parecen iguales. Probablemente para ellos son enteramente distintos. Porque es que nos falta el sistema de signos que permite la identidad.
Entonces el rostro es algo enormemente importante, tiene en la vida humana una función absoluta. Es la manera de relacionarnos con los demás. Trabajamos humanamente con caras. El cuerpo, el conjunto del cuerpo para la mayoría de las personas no se tiene en cuenta para una relación personal.
Además el cuerpo está oculto por los sentidos, no aparece, se transmite más o menos en forma de un rostro. Es decir, la cara sale por el conjunto de las personas. La cara es representativa. Por eso cuando hablamos de la representación en el sentido del aspecto completo de la persona, la máscara, del teatro griego o romano, eso es una función esencial de la cara.
En el cine aparecen elementos muy interesantes. No solamente el cine nos muestra una multitud de rostros, es que además el cine ha incorporado algo que es absolutamente decisivo y algo que nos separa completamente del teatro, es la aparición del primer plano.
Los actores en el teatro están relativamente lejos. Por esa manera los espectadores del teatro prefieren las primeras filas, porque desde lejos la expresión se ve muy poco.
En el teatro griego no había expresión porque había la máscara. En la comedia está la máscara cómica, pero en el teatro europeo moderno es esencial, la expresión. Entonces el cine, que utiliza el primer plano, es no solamente la cercanía, es mucho más.
Ustedes piensen por ejemplo que nosotros en la vida real tenemos una experiencia no muy frecuente del rostro muy próximo. La mayoría de las relaciones humanas son a cierta distancia, solamente algunas, pocas, y en ciertos momentos son muy próximas.
Hay un pasaje de Ortega en que comenta algo que dice el Dante, habla de ver una barca reflejada en una pupila, y dice: “geógrafo de ríos que fluyen en pupilas”, que indica “inclinaciones muy próximas sobre ojos muy dóciles”. Es decir, en general cuando tenemos presente un rostro muy cerca, estamos viendo algo dentro de la persona. Es decir, no se trata primariamente de contemplación.
Realmente el máximo de contemplación de un rostro es el que tenemos cuando frente a una persona. Estamos viendo un rostro o cuando tenemos una conversación próxima con una persona. Son los casos en que se da, la contemplación de un rostro.
En el cine aparece en el primer plano aparece un rostro no de la manera natural sino a veces mucho más que natural, a veces una cara en una pantalla.
Es decir, aparece con un detalle que no se da siquiera, que ni siquiera existe en la vida real. Y además la acción hay un actor naturalmente que inicia esa acción es la acción de los actores, de los personajes. No la hace el espectador.
El espectador no hace nada. El espectador está en su butaca frente a esas caras que aparecen en la pantalla y las contempla demoradamente, amorosamente, con todo su detalle. Percibe lo que no puede percibir normalmente en la vida real. Como que hay un efecto que significa un gran enriquecimiento y un mayor conocimiento de lo humano.
Esa contemplación demorada, minuciosa, con todo detalle del rostro. Pero además, aparece la relación entre el hombre y la mujer.
Aparece el rostro masculino con sus caracteres propios. Aparece el rostro femenino con otros caracteres. Aparte también, y esto es fundamental, y la admiración del valor de la mujer, y de la relación entre ambos.
La admiración es por sus relaciones entre el hombre y la mujer. De lo cual, somos testigos. De lo cual, es importante, enormemente importante en la vida real, porque todos nosotros somos autores de ella, no espectadores.
Ese es, por tanto, el factor de dilatación y esa posibilidad que llamamos el primer plano. Es algo único, es algo que no tiene precedentes. Todas las demás formas de representación, la escultura, la pintura, el teatro, han tenido evidentemente otras prácticas, pero el primer plano es algo que permite una experiencia del rostro, una contemplación del rostro, que es, por tanto, una experiencia nueva. Piensen lo que significa que nosotros poseamos esto.
Nosotros hemos visto cientos y miles de películas y hemos visto una inmensa cantidad de rostros, rostros, además, de diferentes pueblos, de diferentes razas, de todas las edades, varones y mujeres, niños, viejos decrépitos, en todas las condiciones posibles. Es decir, nosotros hemos visto rostros y una inmensa cantidad y pluralidad de situaciones.
En todos los países hemos visto a muchas personas. Tantas veces, cuando despiertan, incluso vigilantes, atentas, alertas. Hemos visto los rostros a veces tristes, con alegría, con tristeza, con felicidad, con desesperación, con temor, con terror, incluso pánico a veces, con angustia.
Hemos visto morir a tanta gente en el cine. Hemos visto precisamente cómo se pasa la muerte o cómo se recibe la muerte, tantas veces, en condiciones que naturalmente no son posibles en la vida real. Cuando estamos en los momentos de la muerte en general estamos suficientemente afectados como para no tener una visión teórica, una visión puramente constructiva.
Estamos implicados en ello. Por lo tanto, en un cine, en un cine hay bastante difusión que comprendamos la significación de esa muerte, pero sabemos que el actor no va a morir. Sabemos que la significación de la muerte es ficción y, por tanto, hay una cierta distancia entre lo dramático que nos sobrecoge, que nos conmueve y una reserva que nos indica que el actor volverá a vivir.
Esos rostros que vemos en el momento de la agonía o de la muerte modernamente con el motivo que es lo que significa la comunicación, de las posibilidades, de las experiencias, de las situaciones. Es decir, lo estamos viendo en todos los aspectos del cine, pero cuando llegamos al rostro nos acercamos precisamente al mismo ritmo de la vida humana. Es decir, es cuando la comprendemos no en los actos, no en sus actuarios exteriores, en sus relaciones.
La vemos en su intimidad. Es decir, el rostro del cine, sobre todo el rostro en el primer plano del cine, es la experiencia más próxima que tenemos de la intimidad ajena. Salvo las muy contadas excepciones, que existen en nuestra vida.
Hagan ustedes la cuenta, hagan ustedes la cuenta de cuándo han tenido ustedes la experiencia real, efectiva de la intimidad de alguien. Como de muy pocas personas y en muy pocas situaciones. Si comparamos esto con la experiencia virtual ficticia del cine, tenemos que es algo totalmente distinto, de otro orden de magnitud.
Dirán ustedes que no es tan importante como la experiencia real, claro que no, pero en cambio el cine nos da la variedad, la pluralidad de posibilidades de la experiencia y de modo este arte tiene un avance totalmente distinto. Entonces, por tanto, estamos hablando de antropología cinematográfica. ¿Hasta qué punto permite un avance en el conocimiento de la realidad humana? Nos permite penetrar en lo que la experiencia real y la realidad rarísima vez consiente.
Muy raramente. Y esto, claro, esto significa un fabuloso enriquecimiento, porque todo eso lo llevamos dentro. Imaginen ustedes lo que significa en este aspecto de la persona misma, de la presencia de la persona, de su significación, de su intimidad expresada en el rostro, como repertorio inmenso de la vida.
Es decir, es una realidad virtual, imaginativa, que no es real, de una magnitud absolutamente desconocida. Es un instrumento de lo que los griegos llamaban paideia, que es lo que puede entenderse como educación. Significa lo que es la formación de la persona, lo que es un alumbramiento de las posibilidades humanas
Es evidente que es lo que significa la formación de la persona. La educación es importante para sacar, extraer algo del mundo. No es propiamente eso.
Vivimos un alumbramiento de las posibilidades humanas. Para los griegos es evidente que la paideia era primariamente de los poetas y de los dramaturgos, trágicos. Esto era fundamentalmente la poesía y la tragedia era el elemento capital de todas las representaciones de la vida humana.
Entonces, lo que significa el cine es un fabuloso instrumento de paideia, de conocimiento, de ciertos aspectos, que en la vida real son mínimos, fragmentarios, infrecuentes, y que en el cine son cotidianos y con una enorme pluralidad de formas. Es decir, el hombre de nuestra época, a diferencia de los que hay en cualquier otra época, es un criterio que debe ser extraño. Cuando hablamos de cine estamos tratando con una experiencia única de nuestro siglo.
Casi todas las demás cosas tienen una historia de siglos o de milenios. Haya sido poesía, haya sido literatura amorosa, narración, escultura, pintura, música, es decir una experiencia de milenios. Lo que el cine añade es algo enteramente nuevo, es algo de este siglo, frente a muchos siglos.
Es algo, por tanto, privativo de nosotros, y lo llevamos dentro. Es decir, estamos constituidos por eso y naturalmente, naturalmente, esto repercute en nuestra vida real.
Es decir, cuando nosotros vemos una cara, cuando vemos un rostro y lo vemos a un instante o a otro desde muy cerca o desde muy lejos, incluso en infinidad de proximidad, resulta que lo estamos viendo porque no se ve solamente con los aparatos ópticos, sino que también con nuestro dominio y nuestra fisiología, la visión es siempre una visión interpretativa. Por eso yo decía antes, es la razón de que el rostro de una raza ajena es difícil de ver, casi no lo vemos, no es un individuo que tiene individualidad justamente porque nos faltan elementos interpretativos. Los hombres del siglo XX disponemos de un alfabeto extraordinario.
Disponemos de unos aparatos interpretativos completamente diferentes de los hombres de toda la historia universal, desde Adán y Eva hasta finales del siglo XIX. Es decir, probablemente, esto es más interpretativo, además no podemos compararlo, podemos ver las caras de una manera enteramente distinta de lo que muchas de nuestros antepasados. Y sería curioso, sería interesante, las cosas humanas son muy difíciles de conocer en detalle porque, entre otras razones, la experimentación es muy difícil, pero sería interesante comparar si fuera posible cómo ven las caras los hombres que tienen experiencia del cine y los que no la tienen.
Hay pueblos en los cuales apenas existen estas experiencias, la televisión está extendiendo esto ya de un modo casi universal, casi total. Todavía quedan porciones de humanidad que no tienen la experiencia cinematográfica o que la tienen muy débil, muy pobre. Sería interesante ver cómo es su comportamiento con respecto a las caras.
¿Como ven las caras? ¿Qué significan para ellos? ¿Qué les dicen? La humanidad tiene caracteres muy curiosos y es muy distinta, en muchas formas. A mí me sorprende, yo no he perdido todavía la capacidad de sorprender. Cuando ustedes ven, por ejemplo, en el cine o en la televisión, que hay pueblos, por ejemplo africanos, que están bailando todo el tiempo, a veces están alegres, a veces no están nada alegres, a veces están amenazadores, pero están bailando.
Hay pueblos que están bailando, hay pueblos que se expresan bailando, y otros no. Los occidentales también bailan alguna vez, en las mismas ocasiones, no tiene mucha importancia para ellos, pero ellos bailan. No se expresan bailando como el caso de los africanos.
La verdad es que es otra manera de vivir, es otra manera de sentirse en la vida, es otra manera de tratar entre sí, por ejemplo, evidentemente de una manera rítmica, ¿por qué es que no tenemos este sentido?
Yo recuerdo que yo vivía en una ciudad del estado de Oklahoma. Era, es una ciudad india principalmente, era una de las partes en la que la mayor parte de la provincia es india.
Recuerdo que había un concierto de un grupo extraordinario de jazz, de músicos negros, de New Orleans. .
Los americanos blancos, estaban allí y vivían el ritmo del... del jazz. Dos muchachos jóvenes indios, un chico y una chica, parecían de piedra.
No se movían, no movían ni un músculo. Absolutamente. Estaban tan interesados, eran apasionados como los demás.
El indio americano tiene una inmovilidad extraordinaria. Con un rostro que no se mueve. Estaban en otro ritmo. Estaban en otro ritmo, en otro ritmo completamente distinto.
Eran dos formas fisiognómicas de moverse, de interpretar las cosas. Entonces nosotros estábamos a mitad de camino, quizá no éramos tan de piedra como estos indios, ni tan móviles, tan rítmicos como los negros del Jazz. Eran tres formas de vivir, de ver las cosas de otra manera, de mirar los rostros profundamente distintos.
Es decir, esto lo digo como ejemplo de la diferencia entre el hombre de nuestra época, de cualquier país, ahora de cualquier país, y el hombre de cualquier otra época, el hombre formado en un mundo sin cine.
Ahora bien, imaginen ustedes lo que significa esto como acceso a la realidad humana, como conocimiento, conocimiento de lo que es lo humano, como posibilidad de penetración en eso tan misterioso, tan extraordinario, que llamamos la intimidad. No olviden ustedes que la palabra íntimo es un superlativo.
El interior es el comparativo, es lo más dentro, íntimo, es el superlativo. La intimidad es lo más interno. Y eso es lo que a última hora es inaccesible.
El hombre tiene una dimensión arcana. Nunca sabemos íntegramente quién es, nadie. De lo que es capaz o de lo que no lo es capaz.
Hay una expresión española muy acertada que se dice que la persona tiene más dentro que fuera. Es muy revelador. Pues bien, el cine es algo que nos permite penetrar en la intimidad, bucear en la intimidad.
Esto nos permite penetrar en todo tipo de intimidades, de las edades más distintas, de diferentes razas, y personajes. Nos permite una exploración de la intimidad, un descubrimiento, un deseo de eso más interior, que a la última hora siempre se nos escapa, que no sabemos del todo.
Si ustedes hacen la cuenta de qué personas, de las que ustedes conocen, de qué personas podrían ustedes decir que saben verdaderamente quiénes son, verán ustedes que pronto se acaban. Como ven ustedes el cine es un instrumento para vivir. En verdad, la pregunta que yo tengo es, ¿la aprovechamos? ¿Aprovechamos que es una experiencia que tenemos, que tenemos acumulada? Pero quizá no ponemos en juego todas las posibilidades que el cine nos permite. ¿Por qué? Porque no le damos la importancia que se merece.
Al fin y al cabo es decir que es, bueno, una diversión, más o menos, pero es una diversión un poco despreciada. Lo que parece es una diversión inferior. Al libro, por ejemplo, se le da más importancia o el teatro.
Por ejemplo, la novela policiaca ha sido en los últimos años, en los últimos tiempos, es una novela más interesante que la novela en general, pero tampoco se le da la importancia que merece. La novela en general era un género secundario, comparado con la tragedia.
No hemos recibido todo lo que el cine nos da. No hemos asimilado todo lo que hemos recibido del cine. Sería interesante hacer las cuentas y tratar de averiguar ¿qué hay en nosotros? ¿Qué le debemos? ¿Qué parte de nuestra realidad y de nuestra forma de vida depende de que eso que no tiene importancia ninguna, de que de vez en cuando entramos en un cine o nos ponemos a ver la televisión y vemos una película? Pónganse ustedes a hacer las cuentas y continuaremos el resto del curso sobre el mundo del cine. Muchas gracias.
XI. La figura y la voz
(Apuntes de un asistente a la conferencia)
La figura humana ha sido representada por la escultura y la pintura, sobre todo en la época griega y romana. En la escultura egipcia y romana aparece también el retrato.
En la escultura griega se busca la perfección, la belleza ideal, sobre todo en los desnudos.
En la civilización occidental la observación y la presentación del cuerpo humano está relacionada con el vestido. El desnudo aparece como la operación de desprenderse de lo normal en la representación humana, que es el vestido.
La escultura romana está dominada por el retrato, con el rostro individual fuertemente personalizado. Es la gran aportación de Roma.
En la Edad Media solo aparece el desnudo, el cuerpo humano en el caso del Cristo crucificado, con la figura estilizada. Cambia, pues la representación de la figura humana. Son figuras hieráticas, excepto en los capiteles de las iglesias. En la época gótica, sobre todo.
En los relieves de las catedrales también aparecen esculturas, con figuras llenas de vitalidad, incluso en actitudes grotescas.
En el Renacimiento se produce una recuperación de la cultura clásica, en dos tendencias: la figura griega y la imaginería, sobre todo en España, con gran exaltación dramática, lo que constituye una innovación en la representación de la figura humana.
En la época moderna, y en los tiempos recientes se pretende la creación de objetos estéticos, que poco tienen que ver con la figura humana.
La pintura expresa de un modo colorista esta realidad, mucho más que la escultura, aunque parece ser que la escultura griega estaba coloreada, cosa que se perdió con el paso del tiempo.
Las figuras humanas aparecen en actitud distante o en reposo. En la pintura clásica aparece en reposo. Con el arte de Goya surge el movimiento en el arte pictórico. Y en el impresionismo las figuras se desdibujan. En las figuras de la pintura impresionista el rostro es secundario.
En la pintura española del Siglo de Oro hay una gran expresión de la figura humana, pero falta casi el desnudo, no sabemos bien si por presiones sociales, o por otras causas. Las presiones sociales son importantes, lo mismo ocurre con los libros que no se escribieron.
En esto aparece el cine, que aporta enormes posibilidades de representación de la figura humana, con el rostro en sus múltiples escorzos, el cuerpo y la figura en todas las formas imaginarias.
A las personas próximas que nos rodean. Las vemos en pocas posturas diferenciadas, cosa que el cine nos amplía enormemente, al tener acceso a todas las posibilidades de la figura humana, a la enfermedad, la amputación, la vejez, la decrepitud.
En los últimos tiempos el desnudo en el cine se ha hecho muy frecuente, pero no de cualquier manera. En la escultura se realiza alejando el cuerpo del rostro. En el cine se muestra el desnudo como elemento sexual. Entonces el desnudo se disipa.
El acto sexual es un hecho siempre secreto o arcano. Su mostración desvirtúa el acto sexual. La corporeidad en el cine casi desaparece por la perspectiva sexual del cine. Aunque en algunos caso el desnudo está justificado, no es el caso más frecuente.
Esta situación muestra hasta qué punto la realidad humana es compleja. La persona tiene que luchar contra su falsificación, con la tendencia a eliminar esta complejidad, para simplificarla lo más posible y reducirla a elementos mínimos, mientras se muestra la realidad material como complicada y difícil de entender. Se muestra la realidad humana como simple y fácil de explicar, cuando la realidad es la contraria: la vida humana es mucho más compleja que la realidad de las cosas.
El cambio de perspectiva altera la realidad. La manipulación es constante. Se intenta reducir lo humano a pocas posibilidades personales, para eliminar la riqueza vital, y así no poder tener referencia de las expectativas humanas posibles.
En el caso de la voz humana, se han conservado las palabras mediante la escritura, pero no el decir, el tono de la alocución y las formas de expresión. Pero nuestra época ha conseguido algo nuevo y extraordinario: fijar la voz. Voces que se conservan, no solo en el cine, sino en la vida diaria.
Desde 1931 el Centro de Estudios Históricos hizo grabar la voz de los grandes autores, aunque algunos autores no se expresaron bien, como el caso de Valle- Inclán, que se expresó teatralmente o Azorín, que se expresaba de manera torpe, quedaba la voz como desencarnada.
Con el cine se conserva la voz unida a la figura, vemos habla y oímos hablar al mismo tiempo. Vemos a la persona viviente, y con ello aparecen los diferentes registros de la voz.
Las personas hablamos de muy diversas maneras, y según qué situación. En el cine aparece todo esto, en innumerables posibilidades. Los actores pueden ajustar su voz y sus gestos a todas esas expectativas que surgen en la vida diaria. Los grandes actores muestran esa realidad de manera magistral.
La vida queda salvada por el cine, de una manera que no tiene comparación con ningún otro género artístico. Cuando el cine se hizo hablado hubo actores que tuvieron que retirarse, por no poder dar la talla ante las nuevas exigencias que aparecieron. En el cine mudo los actores podían decir cosas que no tenía que ver con la escena, como supieron apreciar las personas capaces de leer en los labios. Con el cine hablado ya no era posible.
El las distintas lenguas las expresiones verbales son distintas. En español las personas de distinto nivel social se distinguen por su vocabulario, en inglés por su modo de hablar, su acento, cosa que no ocurre tanto en español.
Los actores con bella voz añadían un plus de belleza a su figura. Hay voces antipáticas, en gran parte por voluntad, seguramente porque la persona que las sustenta es antipática.
Cada país o cada lengua tiene una manera de alocución distinta, una manera diferente de emitir la voz. El español y el portugués son casi la misma lengua, pero su forma de expresión son bien distintas y es lo que las distingue.
Con el doblaje de las películas se pierde la voz de los actores y gran parte del encanto de las películas. Es como una traducción a otro modo de hablar, a otro temple, a otra tesitura. Es una pérdida muy grande. Además la traducción suele ser mala, incluso más grosera en los casos en que está presente.
Es muy difícil seguir una película en una lengua extranjera. Lo mejor es el sistema de los subtítulos. Incluso subtitulada en el mismo idioma, para poder seguir el diálogo fluido con claridad. Esto se hace con éxito con la lengua portuguesa en el Brasil. Aún así hay problemas que no tienen solución.
Las películas del Oeste, prefiere Marías seguirlas en traducción, pues la jerga de ese cine es compleja, por la cantidad de gritos y circunloquios, que no se entienden bien.
La poesía tiene el mismo problema del cine en su traducción, pasa a ser otra cosa en el momento que se traduce.
En conclusión se puede decir que en manos del cine la figura y la voz son tratados de una forma enteramente nueva, que añade un enriquecimiento enorme de la vida personal en todas sus dimensiones. No siempre adecuadamente aprovechada, por la falta de interés ante la innovación que pasa por delante de nosotros.
XIV. La vida cotidiana
(apuntes míos)
La vida cotidiana es la realidad primaria de la vida. Si no fuera cotidiana y hubiera que hacer akgo distinti cada día sería muy angustioso. Cada día que vivimos es un día menos, pero lo que hacemos todos los díasnos hace tener la impresión de que se puede hacer siempre, nos da la sensación de eternidad.
Una de las instalaciones del hombre es ka instalación en la vida cotidiana, garantía de que la vida va a seguir, sus usos nos dan resueltas muchas cosas, no necesitamos pensar en ellas para seguir adelante, por lo que nos dan libertad para hacer cosas novedosas y vocacionales. Nos dejan margen para inventar.
A veces la vida deja de ser cotidiana. Se pueden producir alteraciones graves. Pero cualquier cambio dentro de la vida se realiza en el interior de la vida cotidiana.
El cine tiene personajes que se mueven dentro de un fondo de vida cotidiana, que es el entorno que más nos interesa, y es la verdadera ambientación de la realidad del cine. Por eso la ciencia-ficción nos deja fríos, excepto en el caso de algunas película, como es E. T., en la que la acción se desarrolla dentro de un ambiente de vida cotidiana.
Las películas policiacas más interesantes son las que suponen una irrupción violenta en la cotidianidad. Las películas de la Mafia tienen un fondo de vida cotidiana, incluso dentro de la vida de los mafiosos. Lo mismo ocurre con las buena películas del Oeste.
Uno de los errores del cine reciente es el abandono de la vida cotidiana. Aparecen cada vez más personajes raros, que son personajes sin interés.
La vida cotidiana de todos nosotros es muy limitada, el cine nos permite dilatar enormemente esa cotidianidad de otras partes, otros países y otros grupos sociales. Salir de nuestro terruño y ampliar el horizonte de la cotidianidad. El cine presenta formas de vida cotidiana distintas, aunque si es la vida de otras sociedades orientales, normalmente nos es demasiado ajena, si no está muy bien hecha.
Las formas cotidianas de la vida son las que distinguen a las distintas culturas. La calle es diferente en los distintos países. Todo esto loha presentado el cine en múltiples variedades. Por ejemplo en el neorrealismo italiano, se presentan las vidas humildes en su vida cotidiana. El cine nos ha familiarizado con Nueva York o Californa, pero de otras zonas de los Estados Unidos apenas se ha hecho nada.
El hombre ha vivido toda su vida en un mundo restringido. Sin embargo los griegos empezaron a dilatar su horizonte, viendo otras formas de vida. los españoles también lo hicieron en su expansión en todo el orbe, tratando a los indios como personas, aunque a veces lo hicieran mal, debido a su experiencia centenaria del trato con los otros, los musulmanes.
El cine supone una fantástica dilatación de las formas de la vida cotidiana. Hacemos la experiencia de otras formas de la vida cotidiana, infinitamente mayor que en cualquier otra época. Cosa distinta con el teatro, que no ha conseguido penetrar tan a fondo en esa vida y en sus posibilidades.
El cine produce una dilatación del sentido de lo humano. Hoy, que se habla constantemente de la universalidad, no se tiene en cuenta la labor que en este sentido ha tenido el cine.
Hay un fenómeno que se produce entre países vecinos, y es el rechazo de la cotidianidad entre los países próximos, frente a una admiración por esa cotidianidad entre apíses lejanos, cosa que produce un cierto estipor..
El cine actual ha dejado de presentar las formas de la vida cotidiana, lo que trae como consecuencia una disminución de la experiencia de lo humano. Se ha deshumanizado, por tanto.
El cine ha sido una cura del provincianismo de lo humano, de considerar humano a lo que se parece a nosotros, y de lo que se diferencia de nosotros. Otras formas de vida que nos enriquecen.




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