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jueves, 8 de octubre de 2026

La España posible del siglo XXI


Curso impartido por Julián Marías, el año 1996, en el momento del primer gobierno en España de José María Aznar.

Ahora que se espera un nuevo movimiento político renovador, parece una buena idea reproducir el texto del curso, ya conocido por las grabaciones del mismo: "La España posible del siglo XXI" pero que no se había transcrito en esta bitácora.

 Es el contenido del libro publicado hace unos años, con el mismo título. Debido a la dificultad de encontrar ejemplares del mismo, creo que es la ocasión de darlo a conocer, para todos los interesados en la obra de Julián Marías y en el porvenir de España.

                   

                   La España posible del siglo XXI


                                                         Presentación


Este curso sobre “La España posible del siglo XXI”, es uno de los documentos que siguen inéditos en la bibliografía al uso sobre Julián Marías. Existen numerosos textos, escritos, conferencias, que todavía no son accesibles al gran público. Generalmente cuando un gran autor muere las editoriales empezaban a trabajar para la publicación de sus Obras Completas. Hoy, por las dificultades de la edición y la competencia con las publicaciones electrónicas es casi imposible realizar una edición de las Obras de un autor conocido.

Las Obras de Julián Marías se fueron publicando muy pronto en diez tomos, que quedaron interrumpidas en el año 1983. Además muchos libros, artículos y textos varios fueron quedando al margen de esa edición anterior. Consecuencia de todo ello es que hay una enorme cantidad de documentos pendientes de publicar del pensador más destacado de la segunda mitad del siglo XX.

Desde hace unos años vengo recopilando la mayor cantidad de documentos de Julián Marías en mi página de internet sobre el autor: http://larealidadensuconexion.blogspot.com.es/.

En ella van apareciendo todos los escritos que he ido encontrando en soporte electrónico y algunos más recogidos en muchos otros lugares.

Conocida mi publicación electrónica por el padre Víctor Márquez, monje del Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos, solicitó que buscara una serie de textos inéditos de Julián Marías para que fueran publicados en la editorial Àpeiron, de la que es consejero editorial. Después de mucho pensarlo decidimos publicar un curso completo de los muchos que realizó en los últimos años de su vida. Mi elección recayó en el titulado “La España posible del siglo XXI”, de una actualidad máxima, incluso superior al interés que tenía el año 1997, en el que fue impartido.

Como verán los que tengan interés en visitar mi página sobre Julián Marías, durante los años que van de 1980 a 2002, dio unos treinta y cinco cursos entre el Instituto de España y el Colegio Libre de Eméritos. De estos cursos surgieron ocho libros publicados, con lo cual quedan inéditos veintisiete cursos, si las grabaciones existieran todavía en esas instituciones donde fueron impartidos. Aunque los que estuvimos acudiendo en esos años a dichos cursos, solíamos grabar las conferencias y es posible conseguir muchas de ellas, si hubieran desaparecido las grabaciones de dichas instituciones.

Quiero agradecer a dos personas que han contribuido a facilitar muchas cintas grabadas para éste y otros cursos inéditos. Es el caso de la familia de Joaquín Arias, fallecido en el mismo año que Marías y a Juan José Menezo, asiduos asistentes a sus conferencias y que me han facilitado la labor recopilatoria de estos últimos años.

Así pues, este curso que tienen ustedes impreso es la transcripción de las conferencias grabadas del mismo en el Instituto de España, fundamentalmente recogidas por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, en el portal, que sobre Julián Marías tienen y que dispone de muchas conferencias de los cursos que impartió desde 1981. Estos cursos fueron realizados por Julián Marías desde ese año, 1981, hasta el año 2000. Primero como catedrático, durante los años 1981 al 1984, y después como conferenciante habitual, jubilado ya.

Debido al gran éxito de sus cursos el recinto se quedaba pequeño para la gran cantidad de público que acudía a los mismos, teniendo que sentarse en el suelo o permanecer en pie durante toda la disertación de Marías, incluso en salas adyacentes comunicadas mediante altavoces.

El primer curso, 1981-82, del Instituto de España fue sobre: "Panorama del pensamiento de Ortega y La estructura empírica de la vida humana en Antropología  y Sociología". 

El segundo curso, 1982-83, versó sobre " El pensamiento literario en la España del siglo XX".

El tercer curso, 1983-84, tuvo como título: "El continente filosófico descubierto por Ortega y su exploración ulterior”

El cuarto curso, 1984-85, se denominó: “España inteligible (Razón histórica de las Españas)”. Este curso dio origen al libro llamado de la misma manera. 

El siguiente curso, 1985-86, se llamó: " Las trayectorias del siglo XX". "Uno de los cursos más trabajosos que he dado. No solo por la multitud de lecturas necesarias, por tener que elaborar intelectualmente la información disponible, sino sobre todo por el imperativo de tener en cuenta innumerables aspectos que suelen ser considerados aisladamente y por diversas personas ". (Julián Marías, en sus Memorias. Una vida presente.)

Curso 1986-1987. “La felicidad humana”, que dio origen a un libro con el mismo nombre.

Curso 1987- 1988  " La educación sentimental " Que dio origen a otro libro publicado con el mismo título.

Curso 1988-89 " Las formas de la vida humana en cinco siglos de novela"

Curso 1989- 1990 "Cervantes clave española"  que dio origen a un libro bajo el mismo nombre.

Curso 1990- 1991 " España vista en algunos españoles".

Curso 1991- 1992 " La novela como interpretación y expresión del amor".

Curso 1992- 1993 " Visión transversal de Europa".

Curso 1993-1994: "La realidad de España en el siglo XX"

Curso 1994- 1995 " La moral y las formas de vida ". 
A partir del cual se publicó un libro con el mismo título.

Curso 1995- 1996 " La estructura de la vida española"

Curso 1996- 1997 " Una imagen inteligible de la realidad "

Curso 1997- 1998 " La España posible del siglo XXI "

Curso 1998- 1999 "Antepasados vivos”


Curso 1999- 2000 " Lirismo y prosaísmo en la vida personal y en la Historia ".



Espero que disfruten de las lecciones y puedan recibir orientación en estos años tan difíciles de España y del mundo. Si alguna expresión no está del todo clara pueden acudir a las grabaciones del curso en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes para comprobar si la transcripción es correcta o se me ha escapado algún matiz, por lo que pido perdón por adelantado.

Quiero dar las gracias a la Editorial Àpeiron por la oportunidad que brinda a sus lectores de una de las experiencias más gratas que puede tener una persona de inquietudes intelectuales: el poder acceder al pensamiento tal como surge de una figura intelectual de primera magnitud.

Gracias además a la familia de Julián Marías por dar autorización a la transcripción de este curso, de una actualidad, tal vez mayor que cuando se realizó, y por el conjunto de su obra puesto a disposición del público en general en el portal de internet sobre dicho autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, dónde se están mostrando las grabaciones de los cursos que Julián Marías realizó en el Instituto de España y espero que se puedan completar con las que dio en el Colegio Libre de Eméritos. 


Los cursos del Colegio Libre de Eméritos fueron realizados a partir del año 1987 y son los siguientes:

Primer curso: La filosofía creadora del siglo XX. 1987

Los Niveles y el contenido de una Filosofía. Curso 1987 -88  

1988-1989. "Filosofía y cristianismo".

Metafísica como teoría de la vida humana.
Curso 1989 -1990

El factor intelectual en la Historia. Curso 1990-91

Génesis y realidad de Europa. Curso 1991-92

Filosofía para empezar un siglo. 1992-93

Veinticinco siglos de Filosofía. Curso 1993-94

La filosofía como visión responsable. Curso 1994-95

Un siglo de Antropología cinematográfica. Curso 1995 96

Curso 1996-97. Las formas de Europa

La perspectiva cristiana. Curso 1997-98

Filosofía a la altura del tiempo. Curso 1998-99

Los estilos de la filosofía. Curso 1999- 2000

Veinte siglos de vidas en España. Curso 2001

Ortega en doble perspectiva. Curso 2001 2002

Este libro que van ustedes a conocer es uno de los ejemplos de su vocación intelectual, realizada a sus 83 años y que continuó de manera fecunda hasta sus últimos cursos, impartidos el año 2002: “Ortega en doble perspectiva”, organizado por el Colegio Libre de Eméritos y el curso “Cambio de siglo”. Organizado por la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES), y que fue dirigido por Julián Marías, participado en él con la primera y última de sus conferencias, tituladas: “La Verdad” y “La Libertad”, verdaderos testamentos intelectuales de su vida, que se pueden disfrutar en formato de vídeo, y transcritas, en mi página sobre dicho autor, así como el resto de documentos citados en esta presentación.

El curso “La España posible del siglo XXI”, se realizó desde el 21 de octubre de 1997 hasta el 12 de mayo de 1998, al poco de empezar una nueva etapa política en España. Espero que este libro pueda servir de inspiración al nuevo rumbo político que se avecina.

Francisco Javier Salgado



Como introducción al Curso, qué mejor que el propio de Julián Marías el que hace su presentación: “La España posible”. Es el artículo de la tercera página del periódico ABC de Madrid, el 29 de mayo de 1997.



                                                             La España posible



Hace ya mucho tiempo, en 1963, escribí un libro titulado "La España posible en tiempo de Carlos III". Traté de estudiar la realidad española en unos decenios llenos de promesas, y de no pocas de ellas ya cumplidas, que anunciaban una forma de vida atractiva, valiosa, nada utópica, que estaba al alcance de la mano. Los azares históricos, la muerte de Carlos III en 1788, la Revolución Francesa iniciada el año siguiente, la enorme crisis de muchas cosas que llevó consigo, la insuficiencia de Carlos IV, finalmente, y sobre todo, la invasión napoleónica en 1808 y la terrible guerra de la Independencia, todo eso dio al traste con lo que había sido realmente posible.

Desde el otoño próximo, si Dios me da vida y alguna lucidez, inseguras ambas, me propongo iniciar un nuevo curso que ya tiene título y, lo que es más, programa: "La España posible del siglo XXI". ¿Se puede imaginar lo que podrá ser España después del año 2000? La profecía me es enteramente ajena, y no se me ocurre entregarme a ella, pero la vida es proyecto, asunto de imaginación, y sin esta es simplemente imposible. Creo que uno de los males de nuestro tiempo es su escasez, la obturación por hechos y datos de la función imaginativa, tanto en la vida pública y colectiva como en la privada y singular, que es con mucho la más importante.

No hay más remedio que imaginar el siglo XXI si queremos vivir humanamente en él y con alguna probabilidad de acertar. Pero no se trata primariamente de echar a volar la fantasía y pintar figuras fabulosas. Como he nacido cuando el siglo XX era muy joven, recuerdo muy bien lo que se escribía sobre "el año 2000", fecha mítica y que parecía remotísima. Lo que se describía hace sesenta u ochenta años no se parece nada a la realidad actual, y acusa, sobre todo, extremada pobreza de imaginación.

La anticipación -siempre insegura- del porvenir tiene que partir de la realidad estricta; quiero decir, de un análisis del presente. Pero este ¿es conocido? se supone que sí, porque está "ahí", estamos en él. Pero no está "dado": sólo en parte, fragmentariamente, y cada uno de nosotros percibe una parte muy reducida de la realidad. Además, es difícil conocer la "importancia" efectiva de los ingredientes. Es muy frecuente vivir en lo que llamo "estado de error": pueblos enteros viven en él, a veces durante largos años. Media Europa está intentando penosamente salir de él, y le cuesta mucho conseguirlo. La otra media está sumida en una larga serie de errores parciales, que la afectan decisivamente y obturan su horizonte futuro. Esta situación es todavía más grave y profunda si pensamos en otros continentes.

Para imaginar las posibilidades españolas del siglo próximo, lo primero que hay que hacer es tomar posesión de nuestra realidad actual. Me parece que es extremadamente deficiente; la mayoría de los españoles ha recibido versiones simplificadas y tendenciosas de ella, con atención reducida a algunos puntos inconexos -y esto es lo más grave-, con inmensas omisiones, errores de valoración, confusión general. Y de esto no se libran los que "creen saber", los de oficio intelectual, que tienen mayor información pero con frecuencia mayor deformación también: unilateralidad, partidismo, manías, intereses.

La lección más valiosa que podemos extraer del centenario del 98 es lo que los rencorosos y resentidos no perdonan a aquellos escritores que tienen la insolencia de seguir vivos después de tantos años: su asombrosa posesión de España. Desde la realidad física -campos, paisajes, pueblos, ciudades-, conocida en su integridad, con tan modestos recursos y tan poco dinero, hasta la historia completa y no falsificada, la literatura, leída y releída con amor y generosidad, y finalmente los sueños, las esperanzas, los errores, los fracasos, que también son parte de la realidad.

No hay que "repetir" a estos hombres -ni se puede ni hace falta, porque ya están ellos-; no hay que fascinarse por lo que fue su situación, porque la nuestra es bien distinta; hay que recibir esa posesión que fue, unida a su autenticidad, la condición de su genialidad.

Si queremos lanzar una ojeada al siglo XXI, tenemos que absorber hasta las últimas consecuencias lo que ha sido y es todavía el XX; y como este lleva dentro todos los anteriores, por lo menos de un milenio- y si nos formalizamos hay que añadir otro de dónde venimos y que está a nuestra espalda-, esto muestra que la tarea no es fácil. Pero no hay elección: o tomamos posesión adecuada y veraz de nuestra historia o entraremos a ciegas en el siglo próximo, convertido en una falaz fantasmagoría.

Hay que precisar qué está vivo en nosotros; hay que eliminar el depósito dejado por nuestros errores, especialmente los más graves: la todavía reciente discordia, la maldad desatada por el odio y la torpeza; hay que evitar todo intento de recaída en ello, de reivindicación de los pecados, que a veces sustituye al necesario y salvador arrepentimiento.

Es menester medir los avances realizados en este siglo, retenerlos y no comprometerlos, instalarse en ellos para seguir adelante. En gran parte por el propio esfuerzo, también por lo que ha ocurrido en el mundo que nos rodea y es nuestro, España ha pasado de ser un país resueltamente pobre a ser otro, no opulento, pero decorosamente instalado en el nivel de la época y con posibilidades multiplicadas.

Sobre todo, hay que reunir, poseer, estimar lo que ha sido creador en España durante el siglo que está terminando, culminación de lo acumulado en el pasado anterior, que se cuenta entre los cuatro o cinco conjuntos de realizaciones humanas memorables, aquellas que constituyen la más profunda significación de la palabra "hombre".

Y hace falta más: ver con claridad cuánto se ha perdido, destruido, olvidado, despreciado. Hay que hacer el balance de las posibilidades innecesariamente frustradas, por fanatismo, ignorancia, frivolidad o mala voluntad. Si se recorre la historia de este siglo, con alguna inteligencia y generosidad, se pueden poner de relieve los momentos en que se ha acertado y aquellos otros en que se ha violentado la realidad, se han destruido las esperanzas existentes, se ha empobrecido la vida de los españoles o se ha acabado con ella.

Desde este conocimiento, desde lo que llamo análisis del presente, hay que poner en juego la imaginación -"la facultad más sustancial", pensaba con acierto Unamuno-, no para quedarse en ella, sino para usar plenamente la razón, que si es verdadera lleva esa imaginación dentro, como parte integrante. Con esa razón imaginativa se puede intentar descubrir la posible figura de ese siglo hacia el que avanzamos, ya inminente.

Sin perder de vista la esencial inseguridad de todo, porque el hombre es irremediablemente libre, obligado a proyectar quién pretende ser y capaz de ser fiel o infiel a ese proyecto, es decir, a sí mismo.



                         La España posible del siglo XXI



                                     La imagen del porvenir desde el análisis del presente



Al poner título a este curso, he recordado el de un libro mío muy antiguo, de 1963: "La España posible en tiempo de Carlos III". Sin embargo, verán ustedes, que la palabra posible se emplea en otro sentido en este curso. Cuando escribí el libro sobre el siglo XVIII, la España que se anunciaba, la España que se organizaba, era una España abierta, próspera, con mejoramiento en muchos sentidos, tolerante; estaba consolidada, era realmente posible, estaba evidentemente en una primera etapa que prometía un desarrollo mayor, pero era posible; era efectiva, realmente posible. En ese título subrayaba la posibilidad.

Si ahora hablamos de la España posible del siglo XXI, es distinto, nos referimos al futuro, futuro cercano ciertamente, pero futuro y, por consiguiente se trata de una posibilidad que se puede realizar o no, o según en qué medida. Hay algo más, si ustedes vuelven al libro del siglo XVIII, se encuentran que esa España posible, realmente posible hasta 1788, resultó que en cierto modo se truncó, en buena medida se frustró. Resultó que no acababa de realizarse, dirán ustedes ¿por qué?

En 1788 murió el rey Carlos III, el sucesor, Carlos IV, era un hombre de buenas prendas en muchos sentidos, pero carecía de la iniciativa, de la inteligencia, de la destreza que había mostrado en su largo reinado, en Nápoles primero, en España después, su padre. Pero esto no es lo más importante, yo creo que hubiera podido continuar, siendo posible aquella España, con Carlos IV. Pero en 1789, al año siguiente, se produjo la "Revolución Francesa", con un cambio radical en Francia, difundido muy pronto por toda Europa. Que alteró las condiciones de la vida, no solamente política, sino la social, el repertorio de creencias, de las ideas dominantes. Y cuando la Revolución propiamente dicha llegó a su término, la sucedió Bonaparte, que poco después será Napoleón, el Emperador Napoleón, que llevo en forma bien distinta, en forma militar ciertos principios que tenían algún parentesco con los de la Revolución, a toda Europa, y evidentemente alteró absolutamente la situación de Europa y la de España mediante la invasión de 1808, que se prolongó hasta 1814 y, evidentemente, transformó, por lo pronto destruyó lo que se había construido en España durante los reinados de los primeros reyes de la dinastía de Borbón y especialmente de Carlos III.

Esto quiere decir que en historia no se puede profetizar, es evidente que los hombres que vivían, llenos de confianza, llenos de esperanza, en los últimos años el reinado de Carlos III, no pudieron confirmar sus esperanzas fundadas, que no eran vanas quimeras. Se quedó alterada la situación, primero de un modo no muy agudo, desde 1808 de una manera absolutamente radical. Esto, por tanto, hay que tenerlo en cuenta.

En historia no se puede profetizar porque afecta al futuro y el futuro es reino de libertad. Hay además la intervención del azar, dirán ustedes ¿es que la Revolución Francesa fue un azar?, en cierta medida sí, pudo no llegar a ocurrir. Recuerdo que Maurois publicó un libro titulado "Éstos son mis sueños", eran una serie de ficciones de lo que hubiera podido ser y una de ellas, me acuerdo que era: "Si Luis XVI hubiera tenido energía", si Luis XVI hubiera sido un rey enérgico es posible que la Revolución Francesa no hubiera llegado a producirse, es decir, hay un problema de reino de libertad y por otra parte el azar, el azar tiene un papel inmenso en la vida humana, el azar aparece desde fuera de nuestros proyectos, los altera, los perturba, en cierto modo restablece la libertad, el hombre proyecta, planea demasiado. Interviene el azar y rompe ese esquema en el cual el hombre se había instalado y lo pone en libertad para bien o para mal.

Como ven ustedes la situación es diferente y ahora empleamos la palabra posible para la España del siglo que está a dos pasos, en una forma distinta que el viejo libro sobre Carlos III, pero hay que tener en cuenta esto; cuando yo era joven, hace mucho tiempo, pero en fin, dentro de este siglo se hablaba del año 2000, el año dos mil era algo mítico y había muchos autores que imaginaban el año 2000, hay que decir que, en general, lo imaginaban mal. El mundo lo veían con desarrollos técnicos enormes, más o menos las gentes parecían que iban a ser como los astronautas. De hecho los hombres y mujeres de nuestro tiempo vuelan todo el tiempo. Si ustedes van a hacer algún viaje, el problema es encontrar un billete de avión. Todo el mundo viaja, a todas partes, los aeropuertos ofrecen destino de todo el planeta, pero si ustedes se fijan un poco más, allí no hay astronautas. A lo que más se parecen los que viajan en avión es a los hombres y mujeres de pueblo que viajaban en los trenes correo, que a veces llevaban una cesta de huevos o unas gallinas. Falta muy poco para eso, lo cual quiere decir que con este desarrollo técnico, quizá la humanidad no cambia tanto, se parece bastante a la de sesenta, ochenta años.

En definitiva es muy difícil el predecir cómo va a ser una época, ahora está tan cerca y, sin embargo si imaginamos, se prevén ciertos detalles, regulaciones, normas de la Comisión Europea, el Euro, el Euro que va a transformar un poco la vida cotidiana. Yo me pregunto, una pequeña vieja de pueblo: "esto cuesta tres euros con veinticinco", no sé si va a ser muy claro, si le va a costar trabajo, probablemente, pero son detalles concretos, detalles particulares. Lo difícil va ser imaginar la configuración de la vida, lo difícil va a ser imaginar cómo va a ser vivir en el siglo XXI que tenemos ya tan cerca, en el cual, yo no es muy probable, pero ustedes seguro que van a entrar, van a penetrar ampliamente en el siglo XXI.

Por tanto no se puede profetizar, pero ¿qué se puede hacer?, se puede analizar el presente, ¡ah esto sí!, se puede analizar el presente y entonces cabe anticiparlo, siempre con inseguridad, por supuesto, esto es esencial, pero se puede imaginar cual puede ser la configuración del mundo y de la vida, en nuestro caso vamos a limitarnos a algo más accesible y más limitado, que es España, pero naturalmente como España está en Europa y Europa está en el mundo, forzosamente tendremos que lanzar una ojeada al mundo en su conjunto, a las formas que pueda adoptar la vida porque si no, no entenderíamos nada.

Pero les decía a ustedes: análisis del presente; que quiere decir esto, no los detalles, no los elementos particulares, que por lo demás pueden variar bastante y que además a veces cambian la vida y a veces no la cambian mucho. Les acababa de decir un poco en broma que los que llenan los aeropuertos y luego los aviones no son tan distintos de los que viajaban en trenes correo no hace mucho tiempo, es decir que tal vez los medios de comunicación, por ejemplo los medios de transporte, de comunicación oral o visual han cambiado de un modo fabuloso desde hace mucho tiempo. Me impresionó, hace muchos años, puede que haya cuarenta años, un decreto que hubo de un juez americano que decretó, ustedes saben que no se puede embargar ciertas cosas, por ejemplo no se puede embargar la cama, no se puede embargar la mesa en que se come, no se pueden embargar los utensilios d cocina, las sartenes, los platos, eso no se puede embargar. Pues bien hubo un momento en que un juez americano decretó que no se podía embargar el televisor. Ustedes imaginen, un aparato reciente entonces, de un extraordinario refinamiento técnico, parecía artículo de primera necesidad, no digamos ahora, imaginen ustedes, la gente se dejaría antes quitarse las uñas que el televisor y sin embargo las formas de la vida no cambian tanto por eso.

En el fondo a lo que más se parece la televisión es a los corros de las mujeres que cotilleaban en las aldeas, una proporción enorme de los programas de televisión consisten en eso, en cotilleos. Una función, quizá, muy importante en la vida humana, pero se hace con la técnica más compleja y refinada, que la gente no conoce. Casi nadie sabe que es la televisión ni cómo funciona, da a unos botones y se enciende, no saben más, pero el espectador sigue siendo más o menos el que era antes, mucho antes.

Por tanto si queremos analizar el presente, tenemos que analizar las estructuras de la vida en el presente, es decir los proyectos, las trayectorias iniciadas, que se pueden truncar, que se pueden modificar, pero que apuntan en una cierta dirección. Es decir el presente está esencialmente proyectado al futuro. En el presente encontramos lo que se dibuja en el futuro. Eso es justamente lo que podemos examinar, es lo que tenemos que ver. Ver que es lo que se pretende, que es lo que desea. Los deseos son algo absolutamente esencial. Los deseos que pueden no existir, pueden ser pocos. Yo recuerdo como a Ortega le preocupaba enormemente, lo tocaremos en la próxima lección, el que después de la Primera Guerra Mundial, Europa tenía pocos deseos, veía una pobreza de deseos.

Ustedes piensen que ha habido épocas que en muchos sentidos han sido difíciles, han sido penosas, en las cuales se ha deseado fuertemente, piensen, por ejemplo, en la época romántica, que fue en muchos sentidos lamentable en casi todas partes, había mil problemas, dificultades políticas. Al comienzo de esta época una gran parte de Europa estaba ocupada por las fuerzas napoleónicas, o resistiendo o recién salidas de la lucha, y sin embargo había en la Europa de la época romántica una actitud desiderativa fuerte, enérgica. Se deseaba mucho, me ha conmovido siempre ese verso y medio de Cervantes: "Con poco me contento, aunque deseo mucho", es una fórmula maravillosa, que en cierto modo hago mía.

Ahora ¿y si no se desea o se desea poco?, se desea superficialmente, levemente, que ocurre, cual es el estado de los deseos en Europa, España concretamente ahora, en este momento, que intensidad tienen esos deseos y que se desea, cual es el contenido, o no se sabe bien lo que desea, que se va a desear dentro de unos años cuando pasen estos pocos años que quedan del siglo XX y entremos resueltamente en el XXI y se operen ciertos cambios que se van a producir, no por nada de particular. No hay diferencia entre un número u otro pero hay el número redondo, el cambio de siglo, el cambio que se produce al escribir una carta y poner en vez de un uno y un nueve, un dos y un cero, va a ser algo en cierto modo conmovedor.

Yo recuerdo, no por haberlo vivido, por haber visto los testimonios de cuando se pasó y se llegó al mil novecientos, en el 1901 empezó el siglo veinte. Había la conciencia del nuevo siglo, se empezó a ver y a hablar del siglo veinte, ahora del siglo veintiuno, se habla del siglo veintiuno y hay empresas o comercios que se llaman "El siglo XXI", como antes "El siglo XX" o "El siglo futuro", que sirve para todos los siglos, tiene esa ventaja, pero evidentemente hay una conciencia de cambio, lo mismo que pasa cuando llegamos al uno de enero y se dice "Año nuevo, vida nueva", y la gente hace proyectos que luego no los cumple al llegar al día diez y acaba haciendo lo mismo que el veinticinco de diciembre, pero de momento hay una sensación de cambio, de expectativa, de una cierta confianza en la variación, pues bien esto va a ocurrir al empezar el siglo veintiuno y va a ser un factor de transformación, no muy duradero ni muy enérgico pero va a contar y se produce como una especie de patriotismo de la época.

Los hombres que eran maduros en mil novecientos estaban orgullosos de su siglo, el siglo del vapor y del "buen tono", en cambio los que eran jóvenes creían que era un siglo desdeñable o iba a ser inferior al siglo veinte, el siglo veinte era el gran siglo. A ese patriotismo de la época, según la edad o como le vaya a uno, va a actuar o va a haber una diferencia, va a haber los añorantes, los nostálgicos del siglo veinte y los ilusionados por el siglo veintiuno que va a empezar. Todo esto se puede analizar, todo esto se puede mirar, se puede ver un poco en que estamos.

Pero hay algo más importante todavía y es que el presente nunca es un momento, el presente es justamente el límite actual del pasado. Si nosotros consideramos la realidad en que vivimos, no es el año noventa y siete, son los años anteriores, tenemos a la espalda todo el siglo veinte. Ustedes piensen que hace unos años teníamos presente el pasado más cercano, más o menos según el estado de los campos o de las actitudes personales.

Pero ahora cuando nos enfrentamos con el siglo veintiuno, cuando consideramos esto como nuestro horizonte, de rechazo esto nos hace reflexionar sobre el siglo veinte, en cierta medida tomar posesión del veinte, es decir, resulta que ante el futuro, ante el cambio del futuro inmediato se revitaliza el pasado y entonces empezamos a considerar lo que ha sido el siglo veinte, siglo enormemente complejo, siglo que ha tenido la misma duración que todos, pero la aceleración del tiempo histórico es un hecho notorio, evidentemente hay un espejismo, tenemos mucha información de lo reciente, muy poca del pasado.

Miramos la Edad Media, evidentemente sabemos pocas cosas, nos faltan datos, muchas informaciones, parece que no pasaba nada que no cambiaba entre un siglo y el siguiente, nos movemos en siglos, en cambio en nuestra época tenemos tal información, tal agobio de información que casi se vuelve borrosa por exceso, tenemos materiales enormes, pero además es que es cierto, se ha producido una aceleración real, es evidente que la vida humana en la Edad Media variaba menos, variaba más lentamente, no ya en la Edad Media, en el siglo XVII, en el siglo XVIII, todavía en el siglo XIX, los cambios eran más lentos.

Se ha producido una aceleración del tempo histórico, extraordinaria, que deja intactas ciertas zonas de la vida también, por eso es importante el ver que no cambia todo. Cambian muchas cosas y otras no. El hombre en definitiva, en circunstancias que son radicalmente distintas que las que había hace decenios, incluso un decenio. Sin embargo hay zonas de la vida que no son tan distintas y nos encontramos, más o menos, como algo sumamente parecido a lo que pasaba, por lo pronto, en el siglo XIX, que está realmente ya lejos.

Como ven ustedes no es fácil darse cuenta de la configuración de la vida humana en un cierto momento, por tanto la anticipación que tratamos de hacer no se puede conseguir con una probabilidad de acierto más que teniendo presente el pasado, por lo pronto el pasado accesible. Europa y concretamente España han pasado por muchas vicisitudes en el siglo XX. La vida del siglo XIX se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial, hasta 1914, el año en que yo nací. Es cuando se produce un cambio brusco, enormemente violento, que no solo fue la terrible destrucción de la guerra, la participación de la mujer en el trabajo, cambió su puesto en la sociedad. Se producen cambios que hacen que el siglo veinte en su plenitud empiece entonces. Antes continúa la época anterior, época muy estable desde 1870, después de la guerra franco-prusiana, la caída del imperio de Napoleón III, el establecimiento del Imperio Alemán.

Desde entonces se había mantenido una época muy estable. Yo he recordado la estabilidad enorme de los precios en un recuerdo de mi niñez. Nací en Valladolid y viví en esa ciudad hasta 1919, recién terminada la Primera Guerra Mundial. El dueño de nuestra casa, que teníamos alquilada, explicó que la guerra, los cambios, el encarecimiento de todo y nos dijo que tenía que subir la renta, pero la subida de la renta, lo recuerdo, recuerdo muchas cosas que a veces me irrita hasta recordarlas. La renta era de doce duros, se contaba por duros o por reales. Subió la renta de doce a trece duros. Hizo falta una Guerra Mundial para pasar de doce a trece. Un cambio así ni lo percibimos ahora, ni nos damos cuenta. Había entonces una tremenda estabilidad que duraba desde 1870 por lo menos. Ya entonces cambió mucho la cosa, cambió enormemente y ha habido cosas nuevas, enteramente nuevas.

Piensen ustedes lo que es el totalitarismo, los totalitarismos, es un invento del siglo XX, no existían antes. Ha habido la Segunda Guerra Mundial atroz, mayor todavía en volumen y destrucción que la primera. Ha habido el Telón de Acero y lo que ha significado durante cuarenta años. En España ha habido muchos cambios, políticos, sociales, económicos. Ha habido entre nosotros la terrible Guerra Civil, feroz durante casi tres años, pero que ha dejado huellas que todavía no se han extinguido del todo. Es evidente que un español aunque no quiera estar removiendo la Guerra Civil y sus consecuencias, cuenta con ella inevitablemente, la tiene a la espalda. Y los cambios posteriores, y los cambios más recientes de los últimos veinte años, no en lo que tienen de más claro, de más espectacular como la transformación política. Los cambios sociales, de la actitud ante la vida, de la función de los sexos.

España era un país de muy alta natalidad, de las más altas, hoy es las más baja de Europa o una de las dos más bajas. Es un cambio enormemente profundo, mucho más profundo que los cambios políticos. En lo que ha ocurrido en otros muchos aspectos, en la cultura, en la difusión de las comunicaciones. Hasta hace no mucho tiempo el español solía residir, salvo en las grandes ciudades, en un lugar del cual salía poco. Había mucha gente que no había salido nunca de su pueblo o de una pequeña comarca próxima. A lo mejor había hecho el servicio militar o había ido a la capital de provincia a comprar cosas para casarse o algo análogo. Incluso en niveles social y económicamente superiores lo regular es que el hombre que tenía un puesto en una provincia, por ejemplo el médico, el maestro, el profesor, el notario, el registrador de la propiedad, el farmacéutico que estaban en una ciudad provinciana, pequeña normalmente, capital de provincia o menos. Se quedaba afincado en ella, quedaba aislado, pero ahora ese hombre tiene coche por lo pronto y no para en su ciudad o en su pueblo, está en todas partes. Es decir se ha producido un cambio de movilidad enorme. Ya no está confinado en aquel lugar. Hasta no hace muchos años no era así, porque no tenía coche, porque los recursos económicos eran mucho menores, porque las carreteras eran peores, por mil factores. Esto ha sufrido un cambio extraordinario.

La difusión de la enseñanza se ha multiplicado de un modo extraordinario. En España hace no muchos decenios había un número muy alto de analfabetos, ahora es mínimo, pero hay un número muy alto de gentes que no leen nunca, hay gentes que compran nunca un libro, no es que compren pocos libros. Hay gentes que compran pocos libros, pero hay gentes que no compran nuca un libro. Si ustedes me preguntan si yo compro muchos hipopótamos, les diré, no yo es que no compro hipopótamos, no he comprado nunca un hipopótamo, ni pienso comprarlo, pues esto le ocurre a mucha gente con los libros. Comprar libros no se les ocurre, otros sí, compran muchos, y encima los leen, pero esto ha cambiado. Ahora va todo el mundo a la escuela, van muchísimas personas a los institutos o sus equivalentes, va un número muy alto de personas a la Universidad. Lo que cuentan luego en estos lugares ya es otro problema, es un capítulo muy distinto, tal vez no encuentran lo que encontraba yo en los primeros decenios de este siglo.

Ha habido una enorme difusión de la cultura, inferior, esa sería la palabra. Se habla de la cultura superior, pero puede ocurrir que sea inferior, que alcanza a todo el mundo, pero... Son cambios importantes y es fundamental lanzar una mirada hacia el futuro partiendo del pasado, partiendo de las experiencias, partiendo de lo que hemos aprendido o no hemos aprendido. Que cosas no se han aprendido. Hay un verbo muy interesante, que es el verbo escarmentar. Se escarmienta, a veces sí, a veces no. A veces se recae en errores cometidos otras veces.

Cuando se estudia el pasado español reciente del siglo XX, me angustia a veces pensar que errores se han cometido, errores evitables, errores innecesarios. Ha habido momentos bastante felices, otros de un error constante, en general ha habido falta de perspicacia, falta de pensamiento, no se han tenido en cuenta las posibilidades, no se han tenido en cuenta los factores reales, no se ha anticipado el porvenir, no se ha previsto lo que podía pasar. Hay que prever lo que puede pasar, sabiendo que no es seguro, sabiendo que puede no pasar, puede pasar otra cosa.

Cuando pensemos en lo que vamos a hacer, yo me sentiría tranquilo si los españoles, y los no españoles, pensaran. Es lo que más se escatima, lo que más se ahorra es el pensamiento. Si se pensara se podrían ver las cosas, se podrían prever muchas cosas. Esta tarde he releído un viejo ensayo que escribí el año 1956 sobre Europa, me ha dejado perplejo. Había previsto muchas cosas, había mostrado cual era la situación existente y en qué medida era menester modificarla, superarla, que cosas era menester hacer. Las apuntaba hacia el final, era el año 1956, hace cuarenta y un años. Tiene una actualidad aterradora, porque pienso que se ha pensado en Europa muy poco desde entonces, no se ha pensado lo que se podía pensar, ya entonces, en el año 56. Y esto lo aplicamos de manera igual a España. Lo podemos aplicar de un modo más accesible y más dominable, pero hay que tenerlo en cuenta.

Creo que la función que podemos ejercer es apoyarnos en el pasado, tener presente lo que ha ocurrido, lo que ha pasado y lo que hemos hecho en el siglo XX. Pienso tomar como punto de partida uno de los textos más interesantes, más lúcidos sobre España de este siglo: "España invertebrada", de Ortega, que es un libro del año 1921, cuando ya el siglo XX había entrado y había manifestado muchos rasgos suyos, después de la Primera Guerra Mundial, en un momento particularmente delicado, como luego se vio. Atacaba un problema, el de la invertebración de España, problema que tiene una actualidad distinta, diferente, es otra cosa de lo que pasaba entonces. Partiremos de ahí, y es menester tener presente de manera sumaria lo que ha ocurrido desde el año 1921 hasta ahora. Todos lo sabemos, más o menos, quizá no pensamos en ello, no hacemos los balances necesarios, sobre todo para descubrir las trayectorias iniciadas. Esto es lo más importante.

El problema consiste en ver hacia dónde vamos, hacia donde estamos yendo. Se podrá llegar o no, esto insisto es absolutamente inseguro. Hay que reforzar la conciencia de libertad. El hombre es libre, el hombre es por fuerza libre. El hombre, por consiguiente, tiene que elegir en cada instante, tiene que decidir lo que va a hacer. Tiene que tener presente la realidad de la circunstancia en que vive, y tiene que proyectar sobre ella sus proyectos, posibles o no, realizables o no, o en un grado mayor o menor, eso es lo que da la configuración de la vida en un cierto momento. Tenemos que tomar posesión de ese presente apoyado, a tergo, en el pasado reciente.

Pero hay algo mucho más importante todavía y es que lo que resulta en la vida y muy especialmente en la vida colectiva, en la historia, no es nunca lo que se proyecta, lo que se quiere, lo que se desea, lo que se hace incluso. Podemos imaginar la realidad de la vida humana, especialmente de la vida colectiva como un tapiz, un tapiz que tiene una trama y una urdimbre, tiene una serie de hilos que se entrecruzan, cada uno de los cuales tiene un propósito, tiene un proyecto, tiene detrás unos ciertos deseos, una voluntad. Se ejecutan unas ciertas acciones que conducen a lo que se quiere, pero el resultado no es previsible, el resultado es otro. El tapiz no se reduce a los hilos que constituyen su trama y su urdimbre.

Si analizan una época ya pasada, ustedes pueden pensar, que es lo que querían, que es lo que buscaban los hombres de esta época, que es lo que buscaban los hombres, por ejemplo, de la Revolución Francesa, que es lo que buscaba Napoleón, lo que resultó se parece muy poco a lo que querían, a lo que hicieron, a sus acciones, es decir hay una cosa que son las acciones humanas, los proyectos, las trayectorias humanas, las acciones humanas y algo distinto su resultado, el resultado es diferente. Por ejemplo la actitud de los europeos cuando empezó la Primera Guerra Mundial, se creía que era la última guerra: "La guèrre que tué a la guèrre", "La guerra que matará a las guerras". Sin embargo siguen las guerras como la Segunda Guerra Mundial, mayor todavía, y las sigue habiendo. Se quería hacer toda una serie de cosas, como la Sociedad de Naciones, que pretendía eliminar la posibilidad de la guerra, establecer las bases de una paz permanente, ya sabemos lo que pasó. Se trató de modificar el mapa de Europa, con un desconocimiento de la Historia que produce pavor, incluso de la geografía y con una mala voluntad, en algunos casos, que escalofría.

Y había que distinguir las buenas intenciones, aquellas con las que está empedrado el infierno, las hubo, buenas intenciones que resultaron funestas. Hubo malas intenciones también. Hubo, sobre todo, desconocimiento, ignorancia, no ver lo que podía ser la realidad, cuál era la realidad europea y cual podía ser. Se desmembró el Imperio Austro-Húngaro, ahí la mala intención actuó bastante, pero además la torpeza. Incluso la desmembración de algo tan lamentable, tan problemático y tan poco simpático, como era el Imperio Otomano, pero se podía haber previsto que pasaría después, porque los resultados de la desmembración del Imperio Otomano fueron peores que el Imperio Otomano mismo, lo siento mucho, pero es así.

Esto ocurre constantemente, en España ha ocurrido bastantes veces: "esto no puede ser, hay que acabar con ello como sea", ¿cómo sea?, pero ¿qué va a suceder a esto?, ¿se puede confiar, se puede poner a España en ciertas manos?, "no está en buenas manos, esto hay que cambiarlo", pero...Esta idea de que el resultado es diferente de las voluntades, de los proyectos, de las trayectorias iniciadas, o incluso realizadas, porque son particulares. Lo que ha faltado casi siempre a la humanidad entera, ha faltado la razón.

Recuerdo a veces que en uno de mis primeros libros, hace cincuenta años exactamente, buscaba hablar de la razón y busqué una definición de la misma, la encontré y no he encontrado otra mejor: "La razón es la aprehensión de la realidad en su conexión", me sigue pareciendo verdadera es definición, no he encontrado otra mejor. Es lo que distingue al hombre del animal, algunos animales son muy inteligentes, son más inteligentes que los niños pequeños, pero no tienen razón, el niño sí, desde muy pronto, tiene la aprehensión de la realidad en su conexión, que es lo que le falta al animal. Es lo que el hombre tiene ¿tiene?, cuando decimos que un hombre tiene algo, queremos decir que le hace falta, lo necesita. El hombre se define por sus necesidades, cuando decimos que el hombre es racional, ¿queremos decir que razona?, pues la verdad no siempre y no muy bien, queremos decir que necesita razonar, que no puede vivir más que razonando, que necesita la razón para vivir humanamente. Frecuentemente lo hace mal o lo hace poco, y así le va.

Si ustedes repasan la historia reciente o remota, en casi todas las épocas y en casi todos los lugares, encontrarán ustedes una cierta deficiencia del uso de la razón. Naturalmente a toro pasado es fácilmente verlo, vemos como si se hubiera pensado mejor se hubiera evitado enormes males que se han producido y se hubieran producido bienes que echamos de menos y que no han existido o no existen. Es fácil ver el pasado y por qué no hacerlo en el presente, por qué no hacerlo mirando al futuro. Lo que ha sido el siglo XX ha sido, tenemos que tomar posesión de ello, tenemos que interpretarlo, tenemos que poseerlo, tenemos que corregirlo y rectificarlo en lo posible. Pero y el siglo XXI que está intacto, que no ha empezado todavía. ¿No estamos a tiempo de entrar en él con algunas garantías de acierto?, ¿no podemos pensar?, ¿no podemos usar la razón para tratar de entenderlo?, para tratar de ver sus posibilidades, sus riesgos, sus peligros.

Para intentar asegurar que se realice lo mejor y que se evite lo peor. Con la conciencia, y esto es importante, de que todo eso es inseguro, que por mucho que se piense, por mucho que se razone hay la libertad, la libertad de cada uno. Hay el azar, el azar que interviene del modo más inesperado y trastorna los proyectos y nos devuelve a una mayor libertad, una cierta libertad.

Porque no olviden ustedes algo que también es importante, y es que el azar, que es ajeno a nosotros, que es ajeno a nuestros proyectos, interfiere en ello, es algo que hacemos nuestro, que nos apoderamos de ello, lo asimilamos, hacemos nuestra vida con ese azar extraño, con ese azar ajeno, reaccionamos a él desde nuestra configuración vital, lo incorporamos a nuestra vida, hacemos que no sea enteramente ajeno. Se convierte en un ingrediente nuevo que ha irrumpido desde fuera pero que ahora forma parte de nuestra vida. Si ahora ocurre algo azaroso, completamente azaroso, que no tiene que ver nada con lo que nos proponemos hacer, cada uno de nosotros reaccionará a su manera, lo incorporará a la configuración de su propia biografía y habrá, por tanto, tantos azares como personas, ese azar funcionará de manera distinta en cada uno de nosotros y se transformará en un ingrediente, desde fuera, que se incorporará a cada una de nuestras vidas y esto hace que haya una cierta continuidad vital, una continuidad de cada biografía y una continuidad histórica, hasta cierto punto también.

Cada sociedad, cada país es un proyecto, es un estilo, es una manera de ser, es un modelo. Ser español quiere decir algo concreto, los españoles han sido de muchas maneras, en cada época han sido de una cierta manera. Dentro de cada época ha habido innumerables variedades. Pero hay algo que es común, hay un cierto estilo que va cambiando, que se diversifica. Ser español quiere decir algo y lo puede seguir siendo. El problema consiste en imaginar que quiere decir ser español en el siglo XXI. Puede ser muchas cosas, algunas admirables, capaces de ilusionarlo, algunas capaces de aterrarnos o de repugnarnos. En nuestra mano está elegir. Con la posibilidad de errar. Con la inseguridad con que el azar lo cambie, pero en cierta medida, en cierta proporción está en nuestra mano. No olviden ustedes el verso de Cervantes: "Tu mismo te has forjado tu ventura".



                             La España invertebrada de Ortega en 1921



Voy a tomar como punto de partida el libro de Ortega: "España invertebrada", que es, quizá, el primer libro de nuestra época que sea un análisis profundo y lúcido de la realidad española. Este libro se publicó en 1921. La fecha es muy importante, hay que tenerlo presente, porque es un punto de partida, la situación actual está muy alejada de la de 1921 y es muy distinta. Este libro tuvo un éxito inesperado, se agotó pronto, Ortega dice en el prólogo que los libros de carácter intelectual tienen en España un carácter casi confidencial, y es cierto, las ediciones eran breves, eran cortas por lo general y los libros tardaban en reeditarse muchos años, en esto la transformación de España es enorme. Creo que ahora es en España donde se leen más los libros de pensamiento. No en conjunto, pero los de pensamiento sí, mucho más que en cualquier otro país de Europa, cosa que la gente no sabe y cuando se dice no se cree, pero es así.

Ortega había escrito su primer libro: "Meditaciones del Quijote" en 1914. Escribió luego muchos artículos, políticos, sobre problemas intelectuales, y el año 1916 tiene un cambio de trayectoria y lanza una publicación que llamó "El Espectador", que pretendía ser una revista con una cierta periodicidad, pero unipersonal, era Ortega su único autor, significaba para él una vuelta a lo propiamente intelectual, el dirigirse a un grupo de personas que querían claridad, que estaban sedientas de verdad, por tanto apartadas de otro tipo de cosas, en cierta medida de la política, esto ocurre en el año 1916.

Pero empiezan a ocurrir cosas en España bastante inquietantes. En el año 1917 hubo un pleito muy complejo sobre las juntas de defensa militares, fue una cuestión sumamente discutida, que yo creo que no se ha puesto del todo en claro. Por otra parte empieza en este momento, en el año 1917, la gran huelga general revolucionaria, promovida por los socialistas, que fue muy grave, un acontecimiento sumamente grave. En el año 1914, cuando Ortega había publicado "Meditaciones del Quijote" y había fundado "La Liga de educación política española", que se inauguró con aquella conferencia de Ortega titulada "Vieja y nueva política", que era la presentación en la sociedad de su generación, formada por un centenar de personas de oficio intelectual, algunos de la generación anterior, de la generación del 98 y algunos más jóvenes, de la generación siguiente, pero el grueso de los miembros era de la generación de Ortega, generación cuya fecha de nacimiento está en torno a 1886, es decir la que sigue a la del 98, cuya fecha de actuación comienza hacia 1901.

La influencia de la etiquetas es extraordinaria, se habla de la generación del 98, se habla de la generación del 27, el año 27 no pasó nada, fue el centenario de Góngora, y en cambio no se habla, porque no tiene etiqueta, de la generación intermedia, que es tan importante, por lo menos, como una de las otras dos.

En el año 1917 estamos en plena Guerra Mundial, la primera Guerra Europa como se llamaba entonces, que fue algo sumamente grave y que produjo en España, Ortega me lo dijo, yo no lo sabía, no lo había vivido, una politización en España, a partir del año 1917. España era un país neutral, pero la politización fue en gran parte producida por influjo de las embajadas de los países beligerantes, que hacen propaganda, muy activa propaganda de sus respectivos países. Hacen que la opinión española se divida en aliadófilos o germanófilos. Se discute en la mesa de los cafés, se habla de las batallas con apasionamiento. Todo esto crea un ambiente, como una oleada de politización que se produce en España hacia esa fecha.

El año 1917 se funda "El Sol", fue un periódico que ustedes no han conocido y se publicó hasta la Guerra Civil. Era un periódico absolutamente extraordinario, admirable, tan bueno como el mejor de Europa, quizá mejor. Era un periódico muy bien confeccionado, muy bien impreso, muy bien escrito. Veraz, imparcial, excelente. Ortega escribió mucho en este periódico, unas veces con firma, otras veces sin firma y adelantó en él en forma de artículos, largos artículos que se llamaban "Los folletones de El Sol", lo que habían de ser libros. Anticipó en el año 1920 lo que fue en el año 1921, "España invertebrada".

Esa idea de la invertebración de España era antigua en Ortega, había aparecido en un artículo de 1910, después apareció también en la conferencia "Vieja y nueva política" de 1914, en el que dice que "Quiere un España vertebrada y en pie", aparece como un deseo, como un desideratum, y, en definitiva, el libro es, según dice Ortega; "El diagnóstico de una enfermedad...y se puede comprender que haya en el libro una atmósfera tétrica de hospital". Ortega hace este libro para orientarse, para saber a qué atenerse, para saber qué pasa con España y que puede pasar. Es un libro con estructura compleja, no bien leído, con aciertos y errores. No creo que acertara en algunas cosas, en gran parte porque en la época en que lo escribe no se sabían bien muchas cosas. El conocimiento de la Historia de España era muy deficiente. Este libro es muy anterior a las grandes obras de Menéndez Pidal, incluso al libro capital de investigación de la lengua española: "Orígenes del español", que es del año 1926, "La España del Cid", que es la gran visión de la Edad Media española, que es del año 1929. En el año 1921 no se sabían muchas cosas.

Sobre el siglo XVIII, por ejemplo, la escasez de libros inteligentes, que orientaran sobre el siglo XVIII, era enorme, no solo en esa fecha. Todavía en el año 1963 publiqué yo "La España posible en la época de Carlos III", todavía en esa fecha había muy pocos libros capaces de interpreta y comprender el siglo XVIII español. Desde entonces se ha publicado enormemente, se ha avanzado de un modo prodigioso. Piensen en la literatura, los libros de literatura española han dicho hasta hace muy poco tiempo casi nada del siglo XVIII. Recuerdo un libro bastante importante que pasaba de Calderón a Espronceda. Es un salto olímpico, si se presenta a una olimpiada consigue una medalla de oro. Hace no mucho tiempo escribió Juan Luis Alborg, en su "Historia de la Literatura Española", no conclusa por desgracia, un tomo sobre la literatura española del siglo XVIII, son mil grandes páginas, es decir que es un literatura muy rica, muy compleja y el libro no lo agota, hay más cosas todavía, pero es un libro ya extraordinario, mil páginas de formato bastante grande, en cuarto.

Sobre la época visigoda, por ejemplo, también, es discutible lo que Ortega dice en "España invertebrada", pero hay que ver lo que han dicho después. Piensen ustedes lo que dijo Américo Castro, con la tesis central de su obra. "La no hispanidad de los visigodos", bueno los visigodos no eran españoles, ciertamente, pero la España visigoda era España, cosa bien distinta. Hay, por tanto, aspectos en "España invertebrada" que no son enteramente aceptables porque corresponden a un estado de información que no podía ser el que tenemos hoy.

Hay otro aspecto, como cuando Ortega habla de lo popular, de un cierto popularismo en la historia española, cuando habla de que la mayor parte de las cosas en España las ha hecho el pueblo y lo que no ha hecho se han quedado sin hacer, y habla de América como obra popular. Ortega conocía la Argentina y un poco el Uruguay y Chile, que son zonas de América de colonización tardía, muy tardía: la sociedad Argentina se constituye en el siglo XVIII. Si Ortega hubiera conocido el Perú y México, hubiera tenido otra visión distinta. Es evidente que en la América Hispánica tuvieron un papel sumamente importante gentes de gran calidad, de gran altura, la mayor parte de los virreyes eran verdaderos hombres de Estado, que tuvieron cortes, sobre todo en México y en Lima, que eran comparables con las cortes europeas. Hay una obra de los intelectuales de entonces, que eran principalmente frailes, que estudiaron la realidad americana desde todos los puntos de vista, la botánica, la zoología, la arqueología, las lenguas, aprendieron e hicieron gramáticas y vocabularios de todas ellas. Hay un elemento, no popular, sino de minorías selectas que fue decisivo. Pero a este libro de Ortega al que se le pueden hacer ciertos reparos, que tiene ciertas deficiencias, por otra parte tiene aciertos extraordinarios.

Se plantea el problema de la génesis de España, de cómo se organiza. Insiste en el talento político de Castilla, comparándola con Roma, que como Roma tenía talento político, talento para el mando y para mandar hace falta saber mandarse a sí mismo. El que quiere imperar sobre algo, tiene que empezar por imperar sobre sí mismo. Ortega estudia la disciplina de Castilla el dominio de sí misma y la amplitud de miras, la amplitud de horizontes, frente a una visión parcial, limitada y encuentra precisamente que cuando Fernando el Católico, que era sumamente inteligente, comprende esto, comprende que esa visión de Castilla que tiene una idea de una España que no existe como tal, pero que debe existir y que puede existir. Cuando comprende esto Fernando el Católico y se asocia a ese proyecto, originariamente castellano, cuando ve que Castilla tenía históricamente razón, entonces se produce la última gran incorporación de los dos reinos, Castilla y Aragón. Castilla era mucho mayor que Aragón, pero no la absorbe, porque siguiendo a Mommsen, Ortega introduce como método para comprender la génesis de España, el concepto de incorporación, no anexión. La anexión consiste en que una sociedad absorba y englobe a otra menor dentro de ella y que desaparece como tal, es lo que llamaron en alemán: "Anschluss", como el caso de Austria, que fue absorbida por la Alemania hitleriana. Austria desapareció como tal estado y Alemania era la "Grossdeutschland", la Gran Alemania.

Pues bien, la incorporación es algo bien distinto, en cierto modo opuesto. Consiste en que dos sociedades, dos unidades sociales o más, se unen para formar una tercera, superior a ambas, dentro de la cual subsisten las originarias. Esto ha sido, por una serie de incorporaciones, desde Asturias, cuando empieza la Reconquista, con la incorporación de Galicia y luego León y luego Castilla, luego Castilla y León, después Castilla la Nueva, luego Castilla Novísima como se llamó Andalucía, hasta el final. Por otra parte toda la serie de incorporaciones de Aragón y los condados catalanes, especialmente el de Barcelona y luego se forma la incorporación del reino de Aragón y el principado de Cataluña y después Valencia y luego Mallorca, después Navarra, que tiene una cierta independencia y que luego se incorpora a Castilla en tiempo de los Reyes Católicos. Esa serie de incorporaciones van constituyendo, sobre todo después de las grandes incorporaciones de Castilla y Aragón. Entonces se funda la nación española.

La situación en Castilla y en Aragón hacia 1450 era muy mala, de desorden, de irresponsabilidad, de corrupción. He dicho muchas veces que si a un castellano inteligente o a un aragonés inteligente le hubieran preguntado: ¿qué solución hay?, hubieran dicho, no hay solución. Treinta años después España era el país hegemónico de Europa, lo cual quiere decir del mundo, de entonces. Justamente porque había solución española a los problemas castellanos y a los problemas aragoneses, que no tenían solución castellana o aragonesa. Es lo que comprendió Fernando el Católico.

Esto lo ve magistralmente Ortega, tiene un acierto absoluto. Cree Ortega, un poco exageradamente, que la fantástica prosperidad de España y la hegemonía que alcanza hasta 1600, es efecto de la unión. España es la primera nación europea, el primer país que alcanza su unión y esto le da una eficacia extraordinaria y es la causa de la hegemonía. Por tanto esa enorme prosperidad, ese enorme éxito de España, fue para Ortega más aparente que real, como efecto de la unión y cuando pasan sus efectos, cuando intervienen otros factores entonces comienza una decadencia, que le parece menos decadencia, porque le parece que ha sido menos la prosperidad y el esplendor anterior. Esto lo veríamos ahora de otro modo, lo veríamos de manera algo distinta, pero lo es que el hecho de la unión de los reinos, la formación de la primera nación que ha habido en Europa, hacia mil cuatrocientos setenta y tantos, ochenta, fue un factor decisivo que actuó en toda Europa. España fue el catalizador de la modernización de Europa.

Pero Ortega se inquieta mucho en 1921 por el gran problema de España, lo que interpreta como invertebración, es el hecho del particularismo. Castilla tuvo el mérito de no ser particularista, de no quedarse reducida a sí misma, en la visión estrecha de sus asuntos e intereses particulares. Se ha producido un particularismo, Ortega entiende por particularismo que las partes de un todo no se vean como partes, sino como todos que no se interesa ni comprende los problemas de los demás. Esto es lo que le parece lo más grave. Cita una frase de una comedia del siglo de Oro, que dice: "Está una pared aquí, de la otra más distante, que Valladolid de Gante".

El particularismo puede ser territorial o puede ser de clase, puede ser de partido. Si un grupo social se siente como un todo y se desinteresa de los demás, eso es particularismo, lo mismo que si se trata de una región. Esto le parece a Ortega el gran problema de España, a España la está afectando una caída en el particularismo. Explica como una nación es "un proyecto sugestivo de vida en común" y cuenta como hay un cierto momento en que empieza a fallar. Se desprende a comienzos del siglo XIX la América continental, a fines del siglo XIX los restos de la España ultramarina, Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas, y dice: "queda España en su propia desnudez", no lo que eran las Españas, sino la España limitada. ¿Termina el proceso?, dice no, ahora empiezan regionalismos, vizcaitarrismo, catalanismo, separatismo.

Se inicia un proceso de disgregación dentro ya de España, no dentro de los elementos que componían la gran Monarquía Hispánica, sino dentro de la España propiamente dicha y entonces empiezan a producirse fenómenos de desinterés por el conjunto, de presentarse porciones, clases sociales, grupos sociales, que tienen una actitud particularista, como el caso de los regionalismos o nacionalismo como un caso particular del particularismo. Hay un fenómeno curioso que quizá por la menor familiaridad con la Edad Media no lo tenemos tan presente. Cuando se establece Al-Andalus después de la conquista musulmana, primero el Emirato y luego el Califato tienen una gran importancia pero después resulta que aparecen los Reinos de Taifas, la España musulmana se divide, se atomiza, cada uno de los Reinos de Taifas va por su cuenta, se hacen frecuentemente la guerra, por lo menos la oposición, mientras que en la España cristiana se produce ese sistema complejísimo de incorporaciones.

El método de incorporaciones es justo lo contrario del particularismo, es la superación del particularismo. Si dos unidades sociales o más, se van uniendo para formar una tercera que las engloba, que es superior a ambas pero en la cual subsisten con su personalidad, esto es justo lo contrario de los Reinos de Taifas. Ahora todos sabemos cuál fue el resultado: la Reconquista, el término de la Reconquista. La España musulmana: Al-Andalus acaba desapareciendo, mientras se recupera la España perdida del siglo VIII y se convierte en una nación unitaria, con sus diferencias internas que subsisten por el sistema de las incorporaciones.

Esto es importante y Ortega lo describe con mano maestra, esto es lo que le parece la invertebración. España está invertebrada porque está aquejada de particularismo. Porque hay porciones sociales, regionales, territoriales, según los casos, de grupos, de porciones que se comportan como si fueran conjuntos, como si fueran todo y que se desinteresan de lo demás y no tienen la visión del conjunto real al que pertenecen, no se ven como miembros de un todo, sino como todos autónomos y que no tienen que ver entre sí. Este es el esquema argumental de la idea de invertebración.

Pero Ortega da un paso más, en otra dimensión que hay que articular con este y es lo que se llama en un capítulo: "La ausencia de los mejores". La idea que había de desarrollar luego en el año 1930 en "La rebelión de las masas", había aparecido ya antes. La contraposición de masas y minorías y el concepto de "rebelión de las masas", del hombre-masa tiene una muy larga historia que he examinado con detalle en mis libros. Ortega piensa que en una sociedad sana hay una masa, el conjunto de sus habitantes, orientada, regida por una minoría selecta, por una minoría competente que se exige a sí misma y que tiene una capacidad para orientar, para dirigir esa masa. Esto que ha sido obstinadamente mal entendido por los que han leído a Ortega.

Se ha querido interpretar de manera política y no social. Las minorías no son una clase social, no son ni siquiera un grupo social, son una función social. Las minorías son transitorias, la minoría está compuesta en cada momento por las personas cualificadas para una cierta operación determinada. Aquí, en este momento, hay una división entre nosotros, ustedes son los muchos, digamos la masa, yo soy una minoría de uno. Estoy aquí sentado porque se supone que tengo, quizá con error, alguna competencia para hablar de lo que estoy hablando.

Pero supongan ustedes que aquí ocurre, de repente, algo, por ejemplo que se apaguen las luces, preguntaremos ¿hay alguien aquí que entienda de electricidad?, y si alguien entiende de electricidad, será la minoría selecta, la minoría dirigente y nos dirá lo que podemos hacer y lo haremos. Pero en cuanto se vuelvan a encender las luces, se volverá a integrar en su silla, volverá a ingresar en la masa a la cual pertenece y si se trata de que alguien tiene un desmayo, preguntaremos ¿hay algún médico?, entonces ese médico será la minoría selecta, hasta que se le pase el desmayo a esta persona y en cuanto termine esta conferencia yo me integro en la masa, a la cual pertenezco y soy uno más. Si se trata de electricidad o de medicina o de música no soy competente, soy uno más. En caso de no actuar así soy un hombre-masa, si soy un hombre-masa diré lo que se debe hacer con la electricidad, con el desmayo o con la música. El hombre-masa es el hombre que sin tener cualificación especial actúa como si la tuviera, es decir, es una enfermedad social.

Cuando los sociólogos dicen: "sociedad de masas", yo pregunto ¿es que hay otras", todas las sociedades son de masas, pero no de hombres-masa, eso es una enfermedad. En una sociedad sana no hay hombres-masa, hay hombres de la masa, de la cual se destacan, momentáneamente, algunos para cumplir una función determinada, directiva. Si se trata de levantar un peso se llama al más fuerte, si se trata de alcanzar algo en un lugar elevado, se llamará al más alto, si se trata de restablecer las luces se llamará a alguien que entienda de electricidad, así sucesivamente. Es una función social transitoria la de la minoría y que termina tan pronto como la función para la cual alguien ha sido designado, elegido o se ha presentado para ejercer esa función. Ese esquema: masas y minorías es la forma normal de toda sociedad y es una sociedad en la cual hay hombres cualificados para algo determinado a los cuales la masa les exige acierto, perfección, competencia y al mismo tiempo los apoya, los alienta, los sigue.

Hay un capítulo en que Ortega titula: ¿No hay hombres o no hay masas?, siempre que se dice: no hay hombres, es que no hay masas, que los apoya, que los estimulan, que les exigen. Para Ortega este problema, es un problema de moral social. Usando una terminología india: épocas Kitra y épocas Kali, las épocas Kitra son aquellas en las que las sociedades funcionan bien, cuando la gente está en su lugar, cuando hay hombres que son mejores para lago determinado y son alentados, apoyados por la masa. Las épocas Kali son las contrarias, en las cuales los hombres superiores están despreciados, combatidos o atacados y esto, cree Ortega, que es la clave de los problemas.

El libro "España invertebrada" se refiere a España, pero España le parece un ejemplo. Ortega está muy preocupado en este momento (1921), por Europa y piensa, no por la guerra que acaba de terminar, las guerras, piensa Ortega, con sus problemas, con sus pérdidas no afectan normalmente a la vitalidad de los pueblos, lo que ha pasado en Europa es que ha dejado de desear. Europa no desea, Europa no tiene proyectos atractivos, no tiene proyectos ilusionantes, esto es lo que le parece gravísimo. España también tiene falta de proyectos, pero tal vez su situación no sea tan mala. Los países más famosos, los países más ilustres, los países que han sido el ejemplo de lo mayor han destruido Europa, se han destruido en la guerra. Ortega tuvo una enorme decepción el año 1914, cuando se produce la guerra y mantuvo la idea de Europa. Deseaba, a pesar de conocer muy bien Alemania y que dio a conocer lo mejor de su cultura, hizo que se tradujeran al español espléndidos libros alemanes, deseaba la victoria de los aliados.

Hay un artículo de Ortega de 1908, escalofriante, habla de dos alemanias, dos tendencias en la vida alemana, una que le parece admirable y otra que le parece terrible y peligrosa, es una anticipación de lo que fue luego la Alemania del nacional socialismo, veinticinco años después, es un artículo que realmente escalofría de perspicacia. Él creía que la Alemania que hubiera imperado, de haber ganado la guerra hubiera sido perniciosa. Ortega deseaba profundamente la victoria aliada, pero lo que creía es que no se podía renunciar a Europa como tal, ni a Alemania. Alemania era algo absolutamente indispensable, necesario y fue el único gran intelectual que defendió a Europa, pues casi todos estuvieron divididos y fueron partidistas, se dejaron llevar por la hostilidad hacia los países rivales. Esto lo critica Ortega enormemente, por ejemplo en dos casos eminentes como Bergson en Francia y Max Scheler en Alemania, les reprocha Ortega el partidismo, cuando él mantuvo la fidelidad a Europa, a Europa en su conjunto y por eso pudo decir Curtius en 1928: "Este pequeño celtíbero del Escorial le devolvió a Alemania el sentido y el gusto de la filosofía".

Alemania se entusiasmó con Ortega, encontró que estaba en él la fidelidad a Europa, de toda Europa. Ha habido una crisis de Europa, Ortega había propuesto la europeización, Ortega dijo el año 1908: "España es el problema y Europa es la solución", pero advertía: "queremos la interpretación española del mundo, queremos, no imitar, no hacer una Alemania, una Francia, una Inglaterra más, ya hay una de cada, queremos añadir a Europa la forma española, la variedad española que puede enriquecer Europa". Pero se encuentra que Europa ha dimitido, se ha negado, dividida por la guerra y después ha tenido como una atrofia de esa función humana capital que es desear. Hay un cierto pesimismo que tiene Ortega, que nace de que la Europa en que él confiaba, cuando España empezaba a apoyarse en ella y en cierto modo a alcanzar su nivel, se ha hundido. Esto es sumamente grave y le produce una especie de pesimismo y hay una frase curiosa, que dice: "Quizá tengan más porvenir los países pequeños y un poco bárbaros", como dice Ortega en "La rebelión de las masas", países con una cierta vitalidad profunda. Menos corrompidos, quizá, por la prosperidad o por la vanidad, pueden resultar más creadores, más eficaces, le preocupa esa extinción de la facultad de desear, de proyectar y esto se suma a un cierto pesimismo recibido, por ser heredero y continuador de la generación del 98.

Ortega decía que había generaciones cumulativas y generaciones polémicas. Hay generaciones que aparecen de manera polémica respecto de la anterior, porque traen algo nuevo. La generación del 98 fue profundamente polémica, hay una oposición, que luego se superó, pero hay una hostilidad a la España inmediatamente anterior y a las figuras representativas de esa época anterior. Después cambian con los años, cuando llegan a la madurez hay una especie de reconciliación con los anteriores y de admiración por ellos. Por ejemplo hubo una hostilidad de los escritores del 98, no digamos de Echegaray, sino también con Galdós, al que luego admiraron también mucho. O el caso de Zorrilla, al cual hay una dedicatoria que yo he visto en un libro de Unamuno dedicado a Ortega que termina ¡Y muera Zorrilla!, después escribió de Zorrilla con entusiasmo, con enorme simpatía y entusiasmo cuando pasó el sarampión polémico.

La generación de Ortega, que tiene muchas discrepancias respecto de la del 98, era una generación cumulativa, es decir se suman a la del 98, están en la misma empresa, esto es lo interesante. De otra forma, a otro nivel, con grandes diferencias, con discrepancias ocasionales. Pero heredan de la generación del 98 y de los regeneracionistas un pesimismo que dominó sobre todo a los autores menos perspicaces. Si leen al propio Costa o Lucas Mallada o Damián Isern, eran de un tremendo pesimismo: "España no tiene arreglo", hay una impresión de que España no funciona, que es un desastre, que no hay nada que hacer. Lo cual era muy exagerado, pues si fuera cierto, España no existiría y ahí está.

Esto lo hereda Ortega, junto con la descalificación global de la historia de España de los últimos siglos. Los españoles son muy aficionados a manejar los siglos con gran generosidad, dos, tres, cinco siglos, ¡qué más da! Todo esto lo hereda Ortega al principio y se refiere, por ejemplo, en algunas páginas de "Meditaciones del Quijote" o en la conferencia del año 1914 "Vieja y nueva política", hay una actitud de repulsa de la historia de España de los últimos tiempos, y no tan últimos, hay un cierto pesimismo que lo predispone para ver los aspectos negativos, los aspectos amenazadores, las dolencias, incluso enfermedades que puede padecer la sociedad española, lo cual va en contra su natural optimismo y de su esperanza.

Ortega dice, por ejemplo, que cuando un hombre bien nacido niega una España tiene la obligación de proponer y buscar otra nueva. La negación aislada es un error inaceptable y, en el mismo libro, dice que toda su vida ha sido una serie de experimentos de nueva España. Viendo que las cosas no han ido bien, que han ido mal durante mucho tiempo, Ortega tiene le afán de que España vaya bien, de que España lo haga bien, de llevar a su perfección España. Esto lo lleva al extremo invariablemente y hay un momento posterior, en 1932, cuando escribe el prólogo a la edición de sus Obras, a lo que llamamos el "Tomo naranja", a la primera edición de conjunto, completa, de las Obras de Ortega. En ese prólogo Ortega dice que aunque su obra no valiera nada, ni tuviera importancia ninguna, lo que es una verdad inconmovible que toda ella es un intento de mejorar España, al servicio de España. Tiene una enorme confianza, y fe en las posibilidades españolas, por eso quiere superar los grandes vicios que amenazan a España, el particularismo, sobre todo.

Por otra parte la ausencia de los mejores, el no exigir a las minorías capaces que lo sean y que hagan lo que tienen que hacer. Ortega entiende que la minoría rectora, la minoría selecta, no es que tenga privilegios, es que tiene obligaciones, de hacer lo que tiene que hacer, que no puede descansar, que no puede abandonarse, que no puede pedir, sino al contrario servir. Esta es la disciplina que pide para España y encuentra que en España en 1921 está invertebrada pero descubre en ella potencias, energías, capacidades que pueden conseguir su vertebración, es decir que España vuelva a funcionar como un organismo coherente, jerarquizado, en el cual cada una de las partes, cada uno de sus miembros vive en función del conjunto y teniéndolo en cuenta y poniéndolo por delante de sus formas particulares. Y que tiene que exigir a los hombres mejores, que en cada función sean superiores, tiene que apoyarlos. Es necesaria una actitud al mismo tiempo de exigencia y apoyo. Si falta una de las dos cosas, la cosa no funciona. Hay que exigir a cada una de las partes de la sociedad, y a cada uno de los individuos, que cumplan su condición. Ortega tiene la idea que hay que mejorar y lo dice expresamente al final de "España invertebrada" al hombre español.

No es un problema de política, insiste mucho en ello. No es un libro de política, es un libro histórico, que trata de entender históricamente por qué en España se ha producido la situación en que se encuentra y eso requiere una mejora profunda, radical del hombre español. El hombre español tiene que exigirse, tiene que usar sus posibilidades, tiene que tomar posesión de su realidad íntegra y no de porciones particulares de ella. Han pasado muchos años, muy lejos del año 1921. Habrá que preguntarse: ¿qué es lo que ha ocurrido con la invertebración o la vertebración de España?, ¿en qué sentido está vertebrada o no, qué ha pasado en medio? Lo más grave que ha ocurrido en España ha sido la Guerra Civil, que fue en cierto modo el grado máximo, el grado extremo de particularismo, de escisión. Media España se enfrentó con la otra media y se destruyó.

Pero ¿era puramente invertebración, cuál fue la línea de fractura de España en 1936? No coincide con lo que se hubiera podido pensar en 1921, fue otra. Hubo un particularismo feroz, pero de otro orden, que al mismo tiempo coincidía con una fuerte vertebración que se había producido en ese tiempo. La Guerra Civil hay que estudiarla desde muchos aspectos, uno fue el de la vitalidad española, la tremenda vitalidad, se puede interpretar la Guerra Civil como esfuerzo de todo tipo, como esfuerzo económico, técnico, de organización social, de heroísmo, mezclado con la más espantosa criminalidad. Se organizaron, no un ejército, se hablaba de que no había ejército, sino dos ejércitos, fuertes, potentes, activos, eficaces. Dedicados a destruirse unos a otros.

La Guerra Civil significa la cima de la invertebración de España y al mismo tiempo el principio de un nuevo tipo de invertebración. Conviene entender las cosas y hay que superar también el particularismo de los puntos de vista. Las cosas hay que estudiarlas, no por ambos lados, sino por muchos lados, hay que estudiar los fenómenos históricos en sus múltiples facetas, hay que ver de dónde vienen y hay que ver a donde van. El próximo día hay que ver qué pasa con la vertebración de España ahora, en esta fecha.





                          La vertebración de España en 1997



El punto de partida es el libro "España invertebrada", de 1921. Han pasado tres cuartos de siglo, que es bastante tiempo. Hoy quiero que examinemos el estado de vertebración o invertebración de España en este final de siglo. Han ocurrido muchas cosas desde que Ortega escribió su libro, al que se le podían hacer ciertos reparos, sobre todo porque la información que se disponía en 1921 sobre ciertos aspectos de la historia española eran muy insuficientes, eran los que tenemos hoy. En conjunto había grandes aciertos como el concepto de incorporación para explicar la génesis de la nación española, el problema de la tentación de particularismo, la falta de exigencia a los mejores y de apoyo al mismo tiempo, estos son factores que determinaban el estado de invertebración que Ortega percibía el año 1921. Desde entonces ha habido muchos cambios que no vamos a recorrer, sino que vamos a analizar la situación actual. A principios del siglo XIX se hablaba de España como un país sin pulso. Esto ya no se podría decir del resto del siglo, de los decenios posteriores, más bien ha habido fases de taquicardia, peligrosas también.

Desde 1921 se ha producido un crecimiento considerable de la sociedad española en muchos sentidos. Ha habido un crecimiento económico visible en varias fases de desigual aceleración. La diferencia entre la situación económica de 1920 y la de ahora es enorme, es realmente increíble y no tenemos conciencia clara de eso. España era un país pobre y hoy no es un país rico pero es económicamente razonable, se aproxima mucho al de los países de Europa más prósperos y está por encima de otros. Ha habido otro cambio muy grande, es el crecimiento demográfico. España era un país de población muy pequeña, poco comparable con los países con condiciones análogas en Europa. Aumentó mucho la población incluso después de la Guerra Civil, que supuso un número muy grande de muertos o de perturbaciones de la población. Esas cifras que se lanzaron del millón de muertos, era retórica. A mí no me pareció verosímil nunca, no soy demógrafo, pero se me ocurrió, poco después de la Guerra Civil, hacer una comparación de la población que había en España, contando con los nacimientos que eran conocidos, y llegué a la conclusión que la Guerra había significado la pérdida de trescientas mil vidas humanas, teniendo en cuenta todo, muertos en la Guerra, asesinados en ambos bandos, muertos por enfermedad, etc. Los estudios que se han hecho después, ya con mayor veracidad y de un modo competente han venido a dar unas cifras sumamente parecidas. Se calcula que fueron trescientas mil personas víctimas de la Guerra, pero la población española después de la guerra era superior a la de antes de la misma. El crecimiento demográfico superó el conflicto y no digamos en los años siguientes.

Esto se ha interrumpido, si hablábamos de crecimiento, ahora hay que hablar de decrecimiento. Hace aproximadamente veinte años se ha producido un descenso inmenso de la natalidad en toda Europa, pero en España también y parece que España tiene uno de los índices más bajos de natalidad. Italia y España que antes tenían una natalidad muy alta, parece que tienen la más baja de Europa. Se calcula que por cada pareja, ahora no se habla de matrimonio, se dice pareja hay uno coma uno (1,1) o uno coma dos (1,2) hijos de media, lo cual es absolutamente alarmante, son de las cosas que son verdaderamente alarmantes. Hace ya tiempo que escribí un artículo llamado ¿Hermanos? En el cual decía que pronto no iba a haber la experiencia del hermano, nadie va a tener hermanos, o no se tienen hijos o se tiene uno. Se habla de fraternidad pero va a ser en hueco, va a ser un concepto abstracto que no va a tener la evidencia inmediata de lo que llamamos, tener hermanos. Recuerdo a veces, y esto viene al pelo, que la decadencia del Imperio Romano comenzó cuando las mujeres empezaron a no tener hijos, hubo una crisis fantástica de falta de nacimientos en los años que precedieron a la caída del Imperio Romano y si esto ocurre en Europa, no augura nada bueno.

El crecimiento económico es enorme, el crecimiento demográfico lo ha sido pero ha habido un cambio que se ha operado en toda Europa, no solo de España, lo cual es más inquietante todavía. Las cosas que son solo de España no me preocupan demasiado, lo malo es cuando se extienden a toda Europa, o a todo Occidente, o no digamos, al mundo entero. Ha habido además cambios muy importantes de la sociedad española. Es el caso del cambio de una sociedad rural a una sociedad de ciudades. España era un país rural, es España se llamaban ciudades a las capitales de provincia y algunas pocas más. La gente hablaba de ciudades y pueblos, la palabra pueblo se utilizaba para algunas poblaciones que eran muy grandes, como en el caso de las poblaciones andaluzas. Esto casi ha desaparecido, los que se llamaban pueblos son ciudades o son despoblados, un cambio bastante importante. España era un país de población agrícola en su gran mayoría, como en el resto de Europa y Occidente, porque la agricultura es ahora una industria y no la más importante.

La técnica ha permitido que se produzca en la agricultura con muchos menos brazos, gracias a la maquinaria, esto significa un avance, un progreso en muchos sentidos, pero ha tenido unas consecuencias que ha sido la alteración de las sociedades, que eran, en España y en otros países en grado menor, campesinos. El campesino no es solamente un productor de productos agrícolas, es un modo de vida, es un tipo humano. Solía ser la forma básica que aseguraba un equilibrio y un repertorio de vigencias sociales que se ha reducido enormemente, hay muchísimos menos campesinos, en España como en los demás países de Europa y el tipo de vida que siguen los que siguen siendo campesinos se parece mucho menos a la vida anterior. En tiempo de la Guerra Civil los partidos marxistas o revolucionarios hablaban siempre de obreros y campesinos. Tengo cierta sensibilidad sociológica y resistía a ello porque no era lo mismo. El obrero y el campesino eran dos tipos humanos muy distintos, enormemente distintos, incluso en muchos sentidos, contrapuestos. Esto ha cambiado, tanto para el campesino como para el obrero. Se han referido a los obreros como proletarios, hoy se emplea muy poco. Se hacen estadísticas de todo menos de lo que interesa. Si se hiciera una estadística con la frecuencia con que se emplea la palabra proletario se encontrarían resultados muy interesantes. No existe esa idea, el obrero industrial no se ve como proletario. Ha habido una labilidad de las clases sociales, se transita de una a otra con bastante facilidad.

Se han producido cambios en conjunto beneficiosos, con su contrapartida también. Hay otro factor que es decisivo en España y es el de la homogeneización. Hay una serie de elementos que son homogéneos. Han aumentado las comunicaciones de una manera extraordinaria. En 1920, por ejemplo, era muy grande el número de personas que vivía en una pequeña porción del país, en una comarca de la cual no salían en toda su vida o salían excepcionalmente, a veces salían para hacer el servicio militar o iban a la capital de provincia para hacer unos trámites o iban a comprar las cosas cuando se iban a casar, pero vivía adscritos a una pequeña porción del territorio. Ha habido una serie de factores como los autobuses, que han supuesto una gran transformación, la gente ha empezado a recorrer lugares distintos y no digamos el coche, la generalización del coche, el que ahora prácticamente todo el mundo tiene coche, yo soy de infantería, pero soy una excepción.

En niveles sociales superiores cuando a una persona la destinaban a una pequeña ciudad de provincia o a un pueblo porque era notario o registrador de la propiedad o farmacéutico o médico, en general se quedaba adscrito a este lugar o a una pequeña comarca alrededor y quedaba desligado de los grandes centros, de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona o Valencia, esto no ocurre ahora porque todas estas personas tienen su coche y circulan por España y van a todas partes.

Añadan ustedes la difusión inmensa del teléfono. Recuerdo muy bien, y no soy del siglo XVIII, la instalación del teléfono automático en España, fue en tiempo de la Dictadura de Primo de Rivera. Se fundó la Compañía Telefónica Nacional de España, que era el nombre completo y se estableció el teléfono automático, que por cierto recuerdo que costaba al mes treinta y una pesetas con veinte céntimos y se podían hacer todas las llamadas urbanas que se quisieran y todo el tiempo que se quisiera, era muy barato. El teléfono se difundió a partir de ese momento. Antes había que hacer las llamadas con operadora y a veces tardaba mucho.

También he asistido al nacimiento de la radio, había radios de galena. Tenía un hermano que era muy hábil que con una caja de cerillas y una moneda de cobre de diez céntimos, una "perra gorda", hacía radios de galena con las cuales se oía muy bien, con auriculares claro. Recuerdo Radio Madrid. La televisión después.

Otra cosa que se ha perdido de vista pero que son muy importantes: los alimentos. La gente comía depende de qué regiones, las cosas de su tierra y de la estación correspondiente. El arroz se comía en Valencia y en Madrid y en las grandes ciudades, pero en otros sitios se comía poco arroz. Se comía en todas partes mucho pan y ahora muy poco. Ahora se come en todas partes más o menos lo mismo. Y en los últimos decenios lo que se compra no es ni siquiera español. a lo mejor las manzanas vienen de Chile o las naranjas de Israel, aunque suelen ser españolas. Incluso de los sitios más extraños. Veo en la televisión anuncios de cerveza australiana, que es lo más lejos que hay. La cerveza se hace en todas partes y se hace bien en todas partes, la cerveza española es buena, trae cuenta por lo visto traer cerveza de los antípodas, pero a mí me sorprende siempre un poco. Lo cual indica que se toman las cosas fuera de su estación. Las frutas de verano se comen en invierno porque vienen de otro hemisferio. Se ha producido una enorme homogeneización.

Se ha producido una homogeneización del lenguaje. La lengua de la radio y sobre todo de la televisión se extiende. Un uso lingüístico pernicioso se extiende como el dequeísmo. Otro ejemplo: en español se distingue el "deber" como obligación y el "deber de" como probabilidad, si yo digo "deben de ser las ocho y cuarto", quiero decir que si he olvidado el reloj, deben ser más o menos esa hora. Sin embargo se dice: "los diputados deben de asistir al Congreso", en vez de "deben asistir...". Ahora por cada vez que se oye un "deber" correcto, se oyen veinte incorrectos, esto es porque lo dicen los medios. Ahora los periodistas han decidido abolir los artículos de los países cuyo nombre lo usa. Hace tiempo escribí un artículo titulado: "Artículos extraviados" sobre la cuestión. Se dice la China, la India, el Perú, el Brasil, el Japón, pero ahora la gente dice que no y dicen ¿ha viajado a Japón? El ministro de India. El presidente de Perú. Esto no se ha dicho en español nunca. En cambio se dice Chile, no el Chile, México y no el México.

Se está produciendo un uniformidad incluso en el uso de la lengua, que puede ser buena en algunos sentidos, se eliminan localismos. Si esto se hiciera mejor se llegaría a un nivel lingüístico más alto, pero no siempre pasa. Se ha difundido enormemente la cultura, eso hay que reconocerlo. Había un número muy grande de analfabetos y ahora hay poquísimos, es un residuo de analfabetismo. No tengo beatería por la alfabetización. Ahora circula la justificación por la alfabetización.

Hay países y regímenes que se justifican por sus campañas de alfabetización. La alfabetización con libertad, me parece excelente, sin libertad es un modo de opresión. Si a la gente se la enseña a leer y se les deja leer lo que quieran eso está admirablemente bien, si no se le deja leer lo que al gobierno no le conviene y se la obliga a leer lo que no quiere leer es un instrumento de opresión. La cosa es muy sencilla, pero el hecho es que apenas quedan analfabetos.

La gente está en una medida altísima escolarizada, van a la escuela y aprenden algunas cosas. Los institutos y los colegios han proliferado enormemente. El número de estudiantes de bachillerato o como se llame actualmente, yo me perdí hace mucho tiempo, cuando a los hijos de mis amigos o a sus nietos no les pregunto que estudian porque ya no sé lo que quieren decir.

Las universidades han proliferado, antes había diez, pequeñas, incluso la de Madrid que era la más grande, ahora hay treinta y tantas, no podría ennumerarlas y además tienen millares y millares de estudiantes y de profesores, no lo olviden. Pero su nivel es más bajo, indiscutiblemente. Se ha difundido enormemente una cultura inferior, en general inferior. Todo el que tiene contacto con la enseñanza cuenta cosas increíbles de la ignorancia atroz. Recibo a veces cartas de personas que tienen títulos académicos con atroces faltas de ortografía. Acabo de ver el escrito de un muchacho, de diez y nueve años, hijo de un diplomático, un intelectual muy distinguido y era increíble, por ejemplo, la preposición a varias veces con hache en un breve texto. Esto es corriente, lo cual quiere decir que es un fenómeno un poco extraño.

Se ha producido un avance extraordinario del conocimiento de la historia, de los historiadores o de los que tienen interés por la historia. Hay épocas que se conocían mal, Ortega decía que hablar de historia de España era hablar de leyendas, en gran parte, y es cierto había enormes porciones de la historia de España muy mal conocidas, muy mal estudiadas. Esto se ha mejorado de un modo increíble. Desde la fecha en que se escribió "España invertebrada", el desarrollo de los estudios históricos ha sido impresionante. La Edad Media que era muy mal conocida se conoce admirablemente bien. El siglo XVIII que era casi desconocido está perfectamente bien estudiado. En conjunto la historia se posee admirablemente bien. Ha habido métodos históricos, empezando por la idea de "razón histórica" de Ortega, que ha sido el gran paso decisivo en la comprensión de la historia. Pero eso ha venido acompañado de su no enseñanza. Se enseña muy poco y muy mal en general y ha habido una voluntad por partidismo político, por particularismo regional, de la desfiguración de la historia. Es decir el número de españoles que no saben nada de historia o lo que es peor un cúmulo de falsedades es increíble. Una de las cosas más preocupantes, de las cosas que están pasando más graves, sin duda ninguna. Ha habido pues una serie de cambios, unos resueltamente positivos, otros bastantes negativos.

Hay otra forma de crecimiento que es la mejoría biológica, los españoles como los demás europeos viven mucho más tiempo, acompañados de una salud mucho mejor. Yo debería estar muerto hace ya muchos años y en todo caso estoy vivo y no enteramente "gagá" todavía, todavía puedo dar una conferencia inteligible, esto es importante. El crecimiento en estatura también es digno de reseñar, la altura media de los españoles era tal vez quince centímetros menos que ahora. Tengo la impresión de que algunos se están pasando, no sé si será bueno. Alguno me da la impresión como de plantas demasiado crecidas, hombre y mujeres. Recuerdo un caso curioso: Ortega tenía exactamente mi estatura, nunca dijo nadie de Ortega que fuera un hombre bajo, no alto tampoco. Él decía medio en broma que "soy el filósofo más alto de Europa", porque era más alto que Heidegger, que Gabriel Marcel, que Jean Wahl, que Zubiri, que Morente, por eso lo decía un poco en broma. Aunque había algunos más altos, naturalmente. Ahora la gente tiene diez, quince o veinticinco centímetros más que antes. En conjunto es un incremento, debido a varias causas: alimentación, las vitaminas, es un hecho concreto, se ha producido y es un incremento extraordinario. Las gentes son más altas, viven más, tienen normalmente mejor salud, tienen coche, lo cual no están bien siempre por su número excesivo. Son todos factores de transformación sumamente importantes.

No digamos el grado de circulación por el país, además los españoles viajan por el extranjero en una proporción absolutamente incomparable. El pasaporte, que era necesario para viajar al extranjero, para cualquier país del extranjero, ahora no, se viaja por Europa con la tarjeta de identidad. Pero antes era necesario el pasaporte para todas partes. No se expedía el pasaporte en Madrid más que en la Dirección General de Seguridad, debajo del reloj de la Puerta del Sol. La oficina de pasaportes no solía tener cola, ni nada parecido. Normalmente la gente iba, pedía el pasaporte y no pasaba más. El número de pasaportes que se expiden actualmente es innumerable, es un número extraordinario. La gente viaja enormemente y además viaja a sitios extraños. La gente se va a Thailandia, al Caribe. El viaje de bodas, a lo mejor iban a Mallorca, ahora se van a Taiwan. No sé si Taiwan es mejor que Mallorca, lo que es, es que está más lejos. Eso ya empezó con los alemanes, el lujo de Alemania después de la II Guerra Mundial, se traducía en que los alemanes viajaban mucho y muy lejos, a lo mejor no conocían Baviera o Westfalia, pero viajaban mucho más. Todo esto son formas de crecimiento, formas de desarrollo.

Pero qué pasa con la invertebración. Hay un factor que me parece importantísimo, que es la vitalidad. España tiene un grado de vitalidad muy alto, eso se nota cuando viaja uno por cualquier país europeo, por ejemplo. La temperatura de la calle, hay un grado de intensidad vital, de vida ascendente mayor. La gente sale y está en la calle, mucho más que en otros lugares. Esa vitalidad es un factor capital, la vitalidad no es fundamentalmente ni primariamente biológica, es vitalidad biográfica y esto, creo yo, que es lo más importante de todo, porque todo se funda en ese grado de vitalidad. Un país con vitalidad puede tener esperanzas, un país con una tendencia a la "vita mínima", no tiene porvenir, no se puede esperar mucho de él. Ortega advertía el año 1921 que Europa no deseaba, que habían disminuido los deseos. El deseo es la forma capital de vitalidad, lo cual no quiere decir que el español ha sido hombre sobrio, demasiado quizá.

El español ha soportado dificultades enormes con bastante normalidad, la Guerra Civil fue la gran prueba, la gente desplegó esfuerzo enorme, en circunstancias en muchos casos terribles, de dificultad, de pobreza, de hambre, de sufrimiento, de adversidad en cualquier sentido, esto es muy importante. He recordado a veces que hubo un mínimo de depresiones en la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas. Ha habido países que en circunstancias similares se han llenado de depresiones, con hundimientos morales, de suicidios. En España, en esas mismas condiciones han sido muy poco frecuentes, tal vez porque hace sol, porque uno se asoma a la ventana y ve un árbol florecido y una mujer guapa que pasa y decide no suicidarse. Las causas son muy complicadas, pero eso indica vitalidad. España ha pasado muchos decenios, ahora se inventan las cosas, ha habido una época que lo he pasado bastante mal y estaba deseando que terminara, que se transformara, que se hace una caricatura de ese tiempo y se presenta como si la gente hubiera estado acongojada. La gente desde que hubo acabado la Guerra Civil tenía una gana de vivir extraordinaria y se agarraba a la vida, a veces en circunstancias sumamente penosas y había vitalidad en circunstancias muy duras para una gran parte de la población. Por eso se mantuvo en circunstancias en que la libertad política era muy escasa. Empezó siendo nula y después algo más, pero siempre muy escasa. Pero había una libertad social bastante considerable y una libertad personal bastante alta, lo cual quiere decir que los españoles no estaban aplastados, no estaban envilecidos, tenían recursos.

Estamos asistiendo al desentumecimiento penosísimo, lentísimo de los países que han alcanzado un cierto grado de libertad hace muy pocos años, sin embargo les faltan resortes, están como profundamente desmoralizados, lo cual no ha ocurrido en España. Por eso se puso a vivir con intensidad, con espontaneidad muy pronto, inmediatamente, cuando había estado viviendo de una manera no total, parcialmente, por debajo de restricciones, de limitaciones, pero esto existía.

Si tratamos de comparar la situación con la que describió Ortega el año 1921, habría que decir que en España hay un grado más alto de vertebración, no es un país inerte, es un país con resortes, que reacciona a las cosas, con vitalidad, y sin embargo no todo es así, había un sistema de creencias sociales, de vigencias, que parecían sólidas. Se ha visto que no lo eran, se han evaporado, ese sistema de convicciones ha sido sustituido por otro, pero que si se mira bien se ve que también son superficiales, también son débiles, no eran enteramente verdad las anteriores pero las actuales tampoco lo son y por debajo no sabemos lo que pasa, porque justamente las estadísticas no nos dicen nada.

Las estadísticas consisten en que a una muestra de dos mil personas o de tres mil o de cinco mil en algún caso muy excepcional, se les hacen unas cuantas preguntas previamente amaestradas, previamente dirigidas, a veces por teléfono; la gente contesta lo que le da la gana, a veces tiene temor, a veces la toma el pelo al entrevistador, dice lo primero que se le ocurre y, evidentemente, lo que piensan, lo que sienten cuarenta millones de personas no queda reflejado por mil o dos mil o tres mil, en absoluto, es decir no sabemos bien lo que pasa. Si se preguntan ustedes sinceramente como es la sociedad española, como son los españoles, qué creen de verdad los españoles, qué les importa de verdad, qué estiman o desestiman o desprecian de verdad, yo no lo sé y ustedes temo que tampoco mucho. Es decir podemos analizar algunos síntomas, es evidente que hay una capacidad de manipulación atroz.

Cuando se repiten las cosas con el enorme poder de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, se arrastra a la gente con una extraña pasividad. Además hay un fenómeno que es el de la bola de nieve, que va creciendo con la rodadura y se hace enorme. Si quieren un ejemplo, lo que ha ocurrido con la lamentable muerte de la princesa Diana de Inglaterra, si analizan el fenómeno que ha sido en alguno de los sentidos conmovedor, en otros sentidos inquietante, en todo caso bastante inexplicable, no enteramente inteligible. Pongo ese ejemplo que es inofensivo y que no tiene que ver con nosotros. Cuando las cosas empiezan a circular, se independizan y adquieren una especie de movimiento propio es lo que llamo la bola de nieve. Pero qué pasa después, se habla de repente de unas cosas continuamente, interminablemente, a los quince días no le interesan a nadie, pero no se ha hablado de otra cosa, y a los quince días no queda nada, queda otra cosa que ha aparecido y de la que también no para de hablarse, el mismo fenómeno otra vez.

Sigue pues una cierta invertebración por la capacidad de manipulación, por la posibilidad de fenómenos inducidos, en el sentido eléctrico de la palabra que transforman la superficie de la sociedad. ¿Pero qué hondura tienen? ¿qué profundidad tienen? Recuerden la introducción del termino intrahistoria de Unamuno, que hablaba de los "bullangueros de la historia" y de la intrahistoria, decía que un grupo de jinetes entra en un pueblo a caballo tocando las trompetas, metiendo ruido y hay la gente que hace lo mismo todos los días, el campesino que va a arar o cultivar la tierra o a recoger la cosecha, la mujer que guisa la comida, limpia la casa, da de comer a sus hijos ya su marido y hace lo mismo los días.

Decía Unamuno que era como el oleaje que agita la superficie del mar, pero diez metros más abajo en agua está quieta, tranquila, como siempre, a eso lo llamaba intrahistoria. Unamuno no siempre era riguroso, se desdice de ello y sugería que no era histórica la intrahistoria, yo creo que sí, que es también histórico, lo llamo lo intrínsecamente histórico, es histórico. Lo intrahistórico es difícil de detectar, no es nada fácil de reconocer, no es nada fácil reconocer la realidad profunda, la realidad social, por ejemplo de un país como el nuestro, por debajo de esa superficie fácilmente manipulable. Si ustedes pasan un par de horas viendo la televisión o leyendo periódicos también, en grado menor, ¿qué impresión tendrían de la realidad española?, muy extraña ¿es verdad eso?, pues no, es verdad en un cinco por ciento a lo sumo, y por debajo, la gente que está viendo por millares o millones, determinados programas de televisión, cuando apagan la televisión ¿qué les queda? vuelven a ser lo que eran antes de ver el programa, no pasa nada o pasa muy poco y eso seguimos sin saberlo.

En muchos sentidos España está mucho más vertebrada que hace tres cuartos de siglo, es más coherente, hay una impresión de que las cosas son más comunes, se usan las mismas cosas, se vive del mismo modo en casi todas partes, incluso las diferencias entre clases sociales se han atenuado mucho, porque son menos distantes y por la mayor labilidad, se pasa fácilmente de una clase a otra. Se han perdido los usos de distinción, la decadencia del usted, de origen político, el tú es invasor, provino de los partidos marxistas y de la falange, en las dos zonas de la Guerra Civil el tuteo era casi impuesto, pero luego ha sido un fenómeno general, el usted casi no se emplea.

A mí me gusta el tú, pero me gusta llegar al tú, si se empieza por él, no tiene valor ninguno. Ahora la gente se queja, como una persona de ochenta años que está en una clínica y llega una enfermerita de veinte años y la tutea, indica un borrarse las diferencias, las diferencias de nivel. Este es un fenómeno que tiene dos caras, la de la mayor vinculación entre todos, que sería una forma de vertebración, no ese aislamiento que mostraba Ortega en la España invertebrada, y por otra parte una especie de facilidad de manipulación, de dejarse llevar por los usos particulares, por las modas, por lo que se dice. Los fenómenos pueden ser ambiguos, y lo son.

Hay otro fenómeno que no se puede saltar, es el fenómeno del particularismo que Ortega señalaba como lo más grave, el que cada parte de la sociedad, en lugar de sentirse como parte de un todo, como miembro de un conjunto, se sintiera como un todo que no tuviera que ver con los demás, eso le parecía a Ortega lo más grave.

Un particularismo regional, o de clase, de profesión, de muchos tipos. Pero resulta que ese particularismo que en el conjunto de la sociedad ha disminuido enormemente, estando España mucho más vertebrada que hace setenta u ochenta años, sin embargo es el problema más grave que tenemos actualmente. Pero no es verdad, es un particularismo provocado, favorecido, difundido, originariamente minoritario, que se extiende, que a veces prende, naturalmente, difícil de extirpar si eso se produce, la mayor parte del particularismo es artificial. Nace a veces de un complejo de superioridad unido a uno de inferioridad, mezcla peligrosísima que conviene analizar. El problema es si es pasajero o no.

Lo mismo que con la televisión hace un efecto pero efímero, al cabo de un rato se apaga la televisión y se olvida aquello, ¿qué pasa?, la experiencia lo dirá, porque hay un problema y es que a veces se inyecta desde la niñez. Entonces es distinto, se constituye la persona desde la niñez, cuando está en plena pasividad, cuando es totalmente vulnerable, por una manipulación particularista y entonces es algo que prende en una sociedad y es muy difícil de superar, enormemente difícil.

Esta es la situación y este es el riesgo que corre el estado de vertebración. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se hablaba mucho de separatismo. Creo que en España hay muy pocos separatistas y no cuentan. Se hablaba también largamente de centralismo, confundiéndolo con algo que no tiene nada que ver, que es unitarismo.

Hay centralismo cuando hay un centro que dirige, en una sociedad verdaderamente democrática no puede haber centralismo, puede haber unitarismo porque son todos los que deciden, el conjunto íntegro, sin que esté excluido nadie. Creo que en España hay apenas, algunos residuos mínimos, ni de centralismo y ni de separatismo.

La situación parece excelente, sin embargo existe una voluntad, minoritaria, parcial, muy deliberada de desarticular la estructura nacional de España, por diversos rencores, por intereses particulares, por afán de poder, por espíritu de Reinos de Taifas, por lo que sea.

Los fenómenos son complejos, pero existe y esto es una amenaza a esa vertebración que por lo demás, en conjunto es muy superior que la que había hace setenta u ochenta años. Ortega vio a España invertebrada en 1921, ahora la vemos bastante vertebrada, pero con un riesgo, con una voluntad de desvertebración, es posible que la vertebración se robustezca, se consolide, el único medio para ello es la imaginación.

La vertebración supone un proyecto sugestivo. Los hombres no es que estén juntos es que se juntan para hacer algo, a veces una barbaridad, normalmente algo interesante. Creo que el que nos sepamos imaginar al entrar en el siglo XXI algo interesante y nos pongamos a ello, nos pongamos manos a la obra, es la condición de la plena vertebración de España.



                                         Avances y retrocesos al final del siglo XX



Es evidente que la realidad de la sociedad española ha cambiado mucho en los últimos tiempos y hay una tendencia a atribuirlo al cambio de régimen que se produce a finales del año 1975, lo cual tiene un fundamento, pero muchos cambios son anteriores. Se habían producido muchos cambios en los años inmediatamente anteriores, desde 1960 al 1975, que hicieron más fáciles las variaciones políticas posteriores, desde el año 1975 hasta ahora. Lo que ocurrió al producirse el cambio de régimen y la instalación de la Monarquía, es que se vio la variación social que se produjo en los años anteriores y que no era explícita, no era completamente visible.

Había cambios muy reales que ya eran de los años anteriores, por ejemplo la elevación del nivel de vida. España en los dos últimos decenios antes de 1975 había aumentado el nivel de vida enormemente, España había pasado de ser un país resueltamente pobre, y empobrecido por la Guerra Civil y por las consecuencias de ella y por el aislamiento que se produjo, por una parte por la política autárquica y por otra debido a la Guerra Mundial que obligó a un cierto aislamiento. Había pasado de ser un país resueltamente pobre a ser un país, no rico ni opulento pero con un nivel de vida mucho más alto.

El aumento de población fue muy notable, la construcción fue activísima en esos dos decenios. El número de automóviles. Si ustedes no son demasiado jóvenes es posible que recuerden los gasógenos de después de la Guerra y el Biscúter y ese vehículo extraño que parecía un huevo transparente, de plástico y creo que se llamaba Isetta, recuerdo de uno que lo dejó en el garaje y el encargado lo aparcó frente a la pared, pero como se abría por delante y no tenía marcha atrás, el encargado se quedó dentro del vehículo y tuvo que espera a que alguien pasara cerca para salir del interior del coche. Historia bastante cómica.

Hubo bastante escasez de coches hasta que en los años setenta creció enormemente, la movilidad fue creciendo, primero con los autobuses y luego con los vehículos particulares. El nivel de vida aumentó enormemente.

Ortega en los años que pasó en España, después de su exilio, desde 1945 a 1955, año de su muerte, estuvo muy interesado por cuestiones económicas, era amigo de casi todos los mejores economistas españoles y les pidió que le prepararan una especie de informe sobre como veían el porvenir económico de España y recuerdo que todos ellos, que eran gente muy notable, algunos viven todavía, todos dieron un diagnóstico sumamente pesimista: España era un país muy pobre e iba a seguir siéndolo. Pienso, recuerdo, que no contaron con ninguno de estos dos factores: la industrialización y el turismo. Factores decisivos en la elevación del nivel económico.

La población aumentó enormemente, pero hablamos de avances y retrocesos, ahora no, porque la natalidad ha bajado enormemente, a un límite casi incomprensible, había una natalidad muy alta en España y en Italia, son las más bajas de Europa, 1,1 o 1,2 por pareja, lo cual es un estancamiento de la población, incluso se está invirtiendo la pirámide de edades, no nacen apenas niños, se produce un envejecimiento de la población y un estancamiento de su número. Ahí tenemos simultáneamente en el mismo campo un avance, el aumento de población y del nivel de vida y un retroceso.

Del mismo modo en lo económico hay otro problema: el desempleo, el paro, mucho más alto que la media europea, anormal, no enteramente explicado. No es el paro antiguo, que era, antes de la Guerra o muchos años después de ella, era el abandono, era la pobreza casi inevitable, ahora evidentemente esto no ocurre, hay subsidios de paro, la mayor parte de la gente los percibe, con ciertas dificultades, no permanente. En todo caso es algo extraordinario. Una proporción enorme del presupuesto nacional se dedica a esto, lo cual produce varios efectos, unos absolutamente necesarios y beneficiosos, se evita el abandono, la miseria y el desamparo. Recuerdo que después de la Guerra, por el barrio de Tetuán se veían carritos con gentes que llevaban una manta con un agujero a modo de abrigo o restos de prendas militares, de un estado de miseria. Esto duró desde el año 1939 hasta el año 1945 o 1946, por lo menos, y en forma atenuada unos años después. Todo eso ha desaparecido, había mucha gente que comía muy mal, ahora por cualquier parte de España se ve gente bien nutrida y bien vestida, y además con coche casi todo el mundo, hasta el punto de que es difícil aparcar en cualquier pueblo, en el último pueblo.

Cambios enormes que se han ido produciendo. Por otra parte esa situación ha dado, que en principio, repito es necesaria y beneficiosa ha dado lugar a una tendencia que desarrolla una actitud frecuente, por ejemplo todo el mundo habla de derechos, de deberes no se habla nunca, es una palabra mal vista. Hablan de "derechos humanos", cosa que me parece redundante, porque no conozco otros, ¿es que hay otros? Los derechos son humanos, los animales no tienen derechos, hay deberes para con los animales, que es algo completamente distinto. Las cosas tampoco tienen derechos pero hay deberes para con ellas. Yo no tengo derecho a destruir un monumento, destruir una casa o un cuadro. El cuadro no tiene derechos pero yo deberes para con él.

Todo esto ha engendrado una actitud que es la propensión al parasitismo, hay mucha gente por ejemplo que no trabaja porque está con ayudas, con subsidios y no tiene gana de trabajar. Además si les ofrecen un trabajo, conozco casos de amigos míos que les han ofrecido trabajos y han preguntado "¿cuánto me va usted a pagar?, pues tanto, es que cobro más en el paro". Hay gente que dice que trabaja en el paro. Hay gente que se da de baja en el paro, se declara en huelga de paro y todas las combinaciones posibles, es un fenómeno no exclusivamente español. Hace tiempo leí un artículo francés que era interesante: "Un pueblo que se parece a Francia", es la descripción de un pueblo francés de unos tres mil habitantes en el que lo que ocurría en él era un fiel reflejo de lo que pasaba en toda Francia. Es una actitud muy peligrosa, pues lleva a que trabajen mucho algunas personas.

En España es frecuente encontrar personas que trabajan mucho y otros no, unos porque no pueden, otros porque no quieren, hay de todo. A veces se junta el hambre con las ganas de comer, hay dificultades y hay poca gana. Hace tiempo escribí un artículo sobre esa idea de que no hay trabajo. Yo decía que trabajo sí hay, lo que no habrá es dinero para pagarlo, que es distinto, porque las calles están mal pavimentadas, hay muchas cosas que reparar, hay archivos que están sin catalogar, bibliotecas enteras en la misma situación, es decir en cualquier nivel hay mucho trabajo por hacer, si se hiciera todo el trabajo que hay que hacer, España se quedaría preciosa, dirán ustedes que no hay dinero para pagarlo, eso es otra cosa. Pero yo no le daría nada a nadie un subsidio, si estuviera en buenas condiciones, sin hacer una prestación, un trabajo útil. Esto no se admite, lo dije hace muchos años en un artículo, nadie lo recogió, ni lo comentó, pero era razonable, el que recibe un subsidio debe hacer algo, incluso por dignidad, a mí me molestaría que me dieran algo por nada. No digo que todo el mundo pueda hacer cualquier cosa, por eso hay muchos niveles.

Por ejemplo hay museos cerrados porque no hay guardianes. Antes se entraba a las iglesias a cualquier hora del día porque estaban abiertas, ahora no porque la gente entra y roba, pero si hubiera una persona encargada de que no robaran, pues podrían estar abiertas. Hay innumerables trabajos por hacer que se podrían hacer. El pago se hace pero a cambio de nada, lo cual me parece que es desmoralizador, porque además hay muchas cosas que están bien si se puede.

En Europa muchos productos, sobre todo los agrícolas no son competitivos porque en otros países, por ejemplo, de Asia la gente se aviene a trabajar por menos retribución y cada vez se compran más cosas hechas en esos países, Taiwan, Corea, Vietnam, Singapur. La industria fotográfica alemana era absolutamente dominante. Hoy si ustedes compran una máquina fotográfica, el noventa y cinco por ciento de ellas son japonesas, alemanas son muy pocas. Los que fabricaban aparatos fotográficos en Alemania, supongo que estarán en el paro, en una gran parte. Los relojes suizos ya no son suizos, también son japoneses.

Es un problema de posibilidades, estas cosas que a uno le pueden parecer bien son posibles y si no son posibles nos podemos encontrar en situaciones graves. El estado económico permite grandes posibilidades, de movilidad por de pronto, se viaja constantemente por España y por el extranjero, casi nadie deja de viajar por el extranjero que antes era patrimonio de una minoría muy pequeña. Cualquier persona ha estado en muchos países, algunos de ellos muy remotos, esto es evidentemente positivo.

Otro aspecto de la situación, que no es de ahora solo, y es que las mujeres tengan trabajos, profesiones, el que estudien. Parece que se ha inventado ahora, pero en la facultad de filosofía, cuando yo estudiaba había dos chicas por cada chico, lo cual era muy agradable. Esto era del año 1931 al 1936. Es como cuando se habla de la coeducación. Es cierto que la coeducación se prohibió después de la Guerra, pero yo estudié el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros con chicas y chicos juntos, y yo estudiaba en la Monarquía, en la Dictadura de Primo de Rivera, con más precisión. La coeducación estaba desde yo no sé cuándo. Lugo se prohibió y cuando era muy joven había muchas mujeres que estudiaban y muchas mujeres que trabajaban fuera de su casa, en su casa trabajan todavía más, que es donde más trabajan las mujeres, tampoco es una novedad. Ahora ha empezado a tener un papel mayor y en los últimos años lo que sí ha progresado es la legislación, lo que antes era uso social ahora es reconocido. Antes para sacar el pasaporte era necesario que el marido firmara y para el carnet de conducir, también. El puesto de la mujer ha cambiado sensiblemente, pero venía cambiando ya mucho tiempo atrás y en los últimos veinte años de manera evidente.

Ha aumentado mucho el número de personas que recibe educación, hasta hace unos años había un cierto porcentaje de analfabetismo, casi ha desaparecido, todavía queda, hace poco me han contado un caso bastante sorprendente. Hay escuelas para casi todos, la mayor parte de los niños van a la escuela y durante más tiempo, no sé si mejor o peor, pero van más tiempo. Se estudia el bachillerato o como se llame, me he perdido hace mucho tiempo y si tengo amigos con hijos o nietos no les pregunto que estudian, porque no entiendo lo que me dicen, no sé si están en la primaria o van a doctorarse, los nombres no me dicen nada. Reciben educación mucho más, qué educación, ya me caben dudas.

Recibo todos los días informaciones desoladoras sobre el estado total de ignorancia de mucha gente, desde las universidades incluso, sin llegar a la universidad, por ejemplo la ortografía es una cosa abandonada. Recuerdo que cuando estudiaba el ingreso de bachillerato, a los diez años, con dos faltas de ortografía no se pasaba. Acabo de ver un texto escrito por un muchacho de diez y nueve años, de familia muy distinguida, por otra parte, lleno de faltas de ortografía, eran cinco o seis líneas, pero llenas de faltas, por ejemplo tres veces la preposición a con hache. Esto pasa constantemente y casos de ignorancia asombrosa. Reciben educación muchos millones de personas, pero no sé cuál.

Mi bachillerato era muy sencillo, por el plan Romanones, que era ministro en 1903, eran pocas clases, por la mañana y algún día por la tarde para prácticas o algo parecido, pero recuerdo que estudié cristalografía en Ciencias Naturales y cuando mis hijos estudiaban cristalografía yo me acordaba bastante bien y les ayudé a entenderlo, les explicaba el sistema monoclínico y el sistema triclínico. Había dos cursos de latín, el otro día se me vino a la memoria un epigrama de Marcial, de entonces, estudiado por mí hace setenta años exactamente y recuerdo bastantes hexámetros de "La Eneida", que traducíamos en segundo curso de latín. Había pocas clases pero se aprendían algunas cosas muy bien y me sigo acordando de ellas. Tengo la impresión de que esto no ocurre, no digamos en la Universidad, que ha crecido pero como ha crecido, es distinto. Hay un sistema de avances y retrocesos. La sociedad española está en muchos aspectos mucho mejor, en otros no.

Hay un fenómeno que no es exclusivamente español, que es la inseguridad en la vida corriente, la gente iba y venía por todas partes sin problemas, esto ha cambiado la inseguridad de las calles es cosa de todas partes. La seguridad ha disminuida mucho, ¿por qué razón?, por muchas razones, una razón ha sido la elevación del nivel de vida, el aumento de posibilidades de acción para bien y para mal, otro factor importante en el mundo a partir de los años sesenta, que es la droga, un fenómeno increíble, muy artificial, promovido por intereses de todo tipo, económicos y otros no económicos. Unas estadísticas, en las que no suelo confiar pero que sirven de aproximación, indicaban que a finales de los años cincuenta se calculaban que se drogaban en los Estados Unidos unas ciento cuarenta mil personas, ahora se drogan mucho más en cualquier barrio de cualquier ciudad grande. Se ha pasado a otra escala, otra magnitud. Este es un factor que ha aumentado enormemente la inseguridad, porque la gente comete actos delictivos para obtener droga o porque estaba bajo los efectos de la droga. Pero hay otras razones de origen político, jurídico, social.

Hay una tendencia muy grande y muy generalizada a la impunidad. Por ejemplo hay una palabra que empleaban sobre todo los jóvenes que fue la causa de la desaparición del servicio doméstico en España, los chicos llamaban a las criadas "marmotas", ¿lo recuerdan ustedes?, los que no son muy jóvenes lo tienen que recordar. Esto fue un factor de disuasión, las muchachas no querían ser "marmotas" y además no lo eran, era una cosa vejatoria.

Se habla de la industrialización como causa de desaparición del servicio doméstico, es cierto, pero la otra causa fue esta. Del mismo modo que unos carteles que había, que a mí me producía mucha indignación el comentario. Era sobre los incendios forestales y decía: "Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema", y la gente añadía "señor conde". Esto circuló con una intención evidentemente política, creo que fue desmoralizador. Me gustaría saber cuántos incendios forestales han sido debidos a esa "gracia".

La tendencia a la impunidad es universal, porque se supone que eso es "progresía", la gente cree que es muy bueno, que se puede hacer lo que se quiera. No es libertad porque se impone, del mismo modo que había una serie de conductas sociales que parecían mal, delictivas o inmorales. Eso se ha puesto en suspenso, dirán ustedes, por espíritu de tolerancia, en parte, en parte por creer que eso está bien.

Lo cual ha tenido consecuencias, por ejemplo la familia se ha alterado bastante, se ha vuelto inestable, el número de matrimonios que se rompe es muy grande. Antes había motivos para romperse, algunos, pero ahora se rompen si motivo. Se contraen sin motivo y se rompen también sin motivo, es lo más frecuente. Una amiga me dijo hace poco que conocía a otra que decía: "Yo tengo dos hijos y cinco nueras", no es infrecuente. Cuando uno ve hace tiempo a una persona, tiene reparo en preguntarle ¿y cómo está Pepita?, pero a lo mejor ya no hay Pepita, es más fácil pregunta ¿y la familia?, pues se supone que alguna familia hay. ¿Es muy grave?, no se puede decir, pero se ha pasado de una cosa que no era muy verdadera a otra que tampoco lo es. Si se miran los casos dentro de una sociedad, pues tampoco es tanto.

Las cosas más o menos llamativas tienen más visibilidad, parecen mucho mayores. Creo que las cuentas no hay que hacerlas, pero si se hacen hay que hacerlas bien. Hay pues fenómenos positivos y, simultáneamente, fenómenos negativos.

Les hablaba de la ignorancia frecuentísima de una educación, evidentemente deficiente. Al estudiante no se le pide que trabaje, luego resulta que trabaja mucho. Hay una acumulación de cursos, de clases, de asignaturas. Los chicos están agobiados. Veo a mis nietos que tienen el día entero de clases o equivalentes.

Recuerdo un año que solo tenía clases por la mañana, me levantaba a las seis de la mañana, a primera hora hacía los problemas, las traducciones y estudiaba las lecciones, me iba al Instituto y la tarde la tenía libre. Me dedicaba a recorrer Madrid y a leer, más o menos un libro diario, un volumen diario. Me parecía maravilloso, no había televisión, hay que añadirlo también. Hay que hacer todas las cuentas.

Los autores de la Edad Media, del siglo XVI o del siglo XVII, tengo las Obras Completas de Suárez, que son veintidós tomos en folio, inmensos a dos columnas, escritos en latín con pluma de ave, claro pero era un jesuita que estaba en su convento, no tenía teléfono, no tenía televisión, podía escribir todo aquello. No hacía más que leer y escribir y pensar, de paso, que también era importante. Las transformaciones son complejas, hay gente que está aterrada, en un mundo espantoso, pero no es verdad, hay muchas cosas en este mundo que son bastante desagradables, peligrosas, pero hay otras muchas que no lo son.

Se habla de la atrocidad del nivel de la televisión que es uno de los más graves problemas españoles, la gente aguanta, incluso a alguno le gusta, pero también hay una cosa que se llama "Las Edades de Hombre", y la gente se va, por ejemplo ahora, al Burgo de Osma, que no está tan cerca y hace colas de dos y tres horas para ver obras de arte antiguo. Eso también hay que contarlo. Si hay una exposición interesante en una ciudad, la gente hace enormes colas. Recuerdo la exposición aquella de Velázquez, en el Museo del Prado, era un poco absurdo porque el noventa por ciento de la colección era la permanente del museo. Pero aún así, con la propaganda y la publicidad, había unas colas de kilómetros. La gente gastó mucho tiempo en esperar y también dinero en comprar el magnífico catálogo, con lo cual se llevó El Prado en reproducciones buenas a su casa. Eso hay que ponerlo en el haber si lo comparamos con los programas de televisión que son repugnantes, que lo son, pero también hay lo otro.

La gente tiene curiosidad, la gente va a conferencias, lee bastante más. Antes de los libros de hablaba mucho más y se leían mucho menos. Pongo a veces el ejemplo de "La voz a ti debida", el maravilloso libro de poesías de Pedro Salinas, que se publicó, aunque ponga 1933, en 1934, la tirada fue de tres mil ejemplares, tardó bastante en agotarse, pero en los dos primeros meses se publicaron doce o quince artículos importantes, de escritores importantes, excelentes sobre este libro, se habló enormemente de este libro. Ahora publiquen ustedes "La Odisea" o "La crítica de la razón pura" y verán que poco se dice de ello, se leerá más, pero se hablará poco de ello. La vida pública es menos pública, pero de hecho se lee mucho más. Recuerdo las tiradas de los autores, por ejemplo "Paz en la guerra" de Unamuno, se publicó en año 1897, la segunda edición es de 1923, la tirada primera debió ser de mil ejemplares. Si a mí me pasa eso me quedaría desolado, qué fracaso que un libro mío no se reimprima en veinte años o en treinta. Se lee más pero no se habla de ello, es un problema distinto.

La imagen de la España de fines de siglo comparada, no solo con la de hace un siglo, sino con la de hace treinta años es bastante distinta ¿mejor o peor?, mejor y peor, esta es la cuestión, y hay ciertos elementos que son bastante permanentes y que son en conjunto positivos, por ejemplo el primero: la vitalidad, el país está vivo, España está viva.

Hoy hace un día de perros, la gente sale, ustedes han venido, a mí me da un poco de vergüenza que ustedes vengan en un día tan malo, si hiciera sol, sería agradable. En la mayor parte de los países se queda en casa. La mayor parte de las ciudades de Europa están vacías, la gente está en casa y tal vez viendo la televisión. El español no se queda en casa, en general vive, tiene una curiosidad por hacer algo o por verse unos y otros, hablar unos con otros y verse las caras.

La vitalidad es la condición principal, el día que en España haya poca vitalidad, estaré profundamente pesimista, pero no es así, la vitalidad existe. Había un rasgo característico del español que era el ocultar sus quehaceres, al español le parecía poco elegante estar muy ocupado, en general lo estaba, había hombres de profesiones liberales que trabajaban enormemente, no lo exhibían, más bien lo disimulaban, y si alguien pretendía ver a una persona ilustre o famosa, siempre encontraba un rato para verlo. A lo mejor aquella noche se tenía que acostar muy tarde, porque no había hecho lo que tenía que hacer antes.

Las mujeres era frecuente que estuvieran agobiadas, cansadas de trajinar, de hacer cosas todo el día, pero por la noche tenían unos invitados, entonces se ponían un vestido bonito y se maquillaban un poco y se arreglaban, y parecía que no habían hecho nada en todo el día, porque les parecía que no era elegante exhibir los quehaceres. Eso ha disminuido bastante y lo siento.

La gente ahora presume de estar muy ajetreada de muchas cosas, que no hace luego, pero en fin. Es un cambio más bien desfavorable. Había una cierta elegancia. El español ha sido poco utilitario, quizá demasiado poco utilitario, poco hábil para producir, para ganar dinero, pero en el fondo lo prefiero.

La mayor parte de los países de Europa han sido muy utilitarios. Recuerdo una escena, hace muchos años, iba yo en Munich, en un tranvía y había dos señores sentados juntos, se cincuenta y tantos años, uno tenía gana de fumar y no tenía cigarrillos - se podía fumar en el tranvía - se acercó a su vecino de asiento y le pidió un cigarrillo, el vecino sacó un cigarrillo y el otro sacó una moneda y se la dio, el vecino la guardó tranquilamente en el bolsillo. Esto me enseñó más de Alemania que volúmenes enteros en letra gótica. En buena economía eso era lo razonable. En buena economía, una peseta es una peseta, pero la vida se pone triste.

Hay un tipo de holgura que ha tenido el español frecuentemente. El español se permitía ciertos lujos, por ejemplo el decir ¡qué más da!, si me invitan o invito. El rigor económico a mí me da un poco de pena. Esto también ha disminuido. Los españoles son más eficaces económicamente, les interesa más la riqueza y el dinero, ganan probablemente más. Quizá dependen más de esto que antes. Tal vez la razón de que los problemas económicos de España no fueran muy bien dependía de esa falta de rigor económico, por lo que España era un país más pobre de lo que le correspondía, pero algo se pierde.

Creo que se podría intentar y que sería lo deseable para la entrada en el siglo XXI, salvar las cosas valiosas y adquirir las que faltan, porque además son conciliables, no se oponen. Tenemos en España una manía de contraposiciones que muchas veces no de justifican, como la rivalidad de los toreros o los equipos de fútbol. La gente que es partidaria de un escritor y no de otro, a veces los dos son buenos o los dos son malos, no es forzoso elegir. Introducir el partidismo: hay un libro de Marco Aurelio, "Meditaciones" en que hace un balance o testimonio de gratitud aguas arriba, gratitud a su antepasados y en uno de ellos dice "el no haber sido ni verde ni azul", que eran los dos partidos que eran los dos partidos que competían en Bizancio, no haber introducido el partidismo, deportivo en este caso. Esto es lo que sería importante, el tener una actitud más afirmativa, más positiva, de mantener la vitalidad.

Hay un problema también que es delicado, quizá el más delicado de todos, que es el de cómo se sienten los españoles en España. Ha habido unos años en que oficialmente España era un país maravilloso y se exaltaba, pero cuando uno empezaba a entrar en concreto, se hablaba de los Reyes Católicos, de la Edad Media no se sabía nada, porque había ignorancia general de la Edad Media, se hablaba de la tienda de Miramamolín que atacó el rey de Navarra y de ahí vienen las cadenas de su escudo. Los Reyes Católicos sí, de los cuales no se sabía mucho. Recuerdo un político que inmediatamente después de la Guerra, elogiaba a los Reyes Católicos, porque expulsaron a los jesuitas. Había un gran patriotismo pero con fundamento más bien dudoso.

El siglo XVI se aceptaba, el siglo XVII era el siglo de la decadencia, el siglo XVIII era el siglo de la Ilustración y por tanto de las ideas perniciosas extranjeras y del afrancesamiento, el siglo XIX era el siglo del liberalismo y fuera, los del 98 eran tremendos, eran peligrosos y odiosos. Es decir después de decir que España era una maravilla en abstracto, en cuanto uno iba a ver las cosas que eran interesantes y valiosas en España se execraban en gran parte. Se llegó a hablar del "maldito siglo XIX", esto se ha dicho y se ha dicho por unas autoridades muy altas. León Bodet había dicho "El estúpido siglo XIX", lo cual es bastante estúpido, pero "El maldito siglo XIX", eso de maldecir los siglos, así por las buenas es un poco cómico.

Esto ha cambiado y entonces no tenemos esa especie de exaltación abstracta y falsa de España. Pero ahora tenemos el ¿qué es eso de España?, parece como si no existiera, en cambio se ha producido una epidemia de narcisismos particulares, porque cada comunidad se encuentra maravillosa, el colmo de todas las perfecciones, no tiene ningún defecto, nada de que arrepentirse. Yo me pregunto ¿cómo es posible que diez y siete maravillas compongan una porquería?, no lo entiendo, no lo entiendo. Iba a decir: en eso estamos, no, en eso parece que estamos, pero no es verdad tampoco.

Habría que entrar en el siglo XXI apegándose a la realidad, tomando posesión de la realidad, viendo como son las cosas, viendo lo que tenemos y lo que nos falta, viendo en lo que hemos acertado y lo que hemos errado. Entonces conservando esa vitalidad, conservando ese relativo desinterés que ha tenido el español, esa capacidad de aguantar las adversidades, de vivir incluso en circunstancias difíciles y penosas, sin ascetismos absurdos, procurando vivir lo mejor posible y gozar de las cosas que valen la pena. Tomando posesión del conjunto de lo que disponemos. Y al decir tomar posesión, incluyo los errores que son también parte de nuestra herencia y son lo que nos puede enseñar a no volver a caer en ellos. Si esto se hiciera y es posible porque las posibilidades son muy altas, podríamos entrar con pie bastante seguro y animoso en el siglo XXI que está ahí tan cerca.

Creo que España es un país espléndido, la historia de España es de un gran interés. La capacidad creadora de España, primero Roma y después viene España. Lo que hace España en América, un territorio incomparable con el de Roma y con un océano por medio, con una técnica que era ligeramente superior a la de Roma, pero no mucho. La técnica del siglo XV y XVI es una técnica todavía muy elemental, no muy distinta de la romana. El desarrollo técnico es del siglo XIX y del siglo XX. Hasta fines del siglo XVIII la técnica ha sido relativamente homogénea, bastante elemental. Lo que hizo Roma es absolutamente asombroso, la romanización de toda la cuenca mediterránea, con partes del norte y todo el norte de África es algo fantástico, pero pongan ustedes un océano por medio y las enormes extensiones y los problemas de la naturaleza americana. Lo mismo que se hablaba latín en todo ese mundo romano, se habla español en todo el mundo hispánico, es algo parecido y a mayor escala todavía. No se ha hecho otra cosa parecida en el planeta. No digamos en otros campos, con deficiencias, con dificultades. La historia de la cultura española es evidente incompleta, nos faltan muchas cosas, pero ¿y las que hemos hecho?, las que han hecho, no nosotros, sino nuestros antepasados. El tomar posesión delo que se tiene y de lo que no se tiene, de lo que se ha hecho bien y de lo que se ha hecho mal, de las limitaciones, de lo que hay que corregir. Es decir volverse a la realidad, aceptarla y partir de ella y tener un poco de imaginación.





                                    El relieve intelectual de España



Hoy voy a hablar del relieve intelectual de España, lo hago en sentido geográfico. Cuando se habla del relieve de un país se habla de las montañas, de las llanuras, de las depresiones, de los ríos, etc. Quiero hablar de los caracteres intelectuales de la España de nuestro tiempo desde ese punto de vista, es decir quiero lanzar una mirada a la configuración intelectual de España, que es bastante distinta a la de otros países y éstos también a su vez difieren considerablemente.

Hay un rasgo que he señalado algunas veces, que me parece importante tener presente y es que existe en España un considerable espesor del presente, esta palabra la uso en un sentido muy concreto, el presente no es un instante, no es un momento solo, hay una zona de tiempo, un espacio de tiempo que es presente, que está presente, que tiene plena vigencia, por ejemplo si hablamos de autores, hay autores que son leídos y no simplemente estudiados, que tienen actualidad, que entusiasman, que irritan, que son controvertidos, es decir que son rasgos del presente. Si miran en las diversas épocas y países observarán que ese espesor es muy variable.

Tengo la impresión que casi todos los países que conozco un poco el espesor es muy escaso, es decir los autores muertos pasan pronto a una especie de reserva, más o menos erudita, son estudiados o no lo son. No son realmente leídos. Es frecuente que no se encuentren sus libros, que no haya ediciones de ellos. Tengo referencias de que en bibliotecas se pregunta por un autor eminente y reciente y el bibliotecario no tiene ni idea de quién es. En cambio en España donde tantas cosas no son agradables o convenientes, en esto sí es favorable, el espesor del presente es muy grande.

En algunos países los autores todavía vivos pasan a esa reserva, son casi olvidados o quedan como una especie de "glorias nacionales pretéritas". En España pasa lo contrario, estamos conmemorando la generación el 98, siguen vivos, son discutidos, son leídos, a veces atacados, a veces provocan entusiasmo, incluso los más antiguos. Hace no muchos años revivió Clarín, que ha tenido un destino curioso, desde el año 1966 que se reeditó el libro "La Regenta", ha tenido multitud de ediciones y ha sido muy leído, casi solo ese libro, la obra crítica de Clarín no está plenamente viva, lo mismo que su otra novela "Su único hijo". Galdós está vivo y es todavía más antiguo. Hay la prolongación hacia un pasado ya no muy reciente, todos estos autores han muerto hace mucho tiempo, sin embargo forman parte de la realidad intelectual actual de España, lo cual es sumamente favorable y no siempre aprovechado porque hay otros impulsos contrarios que en cierto modo alteran eso que podría ser una ventaja.

El inconveniente es que hay una especie de partidismo que se ha introducido desde la Guerra Civil, que significó un corte muy violento, la convivencia quedó alterada, la libertad padeció gravísimamente en ambas zonas y en la que resultó unificada también, después el problema de la emigración, que supuso un desconocimiento de los autores emigrados en España hasta cierto momento, no tanto como se dice. En la primera edición del "Diccionario de Literatura Española", de la editorial "Revista de Occidente", que se publicó el año 1949, allí se hablaba de todo el mundo y yo personalmente escribí los artículos correspondientes a la mayor parte de los escritores importantes que estaban en la emigración, era el año 1949 y decía de ellos lo que hubiera dicho en otra fecha más antigua o posterior, no exageremos, pero en fin había un cierto desconocimiento. Por otra parte los autores que residían en el extranjero, que habían emigrado, tendían a no reconocer lo que existiera en España, lo que se producía en España, lo que supone una cierta mutilación por partida doble de la realidad total. Esto disminuyó y ha persistido en cierto modo. Se han mantenido esas actitudes partidistas que hacen que se reste y no se sume todo, que no se cuente con la totalidad de la producción intelectual española desde los últimos decenios del siglo XIX hasta ahora, lo cual es una compensación negativa de esa ventaja del espesor del presente.

Hay otro rasgo muy interesante y es que los autores de libros de pensamiento en España desde muy pronto, desde finales del siglo XIX, han sido escritores, grandes escritores, lo cual ha tenido una ventaja incalculable y es que han sido leídos. Han escrito libros, libros legibles. Un libro es algo que se puede leer, no un conjunto de hojas encuadernadas, y han sido autores que tenían talento literario y que eran capaces de llegar a los lectores, incluso a los no especializados, a los que no eran estrictamente lectores de libros de pensamiento y esto ha hecho que sean leídos e incluso algunos de ellos populares.

En cambio en otros países hay autores que han hecho obras valiosas, importantes pero muy encerradas en una especialidad, hechos para los profesionales de las disciplinas que las cultivaban, no conocidos fuera de ella. A veces más estimados que en España por sus colegas profesionales pero no eran en modo alguno figuras conocidas o populares. La cosa es bastante antigua, por ejemplo Menéndez Pelayo que fue un formidable erudito, era hombre de gran talento literario y un gran escritor, al cual sus partidarios le han hecho mal tercio, porque no le han citado más que un par de libros muy extremosos, polémicos, juvenilísimos, escritos a los veinte, veintidós años y han desconocido totalmente el grueso de su obra que era enormemente valiosa.

O la obra intelectual de Valera, formidable escritor, probablemente el mejor de su época. Sus novelas han tenido circulación y han sido leídas, pero lo que se desconoce casi completamente es la obra de ensayista de Valera, que es espléndida, de una profundidad, de una agudeza y de un rigor que sería muy difícil de encontrar en ningún otro autor, en cualquier país de Europa. No digamos el caso de Unamuno, gran escritor si los ha habido, que trató de cuestiones intelectuales apasionantes, en forma capaz de conmover a los lectores de cualquier vocación, de cualquier disciplina o Menéndez Pidal, tan erudito, tan sobrio, que estudió muy principalmente la Edad Media. Era una figura popular en España, muy conocido, no lo conocían solo los investigadores, sabían quién era. Todo esto ha ocurrido desde muy pronto y es lo que fue capaz de contagiar el sentido teórico a los españoles, a los lectores normales españoles.

No olviden ustedes otro rasgo capital y es que la mayor parte de los autores españoles, hasta los más importantes y los más rigurosos han escrito en periódicos, cosa que no hacen en otros países, eso no existe en casi ningún país; hay una cosa que se llaman columnistas, que es una cosa completamente distinta. Pero escritores de cualquier tipo, literatos, poetas, dramaturgos, autores de libros de pensamiento escriben en los periódicos; esto ha sido característico de España y no de otros países. Esto ha tenido la consecuencia de que han sido enormemente leídos, mucho más que lo libros que se leían poco, las tiradas eran muy pequeñas desde finales del siglo pasado y muy avanzado el nuestro, todavía son relativamente pequeñas; a veces no se reeditaban en mucho tiempo como en el escandaloso caso de "Paz en la guerra", la novela de Unamuno, publicada el año 1897, cuya segunda edición aparece en 1923, y esto no era excepcional, ni mucho menos.

Pero como escribían en los periódicos que eran muy leídos, había muchos periódicos y eran diferentes y la gente los leía; no había radio, no había televisión, tenían muchos lectores. la popularidad de los autores no era como consecuencia de sus libros, porque algunos autores han sido leídos más en libros, por ejemplo las novelas de Baroja han sido más leídas, quizá, que los libros de Azorín, pero Azorín era mucho más popular que Baroja, porque Azorín escribía constantemente en los periódicos y Baroja pocas veces; de modo que los lectores de libros de Baroja eran más que los de Azorín, pero los lectores de periódicos leían muchísimo más a Azorín y, por supuesto, a Unamuno y a Ortega y a tantos más. Estos factores son decisivos para la configuración de la vida intelectual de España.

Hay países en que un intelectual de prestigio no se atrevería a escribir en los periódicos, parecería que era un frívolo, que era una figura ligera, sin importancia. Luego ha habido otro rasgo que me parece importantísimo, que es una cierta espontaneidad unida a generosidad, del intelectual español. Hay países en los cuales si a uno se le ocurre una idea de alguna importancia o alguna frase brillante o ingeniosa no la dice, la publica en un libro o en una revista especializada.

El español la ha dicho siempre en cuanto se le ha ocurrido, en la tertulia por ejemplo, las tertulias españolas han sido tan importantes, cuando había tertulias, esta es una cosa que casi ha desaparecido, pero durante muchos decenios, ya desde la época romántica ha habido tertulias que han sido algo que ha suplido las deficiencias de las universidades, de los centros de investigación, de tantas cosas y en esas tertulias se han dicho las mejores cosas, sin cobrar derechos, sin que constaran, sin que se pudieran poner en eso que ahora se llama los "Curricula", que no existían por fortuna. Eso también es un factor de la estructura intelectual de nuestro país. En definitiva la cultura española desde los últimos veinte años del siglo XIX, hasta ya muy entrado la segunda mitad de nuestro siglo, si quieren ustedes ha sido de volumen no muy grande, es decir en otros países ha habido grupos, grandes grupos, ha habido equipos.

En España el trabajo en equipo no ha sido muy frecuente ni muy fácil; el español no ha tenido demasiada habilidad para actuar en equipo, esto ha gravitado sobre algo que hay que hacer en equipo, como el cine. Se habla del cine de autor, que puede ser una obra de una persona que sea inspirador de la película, pero a última hora la obra la realiza un equipo, actualmente un gran equipo que tiene que estar coordinado, conjuntado y si esto no existe el cine se resiente de ello.

El español ha hecho grandes cosas cuando las ha hecho individualmente: componer un soneto, un poema épico, pintar un cuadro o hacer un sistema filosófico, escribir una novela, eso sí. En la ciencia es necesario tener ideas brillantes pero cada vez son más necesarios los equipos, instalaciones, instrumentos y esto es más difícil. Hay pues luces y sombras en esta realidad cultural española. Hay equipos de docentes, muchos profesores competentes, los ha habido sobre todo antes, hoy el aumento de estudiantes, de modo pavoroso hace necesario un mayor número de profesores, cada vez más difícil que sean competentes, pero al fin y al cabo es posible, lo que ya no es tan posible es que haya tantas gentes con vocación de profesores, con vocación de enseñar, de esto se resiente la universidad mundial.

Hay campos de las disciplinas intelectuales en los que se advierten la desaparición de grandes figuras, como el caso del hispanismo, las grandes figuras del hispanismo, que las ha habido en el pasado eminentes, son muy escasas. Hay una cantidad de profesores y profesorcitos que se dedican a preparar tesis que son una plaga en el mundo actual. A principios del siglo XX eran en todas partes, menos en Francia que eran otra cosa, a veces la obra más importante de un intelectual, tenían otra función. Pero en Alemania, en Inglaterra, o en Italia o en España eran un folleto, las tesis doctorales eran folletos, yo tengo unas cuantas de las grandes figura españolas de principios de siglo y eran folletos, un poco extensos, pero folletos, después fueron un pequeño libro, ahora se hacen al peso; una tesis que no tenga quinientos folios, seiscientos folios no tienen ni posibilidades de pasar. Naturalmente no se pueden llenar de ideas quinientos folios, se llenan de paja, se llenan de citas inútiles que no lee nadie, que no interesan a nadie. El estudiante consume tres años o cuatro de vida, perdiendo su vocación normalmente para hacer algo que no va a leer ni el director de tesis, que no suele leerlas, por cierto. Esto es una cosa gravísima; esto es una enfermedad general del mundo entero.

Había hasta hace no mucho tiempo planteles de profesores competentes, por ejemplo en Alemania; ustedes leían un libro de un intelectual alemán que eran los mejores del mundo, luego había otros menores que no tenían tanta inteligencia, pero podían estar seguros de que sabían de que hablaban, estaban hechos concienzudamente, con gran probidad y con gran conocimiento; eso ha pasado a la historia y encuentro huecos de desconocimiento gravísimos en intelectuales de todos los países, en España no digamos, a veces ocurren cosas increíbles. En España no era seguro, sobre algunos temas no había libros, ni buenos ni malos cosa que en otros países sí existían, pero a veces había algunos libros españoles que eran superiores a los de cualquier otro país, no muchos, con grandes huecos. Había en España escasez de profesores competentes. Cuando era joven iba a congresos y encontraba profesores competentes extranjeros pero no comparables con determinadas figuras españolas.

La cultura española de siglo XX ha sido una cultura mucho más de cimas, una cultura incompleta pero de cimas, con una capacidad creadora superior a la media. No es una cultura desdeñable ni mucho menos, pero está siendo desdeñada porque no se está provechando, no se conoce, no se posee, no se cita para nada, no se parte de ahí. Todos los días veo escritos de pretensión intelectual que parecen desconocer absolutamente todo lo que se ha hecho en España desde hace un siglo, absolutamente, jamás hay ninguna referencia y no parecen conocer nada de lo que se ha hecho en España, aunque a veces se haya hecho mejor, más profundamente o con más brillantez que en otros países. Esto me parece que es de enorme gravedad.

Hay una especie de juego de luces y sombras, hay algunos aspectos que son enormemente favorables: el espesor del presente, el carácter literario que hace que sea contagioso y accesible a cualquiera, el que pueda despertar vocaciones, que sea accesible a los que no son especialistas. La presencia frecuente de grandes intelectuales en los periódicos, la capacidad de innovación y de creación, todo esto es enormemente favorable. Pongan ustedes en otro lado el partidismo, la hostilidad política, el negar a la gente, las envidias internas que son considerables, esa especie de provincianismo que hace no conocer nada español y hablar de cosas que son de segunda o tercera mano de otros países, inferiores y más tardías que las españolas.

Si hacemos un balance intelectual de la situación de España nos encontramos con que muchos temas se han planteado con una profundidad y con un rigor que a veces no tenían en el mundo, en ninguna parte. Si hacen unas cuentas de lo que han aportado desde los últimos años del siglo XIX hasta ahora, unas cuantas figuras españolas a sus disciplinas, han aportado algo que no estaba ahí, algo que no se había hecho; luego el torso intelectual español lo desconoce o finge desconocerlo, no sé qué es peor, las dos cosas son graves. No se aprovecha, no se parte de ahí; se propende a empezar de cero o en algo ajeno mal conocido. Hay cosas que se leen como una novedad y uno dice, bueno cuando estos señores van nosotros estamos de vuelta, esto se ha dicho en España mucho antes, mucho mejor, más profundamente, hace veinte años, cuarenta años u ochenta años. En España ha predominado más creación y mala administración.

Luego hay un problema que también es general, por desgracia. Cuando las cosas malas son solo españolas no me inquietan mucho, lo malo es cuando son generales; el nivel de ignorancia media, la enseñanza ha decaído en todas partes. En un país como Francia, tenía una enseñanza excelente, con niveles muy altos en sus cimas, pero la enseñanza media, lo que se llamaba el bachillerato, en general sabía bien algunas cosas, no otras como la geografía, conocía su lengua, la hablaba y la escribía bien; con eso ya no se puede contar. Conozco los Estados Unidos bastante bien y muchas de sus universidades, por haber enseñado en ellas o por haber dado conferencias, desde el año 1951; siguen siendo espléndidas unas cuantas universidades, no tan espléndidas como eran, siguen siendo en principio superiores a las europeas, pero no son lo que eran, tuvieron un descenso por razones en gran parte políticas y de manipulaciones en los años sesentaitantos hasta principios de los setenta, entre el año 1965 y 1973 o 74, después se han recuperado algo, pero no han recuperado el nivel anterior a 1965 y esto ocurre en todas partes.

Hay por ejemplo una Historia Universal que se publicó en Alemania antes de la II Guerra Mundial y antes de la Guerra española, que era una magnífica Historia Universal, muy extensa, diez grandes volúmenes, que la tradujo García Morente, se publicó aquí en español. Es una Historia publicada entre los años del 1920 a 1930, después se ha vuelto a publicar con el mismo nombre, con otros autores y con otra estructura; no es comparable, es sumamente inferior.

La Enciclopedia Internacional de Sociología publicada en los Estados Unidos era admirable, luego se publicó otra edición con otros autores, me pidieron colaboración y envié dos artículos para ella y me ofrecieron como pago unos dólares o bien, si lo prefería, los tomos de la obra completa y pedí la obra, la tengo en mi casa, está bien, es una obra valiosa, sí pero si se conoce la anterior no es comparable. La Enciclopedia Británica, encontré una edición barata y tenía muy poco dinero y compré la undécima edición, la de 1911 y me dije que para todo lo anterior podría valer, luego tuve más dinero y compré una reciente; no se puede comparar, luego he descubierto que la mejor edición es la de 1911 y la uso mucho más, claro no la uso para cosas recientes, pero para lo que es anterior, la uso mucho más que la reciente, porque es incomparablemente superior y yo me pregunto: ¿por qué?,¿por qué tiene que ser inferior la más reciente?. Eso es lo que pasa.

Se ha producido una desestimación de la alta calidad, en general ni se reconoce mucho y esto ha hecho que en una cultura como la que les estoy describiendo, la cultura española, muy creadora, mucho más que de equipos, de cimas, con un esplendor de expresión que no ha sido frecuente en el pensamiento; esto no es muy estimado, no es muy conocido, no se aprovecha; además hay una especie de pedantería que hace que lo que está escrito en español no interesa, mejor lo que está escrito en lenguas que no se conocen bien, ¡lo que hay que ver!. Esto es peligroso.

Si hacemos un balance de la cultura española del siglo XX, que es de lo que estamos tratando, si tratamos de ver cómo se puede seguir, continuar en el siglo que está tan cerca. Yo no cambiaría la cultura española de este tiempo por ninguna otra, reconozco sus deficiencias, reconozco sus faltas, sus errores, pero no la cambiaría; en conjunto, por lo pronto nos llega particularmente de cerca, es muy accesible, es comunicable porque la mayor parte de los mejores intelectuales españoles han hablado y han escrito bien, de una manera inteligente e inteligible, con muy poca pedantería, con muy pocos tecnicismos, usando la lengua española que se ha vitalizado maravillosamente, por ejemplo se ha creado una lengua filosófica que no existía hasta fines del siglo pasado y comienzos del siglo XX, porque no se había hecho filosofía creadora en español, se había hecho filosofía, no demasiada, en latín.

La filosofía que se hace en el siglo XIX no es creadora, no es original, como el caso de Balmes o Sanz del Río, no eran creadores. Esto empieza con Unamuno y se ha creado una lengua filosófica que no es inferior a ninguna otra y es quizá superior a muchas, con ciertas peculiaridades de nuestra lengua que son maravillosamente aptas para el pensamiento filosófico y se han hecho descubrimientos capitales y hay disciplinas que se han llevado a un nivel que no tenían en ninguna parte, piensen ustedes en la teoría literaria, en la interpretación del arte. Lo que España debe a unos cuantos historiadores del arte españoles no es fácil de encontrar equivalente.

Hay una disciplina de una gran altura como el arabismo, por ciertas razones, ha habido una escuela de arabistas desde muy pronto, desde comienzos del siglo XIX, ya desde Conde, no digamos luego con Ribera y los demás, con la gran figura de Asín Palacios, seguida por otros como García Gómez, figura extraordinaria también, en diferentes campos, Asín Palacios más en la filosofía y teología musulmanas y García Gómez mucho más en la poesía y han creado una escuela excelente. La filología desde Menéndez Pidal, que sigue vivo en su escuela. Todo eso ha sido vivo, atractivo, con una concreción que ha llevado a plantear las cuestiones cotidianas, que se han planteado en España con rigor intelectual, desde una punto de vista superior, no desde el punto de vista meramente anecdótico de la actualidad diaria, esto me parece algo inapreciable.

Pero hay otro aspecto que me parece que también hay que tocar, a pesar del desdén con que se trata esta época, hay unas figuras que son muy admitidas, muy consagradas, que pasan del desdén a algo que me parece funesto, que es la beatería: lo ha dicho fulanito, entonces es maravilloso, pues no, resulta que tampoco es así. Un escritor que es espléndido o un investigador tiene sus vacilaciones, tiene sus errores, tiene tal vez manías, no todo es igualmente valioso. Hablando con admiración de Unamuno y a la vez descontento de Unamuno, decía Ortega: "conviene que tengamos fauces discretas", me parece un consejo admirable, hay que tragarse las cosas, pero no todo por igual. No es lo mismo una fruta suculenta que un pedrusco.

Es decir que ha habido autores que han hecho una obra sumamente valiosa y otras veces no la han hecho, hay errores, hay lagunas, hay desconocimientos, hay apasionamientos, polémicos por ejemplo. Es un problema de publicidad, cosa que pasa en el mundo entero, las personas que entran en el "circuito" de la publicidad y de la popularidad, tan pronto como anuncian que van a publicar un libro, todas las editoriales del mundo piden los derechos de traducción y lo traducen, lo publican, sin saber si el libro es bueno o malo porque no existe; a lo mejor es muy malo, los libros de todos los autores pueden ser buenos o pueden ser malos, con verlo basta, pero se hace sin verlo. Entonces todo se repite y por eso se publican hasta las cartas, los papeles, las cuentas de la lavandera, de los escritores que están en el favor del público, con lo cual se les hace un mal servicio a ellos; se está enterrando en papel insignificante a los autores más estimables y más valiosos. Entre la avidez de las familias y la avidez de fama y de "curriculum" de los investigadores, esto es una plaga universal.

Creo que es universal el rigor, es fundamental distinguir, hay que reconocer lo que es admirable, partir de ello y aprovecharlo y desarrollarlo y continuarlo. Hay que discrepar cuando hay que discrepar, hay que reconocer que tal autor, admirable, se equivocó en tal aspecto, no conocía bien las cosas que debía conocer o tenía un descubrimiento, cuando alguien hace un descubrimiento se encariña con él y lo aplica a todo, a lo mejor no se puede aplicar a todo, a veces digo yo de Menéndez Pidal: "que aclaró muchas cosas y no confundió ninguna", hay otros que han aclarado algunas cosas pero han confundido otras; frecuentemente por enzarzarse en polémicas que suelen ser bastante estériles.

Hace falta enfrentarse con esa cultura cuyo relieve estoy tratando de trazar con entusiasmo y exigencia, es la combinación que me parece favorable, es decir hay que poseerla, hay que conocerla, hay que ver que tiene de nuevo y qué es fecundo, qué es lo que se puede continuar, qué es lo que está pidiendo continuación, qué es lo que tiene posibilidades de dilatación, de perfección, y hay que continuar, evitando lo que se pueda evitar, lo que se pueda olvidar, dejar de lado porque no es fecundo, porque no es acertado, porque no es verdad en último término.

Un autor de creación literaria puede tener una obra que es maravillosa o no, hay libros poco afortunados, de los cuales más vale olvidarlos, pero en cambio hay otros libros maravillosos que están irradiando, de los cuales hay que nutrirse, para poder vivir adecuadamente.

La cultura española ha contribuido a entender España, a conocerla, a poseerla, la pasada, la presente y la futura. "A distinguir las voces de los ecos", como dice Antonio Machado, a distinguir lo que es verdadero de lo que es falso o lo que es resuelta falsificación. Todo esto está ahí, los jóvenes tienen la impresión de que "hay tantas cosas que leer", ¡cuando se van a poder leer!, bueno pues hay que leer un libro después de otro.

La verdad es que he escrito y trabajado muchísimo, pero si miran ustedes, he leído bastante, no maniático, a cierta edad no conviene leer demasiado, de joven hay que leer bastante, eso sí, luego quizá menos, yo más bien releo. Pero si uno lee un libro, y luego otro y así sucesivamente, al cabo de un tiempo se han leído muchos y lo que sí hace falta, y eso es fundamental, es una cierta capacidad de distinguir.

Cuando se tiene la costumbre de leer y de leer con atención y conoce algún campo, uno tiene en las manos un libro y rápidamente ve qué es aquello, si vale la pena leerlo o no y si no vale la pena mejor dejarlo y ganar tiempo. Pero si el libro merece la pena hay que leerlo y hay que leerlo entero, los libros de pensamiento hay que leerlos enteros, hojear no sirve. Yo propendo escribir libros breves, si el tema lo permite, porque la gente no tiene tiempo, la gente hojea los libros y piensa que ya los leerá alguna vez pero los libros de pensamiento hay que leerlos completos como novelas, tienen mucho que ver con las novelas.

Un libro filosófico hay que leerlo entero, si no, no se entiende nada porque hasta que no se lee la última página no se entiende la primera, por la estructura sistemática de la filosofía, por la estructura circular, no lineal o si prefieren espiral que tiene la filosofía. Un libro de matemáticas tiene una serie de teoremas, hace falta conocer los dos primeros para entender el tercero, pero no hace falta el tercero para entender el primero y el segundo, la filosofía no, si ustedes leen la primera página de un libro filosófico y dicen que no acaban de entenderlo bien, voy a volver a leerla, vuelven ustedes a leerla, siguen sin entenderla bien, la leen diez veces, siguen sin entender: sigan leyendo, cuando lleguen a la última entenderán la primera. Es la única dificultad que tiene la filosofía, pero la tiene y si el libro tiene quinientas página no es muy probable llegar a la quinientas, a menos que tenga un interés especial y tenga uno tiempo y voluntad. Por eso la brevedad es importante; Ortega decía: "todas las grandes metafísicas son metafísicas de bolsillo", y si se mira bien lo son; la de Aristóteles cabe en un bolsillo perfectamente.

Ese mapa de la cultura intelectual española, es confortador ese balance. No cambiaría esa cultura por ninguna otra, no es un problema de valoración, que se podría justificar, es algo más es que una cultura expresada en nuestra lengua es íntegramente inteligible, plenamente inteligible. Para comprender una obra en su integridad se requiere leerla en su lengua original, lo siento, pero es así, pero la posesión plena de una obra hay que hacerla en la lengua propia. Quiero decir que si no repiensan esa obra que han leído en alemán o en francés o en griego o en latín o en lo que sea, si no la repiensan en español, con palabras españolas, con giros españoles, no acaban de poseerla, no acaban de hacerla suya, esta es la doble condición.

Pero lo que se ha pensado, lo que se ha escrito en español es inmediatamente inteligible, inmediatamente asimilable y poseíble. Imagínense lo que significa el repertorio de posibilidades que están ahí, a nuestra disposición, transparentes, diáfanas, que podemos hacer nuestras, radicalmente. Ustedes imaginen que se hiciera, que hubiese una generación, una promoción o un par de promociones dispuestas a tomar posesión de lo que tenemos, de lo que es nuestro. Ustedes imaginen como podríamos entrar en el siglo XXI.



                                 La desorientación actual de los españoles



España es un país que tiene sus virtudes, sus defectos, pero no tan graves, tiene cualidades buenas. Pero la característica de la situación actual estos años es la desorientación. Ya en un libro reciente: "El tratado de lo mejor", decía hablando en general de nuestra época: "No creo que sea un época particularmente inmoral", hay personas que lo creen, yo no lo creo, creo que ha habido épocas de una inmoralidad mayor que la actual, lo que hay en el mundo entero es una dosis de desorientación y en España es muy sensible, es una cosa muy visible. Creo que esta desorientación afecta a diferentes aspectos de la vida y afecta también a las edades, dada la longevidad de la época actual conviven en el presente, y la mayoría entrarán en el siglo próximo, personas de muy diversas edades.

La situación depende en gran medida de esto, porque los que hemos vivido en situaciones relativamente antiguas, por ejemplo en mi caso, llevo tres cuartos de siglo sabiendo como son las cosas. Hemos asistido a muchos cambios, a demasiados cambios; esta situación me recuerda un texto de Alfred de Musset en su libro famoso: "La confesión d'un enfant du siècle", lo que llamaba el malestar del siglo, en el primer tercio del siglo XIX, en la época romántica, para Musset lo característico de aquella época es que había habido demasiados cambios importantes, bruscos. Un hombre que fuera viejo o maduro en torno a 1830, había nacido en el Antiguo Régimen, había conocido la Francia de Luis XVI, tal vez incluso de Luis XV, la sociedad estamental con una diferencia muy acusada de clases sociales, con una aristocracia poderosa, con una influencia bastante grande del clero, con un estado llano, "Le tiers état", con la burguesía y un componente campesino muy grande.

Habían asistido a la Revolución, que empieza en el año 1789 y que significa un trastorno general de toda la sociedad francesa, con épocas terriblemente violentas, con el terror. Había asistido a la caída de Robespierre y de sus colaboradores, y su ejecución. El establecimiento de un directorio militar y después el Imperio de Napoleón. Habían asistido también a la derrota de Napoleón en Waterloo, a la restauración de la monarquía borbónica que dura poco, que es sustituida por la monarquía de Orleans, con Luis Felipe. Todo esto en el espacio de las vidas de los que no eran muy viejos. Entre 1780 y 1830, cincuenta años, ocurre todo eso que les acabo de recordar.

Y entonces se sienten rebasados por los cambios, han estado instalados provisionalmente en una serie formas, en una serie de convicciones, con muy diversos poderes, con ideologías que los respaldaban, y entonces ¿qué pasaba?, ¿a qué carta quedarse?, se sienten, dice Musset, a la intemperie, no tienen donde cobijarse, construyen una nueva casa pero se han quedado sin la anterior. Esta era la causa por la que se producía el "Mal du siècle", "Mal del siglo", que se comentaba en la época romántica.

La situación actual, prolongada por la longevidad mayor, es similar. Se han producido muchos cambios, hemos asistido a muchas cosas, que se han dado por buenas y por estables, incluso por definitivas ciertas sociales, ciertas formas de vida o ciertas ideologías.

Esto ha ido cambiando, y sobre todo las personas que han vivido antes de la Guerra Civil principalmente, este sería el punto de partida de los cambios más bruscos, los que empezaron en una zona, sobre todo los de la zona republicana, tuvieron que soportar finalmente la otra. Se produce una situación de desorientación que ha obligado en varios momentos a un reajuste, a volver a instalarse, a pensar ¿qué podemos hacer? y cuál puede ser el horizonte de proyección de la vida personal. Esta sería una primera forma que está ligada a la edad, no ligada a los puntos de vista particulares, a las ideas políticas, sino al hecho de la edad.

Otro caso es el de las personas a las que los cambios les aparecieron en su formación, son a los que les pilló la Guerra Civil siendo niños y se han encontrado con el mundo que queda después de la guerra y este mundo tiene un carácter muy curioso y es que es un mundo muy estable, donde los cambios eran casi inapreciables, al menos en la vida oficial. Los cambios sociales han sido muy grandes, pero los cambios políticos apenas existían. Lo cual les ha sido muy difícil aceptar que en los años setenta haya empezado una época de cambios. No estaban preparados y entonces la desorientación les viene de haber entrado en una fase de variación, de cambios, habiéndose formado en una sociedad en la cual en principio nada cambiaba. Desde el año 1939 al año 1975 no ha habido cambios apreciables y esos pequeños cambios eran autorizados por la autoridad superior que tenía el poder íntegramente en sus manos, eran cambios concedidos, cambios otorgados, entonces les cuesta trabajo entrar en una fase de variación, de variación rápida y que sigue, entonces se produce otra forma de desorientación.

En los más jóvenes, los que eran niños en el año 1975, ahora son personas adultas y ejercen su acción en la sociedad, ellos se encuentran ante una serie de posibilidades, una serie de tendencias, de valoraciones, de estimaciones, de proyectos distintos presentados con gran eficacia, porque uno de los cabios mayores es el de la enorme eficacia de los medios de comunicación, este es un factor que a veces se pasa por alto pero que es absolutamente decisivo.

La gente recibe impactos constantes en la prensa, en la radio, en la televisión sobre todo, los más eficaces son los de la prensa, pero los más actuantes en cada caso particular son los de la televisión, en todo caso se complican todos ellos. Los que son jóvenes se encuentran ante una serie de posibilidades, de ofertas, de tentaciones ante los que están indefensos, eso asociado al enorme desconocimiento, de gran ignorancia, especialmente entre los más jóvenes.

Me cuentan los profesores cosas que les dicen sus alumnos en los exámenes o respondiendo a preguntas, me acaban de contar hoy una historia que parece increíble, alumnos de cuarto año de universidad de ciencias políticas, cuando el profesor nombra a Napoleón III, preguntan ¿eso qué es?, nadie sabía que había habido un Napoleón III.

Ustedes imaginen: Napoleón III que tuvo un larguísimo reinado en una fase importantísima de la historia de Francia y de la historia de Europa, que termina con la Guerra franco-prusiana que da origen, a su caída, al establecimiento de la Tercera República francesa y a la formación del Imperio Alemán, nada menos. No sabían que existía nada menos que Napoleón III, alumnos de cuarto año de ciencias políticas de universidad.

Con ese estado de formación y de conocimiento de la Historia, tengo ejemplos sobre esta cuestión para estarles aburriendo o divirtiendo o llorando, media hora. Como se pueden afrontar esas propagandas, esas sugestiones de todo tipo: en un estado de indefensión que conducen inevitablemente a la perplejidad, conduce a la desorientación, esto es sumamente importante. Solamente el haber distinguido niveles de edad o generaciones, nos encontramos que los españoles en conjunto, tal vez no individualmente, pero en conjunto están desorientados, es explicable que estén desorientados, con diferentes formas de desorientación, que es lo que me interesaba señalar, no es una desorientación homogénea, hay tres formas, por lo menos, de desorientación debidas al nivel de edad, y por tanto a las experiencias recibidas.

Antes les hablaba del impacto que sobre los individuos tienen los medios de comunicación. Si ustedes se toman la molestia de leer varios periódicos. A veces he contado que durante el desayuno leo un par de periódicos y luego me repongo un rato, luego me pongo a trabajar, después de una pequeña convalecencia, que es necesaria. Les aconsejo que durante una semana lean dos o tres periódicos, leer un solo periódico es malo. Los medievales decían : "time hominen unius libri": "temo al hombre de un solo libro", el de un solo periódico también es peligroso, sobre todo si cree que aquello es la realidad, y oigan ustedes la radio, si tienen humor, y vean ustedes un poco la televisión por acá y por allá, solo una semana porque los quiero bien.

Y así experimentan qué es lo que se dice al lector, al oyente, al espectador, qué es lo que le presenta como real, en segundo lugar como válido. Se han deslizado unas cuantas identificaciones que me parecen sumamente peligrosas en la cuales no se suele reparar: es decir hay cosas que son frecuentes, que pasan muchas veces y le pasan a mucha gente, se da por supuesto que lo que es frecuente es normal, pero esto no tiene por qué ser cierto, lo frecuente puede ser anormal, completamente anormal, la frecuencia no es normalidad, piensen como si el mundo estuviera lleno de cojos, hay países que por desgracia hay un número enorme de ciegos, la ceguera es frecuente, pero evidentemente no es normal, pero se produce esa identificación.

En segundo lugar hay otra identificación y es que lo que es normal es lícito. Esto no es cierto, pues lo normal puede ser lícito o ilícito. Finalmente lo que es lícito es moral. Tampoco es cierto, hay cosas lícitas, autorizadas por las leyes pero inmorales. Vean que hay una serie de identificaciones: frecuente, igual a normal, normal igual a lícito, lícito igual a moral. esto se presenta a la inmensa mayoría de las gentes, en este caso los españoles, aunque pasa en muchas partes, el resultado es otra forma de desorientación, lo que se lee, lo que se oye, lo que se ve supone que hay una serie de cosas relativamente frecuentes, luego las estadísticas son muy desorientadoras.

A ver si algún día tengo tiempo y lo hago, sumo los porcentajes de la causa de muerte de las gentes, de cáncer, del corazón, de accidentes de tráfico, de fumar; si ustedes fuman lo que dicen los periódicos, resultaría como cinco veces por cada persona. Lo siento mucho, no se muere uno más que una vez, de modo que no puede ser las personas solo se mueren una vez. De modo que esas estadísticas son fraudulentas, son caprichosas, son inventadas. No digamos con el clima, es algo que me tiene enfermo, se habla de la desertización y seguidamente aparecen inundaciones en medio planeta y todo el mundo ahogándose. La temperatura aumenta y después hay una época glaciar y se llena todo de nieve y de hielo. El tiempo cambia, el tiempo ha cambiado siempre mucho. Recuerdo que cuando estuve por primera vez en Estados Unidos, en el estado de New England, había una broma que decía: ¿le gusta a usted el clima de New England?, no, pues espere un cuarto de hora. El tiempo cambiaba con frecuencia. El clima cambia continuamente en el mundo, hay medidas poco precisas y desde hace muy poco tiempo. A uno le explican cómo desde la Edad de Piedra, eso no es posible. Todo lo anterior es también un factor de desorientación.

Hay un problema muy grave, que es el problema de las vigencias, que son aquellas convicciones en que está uno instalado, que en gran parte son creencias, distintas de las ideas. Ortega lo explicó con gran precisión: nosotros tenemos ideas y las creencias nos tienen o nos sostienen. Yo estoy en una creencia y cuando es una verdadera creencia no tengo de ella ni idea. Las creencias básicas, las creencias fundamentales no sabemos ni siquiera que las tenemos, estamos en ellas. Cuando fallan las creencias, como cuando hay un terremoto falla la creencia de que la tierra es firme. Otra manera de fallar las creencias es cuando entran en conflicto entre ellas, entonces me doy cuenta que tengo varias creencias en conflicto y trato de buscar una superior que pueda dar razón de las dos conflictivas. En las sociedades estabilizadas existen sistemas de creencias vigentes que parecen sólidas y así se ha vivido durante mucho tiempo.

En diferentes zonas de la vida había crisis particulares, pero en el conjunto de la vida permanecían estables. Pero puede ocurrir que las creencias que parecían sólidas no lo estaban. Estaban como se dice en un giro coloquial "prendidas con alfileres", y han sido sustituidas por otras, a veces de un modo muy espectacular. Pero si ustedes miran bien también estas nuevas están "prendidas con alfileres". Por ejemplo se tenía idea de que la sociedad española tenía unas vigencias religiosas muy sólidas, resulta que no eran tan sólidas, han sufrido embestidas de diferentes tipos, muy organizadas a veces y esto ha hecho tambalear esas creencias y han sido sustituidas por otras, pero ¿son verdaderas?, ¿son profundas?, ¿están arraigadas?, probablemente tampoco, ha habido una sustitución de algo que no era muy sólido por algo que tampoco lo era, entonces volvemos a la desorientación, porque hay gente que no está convencida de la que creía que estaba convencida, pero tampoco está convencida de si nueva convicción y entonces hay una especia de fluctuación, de vacilación permanente, en lo cual no es muy fácil estar.

Las relaciones personales, familiares, matrimoniales, todo está en una profunda crisis. Lo que parecía que era permanente y era seguro, no lo es, pero tampoco es seguro que lo sustitutivo sea sólido. Hace muchos años, tengo desconfianza de la estadística, desde muy joven cuando en una estadística de matrimonios observé que el número de hombres no era igual que el de mujeres, eso me hizo despertar muchas sospechas.

Luego estando en Estados Unidos una estadística de matrimonios y divorcios calculaba tantos por ciento, pero el que se divorcia, se divorcia varias veces y se casa varias veces también, sin llegar al caso de un viejo de Texas que se había casado catorce veces, había tenido catorce esposas, de las cuales recordaba las más importantes, no a todas. Sin llegar a tanto para calcular el porcentaje de divorcios y matrimonios habría que contar con los que repiten, el número de divorcios no es el mismo que el número de divorciados, los divorciados son menos y habría que determinar cuántos.

Hay gente para la que el matrimonio es algo permanente y otra para la que no lo es, y esta gente se divorcia más de una vez. Todo esto genera desorientación, además todas estas persona tienen hijos en todas las combinaciones posibles. Ahora se tiende a no tener hermanos, lo cual es gravísimo, pero hay quien tiene hermanos, solo de padre o de padre y madre, etc. y esto se puede repetir, no es una cosa estable.

Si se hiciera un análisis un poco preciso para indicar cuáles son las relaciones familiares de un número muy grande de españoles, se quedaría uno asombrado porque sería muy complejo y no es fácil orientarse. Pero si siguieran investigando, verían que esa impresión se situaciones complejas y bastante enmarañadas representa un conjunto no muy grande dentro de la representación de la nación española.

Es decir que la sociedad española que está en un estado de gran confusión en este aspecto, tiene un torso muy grande, que yo no me atrevería a cuantificar, probablemente una mayoría, que es bastante estable, que no está afectado por esa impresión de desorientación, de terrible cambio y enmarañamiento, que existe y es considerable, pero ¿se puede predicar eso de la sociedad española?, creo que no. Es decir que junto a la desorientación, la inestabilidad y la confusión, que son absolutamente reales y evidentes, hay sin atreverme a precisar, una mayoría estable, satisfactoriamente orientada y que corresponde a un sistema de sociedad estabilizada, que es como el suelo sobre el que se levanta una superficie de la sociedad, relativamente agitada, cambiante, inestable, perpleja, que es una fracción muy considerable, pero una fracción.

Si ustedes recuerdan la imagen tan fecunda y tan clara de Unamuno de la historia y de la intrahistoria, comparaba la historia a la agitación de las olas, movidas por el viento, a veces tremendas, pero si observa el estado del mar cincuenta metros más abajo está completamente quieto. Las olas agitan la superficie pero la enorme masa de agua del océano está quieta, está inmóvil, está estable y eso es lo que entendía Unamuno por intrahistoria, frente al barullo de los que entran, por ejemplo a caballo, armando estruendo en un pueblo, hay la gente que hace lo que hacía siempre, que va al campo, que labra la tierra, que recoge las cosechas, las mujeres que guisan la comida, que dan de mamar a sus hijos y hacen lo que hacían todos los días y no cambian; los que han entrado en el pueblo tocando trompetas son unos cuantos y nada más.

Se equivoca uno fácilmente si cree que los cambios son la única realidad y que la realidad es así. El problema está si miramos al futuro próximo ¿qué va a pasar? Nos acercamos al siglo XXI ¿cómo?, ¿de qué manera?, ¿desde qué supuestos?, ¿apoyándose en qué?, ¿con qué instrumentos?, intelectuales y vitales para entrar en esa época que se anuncia, no lo sabemos. Recuerdo que hace muchos años hice un estudio del platonismo y partía para su estudio de un texto que parece secundario, que es la famosa carta séptima de Platón, en ella explica Platón que tuvo que hacer filosofía porque no se podía hacer política, porque había una situación de gran inestabilidad, él empleaba la palabra "vértigo", y esto lo obligó a plantear los problemas por la crisis de las creencias en su tiempo y de las vigencias sociales que obligaba a usar ideas claras, ideas justificables, que se pudieran probar y que pudieran devolver el equilibrio y la orientación a los atenienses que la habían perdido y este es el origen de la filosofía platónica, el no poder vivir en la situación de inestabilidad, de desorientación, de "vértigo" de la vida ateniense.

Creo que algo así podíamos pensar de nuestra época, las creencias dejar de ser efectivas y se pretende vivir con ideas, ha habido una época que fue el siglo XVIII que intentó vivir de ideas, lo que hizo realmente es una cosa muy peligrosa y es hacer un uso credencial de las ideas. Recuerdo una frase de Ortega, estuvo en Alemania de joven, y luego hizo un viaje muy breve a Alemania el año 1934 cuando ya estaba Hitler en el poder, fue una visita puramente privada, pero le permitió ver las cosas con su perspicacia, y me acuerdo que nos decía a los que éramos alumnos suyos entonces: "es que los alemanes se embarcan en una idea como en un trasatlántico". Esto es lo que no se puede hacer, las ideas son problemáticas, son inseguras, son discutibles, tienen que justificarse, tienen que probarse y cuando se hace esto entonces pueden ser válidas para los demás, entonces pueden ser el fundamento de ciertas creencias en las cuales los que no son intelectuales, los que son profesionales de las ideas pueden instalarse, pueden recobrar la orientación que habían perdido.

Este es el punto de vista sobre el que nos podríamos situar ahora frente a esa desorientación, es forzoso pensar, es forzoso poner a prueba las convicciones, las ideas, las propuestas que circulan que la gente acepta pasivamente. Si esto se consigue, si se justifica, se puede participar de ello. Las ideas las formulan, las piensan pocas personas, una minoría que puede ser muy pequeña, pero piensan para todos, piensan para los demás. He dicho muchas veces que la función del profesor es pensar con los estudiantes, pensar ante ellos, con ellos, en diálogo con ellos. El pensamiento es contagioso, pero no mucho, se contagia ante su espectáculo. Si alguien piensa con otras personas delante de ellas, esto se puede contagiar, más que con un libro, más que con una mera lectura.

Esa función de pensar, esa función de justificar; el pensamiento es justificación de sí mismo, el aducir los títulos que hacen que algo sea verdadero. Esto se puede participar, la verdad es comunicable, y entonces esto puede restablecer la verdad en los que no han pensado por su cuenta pero han repensado. La función capital para el hombre es repensar, lo cual no quiere decir pensar originalmente, eso está dado a muy pocos y esos pocos se dedican a ello por vocación, nada más, pero los demás pueden repensar y pueden apoyarse en lo que algunos han pensado y justificado, insisto en la justificación, entonces pueden tomar esas ideas como suyas, son propias porque se las han apropiado, si las han repensado son suyas también. Si yo repienso algo, no ha inventado la matemática, no he inventado los principios de la ciencia, pero si lo pienso y lo repienso es tan mío como de Leibniz o Descartes o Einstein. Entonces me puedo instalar en esa certidumbre conseguida por otros, pero de la cual participo por haberla repensado, y entonces puedo volver a instalarme en un sistema de creencias nacidas de ideas que han adquirido vigencia social y en ellas se pueden instalar todos.

Esto nos presenta una tarea para acercarnos al siglo XXI. Sería menester pensar, pensar en serio, pensar a fondo; algunos, los que tengan medios y vocación para ello, los demás repensar y exigir pruebas, exigir justificación, no aceptar sin más lo que se dice: no dar por bueno que lo frecuente es normal, que lo normal es lícito, que lo lícito es moral. Hay un principio que es muy sano, que dice: "con verlo basta", hay que verlo, hay que probarlo, hay que justificarlo.



                                       Las encrucijadas para el próximo siglo



Hablo de encrucijadas porque se abren ante nosotros varias posibilidades. Hay una serie de cuestiones que permiten seguir un camino u otro, las perspectivas que se nos ofrecen varían mucho según elijamos unas u otras vías. Estamos en una fase que empezó hace poco más de veinte años, una etapa muy importante, una etapa muy promisora, en la que se había recobrado la libertad plena, se podían elegir los caminos de la vida, se podían elegir a los gobernantes, se podían expresar las opiniones, lo que se piensa, los deseos. Era un horizonte enormemente abierto, se había producido, creo que era lo más importante, la terminación de las consecuencias de la Guerra Civil, no podemos olvidar que en España se había producido uno de los sucesos más graves de toda su historia, la discordia, es decir la negación de convivir una fracción del país con otra, esto es mucho más grave que los problemas particulares, incluso las luchas concretas que se dan en todos los países, pero que suponen la afirmación de una convivencia general. La Guerra Civil cuando se compara con otras guerras atroces como las Carlistas en el siglo XIX, que tenían un carácter parcial, que los que no han vivido la Guerra Civil por su mayor juventud, quizá no se den cuenta.

Las guerras Carlistas estaban localizadas, se luchaba en cierto lugares, en ciertas porciones de España, variables, no solo en el País Vasco y en Navarra, que tenían una concentración mayor, pero también la hubo en el Maestrazgo, en partes de Cataluña y de Valencia, en otros lugares también como esa historia tan curiosa, que quisiera conocer en detalle, del general carlista Gómez que recorrió casi toda España con su división, perseguido de cerca por otra división mandada por un general liberal, había una cosa de fluctuación, de frentes no estabilizados. Hay un texto de Larra que los lectores actuales no entienden, es un momento que pregunta ¿qué hay de Gómez?, el lector actual cree que le preguntan por un ser vulgar, no, es que le preguntan por este general carlista, y estas operaciones militares tan extrañas a lo largo de casi toda España.

Pero eran cosas relativamente reducidas, los efectivos no eran tan grandes, no había una división como hubo en la Guerra Civil de nuestro siglo, con zonas aisladas, incomunicadas. Había una impresión de distancia enorme. Las ciudades que estaban en la otra zona eran totalmente inaccesibles, la impresión vital es de estar mucho más lejos que una ciudad remota. Por ejemplo Segovia estaba más lejos de Madrid que Londres o Berlín. Afectó a la totalidad del país, se formaron dos grandes ejércitos, lo que era un síntoma de vitalidad, vitalidad suicida pero vitalidad al fin. Supuso un corte mucho más profundo y sus consecuencias se prolongaron durante mucho tiempo. Esta situación es la que se supera, aproximadamente hace veinte años, se produce una reconciliación; la Guerra Civil queda en el pasado, hay un camino despejado.

Pero esto no ha sido enteramente verdad, en los primeros años ocurrió esto, después ha habido una serie de tentaciones, de volver a la mentalidad de la Guerra Civil, a reivindicar parte de su herencia, ha habido grupos que se han presentado un poco como herederos de un pasado que sería mejor relegarlo al olvido, al pasado más remoto. Esta es una tentación que siempre está amenazando, no en el sentido de iniciar una nueva discordia, pero sí a un distanciamiento y eso lleva a una falsificación del pasado. Las cosas que se dicen sobre el pasado, sobre la historia reciente, se cuentan en general mal, con tendenciosidad, con falsificación, con deformaciones. Incluso en libros que en conjunto son estimables, no pueden prescindir de una cierta visión partidista, hay una desfiguración, mayor o menor, a veces localizada en ciertas porciones, pero hay un riesgo que esa superación que parecía efectiva y plena, no sea tan plena o no sea definitiva. Esto es de las cosas más importantes, si entramos en el próximo siglo dejando definitivamente atrás esa discordia, si entramos con una conciencia plena de la realidad española en su integridad y por tanto de las posibilidades abiertas, creo que podemos entrar con confianza, con entusiasmo en el siglo próximo. Si nos dejamos arrastrar por esas tentaciones existentes, no conviene cerrar los ojos, hay síntomas de ello, entonces la cosa estaría oscura y podríamos entrar de manera negativa, en cierto modo perniciosa para el siglo XXI.

Por eso hablo de encrucijada, de ahí su sentido. Se abren varios caminos ante nosotros, podemos seguir uno, podemos seguir otro; hay dos o más según los casos y podemos elegir. Recuerdo haber escrito hace muchos años, el año 1966, en un pequeño libro "Meditaciones sobre la sociedad española", planteaba el problema de cual podía ser el proyecto español y encontraba dos grandes posibilidades, dos grandes dimensiones de un posible proyecto español: uno de ellos era el poner a España en su propio nivel, decía entonces que España no es un país subdesarrollado, España es un país mal desarrollado, con defectos estructurales, con defectos de desarrollo. Es un país no muy distante de los demás países de Europa pero con ciertos defectos, ciertas anomalías en su desarrollo, eso hay que superarlo.

Hay que poner la totalidad de España al nivel que le es propio, al nivel de sus porciones superiores, la recuperación del nivel que le pertenece, que le es propio y que es necesario esa es una empresa urgente que me parece capital y esto en gran parte se ha realizado. España funciona como la mayor parte de los países europeos, incluso mejor que otros. Va a cumplir los requerimientos para la Unión Europea en condiciones favorables, ese mal desarrollo en buena parte se ha superado, el problema del desempleo es grave, mayor que en otros países de Europa, que no tiene la gravedad de otros tiempos en lo que ser parado era el desamparo, era la pobreza, hoy no es eso, no deseable, no envidiable, pero dista mucho de ser el abandono o el desamparo, la sociedad tiene la posibilidad de disminuir sus efectos.

Pero esa primera parte que veía como empresa para los próximos años se ha resuelto en gran medida. Además señalaba otra posibilidad y es la coherencia con el mundo hispánico. España no es solo España, un español que viaja por la América de lengua española, incluso portuguesa también, no se siente nunca extranjero; yo empleo la palabra forastero, forastero es aquella persona que no es de la región, de la comarca, pero sí es del país. Un español dentro de España no es extranjero, es forastero, si es andaluz y está en Navarra o está en la Rioja o en Galicia es forastero. Esto ocurre con un español en América o con un hispanoamericano en otro país de Hispanoamérica o en España.

He escrito hace poco tiempo en un libro colectivo sobre la Argentina, la Argentina frente a este milenio que va empezar, y lo titulé "La Argentina desde fuera y desde cerca", creo que expresaba la situación mía respecto de la Argentina, desde fuera no soy hispanoamericano, no soy argentino ni de ningún otro país pero lo veo y lo vivo desde cerca, es decir desde una unidad superior que nos engloba a todos, que es la hispánica. Si España se interpreta aisladamente queda mutilada, los países de Hispanoamérica igualmente, ¿qué tienen de común?, nada más que lo hispánico. Si no fueran porque tienen una historia común, una lengua, un repertorio de usos y de costumbres y de creencias y de ideas de origen español, no tendrían nada que ver entre sí. En cambio el mundo hispánico como tal es un verdadero mundo.

Cuando oigo decir la expresión "Tercer Mundo", me irrita mucho, porque no es un mundo, no tienen nada que ver los países que se llaman así, no tienen nada en común, ni lengua, ni religión, ni ideas, ni creencias, ni usos, son absolutamente dispares. Se pueden parecer en u nivel económico, que tampoco es verdad, pero eso no define un mundo. En cambio en el mundo hispánico sí es cierto. ¿Qué pasa con España?, ¿cómo se comporta frente a esa realidad?, ¿cómo puede comportarse? Hasta ahora no enteramente bien, es evidente que hay un desconocimiento, los españoles saben muy poco de Hispanoamérica, tienen ideas vagas, empezando por la magnitud de los países, hay mucha gente que no se da cuenta que la Argentina es un inmenso país, Nicaragua o El Salvador son muy pequeños, empezando por ahí no tienen una noción clara de las grandes diferencias que hay entre México o el Perú o Argentina o Venezuela que son países hispánicos como elemento común, pero son sumamente diferentes, tienen una personalidad propia.

Cuando se habla del español de España y el español de Hispanoamérica, esto no tiene ningún sentido, el español es una lengua única con modalidades en cada país, incluso dentro de cada país, incluso dentro de España. Se habla de literatura española o literatura hispanoamericana y en las universidades de casi todo el mundo se enseña de esa manera, eso no existe, no tiene sentido. Hay literatura de lengua española y luego literatura española, argentina, mexicana, peruana, etc. que son diferentes, que tienen su peculiaridad, pero una literatura hispanoamericana no existe. ¿Cómo se va a comportar España respecto de este mundo?, ¿va a tener conciencia de que pertenece a él?, de que tiene una función que cumplir, muy importante, que no es de mando, que no es de poderío, pues se trata de países independientes, pero es la clave de bóveda, es el elemento de unidad. Hay un hecho que es particularmente favorable ahora, en estos años precisamente, que es la Monarquía.

Ha coincido con los Reyes en tres países hispanoamericanos, en Puerto Rico, en el Perú y en la Argentina, y he asistido a la reacción de estos países. Nunca se ha dicho: "es que llega un Jefe de Estado extranjero", ni siquiera: "llaga el Rey de España", lo que se decía es: "llega el Rey", por qué, porque naturalmente es el sucesor de los que han sido reyes de estos países durante siglos, y por tanto representa algo propio. En un país hispanoamericano a los Reyes de los ve como algo propio, por ser los sucesores de los reyes de este continente durante varios siglos. En una situación republicana los presidentes de la República, que pueden ser buenos presidentes, representan siempre a un partido, han sido elegidos como representante de un partido, tienen los votos primariamente de un partido con unas simpatías mayores o menores según la situación política de cada país hispanoamericano.

En el caso del Rey no es así, no tiene que ver con ningún partido, está por encima de ellos, es Rey de los españoles sin más, no de un partido, ni de una fracción y respecto de los países de Hispanoamérica es el heredero de los reyes de estos países, la situación es enormemente favorable. ¿Se aprovecha?, ¿se va a aprovechar?, no lo sé, ha aquí otra encrucijada.

Se puede asumir ciertas funciones, las comunes funciones culturales, lo que tiene que ver con la lengua, lo que tiene que ver con la cultura común, lo que debe ser independiente, no de los partidos de cada país, sino de cada uno de los países, los problemas comunes. En eso España tiene algo que decir, España puede tener una personalidad influyente con exquisito respeto para la libertad de cada uno de los países y su personalidad. Esta es la cuestión delicada que le corresponde a España y que no puede representar ningún otro país. Cuando se manifiesta que España en cierto modo es la puerta de comunicación entre Hispanoamérica y Europa, se piensa en términos económicos; son secundarios, hay otros más profundos y más importantes que afectan a la personalidad de estos países.

Ha ocurrido un hecho muy lamentable que ha ocurrido desde la independencia de los países de la América continental. Hubo una reacción hostil a España y hubo una voluntad de apartamiento, incluso de denigración de lo español, en los países que estaban fuera del área hispánica eso fue entendido que afectaba a lo hispánico, recayó sobre los propios países hispanoamericanos esa actitud de hostilidad o de menosprecio que querían proyectar sobre España. Ha actuado enormemente y sigue siendo un factor que actúa. Es evidente que hay una estimación menor de los países hispánicos fuera del ámbito propio, justamente por la actitud de hostilidad a lo español, que ha sido interpretado como hostilidad a lo hispánico, como desprecio de lo hispánico.

Tenemos una enorme posibilidad abierta. España tiene una magnitud incomparable con otros países, salvo Inglaterra, porque hay un mundo ligado por vínculos sumamente fuertes a España. El peso que tiene España en el mundo, en la realidad y en el horizonte de posibilidades, es muy grande. Cuando un español recorre América sigue en su casa, está en otras habitaciones de una casa muy grande, habla en su propia lengua, recorre una enorme cantidad de kilómetros, miles de ellos, sigue en su casa, lingüísticamente puede publicar y publica libros, artículos, ensayos en los países hispanoamericanos y lo mismo los autores de esos países en España, para adquirir difusión general en Hispanoamérica. Esto no se suelen dar cuenta la mayor parte de los españoles, que un escritos hispanoamericano se hace verdaderamente universal cuando publica en España, desde entonces circulan por toda Hispanoamérica, en los demás casos con la excepción parcial de México y Argentina, que tienen una difusión grande, los demás países tienen una difusión muy reducida. Estas son posibilidades, de las cuales no se dan cuenta todos los españoles, no se dan cuenta todos los hispanoamericanos. Podemos elegir y tenemos delante una encrucijada que puede ser muy promisora, muy alentadora o no tanto, puede ser un riesgo.

Hay otro problema que tiene cierta semejanza, le voy a dedicar una lección entera y no lo voy a tratar hoy, es la integración en Europa. España está en camino seguro de integración en Europa, pero ¿cómo lo va a hacer?, el próximo día hablaremos de esto con más detalle, porque es un asunto bastante urgente e importante. Para adelantar diré que se puede hacer una integración pasiva o activa, creadora, con imaginación, otra encrucijada que trataremos de examinar.

Además tenemos otros problemas diferentes, preferentemente internos. Hay una gran mejoría en España en casi todas las cosas, en muchos sentidos, al mismo tiempo se ha producido una desorientación. Hay una cierta vacilación, fenómenos que parecían seguros y sólidos se ha visto que no lo eran. Han sido sustituidas unas vigencias por otras, que tampoco son muy sólidas, que tampoco son muy verdaderas, en muchos aspectos.

No se está muy seguro de muchas cosas, incluso en el momento presente no están muy seguros de lo que son, no están muy seguros de qué es eso de España. Esto ha parecido claro durante siglos, no estaba claro que debía ser España, no estaba claro que se debía hacer con España; se querían hacer cosas distintas y a veces opuestas, pero lo que era España parecía claro. Posiblemente por primera vez en varios siglos no está muy claro, lo cual me parece enormemente grave. ¿Por qué ocurre esto?, por dos razones, una razón es porque han aparecido grupos dentro de España que ponen en cuestión la realidad española. Esto parece que va contra toda evidencia, es cierto pero la gente se deja llevar por lo que se dice, que tiene una influencia bastante grande.

Me preocupa en varios aspectos, tanto filosóficos como en otros, la dificultad que tiene la gente de tomar en serio la evidencia, lo que se ve, la gente toma a veces más en serio lo que se dice que lo que ve. Dirán ustedes: esto es bastante inverosímil, lo es, pero ocurre. Las cosas que se dicen perjudican a lo que se ve con evidencia. Además es bastante frecuente que aparezca un señor que dice que no es español, yo suelo sentir alivio, digo ¡menos mal!, eso me consuela un poco, no se suele tomar demasiado en serio, pero se toma, esto es una tentación y un peligro grave.

Añadido a lo anterior surge otro problema y es que partiendo de algo positivo como la conciencia de integrarse en Europa, de formar parte de Europa, esto contribuye a desdibujar la condición española, porque Europa está también borrosa, porque se ha producido también la inseguridad respecto de cada uno de los países que componen Europa o se cae en la gravísima tentación del nacionalismo, exclusivista, agresivo, que ha sido el desastre de Europa en dos ocasiones en el siglo XX. Se llega a una visión homogénea, somos europeos, es igual. Somos europeos, pero lo somos de muchas maneras, lo somos en una forma concreta, cada uno con una fuerte personalidad, en eso consiste el interés de Europa. Esa especie de vacilación, de imagen borrosa de lo europeo hace que se pierda la nitidez de eso que se llama el estilo español, ser español o la función de una colectividad que es España.

Hay aquí, como se ve un problema, aderezado con un aterrador grado de ignorancia respecto de España, cada día tengo nuevas pruebas de la fabulosa ignorancia histórica que nos aqueja. Lo que sabía cualquier niño, cualquier adolescente español, cualquier estudiante de bachillerato hace unos decenios, no lo sabe la gente actualmente, la gente con nivel universitario, con grados académicos, los escritores, los periodistas, los profesionales, tienen una aterradora ignorancia. Me gustaría saber - hay estadísticas de todo, menos de lo que interesa - cuántos nombres históricos conoce el español medio, qué nombres le dicen algo, cuántos y cuáles son los que tienen algún relieve, no lo sé. Si esto no se sabe, no se sabe quién es y no sabe dónde está. Entonces va a ser muy problemática la entrada en el futuro cercano. Y esto por qué, teniendo España mejores historiadores que nunca, hay un equipo de historiadores que son muy buenos, algunos bastante buenos y otros muy buenos. Los libros pueden estar al alcance de cualquiera, se leen más libros que nunca, no sé si se leen, no se enseñan o se enseñan de manera que no producen una imagen clara de la realidad.

Antes había tópicos, esquemas vagos. Cuando era niño teníamos unas postales de las regiones españolas o de las provincias con el escudo de la región o de la provincia y unas figuras con los trajes regionales, notas sobre la geografía y los hijos ilustres, se sabía quién había nacido en cada lugar. Esto se manejaba y era casi como un juego, funcionaba como un juguete para los niños, y familiarizaba a todos con el contenido de la realidad española. Eso ha pasado a la historia, con la desaparición de la historia misma. Casi se puede adivinar la edad de las personas, aparte de la arrugas, por el grado de su conocimiento o su ignorancia. La gente que tiene bastantes años tiene alguna idea que cuando se va aproximando en el tiempo, al mismo tiempo va desapareciendo este conocimiento, que llega a ser angustioso, que se refiere a la historia entera. El otro día me contaron de un curso de cuarto año de ciencias políticas en la universidad, una persona nombra a Napoleón III y la clase entera pregunta ¿qué eso de Napoleón III?, es increíble, pero pasa, este el fenómeno. Si esto no se supera el porvenir parece incierto y bastante oscuro, justamente por falta del pasado. El porvenir existe en la medida en que existe le pasado, la memoria individual o la memoria histórica, ahí tienen ustedes otra encrucijada abierta.

¿Y cuáles van a ser los principios a los que vamos a adherir, que nos van a poder animar, que nos van a poder entusiasmar? Ortega inmediatamente antes de la Guerra Civil, en los años últimos 1934, 35, 36, pensó en la posibilidad de que se organizara en España un grupo de gentes que tuvieran una actitud no propiamente política, que tuviera una serie de normas que valieran, empleó una fórmula para esta meta: Moral, Nación, Trabajo, tres palabras que le parecían importantes, que podían ser un vínculo de aglutinamiento de los españoles en torno a esos tres principios. Son tres palabras que se usan muy poco y que están en cierto modo en descrédito, no se las toma muy en serio.

Moral parece una mala palabra casi, recuerdo las palabras de Ortega en La rebelión de las masas: El gitano se fue a confesar, el cura precavido le preguntó si sabía los Mandamientos de la ley de Dios y el gitano le contestó: "misté padre yo loh iba a aprendé, pero he oído un run-run de qie loh iban a quitá". Esta es la situación, la mayor parte ha oído un run-run de que van a quitar los Mandamientos, todos los Mandamientos, de todo tipo. Lo malo o lo bueno es que no van a quitar los Mandamientos, no se puede, pero la gente cree que los van a quitar. Eso de una sensación de vacilación, se situación admite que lo frecuente es normal, que lo normal es lícito y lo lícito es moral, esto o es así, puede haber una cosa frecuente que sea anormal, puede haber una cosa normal pero no sea lícita, puede haber algo lícito, permitido por las leyes pero que sea inmoral. No se identifican los términos anteriores como si fueran ecuaciones, pero sobre eso no hay claridad, es imperativo que la haya, que cada uno de los españoles tenga claro lo que es moral o no, lo que es aceptable o no, lo que es debido o es indebido.

La segunda palabra de Ortega, la Nación, la conciencia de Nación que es lo contrario del nacionalismo, del que Ortega dijo cuando era muy joven: "todo nacionalismo merece exquisito desprecio", pero la Nación no, pertenecemos a una Nación, pero no por ello hay que ser nacionalista, lo mismo que pertenecemos a una raza, no sabemos cuál, la que sea, por lo pronto blanca, sin más precisiones, pero no hay que ser racista.

Respecto del trabajo ¿cuál es la actitud dominante respecto del trabajo? Ha habido una deificación del trabajo o de los trabajadores, por ejemplo en la constitución de la República de 1931se señalaba que: "España es una República de trabajadores de toda clase". El hombre es trabajador y tiene que trabajar, pero de eso a definir a los hombres como trabajadores hay un trecho. Pero ¿hay verdadera estimación del trabajo?, no sé, ahora la mayor parte de la gente pretende trabajar lo menos posible, lo cual no indica una gran estimación del trabajo. La jornada de trabajo se quiere acortar cada vez más, recuerdo cuando era niño la gran batalla era la jornada de ocho horas, seis días por semana, es decir cuarenta y ocho horas a la semana, esa era la gran conquista. Ahora se habla de treinta y cinco horas.

Por otro lado la mayor parte de la gente tiene un afán de jubilación, lo que me parece triste, la mayor parte da la gente está deseando jubilarse. Esto lo hacen los trabajadores y los empresarios, que ofrecen jubilaciones con grandes condiciones magníficas. He tenido amistad con un funcionario de una gran editorial española, al que los directivos le estaban ofreciendo una jubilación magnífica, el hombre no se quería jubilar, le gustaba trabajar y además entendía de libros y de autores; era la persona que entendía más en su editorial. Al final enfermó y luego murió, esa fue la jubilación real y efectiva. Pero la mayor parte de la gente tiene gran afán por jubilarse, lo cual indica poca estimación del trabajo.

Se ha producido, en cambio, en relación con el trabajo una situación muy inquietante, que es la vocación de parasitismo, fenómeno universal. La mayor parte de la gente lo que aspira es a vivir de un subsidio, lo cual quiere decir del trabajo de los demás.

Esta es una situación universal. Moral, Nación, Trabajo, las tres palabras están devaluadas, están un poco en crisis. Hay un elemento de inautenticidad en esa devaluación. A última hora hay muchas personas a las que les importa todo eso, lo estiman, les parece valioso, no están dispuestos a renunciar a ello, pero volvemos a la desorientación, vacilan, no están seguros, se fían más de lo que se dice que lo que ven o sienten por dentro. Ahí está tal vez la más grave de las encrucijadas.

Y lo más importante: ¿qué se puede esperar?, ¿qué se espera? Estamos a las puertas del siglo XXI, que encima y por casualidad es el Tercer Milenio. ¿Se espera algo o no se espera nada? Qué proyecto se tiene, individualmente y colectivamente, qué proyecto tiene cada uno de nosotros, qué aspira a ser en ese siglo que viene. Y como españoles, qué papel va a tener España, qué va a significar, qué va a realizar, cuál puede ser el proyecto colectivo del cual tendremos que participar cada uno a su manera. Hay un problema delicado que planteé hace tiempo, es el la participación individual en los proyectos colectivos, en qué medida se participa en un proyecto colectivo, por ejemplo nacional. ¿Hay proyectos colectivos, se tiene conciencia de ellos? Se imagina qué puede ser, qué figura puede tener España, dentro de cinco, diez, veinte años, no digo más, se puede imaginar a larga fecha. ¿Se va a intentar que sea algo, una cosa u otra?, hay libertad de proyección y de imaginación, nos encontramos con una enorme, con una gravísima encrucijada.

¿Es que vamos a entrar en el siglo XXI por pasar una hoja del calendario o porque se diga que estamos en el año 2001 o 2005? o significa esto algo, tenemos pretensiones, tenemos deseos. Le doy mucho valor al deseo, el pensamiento filosófico y psicológico ha estudiado durante los dos últimos siglos, sobre todo mucho la voluntad, que es muy importante, más importante es todavía el deseo, qué se desea y cuánto se desea. ¿Es que tenemos deseos vivos como hombres o como mujeres o como españoles?. Quizá lo más importante es la intensidad, si tuviéramos intensos deseos me sentiría bastante confiado, si los deseos son pocos, débiles, vacilantes entonces el horizonte parecerá poco promisor, será poco atractivo.

Se nos ofrecen toda una serie de encrucijadas, he nombrado solo unas cuantas, se podrían seguir ennumerando otras. Nos encontramos con una posibilidad, precisamente en este momento tenemos libertad, hay libertad personal, hay libertad social, que no se han perdido nunca enteramente en España. Hemos pasado muchos años en España en que no había libertad política, pero había cantidad bastante apreciable de libertad personal e incluso social, que es lo que hizo que España fuera un país vivo, no fuera un país aplastado ni exhausto como ha habido muchos. Ahora hay un horizonte mucho mayor de libertades de todo tipo, ¿se van a usar, se van a poner en juego, se van a aprovechar?. ¿Se van a usar imaginativamente?, que es la condición fundamental para que sea real el ejercicio de la libertad.



                                           La integración en Europa



Lo primero que habría que decir sería que es urgente la integración de Europa. Hace un siglo los regeneracionistas y luego los miembros de la generación del 98 hablaban de la europeización, en muchos sentidos se consideraba que España tenía que europeizarse y tenía una serie de inferioridades respecto de Europa que eran muy notables. Ortega ya entrado el siglo XX insistió mucho en ello. Pero lo curioso del caso es que se entendía por Europa tres o cuatro naciones privilegiadas, se pensaba en Francia, Inglaterra, Alemania, en algunos aspectos Bélgica o Suiza, pero Europa es mucho más que eso y esas superioridades evidentes en muchos aspectos que tenían tres o cuatro países respecto de España, no eran verdad si se comparaba a España con otros países de Europa. Había una imagen muy parcial de Europa, estaba representada por los tres o cuatro países más desarrollados técnicamente, industrialmente, con un nivel de vida más alto, en algunos aspectos como en la cultura, Francia tenía un desarrollo literario altísimo. Alemania el país rector en lo intelectual y el pensamiento, Inglaterra parcialmente en la política y en la ciencia y la técnica, en la literatura, eran tres grandes países que tenían un nivel sumamente alto y en definitiva se entendía por europeización alcanzar el nivel de estos países, lo cual tenía plena justificación.

Cuando Ortega dijo hacia 1908: "se vio claramente que España era el problema y Europa la solución", quería decir esto y añadía: "queremos la interpretación española de Europa", no queremos repetir, no queremos hacer otra Francia, otra Inglaterra, otra Alemania, ya hay una de cada, queremos aportar lo que es propio de España y alcanzar el nivel que le pertenece y que en determinados aspectos España no tiene. España había experimentado un cierto desnivel respecto de las partes más activas y más prósperas de Europa aproximadamente de una generación, más o menos quince años, porque España había experimentado una situación de anormalidad durante veinticinco años, desde la invasión francesa, que empezó en 1808, con una guerra muy larga hasta 1814, después continúa con un absolutismo que no es el del siglo XVIII, sino un absolutismo opresor, aislante de Fernando VII, con tres años de un régimen constitucional bastante desastrosos, llenos de extremismos y de errores, con la represión brutal desde 1823 hasta 1833 en que muere Fernando VII, entonces vuelven los emigrados que venían mucho más de Inglaterra que de Francia por ser esta nación la que había invadido España para restablecer el absolutismo. Inmediatamente continúa con la Guerra Carlista que dura hasta el año 1840.

Desde el año 1808 hasta el año 1840 es un periodo, primero de guerra, después de aislamiento y mucha opresión, luego una guerra que, aunque parcial, no impedía que la vida transcurriera con normalidad en gran parte del país, sin embargo era una guerra civil, y es mucho tiempo. En ese tiempo España tiene mucho aislamiento. Las obras capitales del Romanticismo español tienen un retraso debido a ese aislamiento, empiezan a publicarse el año 1834, al año siguiente a la muerte de Fernando VII. El Romanticismo como actitud vital es anterior, creo que España fue romántica al mismo tiempo que los demás países. Hay un texto muy curioso de Galdós hablando de la batalla de Bailén en la que dice que: "Andalucía era ya romántica", no digamos "Las Cortes de Cádiz", fenómeno típicamente romántico, pero la producción literaria de los románticos no empieza hasta 1834, del año 1834 al año 1844 se suceden todas las obras importantes del romanticismo español, pero esto significa un desnivel, ese desnivel se arrastra de un modo o de otro, en los aspectos culturales, también en el desarrollo técnico, industrial, económico durante todo el siglo XIX, hasta final del siglo, la fecha de 1898 es decisiva, fue una fecha de derrota, desastre y al mismo tiempo un rebrote de autenticidad y de capacidad creadora.

La idea de europeización significaba la asimilación de los modelos de tres o cuatro países principales, Europa no era eso solo. Sería importante no caer en un error parecido, por eso cuando se habla de integración en Europa, es necesario un hecho previo que es la integración de Europa. Piensen ustedes que en este momento se está discutiendo sobre la ampliación de la Comunidad Europea, hay toda una serie de países del Este de Europa, hay una serie de países que han estado sometidos al poder comunista y plantean grandes problemas de incorporación a Europa, a la Comunidad Europea, esto está demostrando que hay una parte de Europa que en modo alguno tiene el nivel de la Europa Occidental, que originariamente, desde el final de la II Guerra Mundial ha tenido libertad, que se ha podido desarrollar, intelectual, cultural y económicamente. Esto es cierto hasta el punto que Alemania que se ha reunificado, cosa excelente, tiene el problema del desnivel de la Alemania Oriental que en todos los órdenes representa un nivel muy inferior y plantea grandes problemas. La mayor parte de los problemas que tiene Alemania proceden de la incorporación de una fracción muy grande de su territorio con un nivel en todos los sentidos muy inferior.

Por otra parte como España ha estado cuarenta años muy aislada, en parte excluida, en parte voluntariamente apartada, primero por la Guerra Civil española, más tarde por la actitud de aislamiento respecto de los países democráticos, luego como consecuencia del resultado de la guerra el aislamiento continuó. Por todo ello España ha tenido la impresión de no estar en Europa, la expresión que se emplea muchas veces es "la entrada en Europa", me parece absurdo, cómo vamos a entrar en Europa donde estamos desde que existimos. Europa es anterior a sus naciones, las naciones se han formado en Europa, en esa sociedad general que es la europea.

Desde fines del siglo XV, España es la primera por cierto, se constituyen como naciones, las naciones de Europa, hechas de Europa, de la sustancia europea. España no solo ha sido parte de Europa desde que existe, sino que ha sido uno de los elementos decisivos del conjunto europeo y mostré en mi libro "España inteligible", que España había sido el catalizador de la modernización de Europa, España es la que estimuló la transformación de la Europa medieval a la Europa renacentista en su modernización.

Lo que ha ocurrido en estos últimos años es la entrada de España en las instituciones europeas, no en Europa que es donde ha estado siempre. Esto es lo que no siempre se ve y es una tentación, todavía hay un número elevado de españoles que siguen con lo de la integración en Europa, pero España ha estado siempre en Europa, incluso es más europea que las demás naciones porque los demás lo son porque no pueden ser otra cosa, pero España es europea porque ha querido, porque España fue dominada por los musulmanes a comienzos del siglo VIII. Hubiera debido tener el destino que han tenido todos los países, helenizados, romanizados, cristianizados del norte de África, que siguen siendo orientales, siguen siendo de lengua y cultura árabe, de religión musulmana.

España hubiera debido ser eso y sin embargo no fue así por un fenómeno de no aceptación, de resistencia de la España perdida. España es un país europeo porque ha querido, porque se ha obstinado en serlo y en ese sentido es más europeo que los demás, que son europeos porque ¿qué van a ser?, es su condición, lo son de un modo natural, espontáneo e inevitable. Conviene matizar un poco eso de la integración en Europa y evitar la tentación de provincianismo, como si fuéramos unos recién llegados a Europa, como si llegáramos a una realidad que nos es en principio ajena. España ha estado mucho menos aislada que los países del otro lado del Telón de Acero. España ha tenido un cierto aislamiento de las instituciones europeas, con dificultades de comunicación, incluso de viaje, después tampoco era así. La integración en Europa ha de ser de manera justa y que responda a la realidad y no la falsifique.

Hay otro problema y es la imagen muy dominante entre los españoles de que España es un país pequeño, España es un país muy grande, dadas las magnitudes europeas España es un país muy grande, tiene la superficie casi de Francia, mayor que todas las demás exceptuando Rusia, que no es enteramente europea. España ha tenido una población pequeña, relativamente pequeña. Los países eran importantes en la medida que tenían una población alta, el historiador francés Pierre Chaunu insiste mucho en que los cuarenta habitantes por kilómetro cuadrado eran el mínimo para que un país funcionara normalmente, la mayor parte de los países de Europa no tenían esa población hasta hace muy poco tiempo. Francia tenía una población mucho mayor que España, con una extensión comparable pero España tenía una natalidad muy alta y Francia la tenía baja, con lo cual la diferencia se ha ido equilibrando.

Últimamente no, España tiene una natalidad bajísima, fenómenos sociales no muy fáciles de explicar, dos países de mucha natalidad como España e Italia la tienen ahora bajísima, son los países de más baja natalidad de Europa. La aproximación del número de habitantes de España con relación a Francia, Inglaterra, Alemania o Italia ha dejado de realizarse por la pérdida de natalidad, pero en todo caso es un país que tiene cuarenta millones de habitantes, que es la población que tenía Francia antes de la II Guerra Mundial, es una población muy considerable. Es un país grande, la extensión también cuenta. La población es un factor pero la extensión es otro, las regiones españolas son muy grandes, Castilla la Vieja tiene poca población, con sus ventaja y sus inconvenientes, pero es muy extensa, Extremadura es enorme, el País Vasco es muy pequeño, las tres provincias juntas son menores que la provincia media española, este es un factor que hay que tener en cuenta.

En la Alta Edad Media cuando todos los países estaban muy fragmentados, la España visigoda era muy grande, los dos países grandes que había eran el Imperio Bizantino y España, mientras todo lo demás estaba enormemente fragmentado, es un factor que hay que tener también presente.

Cuando hablamos de integración en Europa, España tiene que integrarse en ella como tal. Hay una tentación que me preocupa mucho y es la tentación de la homogeneidad, en gran parte por la atención casi exclusiva a las cuestiones económicas. Se piensa que España tiene que cumplir una serie de condiciones económicas para participar en las instituciones económicas europeas, en el Euro, cosa que hace muy pocos años parecía imposible, ahora no solo parece seguro, sino que lo va hacer cómodamente, mejor que muchos países, pero no es lo único, me preocupa que se piense casi exclusivamente en los aspectos económicos, lo económico es cuantitativo y tiende a una visión de homogeneidad. Europa no puede ser un conjunto más o menos amorfo, homogéneo, de países que tienen un nivel o unos niveles relativamente aproximados, que cumplen ciertas condiciones, que pueden funcionar económicamente como una unidad, monetaria, industrial, etc. Esto es importante pero no es lo único.

La riqueza de Europa consiste en gran parte en su variedad, en que existen unas cuantas fuertes personalidades, una serie de modalidades, de cultura por lo pronto, de formas de vida, de estilos vitales. Eso es justamente lo interesante. España que va a estar integrada en los aspectos económicos y administrativos, hace falta saber cómo va a entrar, como tal Europa o como una cantidad económica, sin más. Esto sería un error gravísimo, será fundamental que España se integre en la totalidad de Europa como tal España con sus caracteres propios, con su aportación distinta que se sumará a las demás, con su variedad, con sus posibilidades nuevas, con su originalidad en todos los órdenes. Esta es una más de las encrucijadas para el próximo siglo.

¿Se va a integrar España de un modo automático, mecánico, con homogeneidad o va a empezar por afirmarse a sí misma, por poseerse a sí misma como tal unidad, como tal forma de vida, como tal cultura, que es la nuestra? La cosa puede ser de un modo o de otro. Uno de los rasgos es que España quiera o no, no está sola, España es uno de los muchos países hispánicos. Lo que le da importancia a Inglaterra, es lo que no es Inglaterra. Tiene la sombra de los Estados Unidos, que son mucho más importantes que Inglaterra y de la Commonwealth, la Comunidad Británica de Naciones, eso le da a Inglaterra un peso extraordinario. Inglaterra y lo Estados Unidos hablan de la "relación especial" entre los dos países. No son dos países extranjeros sin más, hay una relación especial que funciona en cualquier situación de importancia.

España tiene la sombra enorme de los países hispánicos, España no es solamente España. Esto tiene una consecuencia inmediata que es la lengua española, las lenguas europeas se hablan normalmente en sus diversos países europeos, a veces en algunos países se hablan varias lenguas, como Bélgica o Suiza, o a la inversa hay lenguas que se hablan en varios países como el alemán en Alemania y Austria, el francés en parte de Bélgica y parte de Suiza. El español y el inglés no, son lenguas que se hablan en España o en Inglaterra y en multitud de países como lengua propia, son lenguas universales. El domino absoluto del inglés es debido, no por Inglaterra, sino por los Estados Unidos, si no fuera así ocurriría como con el francés o el alemán, lenguas de gran cultura de siglos, pero no son la lengua inglesa o la lengua española.

España tiene que ingresar en Europa acompañada, como el elemento europeo de una comunidad que es el mundo hispánico, he aquí en qué consistiría uno de los aspectos de la originalidad de la incorporación española a la comunidad europea. ¿Se tiene presente?, poco, me parece imperativo, me parece urgente. Esto es lo que le daría peso a España, le daría la representación de una fracción del mundo que es lo que ocurre con Inglaterra en la medida que forma parte la de Comunidad Europea, hay algo que no es Inglaterra, que no es España pero que es hispánico, esto me parece capital. Para ello hace falta previamente que España tome posesión de sí misma, que se sienta como una nación rica, compleja, grande, con un pasado milenario importantísimo, con una cultura de las cuatro o cinco grandes culturas que existen. Si eso se desdibuja, se borra, se atenúa ¿qué va a significar esa integración en Europa? Las cosas históricas, las cosas humanas en general pueden ser muy diversas, pueden ser desde muy pobres a ser de espléndida riqueza.

Pero hay algo más y es que Europa tal como se la plantea en general, sobre todo como se la planteó en los primeros momentos de la unión europea, con la Comunidad del Carbón y del Acero, una unión económica de esos dos factores del carbón y el acero que ahora son relativamente secundarios, hubo unas cuantas figuras de políticos con gran visión como Monet, Schumann, Adenauer, De Gasperi, que trabajaron con gran talento por la reconciliación europea después de la guerra, pero muy pronto se empezó a formar una actitud que me pareció muy peligrosa y lo dije desde muy pronto, que es lo que llamaba el europeísmo a ultranza, exclusivista, que en el fondo era antiamericanismo, afirmaba Europa sola. Esto es un error absoluto, porque Europa no está sola, ni se basta a sí misma en ningún sentido, ni culturalmente, ni económicamente, ni industrialmente, ni militarmente, porque ha estado, una gran porción de Europa, dominada por una potencia extraeuropea hasta hace cuatro días.

La realidad efectiva es Occidente, Europa es uno de los dos lóbulos de Occidente, el otro es América, que es también insuficiente, que tampoco se basta a sí misma, que depende de Europa como Europa depende de América. Esto no está vivo, hay una tendencia a hablar de Europa en términos provincianos, de una Europa insuficiente. Ahora bien España por su condición hispánica, por su vinculación a la América hispánica no puede olvidar Occidente, otros países podrán verse a sí mismo solos, España no podría hacerlo. Ahí está el valor de pertenecer España a una comunidad muy grande que es el mundo hispánico, por tanto no puede olvidar que existe América, que América y España son inseparables, la América hispánica no se entiende sin España, no tiene más elemento común que su origen español, su lengua, sus elementos comunes.

Nosotros pertenecemos a Europa y hemos pertenecido siempre, pero desde fines del siglo XV también pertenecemos a América y nos pertenece América, hay una vinculación inseparable. He dicho muchas veces que el español que no conoce la América española no acaba de ser español y a la inversa. Hay muchos vínculos comunes y cierta conciencia de ello paro muy escasa, muy deficiente y sería un peligro que esa integración europea sea provinciana, empobrecida, sin la cualidad que puede tener.

Hay algo todavía más profundo - si alguien lanza una idea y es una estupidez todo el mundo la repite - ahora se habla mucho de la Europa de las regiones, se habla de una Europa que no es un conjunto de naciones, sino un conjunto de regiones, lo primero que habría que decir que esas regiones no tienen ni la menor idea de que existen, cada uno conoce las regiones de su país, pero quién en una región española sabe lo que es Westfalia o La Campania o Scania o cualquier región de Europa fuera de las naciones, no conocemos las regiones y mucho menos sus formas, su contextura, sus cualidades, sus productos, sus figuras interesantes ¿Qué relación puede haber entre regiones de varios países? Hace muchos años en mi libro "La estructura social" (1955), en el capítulo titulado: "Regiones, Naciones, Europa", decía que las regiones son las sociedades insertivas: "el individuo se inserta en su nación a través de su región", la manera real y efectiva de ser español es ser andaluz o gallego o castellano, lo mismo en los demás países europeos. Cuanto mejor posea las peculiaridades de su región mejor miembro de su nación es.

Europa era la sociedad de implantación, las naciones de Europa están implantadas en ella, están hechas de Europa que es anterior a ellas, hechas de su sustancia, desde el fondo común europeo, por eso todo nacionalismo es separatismo, es segregarse de la totalidad real y efectiva a la que se pertenece. Hay una serie de tentaciones, de riesgos que nos acechan. Si ustedes piensan en esa trinidad: Regiones, Naciones, Europa, representan tres niveles distintos, complementarios, necesarios: la pertenencia a la región favorece la pertenencia a la nación, la pertenencia a la nación como tal favorece la condición europea y a la inversa. Y hay que añadir a Occidente, son cuatro niveles de pertenencia, somos de nuestra región, españoles, europeos y occidentales, todo eso lo somos y cuanto más plenamente lo seamos en cada uno de los niveles, mejor seremos en los demás. Ahí tienen ustedes las posibilidades que se nos presentan cuando hablamos de la integración en Europa.

¿Nos vamos a integrar, yo diría "íntegramente"? ¿Nos vamos a integrar con toda nuestra realidad?, completa, entera, efectiva, o no. Esta es la cuestión.

Todavía queda algo más y es que efectivamente los países europeos representan estilos, estilos de vida, que desde el siglo XVI empiezan a existir unos para los otros, se tiene una idea esquemática de lo que es el francés, el inglés, el alemán, el español, etc. En general un poco falsa, en cierto modo caricaturesca; decía Schopenhauer: "todas las naciones de Europa se burlan unas de otras y todas tienen razón", en cierto modo ocurre así, pero evidentemente hay ciertos estilos vitales, no es lo mismo ser español que ser francés, que ser alemán... y eso representa la única manera de ser plenamente, hay un cierto estilo propio y eso es importante poseerlo y es importante aportarlo a Europa y compartirlo. Ustedes imaginen la fabulosa riqueza que significa para los europeos, por lo pronto, conocer y en cierto modo poseer esas formas de vida, esos estilos vitales que se reflejan en cada una de las culturas. El desconocimiento de las formas de vida de los otros países es una forma de separatismo, porque los países de Europa han convivido, sus lenguas han convivido también, en cierto modo el conocimiento de esas culturas y de las lenguas, por lo menos, es la manera de ser plenamente europeos.

A España le ha ocurrido, por su relativa pobreza, por su insuficiencia en el siglo XIX, por lo que decíamos antes, le ha impedido ser un país provinciano, los tres o cuatro grandes países europeos, Francia, Inglaterra, Alemania, podían hacerse la ilusión de que eran suficientes y en cierto modo se comportaban así. Si miran los nombres propios de un libro de pensamiento de estos grandes países verán que la lista de nombres con los cuales se contaba era casi únicamente la del país, en todo caso la de la lengua, veían un libro alemán y no había casi más que nombres alemanes, un libro francés o inglés y no había casi más que nombres de esos países o esa lengua, en España no era posible por una razón de pobreza, porque no había suficientes libros, suficientes autores valiosos.

He dicho a veces que sobre muchas cuestiones no había ningún libro bueno español, a veces ni bueno ni malo, simplemente no había ninguno, era menester nutrirse de la cultura de los otros países. Cualquier intelectual español desde comienzos del siglo XX tiene su casa llena de libros en varias lenguas, en bastantes lenguas casi siempre, tal vez los libros españoles están en minoría, aunque no todos saben todas las lenguas principales con el latín y el griego, fundamento de todas las demás. Los españoles no han podido ser provincianos en este siglo y no lo han sido, ahora tienen la tentación de serlo otra vez. Todo eso significa un enriquecimiento extraordinario.

Hace cincuenta años di un curso en el Instituto de Humanidades que habíamos organizado Ortega y yo, di un curso sobre "El método histórico de la generaciones", al año siguiente, lo redacte y lo publiqué en forma de libro, el año 1949, hablaba como se había constituido la idea de generaciones en varios países y daba una información muy amplia de los orígenes y de su maduración en el pensamiento de Ortega. Mucha gente creía, y esto era muy curioso, que si Ortega sabía de generaciones era porque en Alemania se sabía más, pero no era cierto, se sabía menos, mostré lo que se sabía y lo ennumeré con todo detalle. Hace unos años leí un libro publicado en Alemania sobre el tema de las generaciones, el autor sabía sobre Alemania mucho menos de lo que yo sabía en el año 1948, y era un libro en torno a 1980. Esta es la situación que vale la pena que España conserve. Somos provinciales, España es una provincia de Europa, y es una condición de la que podemos estar orgullosos, no hay que ser provinciano, recuerden la definición de Ortega: "Provinciano es el que cree que su provincia es el mundo y su pueblo un galaxia". Es lo que no hay que ser.

Cuando estamos hablando todo el tiempo de integrarnos en Europa, de entrar en Europa, lo cual es espléndido, hay que ver cómo nos integramos. Hay un estilo español, hay una forma de ser que es muy antigua, ha nacido hace muchos siglos, ha ido cambiando con una coherencia. Los españoles de hoy no somos como los de hace un siglo o cinco o diez, pero cuando leemos un texto español de cualquier época, de hace por ejemplo mil años, lo entendemos y nos sentimos en casa, porque venimos de ahí. Y esto les ha ocurrido a los demás países de Europa y hemos convivido y nos hemos peleado, pero admirándonos interesándonos mutuamente, eso hay que conservarlo, poseerlo, hay que sentir el entusiasmo por los demás, hay que enriquecerse con eso, hay que hacer una efectiva convivencia.

El español es una lengua muy interesante, tenemos un verbo que es convivir, tenemos la palabra convivencia, en otras lenguas se habla de coexistencia. Se ha hablado después de la II Guerra Mundial de la "coexistencia pacífica", pero coexistir quiere decir existir al mismo tiempo, yo coexisto con esta mesa y con este micrófono, no convivo con la mesa, no convivo con el micrófono, convivo con ustedes, que es otra cosa. Una cosa es coexistir, que es inerte, y otra cosa es convivir. Europa no debe ser una mera coexistencia, ni siquiera pacífica, debe ser una convivencia. Debemos convivir con los demás, debemos nutrirnos de los demás, para eso tenemos que ser quienes somos y conservar cada uno nuestra peculiaridad, nuestra manera de ser, nuestro estilo vital, cambiante; decía Galileo: "Los detractores de la corruptibilidad deberían convertirse en estatuas", el hombre no es una estatua, ni debe serlo, puede cambiar y debe innovar constantemente, pero manteniendo la continuidad, la coherencia, eso que se llama estilo, estilo vital.

Imaginen lo que podría ser Europa como una convergencia de los estilos vitales presentes unos ante otros, enriquecidos unos con otros, y uno de ellos es el nuestro, el español, nutrido de los demás y algo de lo que se pueden nutrir los demás. Lo que podría ser la fabulosa riqueza española, la fabulosa riqueza española. En España ocurre lo mismo, hay unas regiones que tienen una personalidad fuerte, dentro del estilo general español tienen su estilo particular, que se debe convivir, que se debe compartir en vez de una homogeneidad o un aislamiento que sería suicida, formas todas ellas de provincianismo en el peor sentido de la palabra.

El problema de la integración europea es más complejo de lo que se dice. No es solo económico, no es solo administrativo. Es imperdonable el atenerse a esas dimensiones, que son muy importantes, que son relativamente fáciles. En poco tiempo se ha resuelto la integración económica de España y efectiva en la comunidad europea, pero ¿a costa de la pérdida del estilo nuestro y de los demás? Eso sería un mal negocio, un pésimo negocio. Es decir los españoles y los europeos dentro de unos años, al empezar el siglo próximo podemos ser menos de lo que somos o mucho más, ojalá sea esto último.



                                     El proyecto del mundo hispánico



Cuando hablamos del mundo hispánico hablamos de una realidad efectiva. Hay un mundo hispánico que existe, y no se entiende sin España. Esta expresión, mundo, que a veces se emplea inexactamente, como cuando se habla del Tercer Mundo, no existe porque no es mundo, los países que se consideran pertenecientes al llamado Tercer Mundo no tienen nada en común, no se parecen nada, no tienen comunidad de creencias, de ideas, de estilos de vida, en absoluto; a lo sumo sería un nivel económico semejante, que tampoco es cierto, pero eso no funda un mundo. En cambio el mundo hispánico sí, es un mundo coherente, con una serie de factores que son comunes, con creencias, ideas, estilos de vida, una lengua en la cual nos entendemos y que se extiende desde los Estados Unidos hasta el extremo sur, excepto el Brasil que tiene una lengua muy próxima, yo digo que es traslúcida.

El mundo hispánico es una realidad real y efectiva en la cual todos nos sentimos en casa, nos sentimos instalados. Cuando un español viaja por cualquier parte de la América de lengua española se siente como en diferentes habitaciones de una gran casa. Los hispanoamericanos tienen la misma relación entre sí, en los diferentes países o en España, no son extranjeros, yo empleo la palabra forasteros. Forasteros son los habitantes de una región cuando están en otra región del mismo país. Los hispánicos somos forasteros en los demás países del mundo hispánico, no me he sentido extranjero en ningún país de Hispanoamérica.

He dicho Hispanoamérica, tradicionalmente eran las "Indias"; cuando Colón llegó al continente americano creyó que había llegado a las Indias Orientales, a las únicas Indias que entonces se conocían, de referencias bastante remotas, los reyes se llamaban reyes de las Españas y de las Indias: "Hispaniarum et indiarum rex", después se fue generalizando el término América, que tiene un origen azaroso y luego se llamó América española, este uso que ha durado mucho tiempo, a finales del siglo XIX era el uso normal, incluso dentro de nuestro siglo, hablaba de América española Rubén Darío. Empieza a usarse menos, se emplea Hispanoamérica, a veces queriendo incluir al Brasil se dice Iberoamérica, es igual Hispania es el nombre latino, Iberia es el nombre griego, diciendo Hispanoamérica o Iberoamérica se incluye también el Brasil. "Una gente fortíssima de España", dice Camoens para hablar de Portugal, era una unidad, dice también Camoens: "Castellanos y portugueses, porque españoles somos todos", no hay distinción real entre Hispanoamérica o Iberoamérica.

Pero hay otro término que es que más se emplea ahora que es "América Latina" o "Latinoamérica", tiene un origen muy curioso. Napoleón III quiso intervenir en México. Por influencia suya y por presiones militares suyas se estableció el imperio en México con Maximiliano, que fue fusilado después en Querétaro, por la revolución encabezada por Juárez, y para justificar que Francia interviniera en México se forjó el término "América Latina" o "Latinoamérica", esto lo inventó Michel Chevalier, que era un ajente de Napoleón III, y es curioso que en una revista francesa en la cual se empleó por primera vez o las primeras veces el témino "América Latina", se dice: "L´Amerique Latine, c´est a dire le Mexique, l´Amerique Central et l´Amerique du Sud", porque había que explicarlo, pues nadie había oído hablar en esos términos, lo curioso del caso es que el término hizo fortuna en América, si hay un término colonialista es éste que fue forjado para justificar una intervención francesa en México e imponer el imperio de Maximiliano, sin embargo por razones varias es el término que se usa más en Hispanoamérica y en estos años por prescripción gubernativa se emplea más en España, se emplea mucho, yo no lo uso nunca simplemente por inexactitud, porque evidentemente nadie sabe latín, y en general nadie habla latín. En América lo único que podría llamarse "América Latina" es Quebec, pero nadie piensa en Quebec. Yo a veces cuando me habla de "América Latina", le digo: "se refiere usted a Quebec" y reacciona de un modo sorprendido porque no piensa en Quebec para nada.

Si ustedes miran la realidad verán que el único vínculo que une a los países de la América hispánica es lo español. América era un enorme continente, algo muy extraño, el mundo se había formado en torno al Mediterráneo, se conocía mejor o peor parte de lo que era Asia, se había llegado con Alejandro Magno hasta la India, había ciertas noticias de la China o del Japón, Cipango o Catay, el África mediterránea era bien conocida desde Egipto hasta el Magreb, pero había un continente que estaba ahí, que se conocía mejor o peor, todavía en los mapas europeos del siglo XIX había grandes espacios en blanco porque todavía no se habían explorado, y en algunos se decía: "ipsum leones" o "aquí hay leones".

Los habitantes de América se llamaron indios por confusión del descubrimiento, pues se creía haber llegado a la India, desde entonces hay indios orientales e indios occidentales. Los indios no tenían la menor idea de que existiera América, eran pueblos muy diversos, algunos grandes otros pequeños, muchos muy pequeños, fragmentados de una manera indecible, no tenían la menor idea unos de otros, no sospechaban lo que era el continente americano ni que configuración tenía, ni qué distancias podría haber, ni quien lo habitaba, hablaban, no centenares, sino millares de lenguas, muchas de ellas habladas en círculos muy pequeños y escasos, es decir los indios americanos pudieron hablar entre sí fuera de su pequeña comunidad cuando hablaron español. Lo que tienen que ver entre sí los pueblos americanos es lo que tienen de español, que estableció España un vínculo entre ellos, los hizo conocerse, tner acceso a una cultura nueva, cultura europea del Renacimiento, concretamente la española, la religión cristiana, la lengua española que se extendió muy pronto y que es la lengua propia de enorme parte del continente americano,

Si se elimina lo español, los países americanos no tienen que ver entre sí, ¿qué tiene que ver México con la Argentina o con Costa Rica o con el Perú. Por eso hablo de que hay un mundo, el mundo hispánico. He introducido hace muchos años una imagen botánica que explica muy bien, estoy contento del hallazgo, explica perfectamente la diferencia entre América del Norte y la América hispánica. En la América del Norte hubo un trasplante, las sociedades europeas, primariamente inglesas, muy secundariamente francesas u holandesas fueron trasplantadas a suelo americano, para fundar allí también sociedades también europeas que no tenían de común con América nada más que el territorio. En el caso de España la cosa fue distinta, los españoles hicieron un injerto. Había sociedades americanas que siguieron siendo sociedades americanas, modificadas, hispanizadas, con un injerto que es la introducción de un elemento dentro de una planta de yemas de otra, la planta injertada sigue siendo la misma planta, pero modificada. La agricultura usa el injerto constantemente y produce variedades más perfectas de plantas que reciben injertos.

Trasplante en una parte e injerto en otra son dos metáforas, dos imágenes botánicas que explican admirablemente bien la diferencia entre las dos Américas. Se va formando durante mucho tiempo una sociedad compleja, que es un conjunto de sociedades distintas, porque América era enormemente distinta, los pueblos aborígenes de América tenían dos grandes sociedades, con gobiernos relativamente homogéneos, el imperio Azteca en el norte, lo que fue luego la Nueva España, el imperio Incaico en el Perú, eran ambos muy complejos, los Aztecas ejercían una opresión muy violenta sobre los otros pueblos de la zona que fue después México, por eso colaboraron muchos de ellos con Cortés. Recuerden que Cortés conquistó ese fabuloso imperio con cuatrocientos cincuenta soldados, algo absolutamente inverosímil, pero naturalmente contó con el apoyo de los tlaxcaltecas y otros pueblos que sentían oprimidos por los aztecas.

Había diferencias muy grandes entre los diversos pueblos aborígenes, diferencias de magnitud, diferencias de etnia, diferencias de lenguas, con diferentes grados de desarrollo, desde un desarrollo considerable, político, social, artístico, económico bastante grande en México y el Perú, a condiciones muy primitivas en otros lugares, con diferencias inmensas. Esto es lo que los españoles llamaron principalmente poblar, se usa primero el conquistar cuando hay resistencias, luego el poblar y seguidamente evangelizar. El continente americano es en conjunto cristiano, católico en la porción hispánica, española y portuguesa, lo cual quiere decir que la evangelización fue el proyecto principal, se trataba de extender el cristianismo, precisamente a ese Nuevo Continente.

A esto no se le llamó nunca colonias, cuando se habla de las "colonias" y del "periodo colonial" es inexacto, la palabra "colonia" se empezó a utiliza después de la independencia de los países hispanoamericanos, en todo caso a finales del siglo XVIII como imitación a la colonización francesa o inglesa en Asia, por ejemplo en la India o en África. Esos territorios se llamaban provincias, eran virreinatos, eran reinos administrados por virreyes. Los reyes españoles nunca fueron a América por razones muy claras, razones evidentes, el viaje a América era muy largo, se tardaban meses, no tenía sentido que el rey se ausentara de España con los riesgos de la navegación y todos los problemas bélicos que podría haber encima para ir a América, además ¿qué sentido hubiera tenido? ¿dónde hubiera ido?, en tan inmenso territorio, incluso en la época del buque de vapor ir a la Argentina eran quince días. Era impracticable el que un rey conociera América, el primero ha sido Juan Carlos I, el avión es el que lo ha hecho posible.

Eran virreyes que gobernaban ese continente en nombre del rey, eran territorios, reinos organizados en virreinatos o capitanías generales o audiencias, según los casos, según la magnitud, según las épocas y por consiguiente eran países. Después de la conquista que fue muy breve, con fuerzas no oficiales, no eran ejércitos. Los cuatrocientos cincuenta soldados que llevó Hernán Cortés a México, las pequeñísimas fuerzas con las que Pizarro conquistó el Perú. Además nunca hubo guarniciones españolas en América. Había milicias para mantener el orden, compuestas por gentes del país: criollos, mestizos o indios, según los casos. Cuando se habla pues de colonias es una impropiedad lingüística.

El libro, realmente admirable, de Humboldt, que se publica en los últimos años del virreinato de Nueva España, hacia 1804: "Ensayo político sobre el Reino de Nueva España", dice que "México es la patria de los mexicanos" y dice que cuando él estuvo allí "de ningún gobernante, de ningún funcionario se decía que fuera corrupto" ¡las vueltas que da el mundo! Esta era la situación originaria y esto se mantiene incluso después de la independencia de la América continental en los primeros decenios del siglo XIX, en gran parte porque la invasión napoleónica hace de detonante del proceso. Había criollos prósperos descendientes de españoles que querían gobernar directamente, tener el poder en sus países sin depender de un poder desde España y cuando Napoleón invade España en 1808 entonces es cuando empiezan los movimientos de independencia porque el Rey está cautivo en Francia, hay una ruptura total y entonces sí, lo mismo que en España se fundan las Juntas provinciales y después la Junta Central para resistir la invasión, hay un fenómeno análogo en América, con el Atlántico por medio se convierte en un movimiento de independencia, de separación.

En Venezuela es uno de los primeros países en que empezó este movimiento: el gran personaje, la gran figura de la historia venezolana Andrés Bello escribe un texto que yo cito en uno de mis libros, proclamando la lealtad total de Venezuela a España y a su rey, justamente en el mismo año que empezó el movimiento independentista, en 1810 y es muy curioso que este gran venezolano Andrés Bello se va con una misión a Inglaterra y no vuelve nunca a Venezuela, está muchos años en Inglaterra, después se va a Chile donde ejerce una función muy importante muchos años y muere sin haber vuelto nunca a Venezuela. Nunca se explica esto muy bien, no lo voy a explicar tampoco, pero tengo ciertas sospechas, tal vez no estaba demasiado contento de como evolucionaron las cosas en la independencia.

Entonces ocurre una situación muy curiosa y es que se produce un movimiento de repulsa a España y a lo español, se produce un aislamiento que ha sido muy perjudicial para unos y para otros. España pierde el sentido de la cohesión, de la comunidad con los pueblos de América, pierde también su responsabilidad. España era responsable de ese inmenso continente.

Estos países además padecen por lo pronto la terrible fragmentación, lo que era una unidad, porque tenían un centro en España y una comunicación radial, diríamos, de España a todos los países hispanoamericanos, quedan aislados. Bolívar tenía el sueño de hacer una gran federación americana pero fracasó totalmente y el continente americano se fragmentó, algo parecido a lo que ocurrió a la caída del Imperio Romano, la gran fragmentación de la Romania, cada porción queda aislada de las demás, lo cual acarreó una terrible decadencia hasta la época de Carlomagno por lo menos. Esto ocurre también, pero entonces se quiere negar lo español, hay un movimiento de hostilidad a lo español, de ataque a lo español, que por cierto ha tenido una consecuencia poco esperada y no querida, y es que los extranjeros, los de otras lenguas, de otros países reciben eso pero lo aplican también a Hispanoamérica, a todo lo hispánico. Es decir la actitud de repulsa, hostilidad a lo español se extiende a todo lo hispánico, es un fenómeno curioso que ha dañado a los países hispanoamericanos que primero lo fomentan, lo proyectan sobre España pero luego recae sobre ellos. Esta es la situación general que en cierto modo se ha mantenido.

Hay un hecho también y es que vuelven los ojos, por ejemplo culturalmente a Francia o a Inglaterra principalmente, hay un desinterés por lo español, pierden el influjo español, no lo reciben con la intensidad que hubiera sido deseable la influencia de la cultura española del siglo XIX, incluso de comienzos del XX. España tampoco recibe en una forma adecuada la influencia de esa parte enorme, en extensión muy superior, en población pronto también superior que era la América hispánica, lo cual ha sido muy dañoso para todos.

Esto poco a poco se va superando, los americanos se sienten españoles. Andrés Bello escribió una admirable gramática: "Gramática de la lengua castellana para uso de americanos", una de las grandes gramáticas que se han escrito del español, está escrita para mantener la coherencia, la unidad de la lengua para salvar la unidad. Se van estableciendo relaciones lingüísticas y literarias, se van creando las academias de la lengua española en todos los países de América, que serán correspondientes de la Española, hasta llegar a la situación actual en que hay una comisión permanente y unas relaciones cordialísimas, constantes y muy intensas entre las diversas academias de la lengua. Se va superando, intervienen las facilidades de comunicaciones, se publican en unos países y en otros, los escritores hispanoamericanos publican muy principalmente en España, porque desde la ediciones españolas llegan a todos los países. Hay una industria editorial muy importante en la Argentina y en México, muy inferior en los demás países hispanoamericanos, los que circulan sobre todo son los publicados en Argentina y México. Los publicados en Madrid o en Barcelona tienen una difusión mucho mayor. Los escritores españoles también publican en América, colaboran en periódicos y revistas de Hispanoamérica. Hoy hay una unión mucho más profunda de la que ha habido.

A pesar de lo cual no es suficiente. Hay un cierto desconocimiento. Los españoles tienen una idea bastante vaga de América, empezando por algo que a mí me impresiona mucho que es la magnitud de los países, a lo mejor piensan que la Argentina y Nicaragua son comparables, no son comparables, empezando por el tamaño y siguiendo por las condiciones internas. Por ejemplo no conozco a nadie con el que ha hablado sabe que El Salvador tiene un densidad de población comparable a la de Holanda, que es uno de los países más densamente poblados del mundo, tiene una población mucho mayor que Nicaragua, país pequeño pero mucho mayor que El Salvador, de lo cual se derivan muchos problemas que no se tienen presentes.

Luego se difundió desde el siglo XVI, la idea hecha en general por países enemigos de España, no digamos Las Casas, la Leyenda Negra en la que los españoles exterminaron a los indios, pero resulta que hay millones de indios y lo que es más interesante millones de mestizos, más millones todavía, lo cual es el injerto biológico, el injerto que ve de un modo real y efectivo, pero se sigue diciendo que los exterminaron. Hay un historiador, de los Estados Unidos, por cierto que dice con bastante humor que si fuera verdad lo que se dice de España cada español hubiera tenido que matar un indio todos los días y diez los domingos.

Ahora se está deslizando la idea, por los medios de comunicación, de que los países de América son indios, parece que hay algunos blancos, algunos descendientes de españoles ahí superpuestos, por supuesto oprimiendo a los demás, sin duda ninguna. De modo ¿en qué quedamos? ¿los españoles exterminaron a los indios? o todos son indios con unas pocas excepciones. Habría que decir ¡pónganse de acuerdo!, todo naturalmente es falso, ni el exterminio de los indios, algunos, no tanto como se exterminaban entre sí, que se exterminaban concienzudamente, lean ustedes a los autores aborígenes.

Cuando se reprochan los exterminios de los indios en los Estados Unidos, es que había menos, no había muchos, en las zonas frías del continente la población era mucho menor. En el territorio actual de los Estados Unidos la población india era muy baja, en el Canadá todavía menos, en los extremos meridionales de América del Sur había también muy poca población indígena. La población estaba muy desigualmente repartida, estaba concentrada muy principalmente en las zonas tropicales y subtropicales. Tampoco es que los ingleses se dedicaran a exterminar así como así. Los habitantes de América son una mezcla de indios, mestizos, blancos y de los emigrantes que empezaron a llegar a América hasta hoy mismo: las ciudades gallegas más grandes son Buenos Aires y la Habana. ¿Por qué no ver las cosas como son, y no como se dice que son o como se quiere que sean o se inventan que son?

Pero el problema es esa realidad del mundo hispánico, que es una realidad, que son más de trescientos millones de personas, que son más de cuatrocientos si incluimos Brasil y Portugal, casi quinientos millones de personas, una proporción enorme del mundo con semejanzas sumamente profundas, que tienen lengua propia, no lengua oficial, ni lengua de las minorías intelectuales, ni de los funcionarios, son lenguas de los países. Ustedes pueden recorrer esa inmensa distancia, desde buena parte de los Estados Unidos hasta el extremo sur hablando como aquí, como estamos hablando ahora. Cuando viajo por carretera me emociona ver que los carteles son iguales, como si estuviéramos en Ávila o en Sevilla o en Badajoz o donde quieran y estamos en California o en Oklahoma o la parte sur de la Argentina o de Chile y en todas las zonas intermedias, lo cual es extraordinario.

Si en todo ese mundo se hablara por ejemplo francés, no podríamos aguantar a los franceses y nosotros casi nos disculpamos. La lengua es la misma y los libros son iguales y los entendemos todos, y si no hablaran de pájaros o plantas de un país, no sabríamos de qué país es el libro. Si leemos un libro de un autor que escribe un libro de pensamiento no sabemos de qué país es, como no nos lo diga el autor, a lo mejor llevamos doscientas páginas leídas de un libro y no tenemos ni idea de donde es el autor que lo ha escrito, porque es igual. Ustedes imaginen lo que significa.

Hay un repertorio de realidades que son comunes, propias, insisto en la propiedad de todos. Es evidente que el "Poema del Cid" les pertenece a los hispanoamericanos igual que a nosotros y a nosotros nos pertenece Rubén Darío o Borges o Mallea o los autores actuales, nos pertenecen igual, son nuestros también. El problema es que se vive al veinte por ciento o al treinta por ciento, pudiendo vivir para no ser utópicos al ochenta por ciento de nuestras realidades. ¿Es que no podría ser esto?

En conjunto hay muchos elementos que se oponen a ello, por ejemplo hay deficiencias que pudiéramos llamar técnicas, los libros no llegan fácilmente, por ejemplo es muy raro que la primera edición de mis libros llegue a la Argentina, la segunda sí. Una vez me ocurrió que un libro mío no llegó en su primera edición y de la segunda, que sí llego, se vendieron en poco tiempo dos mil ejemplares, que son muchos para un libro de pensamiento. A veces no se llega.

Un problema que está ocurriendo en Filipinas, el español no era la lengua del país, hablaban español las minorías, se hablaban leguas aborígenes, el tagalo la más importante, pero había otras, después hubo la ocupación americana, el inglés se ha difundido enormemente. Hoy se habla inglés mucho más que español, pero se sienten españoles muchas personas, el interés por España existe, tienen apellidos españoles la mayoría de ellos. Tuve una conversación con un ministro de asuntos exteriores de Filipinas, y le dije que deberían ir españoles a Filipinas a hablar en inglés, explicarles lo que era España, lo que era la cultura española o hispánica en general en inglés que es la lengua que entienden las grandes minorías y eso les dará interés por lo español y su recuperación, me dijo que era una buena idea pero no se ha hecho. Se podía haber hecho, faltan a veces desarrollos técnicos.

Había en todas partes de América una cosa llamada Instituto de Cultura Hispánica, que es un buen nombre, fue usado durante un tiempo de manera política y de propaganda, luego ya no, era bastante cultura hispánica, después esta institución ha tenido varios nombres y ha perdido bastante su función. En la medida que se conserva en América se sigue llamando igual.

Durante muchos años había un gran número de estudiantes hispanoamericanos que estudiaban en España. Cuando se viaja por América, al tratar con personas distinguidas en cualquier campo, la inmensa mayoría ha hecho estudios universitarios en España, esto ya no es cierto, el número es mucho menor, eso mantenía una conexión, una fidelidad mutua extraordinaria.

Hay ciertos factores que son técnicos, de mala organización, de mala administración que dificultan que se mantenga ese proyecto común. Por otra parte hay hostilidad, existe antiespañolismo, en España también, quizá principalmente y hay antioccidentalismo, las dos cosas y entonces evidentemente se trata de eliminar las conexiones, de disolver esa enorme unidad existente, parcial, múltiple, pero muy efectiva. Esta es la situación actual.

Vamos a entrar dentro de poco en el siglo XXI y me pregunto ¿qué va a ser el mundo hispánico en los años próximos? Hace falta por lo pronto imaginación. Ustedes imaginen el peso que tendría en el mundo si fuera coherente esa inmensa comunidad de más o menos quinientos millones de personas, la posibilidad económica de ese mundo. Ya está abandonada la idea de la autarquía, el que cada país se baste a sí mismo, pero he pensado muchas veces que cuando hubo aquella crisis, hace veintitantos años, la terrible crisis del petróleo por los países islámicos que tienen sus enormes reservas. Se me ocurrió si no sería posible que un país, por ejemplo como España se abasteciera de petróleo de los países hispanoamericanos que tienen grandes cantidades de petróleo, les pagaría con más gusto que lo que les pagamos a otros países, además me sentiría más seguro dependiendo de ellos que de países, por ejemplo, islámicos. Era una modesta propuesta que no se ha llevado a cabo. Es posible que hubiéramos aliviado la situación económica de algunos países se América y nosotros estuviéramos más seguros y por lo menos yo más a gusto.

Hace falta imaginación, hace falta un cierto proyecto capaz de ilusionar, capaz de entusiasmar a unos y a otros. En muchas publicaciones e instituciones se habla por ejemplo de literatura española y literatura hispanoamericana o "latinoamericana", esto no existe. Los departamentos en lengua inglesa se llaman "englisch" o como mucho "american englisch", pero es inglés y la literatura es de lengua inglesa y se habla de Shakespeare o de Marlow como se habla de Edgar Poe o de Faulkner o de Wilder, no hay una literatura española y una literatura hispanoamericana, hay una literatura, española en general, de lengua española, y hay varias literaturas particulares: mexicana, peruana, argentina, española..., que tienen peculiaridades, que tienen matices propios. No hay una literatura hispanoamericana, eso es una falsificación. Hay instituciones que cultivan eso, profesores que se hacen sus campos acotados y creen que prosperan de esa manera, pero es falso, no es verdad.

A veces preguntan en Estados Unidos si una persona va a aprender español de España o español hispanoamericano, perdón, eso no existe, podrá aprender la variedad del español mexicano, peruano, argentino o el español cubano, son variedades del español. No hay un español hispanoamericano y las diferencias que separan a unos de otros existen. Es evidente que entre México y la Argentina o México y Chile hay más diferencias que entre unos de esos países y España. Todo eso complica las cosas, introduce la falsedad, impide que vivamos juntos, juntos y distintos.

El problema es cuando decimos nosotros ¿qué queremos decir?, podemos decir nosotros los españoles, nosotros los venezolanos, nosotros los peruanos, pero lo fundamental es que digamos nosotros los hispanos, hay un nosotros más amplio que engloban las variedades. Rara vez se dice esto, rara vez se entiende como tal, y no me refiero a hacer discursos retóricos o asambleas de jefes de gobierno, que tampoco hay que desdeñar. Lo importante es vivir de esa realidad, utilizarla, ponerla en juego, vivir con todos los recursos de que disponemos.

El predominio del inglés ¿a qué se debe?, se debe a que es la lengua en la cual se entienden los ingleses y sobre todo los norteamericanos y los canadienses y los australianos... además es la lengua en que se escriben tantas cosas importantes, tantos descubrimientos y se inventan tantas cosas, cuando la gente lo justifica por el poder. Esto también es falso, nunca ha tenido más influencia Alemania que cuando estaba dividida, ocupada por Napoleón, al final de la vida de Kant y de los románticos, y esto ¿por qué?, porque estaba creando, porque la cultura alemana era formidable, porque había filósofos, poetas y músicos, científicos de primer orden, es lo que hace falta.

Veo una posibilidad extraordinaria, una posibilidad ilusionante que sería ese mundo hispánico en el cual estamos y España puede ser en cierto modo la clave de bóveda, el vínculo que une por los orígenes históricos, por los orígenes de la lengua, por una cierta atracción que lo español ejerce en los países de Hispanoamérica, salvo que sea un pedante, o un imbécil o se cree superior a los demás o que va a perdonarles la vida.

Lo que podría ser el mundo hispanoamericano como una gran orquesta, con diferentes instrumentos, con diferentes voces, con una mezcla racial que puede ser inconveniente o motivo de fricción, pero puede ser una riqueza para ensayar nuevas experiencias desde una visión u otra. Un país homogéneo tiene menos posibilidades que uno que tiene diversas posibilidades por sus diversos modos de ser, aunque haya problemas, haya fricciones, que son fecundas también.

Qué cantidad de cosas podríamos hacer juntos los que hablamos español y hay que añadir los que hablan portugués también si nos leyéramos, si pudiéramos leer todo lo que se ha escrito en nuestra lengua, si nos enteráramos de lo que se ha pensado, de lo que se ha descubierto, de lo que se ha creado en todos esos países. Tendríamos una realidad de una magnitud incomparablemente mayor que las demás naciones, que son intraeuropeas, son europeas y nada más, que no tienen esa enorme prolongación fuera de sí mismas, que es lo que llamamos el mundo hispánico.

¿Se va a hacer esto en el siglo XXI?, ojalá, el hombre es libre de hacer lo que quiera, lo bueno y lo malo, lo inteligente y lo torpe, tiene hasta la posibilidad de suicidarse. No estoy seguro, pero hay muchos síntomas de que esto va a ser mejor y que se pueda lograr esa gran orquesta hispánica.



                                                            La figura de la Monarquía





Por los azares de la historia España va a comenzar el siglo XXI con una Monarquía, que ha regido casi la historia entera de España. Desde la monarquía visigoda que fue la primera versión de una unidad española; muy grande como unidad política, solo comparable al imperio bizantino, a diferencia de la fragmentación de Europa después de la caída del Imperio Romano.

Después de la invasión musulmana en el siglo VIII fueron varias monarquías crecientes, empezando por la muy pequeña asturiana, dilatada después con una serie de incorporaciones, en oriente y en occidente de España hasta la recuperación de España en su conjunto, la famosa “España perdida”, en tiempos de los Reyes Católicos y desde entonces ha habido una Monarquía española.

No solamente reyes de España, de una parte de ella, sino de la totalidad, y esto no ha tenido más interrupción que una brevísima el once de febrero de 1873 en que se proclamó la República, que duró once meses. Fue muy complicada con cuatro presidentes del poder ejecutivo, no llegó a haber presidente elegido de la República.

Después hubo un periodo más largo, pero pequeño comparado con la historia de España, desde 1931 hasta 1975 en que se recuperó la Monarquía del rey Juan Carlos I. Es decir que salvo un periodo brevísimo de once meses y otro mucho más largo, pero repito, pequeño en comparación con la totalidad de la historia de España, ha sido España una Monarquía.

Ha habido sin embargo desde el siglo XIX movimientos republicanos. Reflejo en gran medida de la Revolución Francesa, que empezó 1789 como reforma de la Monarquía y finalmente significó el derrumbamiento de la Monarquía francesa y la proclamación de la República. Esta República no duró mucho y fue sustituida por el Directoria, luego por el Imperio militar de Napoleón.

Volvió a haber monarquía en Francia a la derrota de Napoleón en Waterloo. Se hizo una restauración, dentro de ella luego una revolución que puso a la rama más joven de la casa de Borbón, la casa de Orleáns hasta 1848, después hubo una brevísima república que terminó con un golpe de Estado de su presidente, que se convirtió en Emperador, el Segundo Imperio de Napoleón III, hasta 1870 en que la derrota francesa en la guerra Franco-Prusiana tuvo como consecuencia en Francia la caída del Imperio y la proclamación de la III República y la unión al Imperio Alemán, bajo el dominio de Prusia, de los territorios franceses de la Alsacia y la Lorena.

En España ha habido ciertos influjos de la Revolución Francesa, pero especialmente con motivo de la primera revolución del 1848 y después de la de 1870 la influencia francesa se incrementa, por la proximidad geográfica, hay desde el siglo XVIII una cierta imitación de Francia.

Por otra parte ha circulado mucho la idea de que la República es la forma “lógica” de gobierno, es una idea curiosa que tiene mucha fuerza en ciertos grupos de opinión y en cierto modo es así, parece que los habitantes del pueblo elijan a los gobernantes y a los máximos gobernantes, parece que tiene sentido y alguna razón. El problema está en lo siguiente: los presidentes de las repúblicas en principio son elegidos por el pueblo, realmente son elegidos por los partidos políticos.

La democracia existe con una estructura de partidos políticos que son los que articulan la opinión pública y son los que ejercen el poder, por eso el presidente de la república es elegido por los votos de todos pero suele ser el representante de un partido, como en el caso del presidente de los Estados Unidos que suele ser o “demócrata” o “republicano”. Luego pueden ser presidentes excelentes pero han sido elegidos como miembros de un partido, esto ocurre en todas partes. Ese carácter “lógico” de la república es cierto pero con la certeza de la razón abstracta.

Pero hay otra razón, que ha sido elaborada y nombrada en España por Ortega y que se llama “razón vital” o “razón histórica”, que es distinta de la razón abstracta. La Monarquía tiene un carácter distinto, conozco muchos países de América, que tienen muchos problemas, que miran con envidia España porque tiene un Monarquía, pero no se puede realizar en América.

La Monarquía nace históricamente en un proceso muy largo que hace que quede arraigada y tenga continuidad, aunque ha habido monarquías electivas como la visigoda en España o la monarquía de Polonia, tenían sus inconvenientes. El mecanismo hereditario garantiza la continuidad y pone a la Monarquía fuera de los problemas estrictamente políticos. En los tiempos anteriores la Monarquía era absoluta, que no quería decir “arbitraria”, cuando lo era, cuando era “arbitraria”, se desvirtuaba.

La Monarquía en España era absoluta en los siglos XVI, XVII y XVIII, no era en modo alguno arbitraria, era algo que se regía por normas. Jovellanos en plena invasión francesa hablaba de España: “lucha por su constitución”, que no era una constitución escrita, la primera fue la de las “Cortes de Cádiz”. La constitución, que señalaba Jovellanos, era la estructura que determinaba la organización de la actividad social de España y había unos Consejos que el rey tenía que tener en cuenta, normalmente el rey hacía lo que los Consejos decidían.

Era Monarquía absoluta en el sentido de que no había un poder superior al rey y a última hora era la última instancia de decisión. Hay un fenómeno sumamente curioso y es que cuando Godoy, en tiempos de Carlos IV, en los últimos años del siglo XVIII y hasta los primeros años del siglo XIX, hasta la invasión francesa, que es cuando gobierna Godoy, ejerce un poder personal. La debilidad de Carlos IV le permite gobernar. Se han escrito libros como uno famoso alemán de Marlow llamándole el primer dictador de nuestro tiempo, tampoco era eso, pero en definitiva tenía un carácter de usurpar la figura del rey. Es curioso que cuando se produce, el nueve de marzo de 1808, el motín de Aranjuez cae Godoy, sus adversarios llaman a su régimen: “la arbitrariedad” o “el poder arbitrario”, es decir Godoy hacía lo que quería, hacía su voluntad, esto no lo había hecho la Monarquía absoluta. En otros países más o menos, en España nunca.

La Monarquía significa que haya una magistratura independiente de los partidos, distinta de las diferencias políticas que representa al país en su conjunto, es fundamental ese carácter. En la medida en que no lo es, es una desviación de la Monarquía o una corrupción de ella. Que es lo que ocurrió cuando en 1814 vuelve Fernando VII a gobernar España.

No acepta la Constitución que han preparado para gobernar España las Cortes de Cádiz, encarcela a la mayor parte de los diputados que la llevaron a efecto y restablece el absolutismo, pero no el absolutismo legítimo del siglo XVIII, sino un absolutismo que se impone a la época, al espíritu de la época y a la voluntad de los constituyentes, y es una opresión. Entonces el rey toma partido por unos o por otros, participa en cierto modo en las luchas políticas y es una gravísima corrupción de la Monarquía que se produce desde 1814 y que no había existido antes. Es decir el rey tiene que ser rey de todo el país y estar por encima de las disensiones, de las luchas políticas, del partidismo, etc. Lo cual tiene un cierto precio. El precio es el de las monarquías constitucionales: la reducción de sus poderes.

El rey tiene pocos poderes, pero tiene continuidad. Un presidente de la República tiene un periodo limitado, normalmente es un periodo entre cuatro y ocho años, en muchos países no se puede hacer una reelección continuada, porque en caso contrario acaba en una dictadura. En cambio el rey tiene un mandato vitalicio y asegura la continuidad hereditaria. La continuidad tiene un valor, tiene una fuerza, sus potestades son menores, no son muy grandes. En una monarquía actual el presidente del gobierno tiene más poder que el rey, que puede mandar muy pocas cosas, pero tiene continuidad, tiene autoridad, tiene prestigio, eso que se llama "poder espiritual", que puede ser muy grande. Es un poder político reducido, un poder espiritual muy grande, uno de cuyos elementos, insisto, es la continuidad.

En el caso de España la monarquía ha sido restablecida en el año 1975, ¿porque?, porque había una larguísima tradición, porque España había sido casi toda su historia una monarquía. Por eso no se pudo inventar, no hubiera tenido sentido. Los países que eran monarquías antes de la guerra mundial, unos después de la primera y otros después de la segunda, han continuado con sus monarquías, unos no y han establecido repúblicas, y otros sí. Habría que investigar el destino que han tenido esos países según su forma de gobierno. Por ejemplo parece evidente que Bélgica sigue existiendo como país porque es una monarquía, porque la diferencia entre sus habitantes es grande entre valones y flamencos. No es probable que existiera la unión belga sino hubiera una monarquía, porque existe la corona, porque existe el rey.

En España se pudo reinstaurar la monarquía porque había existido siempre, con una interrupción desde el año 1931, pero con las medidas de la historia muy poco tiempo. Además existía la continuidad dinástica, con Don Juan, heredero efectivo de Alfonso XIII, el cual tenía a su vez un hijo.

Creo que el establecimiento de la monarquía en España era algo capital y sin ningún espíritu monárquico, que no era necesario tener y que muchos españoles no tienen, pero parecía evidente que España había sufrido algo gravísimo que fue una discordia, discordia que no es meramente lucha. La discordia es algo muy grave, consiste en que una parte del país no quiere convivir con otra parte del país, esto es lo que es gravísimo. En España no se había producido nunca esta situación. Cuando se habla de las "dos Españas", esto es falso, nunca ha habido dos España, ha habido "una España", con variedades, con diferencias, con oposiciones, con tensiones. Justamente se puede hablar algo de "dos Españas" en el reinado de Fernando VII, las consecuencias fueron las dos "Guerras Carlistas", que no habían tenido nada comparable en toda la historia de España.

La Guerra Civil de 1936 fue una profunda discordia, España quedó dividida mucho más que en la Guerras Carlistas. Había dos zonas intransitables, que no representaban la voluntad de los españoles de cada zona, cada uno estaba en la zona que la guerra lo sorprendió. Había gentes que se sentían oprimidos en la zona que le tocó, pero se había producido una profunda discordia, que afectó a la totalidad de la población, cosa que no ocurrió en la Guerras Carlistas.

Después de la Guerra Civil surgió un régimen que representaba a uno de los dos bandos de ella, que hizo una distinción entre los españoles de manera tajante y mantuvo, aunque de manera atenuada, una huella profunda de discordia. ¿Como se podía superar esto?, pensé hace muchos años que la única manera de hacerlo era mediante la monarquía.

Imaginen que después de la muerte de Franco se hubiera instaurado una república, hubiera habido un presidente que hubiera representado a un partido, a una fracción de la opinión. Hubiera sido uno de los herederos de uno de los beligerantes, fuera cual fuera su buena voluntad, hubiera supuesto el triunfo de uno de los dos beligerantes de la Guerra Civil, es decir no se hubiera podido superar la discordia. No hubiera sido posible la reconciliación, la superación plena de aquella situación.

Solamente la presencia de un rey que no fuera representante de un de los bandos de la Guerra Civil" podía superarla, y podía ser un rey de todos los españoles y partir de una situación nueva, de una situación que dejara atrás las huellas de la Guerra Civil y la discordia.

La monarquía se estableció hace más de veinte años, hace más de cuarenta que veía esto claro. Esto ha ocurrido y ha demostrado ser eficaz, aunque sería ingenuo decir que se han borrado todas las huellas de la discordia pasada, esto sería falso, pero la discordia sí, esto ha sido superado.

De vez en cuando hay personas que quieren resucitarla, que quieren volver a ella, borrar la realidad. Me angustia pensar que después de tantos años de mentiras se vuelvan a otras mentiras.

Si al cabo de sesenta años no se puede decir la verdad; me parece necesario, absolutamente necesario decir la verdad para curar las heridas, hasta las cicatrices. Pero esto en conjunto se ha producido y llevamos más de veinte años de estabilidad en que funcionan los resortes de la democracia, con sus alternativas y sus dificultades, sus problemas. Hoy sería inconcebible que hubiera un enfrentamiento, una discordia entre españoles. Este es el horizonte en que podemos considerar el próximo siglo. No hay ningún motivo para que esto continúe y continúe perfeccionándose.

¿Cuál sería la manera para que esto fuera así? He pensado mucho en ello para que la monarquía actual adquiera una mayor plenitud. Recuerden ustedes que en los años inmediatos al reestablecimiento de la monarquía en España, en los años que se han llamado de la "transición" se discutía como debía ser el rey de España. Había una discusión que me parecía entre grotesca e indignante, sobre si debía ser un rey "escandinavo" o un rey "árabe", me parecía tan estúpido...Recuerdo que escribí un artículo diciendo que ni escandinavo ni árabe, el rey tiene que ser un rey español de finales del siglo XX, lo que hace falta es cierta originalidad. Hay que inventar una forma de rey que sea español de finales del siglo XX, ¿por qué va a ser escandinavo o árabe?

Esta pretensión mía de originalidad irritó a algunas personas, incluso a algunas muy estimables, parece que eso de ser original es un poco irritante. La originalidad evidentemente irrita a muchas personas, lo hemos padecido, si ustedes piensan en la Constitución, en la que participé mínimamente en su génesis, mucho más como escritor que como senador, eso no cabe la menor duda. Irritaba la pretensión de originalidad y es curioso como en la Constitución se nota eso, la Constitución es poco original, lo señalé y lo dije.

Ha habido una tendencia a imitar, a imitar otras constituciones, ¿son tan buenas, son tan perfectas?, en todo caso la nuestra iba a ser posterior, además era de España. España es un país que tiene diferencias respecto de los demás, además era un momento de la historia de España que no coincidía con el momento en que fueron hechas las constituciones de otros países. Me parecía importante que fuera original, pensarla en vista de las circunstancias.

Hacer una Constitución que se adaptara a la realidad española. Escribí muchos artículos con el título "La España real", quería ver cómo era España, auscultar España, expresión que empleé entonces.

Es curioso que esta serie de artículos sobre los problemas españoles concretos, empecé a escribirlos en 1974, y hubo una larga serie que tenía un pretítulo que era "Hacia 1976". No soy profeta, ni hijo de profeta, no sabía lo que iba a pasar, pero por razones históricas, por razones generacionales estaba convencido que el año 1976 iba a ser decisivo y que se iban a producir cambios sustanciales en España y por eso mis artículos se titulaban "Hacia 1976".

Me dediqué a estudiar los problemas, lo que se había ido conquistando de libertad, que era bastante, no política todavía, pero sí social y personal. Cuáles eran los problemas más acuciantes de esos años. El principal problema con que se iba a encontrar España era el problema regional, siento no haberme equivocado, pero así ha sido.

Entonces había que pensar sobre qué figura habría que tener la monarquía, qué podía ser, qué debía ser. Mi idea era la siguiente: el rey no debe tener mucho poder, en todo caso no poder político. Empleaba una fórmula: cuando se habla del Rey, es como Jefe del Estado, sin duda que lo es, pero es algo más importante: Cabeza de la Nación.

El Rey no pertenece primariamente al Estado, es decir a la esfera de la organización política, es "Cabeza de la Nación", pertenece más a la sociedad, por eso es esencial que tenga una cierta ejemplaridad, por eso es fundamental que tenga prestigio, que tenga autoridad, más que poder. El poder puede estar limitado, tiene que tener autoridad, tiene que tener prestigio, es decir poder espiritual, tiene que aprovechar la continuidad, quiero decir tienen que estar en sus manos aquellas cosas que requieren continuidad. Pensaba por ejemplo esto: los aspectos de la cultura deben estar confiados a la dirección, por lo menos superior del rey, no deben cambiar.

Las instituciones culturales no deben estar expuestas a un cambio de partido. Hay elecciones, cada cuatro años se producen, dan un resultado que puede ser distinto, se puede cambiar un equipo de gobierno, se puede cambiar una orientación política, esto es perfectamente legítimo y necesario. Hay ciertas cosas que pertenecen a la cultura total de un país, esas no tienen por qué cambiar, pueden cambiar porque lo exigen las condiciones, porque se mejoren las cosas, no por cambio político. El cambio político no debe afectar a la vida y a la continuidad de la cultura y de sus instituciones. Esto se puede poner en manos del rey.

En la Constitución le pertenece al rey, eso está puesto en la Constitución, la alta dirección de las Reales Academias, algo es algo, pero por qué solo las Reales Academias, es evidente que el conjunto de la cultura española debería estar a última hora bajo la inspiración, bajo la dirección del rey y por debajo los cambios que las cosas requieran.

Hay otro problema como representante y símbolo de la nación. ¿Solo de la nación?, pero es que España no está sola. Hablamos el otro día de esto, España es el mundo hispánico, España no termina en España, porque no termina en nuestra lengua, porque no termina en nuestra cultura, porque nuestra historia ha sido compartida con todos los países americanos. Es decir España no puede ser nunca España sola.

Son países independientes, ¡claro está!, ningún español puede mandar sobre ellos, pero el rey puede ser representativo, por ser el continuador de los que han sido reyes de todo ese continente, por consiguiente el rey de España puede tener la representación, no el mando, no ningún tipo de poder, pero sí la representatividad del mundo hispánico como tal, cosa que acepta el hispanoamericano precisamente porque no tiene ningún tipo de poder, no hay recelos porque no pertenece a un partido. Esa función de representatividad del mundo hispánico me parece legítima, importantísima, necesaria y que solamente el rey puede representar. Ahí tienen ustedes otra función capital, no solo una representación honorífica o simbólica de ser España en cuanto tal, es algo más. Eso sería importante y creo que tendría un interés extraordinario, además de hecho así funciona.

Ya les dije aquí que he coincidido con los reyes en tres países hispanoamericanos, en el Perú, en la Argentina y en Puerto Rico y la impresión de los tres países, unánimemente, no era decir que venía un jefe de estado extranjero, ni siquiera el Rey de España, sino que "llega el Rey", y la Reina naturalmente. Es decir eran los herederos y representantes de los reyes antiguos de aquellos países. Eso solo lo pueden hacer los reyes de España. Eso existe en cierta medida con la reina de Inglaterra y la Commonwelth, aunque hay ciertos movimientos que quieren desprenderse de esa relación, temo que no saldrían ganado mucho, que no sería un gran negocio pues esa relación les da coherencia, les da fuerza, incluso más prestigio. En esto no entro ni salgo.

Pero respecto del mundo hispánico si me parece que debe tenerse en cuenta pues sería muy beneficiosa, no solo para España, sino para la totalidad del mundo hispánico que se sentiría personalmente representado, institucionalmente representado por una corona que no tendría ningún poder sobre los países del otro continente.

Como saben ustedes en la discusión de la Constitución hubo esfuerzos enérgicos, el partido socialista propuso el establecimiento de la República, con un presidente elegido por seis años, precisando hasta el último detalle el procedimiento de la elección. Luego no pusieron gran empeño en defenderlo, me parece que lo debían haber defendido. La cosa era tan seria y tan importante que el luego no insistir en ello me pareció poco leal. Lo hicieron a cambio de que el rey tuviera las menos funciones posibles, y esto tampoco me parece bien. Es decir si la monarquía es conveniente, es importante, no se trata de que haya un mínimo de Monarquía, sino un máximo de calidad y de eficacia. El poder de la monarquía puede ser muy reducido, pero ese poder se puede poder ejercer perfectamente, ese poder que está establecido.

Había gente que era hostil a la Monarquía y había gente que estaba entregada o con cierta pasividad. No se insistió mucho en precisar las funciones del Rey, que no están precisadas. Ustedes saben que se dice en la Constitución que el Rey regula y modera, y una serie de fórmulas un poco vagas, y hay que preguntarse ¿y cómo lo hace?

La constitución está llena de principios relativamente vagos que se desarrollan en lo que se llama "Leyes Orgánicas", que dicen como se establece lo que la Constitución dice de un modo general, sobre cuestiones de trabajo, de educación... Creo que hace falta una Ley Orgánica de la Monarquía que explique como el rey regula y modera eso que la Constitución encarga regular y moderar. Llevamos más de veinte años y no se ha hecho. ¿Por qué no se ha hecho? Se debería hacer según la Constitución dice, pero eso hay que articularlo, hay que realizarlo en forma de Ley Orgánica como todo lo demás. Hay todo un montón de Leyes Orgánicas que se han ido haciendo, aunque algunas están pendientes como en el caso de una Ley de Huelga que es tan urgente.

La huelga es una invención del siglo XIX. La huelga era un conflicto entre un patrón y unos obreros, había un forcejeo, dejaban el trabajo, haber quien resistía más. Había pérdidas para unos y para otros, y esto al final se decidía ¿Qué tiene que ver una huelga actual con lo anterior. No hay un patrono, los obreros son grandes organizaciones sindicales. ¿Afectan al patrono?, no, a veces incluso le conviene, afectan a millares, millones de personas que no pueden circular por las carreteras, que no pueden tomar el autobús, que no pueden ir en el Metro, que no pueden volar o aterrizar, que no pueden comprar lo que necesitan, que no pueden intervenir en el conflicto, que no tienen la menor idea de qué pasa y quien tiene razón y que tampoco pueden actuar en ello, ni corregirlo. A veces esto afecta a varios países. Una huelga de estibadores origina una crisis económica en medio mundo. Habría que determinar el derecho de huelga con los deberes correspondientes, los límites y las condiciones. Por lo visto nadie se atreve a hacer una Ley de Huelga que es urgente. Es un ejemplo para orientación de lo que quiero decir.

Por la misma razón creo que haría falta una Ley Orgánica de la Corona que determinara con precisión qué es lo que el Rey debe hacer y no debe hacer. Cuando el Rey tuvo una intervención, por supuesto constitucional como Jefe Supremo de la Fuerzas Armadas, en el famoso 23F, en el año 1981, fue aplaudido por todo el mundo, por todo el mundo que no quiere que haga nada.

Recuerdo que dije en un artículo que la gente quiere que el Rey sea "Bombero Mayor del Reino", no parece justo, por qué se le va a pedir que sea "Bombero Mayor del Reino", pero en cambio se le deben reconocer sus facultades y sus derechos, y si nos alegramos que tuviera aquella intervención. Tendría que estar regulada, debería haber un "modus operandi" que determine como puede y debe hacer eso que hizo aquel día: cumplir la Constitución y haciéndola cumplir.

¿Cómo vamos a enfrentarnos con el siglo que está tan próximo? Es necesario garantizar la continuidad con una intensificación, una depuración de la institución monárquica y habría que asegurar la plenitud del ejercicio de sus funciones, que son suyas. No debe extralimitarse, no debe salirse de ellas, no deben invadirle sus propias funciones. No debe haber un poder, legislativo, ejecutivo o judicial o lo que sea que intervenga y que invada las funciones propias del Rey. La cuestión es que las cosas estén claras, precisas y que funcionen con normalidad, que se sepa cómo debe funcionar. Esto me parece urgente.

No creo en el dicho de cuanto menos Monarquía mejor, no, es cuanto mejor Monarquía mejor, lo cual no quiere decir más, sino mejor calidad, más escrupulosa atención a sus funciones, quiere decir mayor prestigio, mayor apoyo, mayor eficacia.

En muchas partes, lo he percibido en mis viajes por diferentes lugares hay una cierta envidia de la situación española actual, de los últimos años. Es evidente que ha habido un ejemplo de un cambio muy grande, un cambio enorme, del Estado y de la sociedad producido sin violencia, producido sin alteraciones, es decir sin vidrios rotos. Incluso con un temple social, recuerdo los primeros años en que hubo cosas nada agradables, por ejemplo huelgas perturbadoras que la gente soportó con bastante calma y serenidad. Yo decía: "los españoles no quieren enfadarse", y era verdad, y sigue siendo verdad, todavía no quieren enfadarse, pero hay que procurar que no se enfaden, que no tengan motivo de enfadarse.

Esto me parece capital, es decir esta concordia restablecida en España hay que conservarla como lo más precioso que tenemos. El que España sea España en concordia, que los españoles convivan absolutamente, con todas sus diferencias, con divergencias, con intereses que pueden estar contrapuestos, pero en cuanto a la convivencia que a nadie se le ocurra excluir a nadie. Esto en una proporción muy alta es consecuencia de la Monarquía y se mantendrá en la medida que el Rey ejerza esa autoridad, esa ejemplaridad de la que les hablaba.

Hace bastantes años, encontré, tengo unos cuantos manuscritos muy curiosos del siglo XVIII. Tengo un manuscrito maravilloso que edité y luego fue el núcleo de un libro que publiqué: "La España posible en tiempo de Carlos III", era un escrito de 1773, admirable por cierto que comentaba Cadalso, no sabía de quien era, no estaba firmado, lo era con un seudónimo: "Pedro Fernández". Se ha averiguado por fin su autor que era Antonio de Capmany, un escritor de Barcelona sumamente interesante.

En este escrito había cosas muy valiosas, sumamente interesantes, de un patriotismo español vivísimo y de un patriotismo de la época, un patriotismo del siglo XVIII y de un patriotismo europeo. En ese manuscrito estaba esta frase admirable: "Europa es una escuela general de civilización", no está mal la frase, pues bien, tenía otro manuscrito anónimo sobre el "Motín de Esquilache", que se produjo en Madrid cuando se dio la orden de cortar las largas capas que llevaban los madrileños y apuntar con unas puntadas los sombreros "Chambergos" que ocultaban la cara y que la gente cometía delitos con su uso. Pensaban las autoridades que esto era poco europeo y poco moderno. En los portales había dos guardias con un sastre y cuando un madrileño llevaba la capa y el sombrero muy grandes, le cortaban la capa y le apuntaban el sombrero y lo dejaban ir, o dejaban ir hasta que se amotinaron entonces hubo un lío y algunos muertos, un tumulto terrible, fue el famoso "Motín de Esquilache".

Lo curioso del caso es que clamaban contra el gobierno, dando vivas al Rey, clamaban contra el ministro Esquilache y el gobierno en general pero daban vivas al rey y la cosa se apaciguó cuando Carlos III apareció en el balcón de Palacio y recibió una comisión. En el manuscrito lo cuenta con pelos y señales, y lo publiqué. Pero lo interesante era eso, la diferencia entre el Jefe del Estado y la Cabeza de la Nación, apelaban del Estado a la sociedad, del gobierno del ministro Esquilache al Rey, y daban vivas al Rey frente al gobierno.

Esto me pareció en un documento tan vivo la diferencia de como la función de la Corona, además de ser Jefe del Estado, no es la más importante, la más importante es la de ser Cabeza de la Nación, pertenece a la sociedad, no al Estado, no a la política, no al gobierno. Y esta es la función capital, la función principal. Creo que sería menester darse cuente de eso y robustecer la Monarquía.

Por eso el Rey no necesita más poder, hace falta que funcione como Cabeza de la Nación, que tenga ejemplaridad, que sea apoyado, que sea respetado, que tenga prestigio, en suma que tenga poder espiritual, que es el más importante y el fundamento de todos los demás.



                                                Superación o triunfo del particularismo



Voy a hablar de una cuestión que me parece de gran importancia para el horizonte español del siglo XXI. Voy a hablar del particularismo, que es un fenómeno que se ha dado en España hace ya bastante tiempo, especialmente hace un siglo, aproximadamente. En los últimos decenios del siglo XIX aparece un cierto particularismo, especialmente en Cataluña y en el País Vasco, que no había existido antes.

Empiezan a surgir diferentes movimientos que toman distintos nombres, se llaman regionalismos, se llaman catalanismo en Cataluña, luego aparecerá un bizcaitarrismo, nombre que empleaba a fines del siglo pasado en el País Vasco, que después se llamó nacionalismo. Son diferentes movimientos de particularismo. Estos son los más acentuados, los más visibles, pero recuerdo que en “España invertebrada”, Ortega había hablado de una tendencia al particularismo, que afectaba, no a las diferentes partes del territorio, sino también a grupos sociales, a clases sociales.

Había un particularismo de los eclesiásticos o de los militares o de los obreros; diferentes formas de particularismo, es decir el que una parte de una sociedad no se vea como una parte de un todo, de una estructura superior, sino como un todo y entonces se propende al aislamiento a plantear los problemas desde un punto de vista particular. Esto se daba en muchos momentos y citaba un par de versos del siglo de Oro: “Está una pared aquí de la otra más distante que Valladolid de Gante”, esto indica una actitud humana que produce en muchas ocasiones. Tiene que ver con otro concepto que Ortega, con gracia, nombraba que es lo que llamaba provincianismo.

Ortega señalaba que el provincialismo es algo legítimo, importante y real, todos somos provincias del mundo, todo país en una provincia de una unidad superior. Pero una cosa es ser provincial y otra ser provinciano, que tiene un carácter peyorativo: “provinciano es el que cree que su provincia es el mundo y su pueblo una galaxia”. Este es el particularismo que es peligroso. Sus antecedentes son muy antiguos y son bastante ejemplares.

La España de la Reconquista se fue organizando mediante un sistema de incorporaciones de los diversos territorios que se habían ido reconquistando a los musulmanes desde Covadonga hasta los extremos orientales de los Pirineos. Se había realizado incorporaciones sucesivas: dos pequeñas unidades se unen para realizar una tercera que englobe a ambas, que superviven, que siguen existiendo dentro de la unidad superior.

Serían Asturias y Galicia, Asturias y León, luego León será el centro, luego León y Castilla, luego Castilla y León con un predomino castellano, luego Castilla la Nueva que se una a la Vieja, lo mismo con Castilla Novísima o Andalucía. En el oriente pasa lo mismo, habrá los condados catalanes que unen luego baja el de Barcelona, habrá luego el pequeño reino de Aragón, hasta la formación de la corona de Aragón propiamente dicha, luego se añadirá Valencia… y finalmente la gran incorporación definitiva de fines del siglo XV de Castilla y Aragón, los grandes reinos medievales y se formará la unidad de la nación española, la España recuperada, recobrada después de haber sido perdida.

Mientras tanto, lo curioso del caso, que por lo pronto desde la invasión musulmana hasta muy avanzado el siglo XI, principalmente es la España musulmana o Al-Andalus. La palabra España desde el año setecientos y poco hasta el año mil cien, quiere decir la España musulmana, pero el gran Califato de Córdoba también se fragmenta y se divide. Entonces empieza un periodo inverso al de incorporación: es la aparición de los Reinos de Taifas y la España musulmana se fragmentan una multitud de pequeños reinos, llamados reinos de Taifas, el resultado naturalmente fue el triunfo de los reinos cristianos en la Reconquista y el año 1492 se produce la expulsión del último rey moro de Granada, con lo cual se completa la España cristiana recobrada.

El particularismo musulmán que frente a la tendencia incorporativa cristiana, terminó con el triunfo cristiano, como era de esperar. He ahí la demostración de los peligros del particularismo.

Desde fines del siglo XIX y principios del XX se ha producido una tendencia al particularismo, reducido en principio a Cataluña, al País Vasco, más tímidamente en Galicia. Luego aparece el espíritu de imitación y se ha producido un particularismo en regiones que no se habla más que el español. Es el caso de Castilla la Vieja, en que la provincia de Santander y Logroño se han separado del conjunto regional y se han constituido en comunidades autónomas, se han desgajado de Castilla y hay una comunidad llamada Cantabria y otra llamada La Rioja, que es el nombre de una comarca, famosa por muchas cosas, entre ellas por sus excelentes vinos.

Me interesa señalar la tendencia al particularismo en las porciones geográficas de España, pero que también se da en grupos sociales distintos que tienen una actitud de particularismo con tendencia a olvidarse del conjunto, de la totalidad. Esto me parece peligroso.

Desde hace ya muchos años escribí una serie larga de artículos sobre Andalucía, sobre la que tengo mucha pasión, aparte de que la mitad de mi sangre es andaluza. Escribí una serie larga de artículos en el año 1965 y luego escribí una serie de quince artículos sobre Cataluña, que en 1966 publiqué en forma de libro. Uno se llamaba “Nuestra Andalucía” y el otro “Consideración de Cataluña”. Han tenido varias ediciones, la última sobre Cataluña es muy reciente. La he reeditado sin cambiar una sola palabra. Lo escribí en el año 1965 y no he cambiado una sola palabra.

En el año 1965 planteaba muchos problemas que en esos años no se hacía, ni se planteaban por nadie. Pero a medida que fue pasando en tiempo mi preocupación fue aumentando. Veía que había un riesgo. La situación de España caminaba hacia una situación que me parecía deseable y mejor, estaba en una actitud esperanzada pero al mismo tiempo no dejaba de advertir riesgos y peligros. Y desde el año 1974 escribí bastante sobre los problemas regionales españoles, diciendo que eran los más importantes. Esto lo creía entonces y escribí una larga serie de artículos con el título “Hacia 1976”. No porque tuviera dotes proféticas, que no tengo, sino por razones intelectuales, en gran parte generacionales.

Estaba convencido que en el año 1976 se iban a producir cambios importantes en España como resultó así y después he seguido escribiendo sobre ello. Por ejemplo cuando se discutió la Constitución hubo un primer borrador, la que preparó la llamada “ponencia”. Los periodistas llaman a los miembros de la ponencia los “padres de la Constitución”, no sé por qué, yo tengo una idea de la paternidad bastante distinta. En ese proyecto de Constitución desaparecía la palabra Nación dedicada a España, desaparecía absolutamente.

En una situación para mi atroz escribí un artículo pensando que si no lo hacía, si no era capaz de escribir sobre aquello me iba a avergonzar el resto de mi vida, y escribí sobre ello. Ese artículo y unos cuantos más, algo sirvieron y hay un artículo en la Constitución en el que dice que España, la Nación española es una, indivisible patria común de los españoles, bueno ¡ahí está por lo menos!

No prosperó el primer proyecto de Constitución, que tiene muchos defectos que conozco bien, pero en definitiva es bastante aceptable. Tiene una ventaja frente a otras en que no es una constitución de un partido. Fue aprobada por todos los españoles con reservas, con descontentos, pero en conjunto fue aceptada y es el marco jurídico de la convivencia española y el deseo años de salud, aunque no me gusta enteramente como dije entonces.

Pero se deslizó después una idea que me parece muy bien, que es la idea de la autonomía de las regiones. Las regiones son muy reales y he escrito desde siempre que la región que no tenía realidad jurídica ni política en España. Desde que se hizo la división provincial en 1835, España se dividió en cuarenta y nueve provincias. Recuerden ustedes a Machado: “Madrid rompeolas de las cuarenta y nueve provincias españolas”, luego fueron cincuenta porque en tiempo de Primo de Rivera, en el año mil novecientos veintitantos la provincia de Canarias se dividió en dos por la rivalidad permanente y un poco cómica entre las islas principales de Canarias.

Se desdibujó la realidad de las regiones que son más reales que las provincias. Las provincias tienen realidad sobre todo la han adquirido por el paso de los años. Tienen mucho tiempo de existencia jurídica, pero con todo, las regiones son más reales que las provincias. Es evidente que Cataluña es más real que Tarragona o Castilla es más realidad que Burgos o Valladolid o Andalucía es más real que Huelva o que Sevilla, y así sucesivamente, son más reales. Y me parecía muy bien que tuvieran una personalidad jurídica y un grado de autonomía y de administración propia, de disponer de sus destinos en todo lo que es particular y local.

El reconocer la pluralidad de España, el reconocer la fuerte personalidad de sus regiones es un acierto. Lo malo es que se deslizó una palabra a la cual me opuse tenazmente, en el senado y mucho más tenazmente en mis artículos, es la palabra “nacionalidades”, lingüísticamente inadecuada, nacionalidad es la condición de lo que es nación. Se podrá tener nacionalidad española, nacionalidad búlgara o nacionalidad alemana. Pero aplicar el término nacionalidad era algo inexacto, históricamente infundado, injustificado, me pareció un error.

La palabra región es una palabra nobilísima, excelente, admirable, utilizada desde siglos, no había nada que objetar. Esas regiones podían ser autónomas y creo que debían serlo, y gozar de una autonomía que podía ser muy amplia. Pero creía que la palabra nacionalidad era un eufemismo hipócrita, se quería decir nación, no se podía hacerlo, pues nación no hay más que una, que es España. Estaba seguro que luego se iba a hablar de naciones. Esto lo señalé largamente pero al final triunfó el criterio de admitir la palabra. De una manera extraña, pues la constitución habla de nacionalidades y regiones, distinguen unas de otras y ahora se habla de “comunidades históricas”, que resulta que no son ni Castilla ni Aragón, lo cual me parece bastante increíble. No son comunidades históricas.

Hay un problema bastante serio. Vamos a no engañarnos porque me parece inútil. Es evidente que se ha realizado la interpretación nacionalista de las regiones, de algunas regiones, con una curiosa tentación y es que las que están en los antípodas de esa actitud, parece que si ni son en alguna manera nacionalistas son menos, lo cual es completamente ridículo.

La palabra nación adquiere su sentido moderno muy a fines del siglo XV y nunca antes había habido naciones. Había otro tipo de relaciones, otro tipo de estados y otro tipo de relaciones de los individuos con los estados. Es evidente que Atenas no era una nación, ni las ciudades griegas ni la Hélade en su conjunto, ni Roma con la monarquía, ni con la república, ni con el Imperio. Ni era una nación el Califato de Córdoba, ni el de Bagdag tampoco. Ni era nación Castilla, ni Aragón, ni ninguna de sus partes. Es decir naciones no ha habido nada más que en Europa y desde fines del siglo XV. Primero España y Portugal, poco después Francia e Inglaterra, luego las demás y mucho más tarde Alemania e Italia en torno a 1870.

Se ha producido un fenómeno inquietante, que es que en algunas regiones españolas se ha extendido una actitud que consiste en que el que no se pliega a las exigencias nacionalistas es menos leal a su región. Lo cual es absolutamente falso y hay una especie de coacción social, que a veces es educativa, que es política, que es económica. Fenómeno muy característico en España y fuera de España del cual he hablado alguna vez, que es la opresión de las mayorías por las minorías. Las mayorías han solido oprimir a las minorías, eso es viejo como el mundo, pero lo que es característico de nuestra época es la opresión de las mayorías por las minorías.

Hay minorías de todo tipo. Hay dos factores para que esto sea posible. El mundo ha cambiado mucho, hay muchas cosas que no pasan como pasaban habitualmente, incluso hay que revisar los conceptos sociológicos, porque en nuestra época las cosas funcionan de otro modo. Por ejemplo los cambios de las vigencias eran muy lentos, los cambios de las vigencias sociales han sido muy lentos, ahora son muy rápidos. Decían los griegos: “Los molinos de los dioses muelen despacio”. Pues se han acelerado, en gran parte porque hay dos factores nuevos y es menester tenerlos presentes, uno de ellos es la organización.

El mundo era muy poco organizado, las organizaciones eran espontáneas, difusas, bastante vagas, pero hoy el mundo está lleno de organizaciones que proliferan por todas partes. Se llama organización a todo. Hay una cosa que se llama las ONGS, organizaciones no gubernamentales, ¿y eso qué quiere decir?, no quiere decir nada. He dicho varias veces por escrito que pueden ser las Monjas Reparadoras o una sociedad de beneficencia o una organización terrorista o la Mafia. Todas ellas son organizaciones no gubernamentales. Porque como Kant sabía bien lo negativo es infinito.

La organización tiene mucha fuerza, es algo realmente increíble, porque agrupa a las cosas, inmediatamente adquiere un tipo de personalidad, de expresión y ejerce su influjo. Además hace falta la otra potencia que es la publicidad. Imaginen la Monarquía absoluta hasta el siglo XVIII. El rey tenía un poder absoluto, no es que hacía lo que quería porque había normas, leyes, consejos, pero en fin ninguna autoridad estaba por encima, pero el poder que tenía era muy pequeño, sobre todos las “potencias”.

He distinguido hace muchos años, yo he hecho todo hace muchos años, entre el poder y las potencias del Estado. El poder es la capacidad de mandar, las potencias son las capacidades de hacer cosas. En la Monarquía absoluta el poder era muy grande. No se podía ir contra el poder del rey, contra el poder del Estado, era enormemente sólido. Mandar, mandaba, pero tenía muy pocas potencias, podía hacer muy pocas cosas. No tenía apenas funcionarios, no tenía dinero. Las cantidades que manejan los estados actuales, todos, son incomparables con los caudales que disponían los estados, faltos siempre de dinero, con mil problemas. No tenían ni siquiera facilidad para notificar a los ciudadanos sus decisiones.

Los medios de comunicación actuales, que ya empiezan en el siglo XIX, pero que se han acelerado de una manera impresionante en este siglo y cada vez más. Me ha ocurrido con dos personas recientemente, una desde Australia y otra desde Estados Unidos que me han llamado por teléfono y me han dicho: “Me ha gustado mucho tu artículo de esta mañana”, ya lo habían leído por internet, uno en Puerto Rico y otro en Australia, en pocos días, y otro en Buenos Aires, recuerdo ahora que son tres. Esto no le pasaba ni a Luis XIV, ni a Felipe II, ni a nadie hasta hace un par de años.

La organización unida a la publicidad instantánea me hacen pensar que dentro de poco me dirán que han leído mi artículo de mañana. Hace años formaba parte de una sociedad de filmología y a mi tocó comentar una película de René Claire, que era muy divertida y se llamaba: ”Sucedió mañana”. El argumento era que había un viejo periodista que había muerto y le comunicaba a un periodista joven vivo las noticias que sabía por estar en el cielo y la comunicaba las noticias antes de que pasaran. Estamos muy cerca de eso.

La fabulosa potencia de la organización, a la no menos fabulosa de la publicidad. El resultado inmediato es que las vigencias cambian aceleradamente. Lo que requería años o a veces decenios para cambiar y transformarse en otra cosa, cambia en cuestión de meses. La contrapartida es que en general esas vigencias no son muy sólidas, no están muy arraigadas, ni lo eran las desplazadas, ni lo son las reemplazantes, lo cual tiene una consecuencia que es una cierta inestabilidad.

Pero volviendo al particularismo, hay esa presión de ciertas minorías muy activas, organizadas y con medios de publicidad a su alcance que han hecho que se implanten en ciertas porciones de España, y en otros sitios también, pero en este curso hablamos de España, se implanten ciertas actitudes particularistas que consisten en considerarse como todo. Por ejemplo llamarse naciones, porciones de la nación española que no han sido naciones nunca, porque no había naciones, entre otras razones, y considerar que el que no se pliega a esto es desleal. Hay una especie de coacción moral que se produce sobre la mayor parte de la gente.

A primera vista parecería que esto no es demasiado grave, pero piensen ustedes en el futuro, porque estas actitudes se están implantando en los niños, en los muy jóvenes, con una palanca poderosa que es la fantástica ignorancia de la historia. Partan de que los niños y los jóvenes no saben absolutamente nada de historia y lo que les dicen lo toman como la realidad, se forman así. Me preocupa que puede pasar dentro de unos cuantos años.

La memoria histórica es muy escasa, pero además se está perdiendo muy rápidamente por muchas razones. Hay mucha gente que lo que ha ocurrido hace veinte años, no tienen ni idea de ello, no saben nada, no es ya que opinen una cosa más o menos acertada, no, es que no saben, lo que es, es que no tienen ni idea. Con lo cual se está produciendo una diferenciación de edades y a medida que se va descendiendo en la edad, se producen muchas ventajas, no olviden los maravillosos versos de, como siempre, Jorge Manrique: “Las mañas, ligereza y la fuerza corporal de juventud, todo se torna graveza cuando llega al arrabal de senectud”. Tiene muchas ventajas el ser joven pero algún inconveniente, por ejemplo el no saber nada. A mí me sorprende por ejemplo, cosa que recuerdo muy bien, y es que los coches iban por la izquierda, no en el siglo XVIII, que no había automóviles, sino que el cambio se hizo con el gobierno de Primo de Rivera, en el año mil novecientos veintitantos, pero nadie recuerda que iban por la izquierda. Se anunció un día que los coches irían por la derecha y cambiaron a la derecha. Recuerden ustedes que el metro siguió por la izquierda, y sigue, lo mismo que los trenes. Como había muy pocos coches entonces no hubo problema en el cambio.

Lo que me sorprende es que gente de mi edad, que alguna hay, incluso mayor, no recuerda eso. Si no recuerdo mal era de toda Europa el conducir por la izquierda.

Pero imagino que puede pasar dentro de unos años si las generaciones sucesivas, los que han nacido hace pocos años o no han nacido todavía, siguen recibiendo la versión particularista de la realidad española, hasta el punto de que no saben qué es España y muy pocas, por lo demás, de su región.

Cuando hablo de todo esto a los habitantes de esas regiones, lo general es que casi nadie sabe nada, que no han leído los escritores más importantes y más valiosos. Para poner un ejemplo, yo me he leído a todo Maragall en las dos lenguas que escribía admirablemente bien, en catalán y en español. Prosa escribía en español, verso escribía en catalán. Me he leído todo, la obra completa, que me parece espléndida. No encuentro más que de tarde en tarde a un catalán que haya leído a Maragall. Esto es un hecho también muy inquietante.

Me parecería bien que en cada región el particularismo llevara a un conocimiento profundo, intenso. Sería el conocimiento profundo de una porción de la realidad, esto tendría valor, pero por lo general falta. Se está produciendo una situación de aislamiento, desigualmente, pues hay partes de España que siguen adscritas al conjunto, que viven en España, la conocen, la poseen, la recorren. Pero otras no, en otras se está produciendo una actitud de aislamiento y de hermetismo que creo pernicioso, dirán ustedes: ¿pernicioso para España?, claro que sí, todo lo que pasa en una parte de España, afecta a España, pero es pernicioso sobre todo para esas regiones. El particularismo es malo, es funesto, pero sobre todo para los particularistas.

Una región que se desprende de un torso de historia milenaria, de una cultura de las tres o cuatro más ilustres de Europa, de una lengua en la que se han escrito miles y miles de espléndidos libros, que hablan bastantes más de trescientos millones de personas y eso lo cambian por una pequeña comarca, que tiene mucho valor y es muy interesante, a la cual se deben sentir intensamente adheridos, pero que tiene una realidad limitada, tal vez una literatura muy interrumpida y consistente nada más que en algunas épocas o extremadamente escasa con una circulación muy limitada. ¿Es que se puede cambiar una cosa por la otra? No se excluyen, las dos cosas se pueden unir y suponen un enriquecimiento. En mi libro sobre Cataluña del año 1965 decía: “el catalán es irrenunciable y es absolutamente necesario, unido al español es un enriquecimiento, aislado es una prisión”. Empleaba una imagen y decía que la casa lingüística catalana tenía dos pisos, y como las casas de dos pisos hay que estar siempre en la escalera, subiendo y bajando. Hay habitaciones para unas cosas y otras para otras distintas, esa es la situación normal de Cataluña. Si se estorba una de las lenguas se está incómodo. Esto lo dije el año 1965.

Hay un problema grave. Me ha preguntado muchas veces por qué pasa, no es tan claro, aparte que hay un fenómeno de mimetismo. Un particularismo imita a otro, pero hay dos fenómenos que se dan juntos: un cierto sentimiento de inferioridad, unido a otro de superioridad, que es mala combinación. El sentimiento de inferioridad es malo porque produce una actitud de molestia, de rencor, se piensa que no se ha hecho mucho en tales cosas, que no se ha participado en ciertas empresas, que no ha habido creaciones importantes en un campo, tal vez en otros sí. Pero eso produce un malestar.

Si a esto se añade el sentimiento de superioridad parcial en algún aspecto, que también lo hay, como en el ámbito económico o de eficacia, entonces hay como una especie de desequilibrio interno que es mal terreno y puede producir actitudes peligrosas para el que las padece. Luego aparece el fenómeno de la difusión, de una especie de proselitismo.

He podido vivir la difusión del Nacionalsocialismo en Alemania. Alemania entonces era el país más importante intelectualmente y culturalmente de Europa, sin ninguna duda, hay que reconocerlo. Era un país enormemente culto, con las mejores universidades de Europa de entonces, con unos laboratorios, con un gran número de Gelerte, de eruditos, de investigadores como no había en ningún otro país. Había figuras verdaderamente geniales, autores extraordinarios, y sin embargo unas ideas que son grotescas. Cuando uno lee las ideas de los Nacionalsocialistas se pregunta ¿cómo fue posible esto, cómo podía tragarse esto tanta gente?, pues se lo tragaron. Se dice que los alemanes eran antihitlerianos, esto no es verdad, la inmensa mayoría eran nacionalsocialistas y estaban entusiastas.

Esto pasó no lo olvidemos, porque se movilizaron ciertos complejos de inferioridad y superioridad mezclados, ciertos descontentos justificados, y un fanatismo y unos medios de comunicación ya muy poderosos, como la radio, las manifestaciones, las banderas, todo eso hizo posible lo que vino después y pasó. Es posible que un virus prenda, y piensa uno, no duró mucho, doce años, doce años y una guerra feroz, una guerra terrible que dejó destruido medio planeta y desde luego Alemania. ¿Si no hubiera sido así, si se hubiera eliminado el virus, hubieran salido de aquella locura colectiva en que estuvieron?, no lo sé.

Las palabras se emplean con mucha imprecisión, por ejemplo se habla de separatismo, demasiado se habla de separatismo. Creo que en España ha habido movimientos separatistas y hay algún residuo que no cuenta. En España los separatistas son muy pocos. Esa actitud tan negativa respecto de España, de su realidad nacional es real, conviene no engañarse, no creo que sea separatismo, creo que es otra cosa, y esto lo tengo escrito desde el año 1978: es una voluntad de desarticular la estructura nacional de España, es otra cosa, lo cual me parece absolutamente erróneo, un error enorme. La realidad siempre se venga, la realidad se impone. Esto por una parte.

Pero por otra se confunden dos cosas, se habla de centralismo, en España no hay centralismo, ha habido tendencias centralistas ejercidas por gentes que da la casualidad de que no eran del centro de España. Las dictaduras españolas no han estado en manos de castellanos, ni de madrileños, más bien de lo que se llama la periferia, lo que hay y es una tendencia completamente distinta es unitarismo. En un país que tenga una organización democrática no hay centralismo, ni puede haberlo, no hay un centro que decide ni impone nada, es el conjunto, es la totalidad la que decide.

Cuando se hacen elecciones votan todos, vota íntegramente el país y es el que decide, y es el que toma la decisión de qué camino a de seguir y quien va a gobernar. Eso no es centralismo, es unitarismo, es algo completamente distinto. Se los confunden constantemente. El centralismo puede ser un error, pero el unitarismo no lo es, es la voluntad de todos y no quiere decir monolitismo.

Una realidad unitaria como es una nación está articulada, tiene miembros, tiene porciones que pueden tener una fuerte personalidad, de lo cual me alegro y es lo que deseo. Vemos que hay un problema léxico, un problema de denominación. No se pueden aceptar las palabras incorrectas, inexactas, porque falsean la realidad y se repiten una vez y otra.

Recuerden esa plaga que llevó a una guerra mundial: el racismo, ¿qué quiere decir eso? Por eso digo que el sufijo “ismo” porque me recuerda mucho el sufijo “itis”, que significa inflamación, y una cosa es tener apéndice y otra cosa muy distinta es tener apendicitis, más vale no tenerla. Todos somos de alguna raza ¿por qué vamos a ser racistas?, pertenecemos a alguna nación, pero no tenemos que ser nacionalistas. A parte que ¿qué es eso de la raza?, es muy complejo.

Razas hay, si vemos a un japonés, a un bantú y a un español, las razas son diferentes. No se puede afinar mucho porque se pierde uno en seguida. Yo digo a veces que raza es biología historizada, es una realidad histórica. Los españoles ¿de qué raza somos?, ¡yo qué sé!, por aquí ha pasado todo el mundo, los pueblos primitivos, los fenicios, algunos griegos, pocos por desgracia quizá, y cartagineses, romanos, muchísimos, gracias a Dios y visigodos, musulmanes, beréberes, árabes, judíos, por eso hablar de una raza española es muy extraño. Había una fiesta de la raza que era lo menos racista del mundo, con el mundo hispánico, lleno de indios de diferentísimas castas y de muchos negros, algunos españoles y luego se contaban los filipinos. La fiesta de la raza era la negación de todo racismo.

Mirando al siglo XXI el particularismo es el problema más grave, más apremiante que tiene España, ni más ni menos, más que todos los demás. El problema económico parecía el más grave y está en trazas de arreglarse. Vamos a tener el euro y todo lo demás. Se habla de un problema muy serio que es el paro, que no es tan paro porque es parcial, hay paro y es muy grave pero se puede resolver, también cuando se hagan las cosas mejor en el mundo entero, porque es un problema que no es español solamente.

El problema del particularismo no es que sea solo español, pero en España es bastante real y es muy inquietante, creo que puede dar al traste con las justificadas esperanzas españolas. Creo que es fundamental la superación del particularismo, es decir la integración total de los españoles en un proyecto histórico común articulado. Lo que deseo es que los miembros de cada una de las regiones españolas sean lo más real e intensamente posibles su pertenencia a ellas, porque son niveles que no tienen nada que ver. El día que los castellanos sean verdaderamente castellanos y los catalanes sean verdaderamente catalanes y los aragoneses muy aragoneses y los vascos vasquísimos, y los gallegos y los andaluces otro tanto, entonces ese día serán todos españoles, europeos y occidentales, hombres y mujeres.

Cuánto más varones sean los varones y mujeres las mujeres, más personas serán todos. No se trata de mezclar ni de confundir ni de homogeneizar, es fundamental articular, combinar las cosas, vivir en conjunto. Por eso hablo se superación del particularismo. El particularismo tiene sus aspectos buenos, si ustedes recorren España, encontrarán que muchas cosas están bastante bien. Las ciudades y los pueblos están bastante cuidados, más limpios que antes. La gente está en general bien vestida y bien alimentada, a veces demasiado bien alimentada, tiene demasiado peso, pero en general mejor que otras veces. Como está, concentrando demasiado su atención en sus respectivas comunidades, se acopan de ellas y en muchos sentidos las están mejorando, tal vez descuidando otras. Además el dinero es limitado y no se puede hacer todo. El que se trate de tener esmero en cada porción de España me parece admirablemente bien. Si los individuos procuran que su casa esté decentemente amueblada y esté limpia, es excelente, aunque empiece por ahí.

Pero sin olvidar que esa casa está en una ciudad y que tiene calles y plazas y servicios y que si no funciona todo eso, a última hora la casa funcionará mal también. Por eso no hablo de eliminar o destruir el particularismo, hablo de superarlo y es lo que me parece fundamental. Creo que tal como están las cosas si se aprovecha lo que tiene de riqueza interna, de fecundidad interior esa actitud de interés por lo local, lo particular, por lo regional, eso puede ser algo que potencie enormemente España. Si predomina lo negativo, lo hostil, el olvido de la historia, la renuncia a lo que es común, que es lo más importante, con gran diferencia, la decadencia será inevitable.

Se nos ofrecen dos posibilidades, una es la decadencia, otra es el esplendor. Podemos elegir y yo creo que está en nuestra mano.





                                  La estructura nacional de España



Es curioso que haya menester hablar de esta cuestión, en cualquier otra época se daba por supuesto, que España es una nación, que por tanto tiene un cierto tipo de estructura, social, histórica y política que es la de la nación. Y sin embargo se discute, lo que parece un poco extraño e incluso hay personas que dicen que España no es una nación o que no lo es propiamente, que es una espacie de mosaico. Diversas cosas.

Esto no tiene demasiado sentido y trataré de ver por qué se ha llegado a esta extraña situación. La expresión “la nación española” se ha empleado desde muy antiguo, desde que hay naciones, antes no las había. No ha habido naciones hasta fines del siglo XV, había otras cosas. Es curioso que se ha implantado el término nación de una manera exclusivista. Las ciudades griegas no eran naciones, ni Atenas, ni Corinto, ni Esparta, ni siquiera la Hélade ha sido nunca una nación. Ni lo era Roma, ni la Roma originaria, la Roma ciudad, ni la Roma imperial, ni el Califato de Córdoba, ni el de Bagdag. Eran otras cosas, había grandes imperios, había ciudades estado como las griegas, no eran naciones.

En la Edad Media se empleaba la palabra en un sentido distinto, que era el origen de donde se era. Por ejemplo: los estudiantes de la Universidad de París estaban divididos en cuatro naciones, eran las cuatro procedencias. Se dice que alguien es ciego de nación o tonto de nación, es decir de nacimiento y ese es el sentido que ha tenido durante mucho tiempo.

En el Renacimiento, a finales del siglo XV, se constituye una forma nueva de realidad política, de relación de los habitantes con el Estado, que es lo que se va a llamar nación en el sentido moderno de la palabra. Después es uso se ha extendido enormemente, incluso indebido, porque se habla de las Naciones Unidas ¿son naciones?, algunas sí, otros son estados, de muy diferentes tipos.

A veces se llaman naciones a cosas muy grandes ¿Es que era una nación la Unión Soviética? ¿Es una nación los Estados Unidos? Incluso en la América hispánica en que se usa mucho la palabra nación, propiamente hablando no son naciones, entre otros motivos porque no existe la relación de extranjería, que no se da en la América hispánica. Los diferentes países de América no son naciones en el sentido primario que tienen en Europa y no en toda Europa, porque no son extranjeros unos respecto de otros ¿es que Colombia y el Perú y la Argentina…son sus habitantes extranjeros respecto de los demás? No lo son, yo empleo la palabra forasteros, es evidente que un colombiano no es boliviano, un peruano no es argentino, pero no son extranjeros unos de otros, lo que sí son es forasteros, viven dentro de una comunidad en la que hay países distintos, con muchos años de vida separada. Son países independientes desde el primer tercio del siglo XIX, han adquirido una personalidad fuerte. Caracteres que hacen que sean verdaderos países, pero naciones no lo son y no son extranjeros entre sí.

En España había los resultados de la Reconquista, de la paulatina recuperación de la “España perdida” que se van formando en pequeñas unidades, pequeños reinos, condados, ducados, principados. Pero la importante es que era la Reconquista de España, es decir la España que se perdió, que era la Monarquía Visigoda, no era una realidad nacional, pues no había naciones pero era una Monarquía unitaria. Eso es lo que se perdió con la invasión musulmana y eso es lo que se reconquista. No es que se reconquiste Asturias ni Galicia ni Castilla, porque no existía nada de eso, lo que reconquista es España y se van constituyendo pequeñas unidades que luego se van ampliando por un largo proceso de incorporación, por varias incorporaciones y al final se llega a los dos grandes reinos: Castilla y Aragón, Castilla cinco o seis veces mayor que Aragón. Cada uno de los dos reinos tiene una prolongación exterior a la península, no olviden esto que es interesante.

La corona de Aragón incluye las Baleares. La corona de Aragón estaba compuesta por el reino de Aragón, los condados catalanes reunidos en el condado de Barcelona o principado de Cataluña como se quisiera llamar, el reino de Valencia, reconquistado por Jaime I y el reino de Mallorca, que incluye las otras islas Baleares.

Castilla por otra parte, que es mucho más amplia, mucho más extensa, que comprende Asturias, Galicia, León y Castilla, que se llamó luego la Vieja, luego la Castilla la Nueva, la mayor parte de Andalucía hasta el reino de Granada, que es lo último que se incorpora y fuera de la península las islas Canarias, que son españolas pertenecientes a la corona de Castilla desde el siglo XV.

Es decir hay dos grandes reinos, cada uno de los cuales comprenden unidades que persisten porque son fruto de una doble serie de incorporaciones. Y después de la conquista de Granada, en 1512 se agregará Navarra. El escudo de España ha variado, en los Reyes Católicos era distinto del de Carlos V, el de Felipe II. Ha habido distintos escudos en España, originariamente está, Castilla y León, las barras de Aragón, las cadenas de Navarra, que eran las que tenía la tienda del rey moro vencido en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, del emir Al Mumenin o Miramamolín como le llamaban los cristianos, allí Sancho de Navarra consiguió cortar las cadenas que lo protegían. La reconquista de Granada hizo que se pusiera finalmente una granada en el escudo de España.

A partir de 1475 se comienza a considerar la existencia de la nación española, que es unitaria pero nunca centralista. Es curioso que se emplean los dos términos como equivalentes: unitario y centralista. Pero en una democracia no hay un centro que decida, pues la decisión es de la totalidad. Puede haber centralismo en una dictadura, que puede ser de la periferia de la nación puede mandar desde el centro y entonces sí puede haber centralismo.

Todo esto lo formulé en un capítulo de mi “Estructura social·, de 1955, titulado: “Regiones, naciones, Europa”, en ese capítulo dije que las regiones son sociedades insertivas, es el término que empleaba, porque la manera en que el individuo se inserta en su nación es a través de su región. Es decir se pertenece a una región que forma parte de una nación, y la manera efectiva de ser español es ser castellano, catalán, andaluz… Y lo mismo diría de Italia o de Alemania, Francia, etc. Las regiones son las sociedades insertivas, a través de las cuales uno se inserta en su nación.

Por otra parte hablaba de Europa como sociedad de implantación, porque las naciones son de Europa, están hechas de Europa. Europa es más antigua que las naciones y ha existido antes que ellas, después del Imperio Romano y sobre todo después que se corta el Mediterráneo por la invasión musulmana del norte de África. Las naciones están hechas de Europa y son el horizonte futuro de las regiones. Las regiones son algo tradicional que viene del pasado, que representa las tradiciones, las costumbres, los usos.

La nación es la sociedad plenamente saturada que es la que tiene las vigencias más sólidas, las vigencias fundamentales y esas naciones están implantadas en Europa. Y hay vigencias generales europeas, menos fuertes, menos sólidas, pero que son más bien proyectivas, son las que miran, precisamente al porvenir. Podríamos decir que la nación viene de las regiones y va hacia Europa. Esta sería la fórmula.

Son tres planos completamente distintos, conciliables y para que funcionen bien tienen que funcionar los tres bien. Se es buen español, plenamente español cuando se es enérgicamente miembro de una región determinada y cuanto más enérgicamente se pertenezca a esa región mejor español se es. Pero por otra parte el que es verdaderamente español, es europeo y tiene un patriotismo europeo también, yo diría que en un cuarto plano sería occidental, porque Europa hace ya mucho tiempo es insuficiente, no se basta a sí misma. Europa es simplemente uno de los dos lóbulos de Occidente. Europa y América son absolutamente inseparables, y para los españoles, por supuesto, América es imprescindible, porque estamos vueltos hacia América, volcados hacia América, constituidos por una comunidad que es el Mundo Hispánico al cual pertenecemos en conjunto, los americanos y nosotros, y por consiguiente un español no puede olvidar Occidente.

Hay naciones intraeuropeas, que son europeas y nada más y otras que son transeuropeas, que es el caso de España y de Inglaterra, y también Portugal. Portugal tiene también una enorme porción de una prolongación suya en el Brasil, enorme país americano y por consiguiente, ni un español, ni un portugués, ni un inglés puede olvidar Occidente, puede prescindir de Occidente, puede ser exclusivamente europeo.

Esto es bastante claro. Las vigencias que conforman nuestra vida son vigencias primariamente españolas. Las vigencias regionales, que pueden ser muy reales son totalmente insuficientes. ¿Es que nadie puede vivir con las vigencias extremeñas o gallegas o castellanas o andaluzas?, no, sería imposible. Se encontraría que sobre la mayor parte de los asuntos no existe ninguna vigencia que oriente la conducta.

Las vigencias españolas tampoco son bastantes. Hay muchas que son europeas. Una persona que fuera exclusivamente española o alemana o francesa, sería un caso de provincianismo, sería un caso de vida enormemente angosta. Si hiciéramos el intento de vivir de ideas españolas, estaríamos en la indigencia intelectual. Las ideas españolas no son solo españolas, proceden de los demás países europeos. Muchas vienen de Francia o de Alemania o de Inglaterra o de Italia o de Roma o de Grecia y eso mismo se podría decir de cualquier otro país de Europa. El intento de vivir de vigencias solamente europeas sería la pobreza mental. No digamos si uno quisiera vivir de las vigencias regionales exclusivamente, sería la miseria intelectual.

Ahora ni siquiera basta con Europa. El innumerable cúmulo de ideas y de vigencias que vienen de América, de la América hispánica y de los Estados Unidos, que también son América. El europeísmo a ultranza es otra forma de provincianismo.

La estructura del Mundo Occidental, es cierta. Ahora se habla todo el tiempo de globalización, esto no es verdad, no hay un mundo. Si consideran lo que es el mundo islámico o lo que es la India o la China. No es nuestro mundo, lo que pasa es que el mundo entero está en presencia. En otras épocas no, existía el mundo real, la ecúmene, el mundo habitado, el mundo en torno al Mediterráneo, que después se va ampliando y se formará Europa, al norte del Mediterráneo.

Actualmente todo el mundo está en presencia, hay una comunicación constante, hay una coherencia económica, los movimientos económicos en todas partes influyen, cosa que antes no ocurría. Es decir tenemos que tener en cuenta el mundo entero, tenemos que contar con él. Pero no es un mundo único, y en otras partes del mundo no estamos en casa y no lo entendemos. Dentro del mundo occidental sí estamos en casa y es nuestra gran casa, la amplísima casa occidental, europea y americana, con algunos países que no son de Europa o América como Australia o Nueva Zelanda, porque hay unos principios occidentales, de origen europeo que son vigentes en esas porciones del mundo. Ahí sí entendemos bastante, no entendemos nunca a veces nuestra casa, pero podemos entender bastante, sabemos por dónde andamos y nos sentimos en nuestra casa, en diferentes aposentos de una casa muy grande: la casa europea y la casa occidental, que es mucho mayor, y las vigencias fuertes, las plenamente enérgicas son las de cada nación, son las españolas o las francesas o las alemanas…Las europeas que van siendo cada vez más fuertes, más espesas, son más tenues, con todo.

Si comparan el conocimiento que tienen de lo español y lo comparan con el conocimiento que tienen sobre Europa, del resto de Europa verán que hay una diferencia abismal. Saben incomparablemente más sobre España que sobre los países de Europa, de los demás saben poquísimo, no quiero ofenderlos pero tampoco lo sé. Casi nadie sabe cosa mayor de gran parte de Europa y de los países que son más conocidos se sabe poco. El grado de pertenencia, el grado de intensidad y la fuerza de las vigencias nacionales es absolutamente incomparable.

Se está elaborando una Unión Europea con gran cantidad de vigencias europeas. La mayor parte son relativamente artificiales, la mayor parte son normas, leyes que regulan, por ejemplo la producción del aceite o de la leche o del vino o la distribución del dinero. Son cuestiones económico-jurídicas. Las verdaderas vigencias son las vigencias sociales, son las vigencias que ejercen su imperio de una manera espontánea y casi atmosférica. Es decir vivimos de una cierta manera, nos vestimos de un modo muy análogo, tenemos una forma de relacionarnos, los hombres con las mujeres, en una estructura familiar, tenemos una lengua que hablamos. Primariamente estas son las vigencias plenas, las que constituyen una sociedad. Las más compactas y enérgicas son nacionales, las regionales son interesantes pero son menores en número y no condicionan nuestra vida más que de una manera secundaria y las vigencias europeas y occidentales que también configuran nuestra vida pero de otra manera, menos real, menos profunda, más tenue, más débil.

La estructura nacional consiste en el vínculo de pertenencia del individuo a su sociedad. Ortega dijo en “La rebelión de las masas”, en el año 1930, que en cierto modo la nación es siempre democrática, aunque no lo sea el régimen político, porque el que pertenece a una nación es un ciudadano de ella, es un miembro de ella y hay una unión del individuo al estado al cual pertenece, cosa que pudiera no darse en otras formas históricas y sociales. Eso es propiamente la estructura, y hay por tanto una apelación, se vive desde la nación, se proyecta desde ella. Hay como un espacio vital, es como un pájaro con grandes alas, hechos para volar grandes distancias y otros que hacen cortos vuelos, que pueden estar incluso en una jaula. El problema es desde dónde se proyecta, con qué se cuenta. No es lo mismo una nación grande que una pequeña. Cuando una nación es muy grande comienza por no ser propiamente una nación.

Hablamos de Rusia ¿es que Rusia ha sido una nación?, no. Rusia empezó siendo el Gran Ducado de Moscovia, ha sido el gran país colonias, lo que pasa es que su colonización es por tierra. Desde el Gran Ducado de Moscovia, Rusia llegó al Pacífico, a Vladivostock, pero ¿era una nación?, evidentemente no, era un conglomerado de países, que ahora se está viendo la enorme variedad de países y de razas, de lenguas y de proyectos históricos, formados primero por los zares, después de una forma mucho más enérgica por el régimen soviético. Pero en definitiva lo que ocurrió es que Pedro el Grande, ya muy avanzado el siglo XVII quiso hacer una nación en Rusia y empezó a funcionar como una nación, seguida por los zares del siglo XVIII y XIX, tratando de imitar miméticamente las estructuras nacionales de Europa, pero la realidad total no era una nación. No había ese vínculo, esa pertenencia. Tan pronto como se ha hundido la Unión Soviética se ha producido una tendencia a la dispersión y han empezado a aparecer países que no quieren pertenecer a la que ahora se llama “Federación Rusa”, ya Rusia aparece como una federación.

Después de la caída del muro de Berlín dije en un artículo que a la Unión Soviética evidentemente le sobra el adjetivo pero quizá no la unión. Hubiera parecido más discreto que se hubiera conservado la unión, que existía, que funcionaba y la mayor parte de los fragmentos no pueden vivir separadamente, no tiene viabilidad.

Había una estructura artificial, primero impuesta por el imperio zarista y luego por el comunismo que mantenía unidos territorios enormes y completamente diferentes, pero permitía el funcionamiento del conjunto, que empieza a no funcionar por la fragmentación. Algo parecido ha ocurrido en América después de la independencia. Los territorios que formaban parte de la Monarquía española funcionaban de una manera radial, esto no se conservó después de la independencia. Esta unión, esta vinculación de unos con otros y con España no se conservó, se produjo la fragmentación, algo parecido a lo que ocurrió a la caída del Imperio Romano.

La decadencia de cuatro siglos, por el camino más corto, que sobreviene a lo que había sido la Romania se debió primariamente, casi exclusivamente a la fragmentación, a que quedaron países pequeños, aislados, incomunicados, con una escasez de medios intelectuales, empezando por libros y se produce una caída en el primitivismo con una decadencia que dura por lo menos hasta Carlomagno, hasta el año 800, más de cuatro siglos de decadencia, que no era biológica, ni mental. Los niños que nacían en esos siglos eran iguales que los que habían nacido en los siglos anteriores.

Piensen lo que era Grecia y lo que consiguió, los dos tercios de la cultura occidental, luego no ha pasado nada parecido ¿es que ha habido una mutación genética?, no, es una mutación histórica.

Vivimos instalados en España, tenemos problemas españoles, recursos españoles, ideas, creencias, vigencias españolas. Acompañadas de las particulares de cada región, enmarcadas en las vigencias más tenues de Europa y en las muy grandes de Occidente. Esta es la realidad y esto es algo que no se discutía. En España no ha habido enfrentamientos civiles en casi toda su historia, pero como los ha habido en los últimos tiempos, esto ha desteñido sobre la totalidad.

Alemania o Inglaterra han estado en lucha interna durante casi toda la Edad Media y todo el Renacimiento, en Inglaterra hasta 1688. Francia tuvo unas guerras de religión realmente feroces durante el siglo XVI. La Revolución Francesa es de una gran violencia. En España ha habido muy poca violencia, los reyes cristianos de la Edad Media luchaban muy poco entre sí, luchaban con los musulmanes. Había de vez en cuando fricciones entre Castilla y León, luego entre Castilla unitaria contra Aragón…pero muy poco y además se funcionaba como una realidad única.

Cuando un noble, por ejemplo del reino de Aragón tenía problemas con su país de iba a Castilla y vivía allí, y a la inversa. Se sentían dentro de una unidad que todavía no era nacional. Cuando se hablaba de reyes de España, no que ría decir que eran reyes de la totalidad de España, sino que eran reyes de dentro de España, en España, varios reyes de España. La fórmula de los cinco reinos, que se usó tanto y que estudió muy bien Menéndez Pidal, era el sinónimo de España. Los cinco reinos, quería decir España, que no era una nación todavía.

Lo que pasa es que hemos tenido violencia reciente: las guerras carlistas, la Guerra Civil de nuestro siglo, pero no antes, mínimamente y cuando ha habido algunas luchas internas como en la Guerra de Sucesión, después de la muerte de Carlos II. Esta guerra no es como se trata de presentar como una guerra regional. Se discutía si el rey de España iba a ser el Archiduque Carlos de Austria o Felipe de Anjou, que fue Felipe V, se trataba de discutir quien era el rey de España, de toda España y unos preferían a uno y otros preferían a otro y se luchó por ello, pero no tenía ningún sentido local, regional. Se trataba de la corona de España. Esto se desfigura muchas veces.

Pero desde fines del siglo XIX se ha empezado a poner en cuestión la estructura nacional de España, la realidad plena de España como nación. Hay gentes que dicen que España no es una nación, que hay un montón de naciones. A veces digo si diecisiete maravillas pueden producir una porquería, me parece inverosímil. Esto es muy reciente, se produce, data de fines del siglo XIX, hace poco más de un siglo hay ciertos brotes en que se pone en cuestión la estructura nacional de España.

¿Por qué se produce esto? Creo que hay varios factores, las cosas humanas son bastante complicadas. Uno de los factores es que hay ciertas porciones, no regiones, ciertos elementos, ciertas minorías de algunas regiones que sienten haber participado poco en la estructura nacional de España, tal vez porque se han dedicado de modo preferente a otras cosas.

También hay vocaciones regionales, particulares. Si ustedes piensan por ejemplo en la cultura española, la proporción que ha habido de pintores y de poetas, en Andalucía y quizá podríamos decir en Sevilla, ha habido una concentración mayor que en regiones enteras. Ha habido en algunas regiones una participación menor en las empresas militares o en la organización política, tal vez porque se han dedicado a otras cosas, por ejemplo a la economía, a la creación de una industria, a la navegación. En gran parte de gentes venida de esas regiones, entonces esto ha producido una serie de cierto descontento.

Se ha pensado que por haber participado menos en la constitución de la nación española, se considera como algo menos propio, especialmente si se tiene alguna superioridad. La combinación de un sentimiento de superioridad y otro de inferioridad explican muchísimas cosas. Si alguien se siente superior en algo y se siente inferior en algo, si es razonable, lo reconoce y no le pasa nada y lo encuentra bastante normal. Es lo que pasa con las personas que se dedican a una vocación, que son inferiores a otras que tienen otra vocación.

Esto no siempre ocurre y entonces se produce una actitud de rencor a lo que no se tiene o no se tiene en el grado que lo tienen otros y esto es mala cosa, aunque casi siempre son actitudes minoritarias, con bastante frecuencia debido a personas venidas de fuera de la región originaria. Entonces se produce una situación de malestar, que suele ser la no aceptación de la realidad.

La realidad es lo más respetable del mundo. Si se acepta la realidad, si se la reconoce, se la puede modificar, normalmente se acepta, pero puede haber aspectos de la misma que no lo sean y entonces se pueden modificar. Si no se acepta la realidad se produce un fenómeno de falsificación y entonces se inventa lo que no ha existido nunca. Esta es la cuestión, este es el verdadero núcleo de la cuestión.

Este problema es con el que hay que enfrentarse y si vemos el núcleo último observamos que es un error intelectual, es no aceptar la realidad tal como es, es inventarla, es suplantarla.

En cuanto se habla de restablecer el conocimiento de las humanidades, de las ciencias de lo humano, por ejemplo de la historia, de la realidad efectiva de lo que ha acontecido, se produce una crispación en ciertos lugares violentísima, porque es lo que no se acepta, lo que no se acepta es la verdad, no se acepta la realidad. Esto es muy difícil de arreglar, lo reconozco, es sumamente difícil, porque ocurre el fenómeno que hay virus que prenden y son muy difíciles de superar.

El problema del desconocimiento de la historia es un problema gravísimo. Se están haciendo unas pruebas acerca del conocimiento de los jóvenes con resultados que me parecen aterradores. Creo que tienen remedio, pero de momento son aterradores. Acabo de leer que estudiantes de catorce a dieciséis años ponen tres faltas de ortografía en setenta y una palabras, y no digamos de los acentos. Cuando hice el examen de ingreso en bachillerato, que se hacía a los diez años, no se podía pasar si se hacían dos faltas ortografía.

Sobre el conocimiento de la historia me cuentan profesores que están ahora en activo, historias simplemente aterradoras, por ejemplo que en una clase universitaria de ciencias políticas el nombre de Napoleón III no dice nada a nadie en una clase y la gente pregunta ¿qué es eso?, esto acaba de ocurrir. Es otra clase se dice que en la época de la Restauración alternaban en el poder Sagasta y el Cardenal Cisneros. Otra perla parecida es que a Marx lo sitúan en el siglo XVII. Este es el problema.

Si los niños y los jóvenes tienen tal desconocimiento de la historia, y al decir de la historia, es de todo lo demás, de la filosofía, de la literatura, del arte. ¿Cómo es posible superar esto? Podrán recibir lo que les digan, aceptarán ciegamente lo que les digan, no sabrán qué opinar, no sabrán qué pensar. Proyectarán, y este es el problema, sin futuro. La vida humana es proyectiva, cada uno de nosotros tiene un proyecto, pretende ser alguien, no ya hacer algo, sino ser alguien, ser una cierta persona determinada. Pero también esto lo hacemos dentro de una sociedad, tenemos que tener un proyecto colectivo, tenemos que tener el proyecto histórico de la unidad a la que pertenecemos.

¿Qué proyecto histórico puede tener una comunidad aislada?, reducidísima, limitada, provinciana, ¿Cuál puede ser su horizonte? Esta es la situación. España tiene una estructura nacional absolutamente definida, clara; la más antigua del mundo, porque la primera nación fue España, España con Portugal que son de la misma época, España mucho más grande.

España fue el catalizador de la modernización de Europa. Los demás países de Europa adquieren su carácter nacional, en cierto modo, como imitación de España, porque la estructura nacional de España fue de tal poderío que no les quedó más remedio que imitarla.

La situación de Castilla y Aragón en el siglo XV era pésima. Había una crisis económica tremenda, había una desmoralización, una falta de proyecto, había una inmoralidad, había una corrupción marcada. He dicho muchas veces que si a un castellano inteligente o a un aragonés inteligente les hubieran preguntado: ¿hay solución?, probablemente hubiera dicho no, al cabo de pocos años, treinta años después, España era el país hegemónico de Europa y por tanto del mundo de entonces ¿Por qué?, porque no hubo solución castellana o aragonesa, hubo solución española. Fue justamente la unión española la que resolvió los problemas, insolubles, parciales de los dos reinos.

Eso se ha estudiado muy bien desde el punto de vista militar. Traduje hace muchos años el libro de Sombart: “Guerra y capitalismo”, en dicho libro se muestra como los tercios españoles eran mucho más eficaces, por razones de armamento y por razones de mando. Los ejércitos eran ejércitos de los reyes, que eran los que eran capaces de dominar en las guerras frente a las mesnadas o fuerzas medievales. La eficacia de las armas españolas fue extraordinaria, incontrovertible durante mucho tiempo.

¿Qué horizonte puede haber, cual puede ser el proyecto político de regiones aisladas?, regiones que pertenecen a un conjunto, que no es solo nacional sino que es supranacional, europeo, occidental. Vean ustedes el problema. He dicho muchas veces que en España ni hay centralismo ni hay separatismo, lo que hay es cierto rencor, que es peligroso, que es inquietante. Hay personas que no quieren separase, lo que quieren es perturbar, destruir la estructura nacional de España, es querer suicidar al todo al que se pertenece.

Es como si un miembro de un organismo quiera matar al conjunto, evidentemente ese miembro quedará muerto también. Esta es la cuestión. El problema es que todo acto que tienda a destruir el conjunto al cual se pertenece es una forma de suicidio. Y han sido suicidios todos los nacionalismos, los de las naciones que han sido el origen inmediato de las dos grandes guerras atroces del siglo XX. Que han sido precisamente la negación del conjunto de Europa en nombre de una porción de ella, de una parte de ella, de una raza, de una clase, de lo que sea. Y dentro de otros territorios de Europa se han producido unos fenómenos análogos, dentro de lo que eran naciones o de lo que no acababan de ser naciones.

Esto está ocurriendo con lo que fue Yugoeslavia, que fue el resultado falso de la desmembración del Imperio Austro-Húngaro, que había sido el genial invento de poner unidad social y política en un territorio que no había llegado nunca al nivel de la nacionalización. Lo que ha ocurrido en cuanto se ha levantado la opresión comunista que dominaba en tiempo de Tito en Yugoeslavia, han visto que se ha producido una explosión de odio, de violencia, de guerra, con cientos de miles de muertos, según nos dicen y eso está a punto de rebrotar y está rebrotando en estos días en otro lugar.

Creo que el descubrimiento de esa forma de participación que fue la nación, fue un invento genial, genial e insuficiente. El nacionalismo es la inflamación de la nación, como el racismo es la inflamación de la raza. Se pertenece a una nación que está articulada en regiones con fuerte personalidad que cada no debe procurar que sea lo más enérgica posible, que esa nación está implantada en el conjunto de Europa y ésta en Occidente. Lo que sería aterrador, lo que sería peligroso es la regresión a la prehistoria.



                                                                     El porvenir de la lengua española



Es una cuestión de las más interesantes en la época que se aproxima, que hay que tratar desde varios puntos de vista, por una parte la lengua misma, por otra parte su uso, su difusión en el mundo. Hay varios aspectos pues, que hay que tratar separadamente.

Por lo que se refiere a la lengua misma podemos decir que su porvenir es abierto y esperanzador. Es una de las lenguas más habladas en el mundo, de las lenguas occidentales evidentemente, después del inglés es la más hablada, con gran diferencia, la hablan más de trescientos millones de personas.

Nunca es fácil determinar las cifras exactas, además hay grados diferentes. Hay países para los que su lengua única es el español, en otros países no ocurre, pero hay grandes minorías que hablan español, como ocurre en los Estados Unidos. En algunos lugares es como una segunda lengua.

Hay lenguas habladas por millones de personas como el caso del chino, pero son varios chinos, no es una lengua única, por lo pronto se ha distinguido entre el chino mandarín y el chino cantonés. Mi ignorancia de los dos es igual. Las lenguas de la India, país de muchos cientos de millones, de la que tampoco me atrevo a predecir su población. Cuando estuve allí había catorce lenguas principales. El hindi es la más hablada y la que es oficial con el inglés. Había además unos doscientos dialectos. Recuerdo que en esa época estaban haciendo máquinas de escribir con las catorce grandes lenguas. Estoy esperando la traducción al hindi de mi pequeño libro “La imagen de la India”, no entenderé nada, pero tengo gana de verlo.

El hindi lo hablan muchos cientos de millones pero es una lengua de un solo país, mejor dicho de una parte de un solo país, lo mismo ocurre con las lenguas de la China. El número de millones es muy grande, tal vez superior a los que hablan español o inglés, desde luego mucho más que las demás lenguas europeas, pero no son lenguas universales.

Tengo gran estimación por las lenguas universales que son lenguas propias de muchos países. El inglés lo hablan minorías en casi todo el mundo, pero no es lengua propia de esos países. Los países colonizados por Inglaterra o Francia conservan todavía grandes minorías esas lenguas, que sirven para entenderse dentro de los países que hablan lenguas muy diferentes. En el Senegal, por ejemplo, que es un país muy pequeño se hablaban treinta lenguas, supuse que eran dialectos, pero me confirmaron que eran lenguas completamente diferentes. En Nigeria, que es un país muy grande se hablan trescientas lenguas. Entonces el inglés en Nigeria y el francés en el Senegal es la lengua de comunicación, de minorías.

Eso que hemos visto antes no tiene nada que ver a la situación del español, que es la lengua propia de todos los países hispanoamericanos, salvo el Brasil, desde México hasta el extremo sur del continente. Esto es distinto de los demás países y por eso es el español una lengua universal, que tiene una importancia solo inferior a la del inglés.

Pero tiene además otros rasgos, otros caracteres interesantes que son también favorables para la conservación de la lengua. A finales del siglo pasado hubo una discusión entre el gran filólogo colombiano Máximo José Cuervo que creía que el español como ocurrió con el latín se iba a fragmentar, se iba a transformar y se iba a diversificar en diversas lenguas, como ocurrió con el latín que dio lugar a las lenguas romances. En cambio el escritor español don Juan Valera opinaba lo contrario, creía que la lengua se iba a mantener con unidad, creía que se iba a conservar la unidad del español. El que tenía razón era Valera y además la comunicación es cada vez mayor por lo que la lengua se va reforzando en su unidad.

Antes no se viajaba, no se leían unos a otros, etc. Hoy los medios de comunicación hacen que la comunicación sea frecuentísima, se colabora en las revistas y periódicos de los otros países. Los hispanoamericanos publican muchos libros en España. La comunicación es mucho mayor. Las instituciones funcionan bien. La Real Academia Española está en relación estrecha y cordial con las academias hispanoamericanas. Siempre hay dos académicos de Hispanoamérica que trabajan con nosotros. Es decir la unidad de la lengua es mayor que hace un siglo.

Pero hay otro factor que es propiamente lingüístico, y es que el español es una lengua enormemente sólida, tiene un sistema de sonidos relativamente escaso. Por eso los españoles tienen difícil utilizar los sonidos de otras lenguas, por la limitación de los sonidos de la lengua española. Son sonidos muy estables, hay un sistema vocálico español muy sólido y por tanto no es fácil que se produzcan diferencias de pronunciación notables. Salvo en formas muy extremas, en general muy primitivas los hispanohablantes se entienden perfectamente en cualquier parte. Aparecen en algún momento mestizos o indios de un nivel económico, a veces inferior y hablan sorprendentemente bien. Nos sorprende la corrección de su fonética y su gramática.

Es decir es una lengua muy resistente. En otras lenguas la fonética puede cambiar bastante. Es muy frecuente en inglés, también en otras lenguas, pero en inglés sobre todo, cuando alguien dice una palabra que no es muy familiar o un nombre propio se pregunta ¿Cómo se deletrea? Y entonces se dicen los nombres de las letras, lo cual hace muy difícil los nombres extranjeros ser retenidos, por ejemplo cuando estuve en Estados Unidos había un profesor polaco que había sido ministro que tenía un apellido impronunciable y le llamaban “Mister J”, y un profesor español que se llamaba Cantalapiedra, se hizo llamar “Cantala”.

Estas cosas anteriores no pasan en español, nunca hay que decir, es curioso como cuando hay una duda ortográfica, por ejemplo ¿Cómo se escribe mujer?, y el otro contesta con jota, porque lo único que puede ser dudoso es esa letra, las demás letras no hay que decirlas por estar lo suficientemente claras. Esto le da una enorme solidez al español y asegura su perduración y su universalidad.

De vez en cuando se encuentra uno en España o Hispanoamérica personas que tienen una pronunciación local, muy fuerte, muy enérgica, que no se entiende del todo bien, pero es muy excepcional y tienen una lengua no escrita puramente hablada, pero son excepciones. Si leen un libro en lengua española, si no se trata de un libro muy local, por ejemplo que habla de pájaros o de plantas de un lugar determinado, ustedes pueden leer doscientas páginas sin saber de qué país es el autor. Esto es una ventaja que tiene la lengua y que asegura su persistencia y su escasa modificación.

Hay algo más, muy importante, y es que el español, ustedes saben que las lenguas medievales, proceden del latín hablado, de los soldados de las legiones, no del latín de Ovidio o de Tácito, a veces se hablan con sonidos que no se pueden escribir, porque no había una letra que producía esos sonidos nuevos. Por eso la poesía primitiva no se escribe, se canta, se dice, se recita, porque no se podía escribir, por eso es interesantísimo que las llamadas Jarchas las primeras manifestaciones de la lírica española y están escritos en caracteres hebreos o árabes, así se podían escribir estos nuevos sonidos. Pero las lenguas al cabo de los siglos se van fijando.

Los textos españoles se van fijando desde muy pronto. Piensen que con un poco de conocimiento lingüístico se puede comprender hasta el “Poema del Cid”. Cualquier hispanohablante medianamente cultivado puede leer al Arcipreste de Hita o “El Conde Lucanor”, no digamos las “Coplas” de Jorge Manrique, que tienen más de medio milenio, se podrían publicar en el periódico, las entiende todo el mundo, es español actual. El español actual no lo hubiera entendido Jorge Manrique, ¡esto es otra cosa!, no hubiera entendido un periódico actual, pero nosotros entendemos perfectamente a Jorge Manrique, cosa que no ocurre con otras lenguas.

El inglés, el francés o el alemán de los siglos XIII, XIV o XV, incluso XVI son difíciles de entender. El toscano, que da lugar al italiano, se fija también muy pronto. El castellano y el toscano se fijan desde muy pronto. Eso hace que la literatura en lengua española sea accesible casi en su totalidad, lo que ha ce que el tesoro disponible para el hispanohablante sea enorme. En otras lenguas las obras literarias antiguas son accesibles a los especialistas o tienen que ser traducidas a la lengua moderna actual, cosa que no es necesaria en español.

Hay un número inmenso de hispanohablantes, y por otra parte es una lengua muy resistente, por su intensidad fonética y por un enorme espesor, accesible, inteligible perfectamente para los que hablan español en la actualidad. Esto asegura la perduración del español, que en los próximos siglos, con sus modificaciones, pues las lenguas son vivas, será inteligible durante varios siglos.

El porvenir del español va a ser más el español de América que el de España, por una razón, son muchos más que los españoles. México es un país de una población muy grande, varias veces mayor que la de España. Además la natalidad es muy alta y en España la gente ha decidido no tener hijos y cada vez va a haber menos españoles o se va a conservar el número justo, y cada vez van a ser más viejos. Por lo tanto si hablamos del español de futuro, va a ser primariamente el español de América, que tiene una serie de ventajas, por ejemplo el uso del loísmo, que va en contra de la moda española del uso del acusativo con el le por delante, el leísmo que se admite en la Real Academia para el acusativo singular y de persona, de modo que se puede decir: “a Pepe le he visto ayer”, yo digo “lo he visto”, y lo prefiero.

En Hispanoamérica la variedad americana del español es más bien la variedad andaluza. La inmigración fue en gran medida andaluza y extremeña, con otros más. El español de América tiene que ver más con la variedad andaluza, la que representa por ejemplo Nebrija, frente a Valdés y los andaluces normalmente son loístas, en Andalucía el leísmo es muy escaso. En América les molesta el leísmo. Cuestiones muy secundarias dentro del torso del español.

Dirán ustedes ¿podemos estar tranquilos?, tampoco, porque hay peligros, hay muchas amenazas que tiene el español, una de ellas es la presencia de extranjerismos en el español, eso ha ocurrido siempre, las lenguas están en contacto, conviven, se influyen unas a otras. Ha habido primero italianismos en todas las lenguas, en el siglo XVI y comienzos del XVII muchos hispanismos, el español se leía mucho, se leía enormemente. Cervantes dice en el “Persiles” que en Francia todas las gentes cultivadas sabían español. El francés luego ha tenido gran influencia en todas las lenguas y todas las lenguas europeas están llenas de galicismos. Después ha sido el inglés que penetra en todas partes y todas las lenguas están llenas de anglicismos, lo cual es grave, no tanto como se piensa, porque una de dos, las palabras que se introducen se aclimatan y no pasa nada, pero hay otras que son difícilmente asimilables, muchas de ellas son términos técnicos, en general muchas son fugaces.

Me parece mucho más grave la perturbación que se produce en la sintaxis, esto es mucho peor. Antes se decía “jugar a la pelota”, “jugar al balón”, “jugar a las cartas”, “jugar al tenis”, ahora la gente escribe y sobre todo los periodistas dicen y escriben, incluso en la televisión: “jugar a cartas”, “jugar a tenis”, nunca se ha dicho esto en español. Se omite el artículo, como escribí hace tiempo, en un artículo titulado “Artículos extraviados”, y me refería a que los periodistas habían decidido quitar el artículo a los países que tienen artículo en su nombre y dicen: “el ministro de Japón”, “Fulanito ha viajado a India”, “El presidente de Perú”, esto no es así, esos países se llaman el Perú, la India, el Japón, la China. Sus embajadas publican sus impresos con sus artículos. México no tiene artículo, Chile no tiene artículo, pero esos países si tienen artículo. Pero hay la general desaparición del artículo.

Esto produce una alteración gravísima. Otro caso es el “dequeísmo”: “Yo pienso de que”, es “pienso que”. Existe la expresión “deber de” que se usa como aprobación y como probabilidad o conjetura. Si digo “deben de ser las ocho y media”, no es que tenga obligación nadie de que sea esa hora, ni el reloj, ni nosotros que sea esa hora, sino que calculo que será esa hora aproximadamente. Ahora la gente dice como obligación el “deber de”: “los diputados deben de asistir al Congreso”, si fuera probabilidad, la verdad es que muchos no asisten. Hoy triunfa la expresión “deber de” como expresión de obligación en vez de la expresión correcta “deber”. Se altera la estructura de la lengua y el problema es grave.

A veces se leen o se oyen cosas que no son español, que van contra el sentido profundo de la lengua española. Esto lo encuentro más grave que el léxico, que me parece secundario y se puede asimilar con el tiempo, mediante una absorción, como en el caso de la palabra Meeting, que se ha transformado en mitin, que se empezó a escribir en inglés y pasó a ser escrito como actualmente y mitin es una palabra española, y no pasa nada.

Lo que afecta a la construcción de la lengua es un peligro que sí habría que tener en cuenta y procurar poner coto, porque altera el espíritu de la lengua y hace que nos sintamos incómodos en ella.

Incluso está ocurriendo con la fonética, como con el seseo, no pronuncian el sonido ce y hay otra que es ceceante, no pronuncian la ese, la pronuncian como zeta. Esto es un hecho histórico, un hecho lingüístico, es un uso, y tampoco se puede luchar contra ello, ni hay por qué luchar. Hay un sonido en regresión y es el sonido de la elle, incluso en Castilla la vieja se está perdiendo, por influencia de los medios de comunicación en que casi nadie la pronuncia bien, entonces de identifica con el sonido de la letra y griega. Es curioso que se conserva en los sitios donde se habla catalán, porque en catalán la elle está muy viva y los catalanes o los valencianos, hablando en catalán, en valenciano o en español usan la elle.

Todo esto son peligros evidentes que tiene nuestra lengua pero que no son graves y no afectan al torso general de esa lengua tan sólida y tan estable.

Hay otro peligro más grave y es la tendencia al uso de los registros inferiores de la lengua. Las lenguas tienen varios registros, hay un registro popular, hay un registro coloquial, de la conversación media, de la cultivada, culto, técnico o solemne. Por ejemplo como se habla de la muerte de una persona. Normalmente se habla la palabra muerte: “Se ha muerto Fulano”, pero si ustedes leen las esquelas. Las suelo leer por si veo la mía por casualidad. Las suelo leer, a veces hay sorpresas, algunas divertidas a pesar de la situación. Se suele usar el término “falleció”, que no se emplea en la lengua coloquial.

Se está produciendo en el español un predominio de los registros bajos de la lengua. Si ven la televisión o van a ver una película, van a escuchar los giros más groseros, más soeces de la lengua, constantemente y casi exclusivamente. Así no se habla generalmente salvo algunas personas en algunas situaciones. Palabras que no se escribían nunca, ahora se escriben siempre y se dicen públicamente, y en los medios de comunicación. Hay una preferencia por lo soez, por lo chabacano, por lo grosero, por lo cual se rebaja automáticamente el nivel de la lengua. Esto es gravísimo, es un fenómeno general en todas las lenguas que conozco.

Empezó en la literatura con el escritor francés Louis Ferdinand Céline, en el año 1932 publicó una novela famosa “Voyage au bout de la nuit”, y ahí entraba la lengua que no se escribía y no se decía, apareció como estilo literario nuevo, luego seguido por muchos otros como Sartre y en España ha ocurrido lo mismo con sus imitadores. Creo que es un lastre que va a gravitar sobre mucha obra literaria actual y que dentro de poco no tenga ninguna gracia. Pero el hecho es que se está produciendo una degradación de la lengua muy generalizada y su influencia en los medios de comunicación es enorme, es poderosísima, hay que insistir en ello constantemente. Entonces se difunde y lo que en otro tiempo parecía muy excepcional, que podía justificarse en una circunstancia especial, como uso normal y corriente produce una degradación del valor expresivo de la palabra, que ya no quiere decir nada, pero baja su nivel enormemente. Es una amenaza sumamente grave y es frecuente que se hable mal, que se escriba mal. Las grandes lenguas lo son porque han tenido grandes escritores. Hace un par de años o tres hice en la inauguración del curso académico de las Academias, la conferencia inaugural y hablé de “La literatura como creación de lengua”, la literatura crea lengua, la lengua se crea de muchas maneras, hablando, con el uso oral, también con la literatura que crea palabras y crea formas de expresión, giros y lo mostraba con bastantes ejemplos.

Si la literatura deja de ser un tirón hacia arriba, un estímulo para la perfección de la lengua y hace que la lengua hablada sea más rica y más compleja. Uno de los efectos de esta tendencia es la simplificación. Si estudian un texto de esta tendencia observarán que es de una pobreza lingüística extraordinaria, se emplean poquísimas palabras, la utilización de las expresiones soeces denota una falta de medios expresivos muy grande. Esto sí que es una amenaza realmente grave.

El español es una de las grandes lenguas, no comparable con casi ninguna más. Las lenguas no son iguales. Una lengua en que no se ha pensado ni escrito nada importante no puede ser igual que otras en que ha ocurrido todo lo contrario, en las que durante siglos se ha escrito con esmero, con imaginación, con creación obras admirables. La idea de que en todas lenguas se puede decir todo es falsa.

Hay varias lenguas europeas en las que se lleva escribiendo un milenio y con gran calidad, por eso son lenguas espléndidas, lenguas expresivas, lenguas capaces de decir todo lo que hay que decir. Incluso admiten una creación reciente. Piensen que en español no había una lengua filosófica, porque la poca filosofía que se ha hecho en España, que no ha sido mucha se ha hecho en latín y cuando en los siglos XVIII y XIX se empieza a hacer un pensamiento filosófico, no es creador, es más bien receptivo de lo que se hacía en otras lenguas, a veces con gran servilismo como pasó con los krausistas, que nos pusieron en contacto con la filosofía alemana, pero no eran creadores y eran muy malos escritores.

Hoy se ha creado una filosofía en español espléndida y se puede hacer filosofía hoy como en cualquier otra lengua, de las pocas en que se puede hacer. Por eso digo algunas veces que si no hacemos filosofía no tenemos perdón de Dios, porque la lengua lo tenemos, el instrumento lo tenemos y es transparente para todos nosotros.

Pero hay algo más, les hablaba de los registros de la lengua. En muchas lenguas hay dos lenguas distintas: la lengua hablada, la lengua coloquial y la lengua literaria. Por ejemplo en francés hasta hace sesenta o setenta años había una clara diferencia, la lengua que hablaba la gente corriente, por ejemplo el taxista, hablaba una lengua muy distinta de la lengua del escritor. En español esto no existía, no había ese desnivel social. En inglés las clases sociales se distinguen por su fonética. Ustedes han visto “My Fair Lady”, película inspirada en la obra de Bernard Shaw, el doctor Higgins puede distinguir la fonética de cualquier lugar de Inglaterra y de cualquier barrio de Londres, esto en español no tiene sentido, se puede distinguir de lugares, de clases sociales, de niveles culturales, pero no por la fonética, por la gramática, por la sintaxis, por la elocución, no por la fonética.

En español la lengua viva es común. El hombre más corriente de España entiende la lengua de los escritores más notables, podrá no entender lo que dicen, no entender los conceptos, pero la lengua es la misma y el escritor más refinado usa expresiones coloquiales, populares, modismos. Hay una sola lengua, esto me parece maravilloso. Este ha sido uno de los rasgos capitales del español y uno de los peligros es que se esté perdiendo y que se esté perdiendo hacia abajo, hacia los niveles inferiores, no los niveles populares, que entre los campesinos suele ser excelente.

Hace algún tiempo escribí un artículo, que me lo agradecieron mucho. Hay un pueblecito en el norte de Madrid que se llama La Higuera, donde no he estado nunca, pero salió una cosa en la televisión sobre La Higuera, y los habitantes de dicho pueblo hablaban divinamente, hablaban muy bien y escribí un artículo comentando lo bien que hablaban en ese pueblo, campesinos con una cultura elemental, lo agradecieron mucho. La lengua hablada entre campesinos es muy buena, la lengua del semiculto urbano, nutrido de radio, televisión y revistas ilustradas es horrible. Este es el peligro y esto es lo que se difunde. Esta es la amenaza más grave que tiene la lengua española.

El español se ha escrito siempre y tiene una gran solidez frente a otras lenguas que han tenido sus altos y bajos, y han tenido épocas de silencio. Pero el español se ha escrito siempre desde el “Poema del Cid” hasta ahora mismo, y se ha escrito en gran parte admirablemente bien.

Hay un peligro más que hay que distinguir, se trata de las regiones españolas que tienen una lengua particular, una lengua regional, lo cual es excelente, es la realidad que es lo más respetable de este mundo. A mí me parece con movedor que esté vivo el vascuence, es una lengua prerromana, es una lengua distinta de todas las demás, no se sabe qué origen tiene, está viva, lo cual me parece maravilloso, conmovedor. Lo que pasa es que es una lengua que no se ha escrito, prácticamente no se ha escrito, en vascuence no se puede leer casi nada. Mucho menos de la milésima parte de lo que se puede leer en español. En segundo lugar es una lengua que hablan muy pocas personas, porque una parte muy pequeña de los vascos, que no son muchos, hablan vascuence. En tercer lugar, por ser una lengua coloquial, una lengua hablada principalmente, está fragmentada en dialectos, ocho dialectos, bastante distintos. Cuando se quiere unificar la lengua, no es la de nadie, quiero decir no es la lengua de los que hablan vascuence espontáneamente. Es por tanto, en cierta medida una lengua artificial.

Me parece maravilloso que exista, me parece maravilloso que se cultive, lo que me parece una locura es que se cambie el español por una lengua tan limitada, tan reducida. Esto es lo que no tiene sentido y ocurre en grado menor, por ser más habladas las otras lenguas regionales.

Ahora bien el que se diga que la lengua propia de una región es su lengua particular es una falsedad, pues esas regiones tienen dos lenguas propias, absolutamente propias, esa lengua particular y la lengua común. El español no es que sea la lengua oficial, es sobre todo la lengua común de los españoles. Mayans y Siscar, el gran escritor y lingüista valenciano, del siglo XVIII decía: “Entiendo por lengua española aquella en la cual todos los españoles se entienden perfectamente”, y eso era verdad en 1637, que es cuando lo dijo y ahora, es la lengua en la cual todos los españoles se entienden perfectamente, es la lengua común, que sea oficial o no, es secundario, además en muchos tiempos no ha habido lenguas oficiales, que es un concepto relativamente reciente.

El hecho de que haya regiones en las cuales se rehúya el uso del español o se lo desdeñe, se considere que la única lengua propia es la lengua regional, esto no afecta al español, a la lengua española esto no le afecta nada, la deja indiferente. A quien afecta es a los habitantes de estas regiones, porque si no saben español o no lo saben bien o no lo dominan o no lo saben escribir correctamente se van a quedar aislados, segregados de la totalidad de España y del mundo hispánico, que es mucho más grave. Significa un empobrecimiento, y si esto se consolidara, por ejemplo dentro de unos años las gentes que son más jóvenes, que se han formado en el ambiente que domina en algunos lugares, no supieran propiamente español sería gravísimo.

La industria editorial española tiene dos centros, Madrid y Barcelona. Hay un número inmenso de libros que se publican en Cataluña. Los libros extranjeros se traducen unas veces en Madrid y otras en Barcelona, hay innumerables traductores catalanes, que traducen al español, a su lengua. La industria editorial catalana el día que sus traductores no sean buenos traductores, porque no supieran bien la lengua a la cual traducen. Para traducir bien hace falta conocer bien la lengua de la que se traduce pero sobre todo la lengua a la que se traduce. ¿Qué pasaría? ¿No podría haber una especie de “crack” sobre esa fantástica industria?, próspera, importantísima.

Esto no es una amenaza a la lengua española, es una amenaza a los que renuncian a ella, a los que la pierdan, a los que la tengan inferior o deteriorada o precaria o no estén plenamente instalados en ella.

Hay que distinguir fortalezas y debilidades, motivos de seguridad y de incertidumbre. En general con las cosas importantes hay una tentación peligrosa y es simplificarlas. Hay que ser fieles a la realidad, qué cosas son peligrosas, qué cosas son esperanzadoras, qué hay de amenazas y qué hay de remedio a las amenazas, y hay que determinar qué importancia tienen las cosas. Las hay que son muy importantes y las hay muy poco importantes.

En conjunto, si algo es seguro, si algo es esperanzador, si en algo creemos que no hay gran peligro para el siglo XXI es la lengua. Con la condición de que la gente siga hablando lo mejor posible, y los que escriben que escriban lo mejor posible.



                                                La posesión de la cultura española



Es un problema que me preocupa hace mucho, y en los últimos tiempos especialmente. Porque la posesión de la cultura española es incompleta y es muy deficiente, especialmente entre los más jóvenes. Los de edad mayor tienen una posesión bastante aceptable de esa cultura, a medida que se va descendiendo en edad, que se han ido sucediendo, formas de estudio, planes de estudio, intervención de otros elementos, por ejemplo la acción de los medios comunicación, cada vez más poderosa, temo que esa posesión es resueltamente deficiente.

No es fácil, hay que reconocerlo. Por una parte la cultura española es enormemente rica, es una cultura muy larga, la cultura en lengua española tiene un milenio, pero además tiene otros antecedentes escritos en otras lenguas, las lenguas clásicas que se remontan a los orígenes de la cultura occidental, un par de milenios.

Piensen en el número inmenso de libros que se pueden leer en español, es una cuenta que casi nadie hace. ¿Y cuál es el horizonte de lecturas en las diferentes lenguas? Hay unas cuantas lenguas en las cuales el horizonte de lecturas es ilimitado, hay lenguas con grandes virtudes pero angostas, que se puede leer mucho menos que en las anteriores.

Al hablar lo que se puede leer en español me refiero a dos aspectos, lo que se puede leer por estar escrito en español y las traducciones al español desde otras lenguas, las dos porciones son muy grandes, son enormes. Es además una historia como he dicho muy larga, casi un milenio, con una gran frecuencia bastante más de medio milenio. Hay una consideración añadida y a veces no se tiene en cuenta y es que es una lengua de maduración muy rápida, de fijación muy temprana. Mientras en otras lenguas europeas los textos que no son recientes, en algunas lenguas los textos anteriores al siglo XVIII, no son accesibles por el hombre normal, actual. Pues la lengua de los siglos anteriores difiere mucho de la lengua actual y solo una persona con bastante cultura lingüística puede leer obras de los siglos anteriores.

En español esto no ocurre. Las “Coplas” de Jorge Manrique, que tienen más de medio milenio se podrían publicar en un periódico. Es la lengua nuestra, la lengua actual, se entiende perfectamente por todo el mundo. La literatura medieval del siglo XIV y todo el siglo XV son perfectamente accesibles. Con un mínimo de conocimiento lingüístico se puede llegar hasta el “Poema del Cid”. Es decir la totalidad de la cultura escrita en lengua española es accesible, la mayor parte para todos, una parte muy grande para los que tienen una cierta formación cultural, pero insisto que la mayor parte es accesible para cualquier español normal.

Esto da una dificultad, dificultad cuantitativa. Por otra parte no toda esa riqueza es fácilmente accesible. No hay libros, no todo el mundo tiene libros en su casa. Las bibliotecas son admirables y las respeto infinitamente, pero los libros verdaderamente eficaces son los que se tienen en casa, son los que se leen en casa a cualquier hora del día o de la noche. Tengo en casa los que no debería tener, unos treinta y cinco mil, y casi no puedo vivir, agobiado constantemente, pero es así y a cualquier hora del día me pongo a leer un libro, que muchas veces he releído, porque releo mucho. Uno de los secretos por lo que escrito tantos libros es que desde muy pronto he tenido bastantes libros y muy buenos. Por ejemplo los textos clásicos de la filosofía los tenía desde muy pronto, desde mi tiempo de estudiante, sobre ellos trabajé desde el principio, sin tener que ir a bibliotecas, he ido poco a bibliotecas.

He dispuesto durante dos meses de la biblioteca más maravillosa del mundo, que es la biblioteca del Congreso de Washington, donde está todo. Recuerdo que la primera vez que la visité, el director que me la enseñó me dijo: “aquí estarán seguramente sus libros”, y le contesté: “y los que pienso escribir”. La impresión es que está allí todo, pero a última hora los libros verdaderamente eficaces son los que uno tiene en casa.

Lo digo en honor de los españoles, porque en otros países, quizá porque hay bibliotecas muy buenas, cómodas y que se usan bien, las personas individuales no tienen muchos libros. Incluso es muy frecuente que en países de gran cultura, no ya las gentes corrientes, sino los profesores universitarios, tienen relativamente pocos libros en su casa, porque los tienen en la biblioteca y los usan.

En España durante mucho tiempo la gente que tenía cierto nivel intelectual tenía bastantes libros en su casa, bastante complejos, en varias lenguas y en varios campos del saber. Eso hacía que hubiera una proporción bastante decente de la cultura.

Hay un problema y es el problema de la selección. Nadie ha podido leer, no ya todo, ni siquiera la más pequeña fracción de lo que hay publicado y de lo que existe. Hay quien decía: “Con los libros que no he leído que biblioteca se podría hacer”, eso nos pasa a todos. Hay una tendencia inquietante entre las personas de un cierto nivel intelectual. Hacen un gesto como el de haberlo leído todo. Si se nombra cualquier autor o cualquier libro, el gesto que hacen es que lo conocen. No lo conocen, entre otras razones porque no es posible, cuando se habla sobre un autor, si se es veraz, hay que decir que no se ha leído. Mucha gente hace el gesto de dar por supuesto que lo ha leído.

Este problema supone una selección, que depende de muchos factores. Hace algunos decenios había la vigencia de una cierta selección de lo que era debido conocer y bastantes personas en diferentes niveles, conocían una fracción apreciable, significativa de la cultura española. Creo que esto empieza faltar, por el crecimiento enorme de la producción. Se publican al año miles y miles de libros en todos los países. No se puede leer ni los títulos, entonces se impone una cierta selección. La mayor parte de las personas no se enteran de qué libros existen y se han publicado, dependen de que se hable de ellos.

De algunos libros se habla mucho, de otros libros no se habla nada o poco o tarde, la gente no se entera, lo cual hace que sea difícil la orientación. Si una persona tiene un cierto hábito intelectual, abre un libro, lo hojea y en pocos minutos aprecia si el libro tiene interés, si vale la pena leerlo o no. Pero esto es muy difícil, entre otras razones porque los libros no son accesibles, no están en las librerías, las librerías casi no existen ahora y no tienen libros de fondo, solo las novedades. En general los libros se venden principalmente en grandes almacenes, no en librerías, es muy poco frecuente encontrar libreros que sean libreros, que tengan una idea de lo que son los libros, que conozcan los autores, que sean capaces de orientar al lector, de aconsejarle un libro. Todo esto hace difícil la posesión de esa cultura.

Se está generalizando en todo el mundo el libro que se publica, que se vende rápidamente en un mes o dos, que después desaparece de la circulación, y ya ni lo encuentra uno, ni está en las librerías, ni se habla de él. Pero ha cumplido su misión, se ha vendido, ha cubierto gastos de edición y luego desaparece de la circulación.

Ahora bien, la cultura es lo contrario, significa la permanencia de obras y autores, que pueden durar años, decenios y con suerte siglos, y que deben estar, pueden estar disponibles. Hay problemas de espacio, en las librerías y en los almacenes de las editoriales. Son problemas con los que habría que enfrentarse. Pero el hecho es que hay unos libros de los que nadie se entera. No se dice que se han publicado. En cambio hay libros de los cuales se habla todo en tiempo, se habla de ellos antes de que existan, un autor que está en un circuito de publicidad se sabe que va a publicar un libro. Los editores de otros países piden los derechos de edición y traducción antes de que el libro exista, y por tanto antes de saber si es bueno o malo. Esto introduce una falsificación que hace difícil esa posesión de la cultura.

Me parece fundamental el que se publiquen libros accesibles, en ediciones no muy costosas. Se publican a veces libros en ediciones voluminosas y costosas que eliminan a muchos lectores. Hay libros que requieren un atril, son muy grandes y pesan mucho. Los libros que se leen, se leen en cualquier parte, en una butaca, en un sillón o en la cama. Hay libros que le ahogan a uno si se los pone en el pecho para leerlos en la cama.

Sería fundamental que los libros circularan en ediciones accesibles, claramente legibles, a ser posible no muy caras. Los libros no son muy caros, son de las cosas que se han encarecido menos, siguen siendo relativamente baratos, aunque son bastante caros.

Es fundamental que haya ediciones asequibles de los libros más importantes y que no desaparezcan de la circulación. El último libro de un autor vivo no es más actual que el primero, por eso es necesario que sean accesibles. Todos los libros que ha escrito un autor son igualmente actuales y deben estar disponibles. Cuando el autor muere, en general se hacen unas ediciones de Obras Completas, muy grandes, caras, pesadas. Encima se publica lo que el autor no publicó, lo que no quiso publicar o lo que no eran más que trabajos, papeles. Hay una tendencia que me parece funeste, que es la de publicar las conferencias. Me envían un texto transcrito de una conferencia mía, con la intención de que lo corrija porque quieren publicarlo. Primero no tienen derecho a publicarlo, luego una conferencia es algo vivo que no tiene por qué quedar. Se quiere publicar muchas veces para justificar una actividad de una institución, que luego no circula. Todo esto perjudica a la posesión de la cultura española.

Hay otro problema más de contenido y es que una cultura no se la entiende aisladamente, es decir que si no se tiene presente el conjunto, el argumento de la cultura española, no se entiende bien. Es decir a un autor hay que entenderlo en su lugar, hay que ponerlo en un contexto. Si ustedes leen un texto medieval, o un texto romántico o del Siglo de Oro hay que ponerlo en su lugar, en su época histórica. Por qué en un cierto momento el Arcipreste de Hita o la Celestina o Don Quijote. O Zorrilla o Galdós, han escrito lo que han escrito. Es necesario poseer una idea suficiente de lo que ha sido España a lo largo de su historia y cómo esa cultura corresponde a ciertas inquietudes de su tiempo, que constituían la realidad de España en aquel momento.

Si no se conoce, y no se conoce realmente la historia española no se puede poseer claramente la cultura. No se puede leer la obra inmensa de muchos autores, sin una selección de ella. Las Obras Completas están bien, para las bibliotecas, para los estudiosos que necesitan conocer intensamente la obra de un autor. Para el lector medio no es necesario. Para él hay que conocer ciertos libros, ciertas porciones de la obra de ciertos autores que pueden haber sido muy fecundos, pero hay que conocerlos en unos cuantos libros representativos. Esto es enormemente importante y esto falta.

No es fácil tener los libros más representativos de los autores españoles y no es fácil saber cuáles son. Los libros que se deben leer, aquellos que hay una obligación de leerlos.

La posesión de esta cultura tiene problemas cuantitativos, tiene problemas de orientación general, problemas de acceso, de posibilidad de manejarlos. Recuerdo la frustración que me producía leer a Azorín, que hablaba de autores atractivos, a los cuales los hacía vivir, los evocaba con una viveza tremenda. Tenía inmediatamente el impulso de leerlos, y las ediciones de esos autores no era accesibles. Cuando hablaba de Mor de Fuentes, si quería uno leer algo suyo era muy difícil. Esto es sumamente importante, es muy necesario.

Es menester también que se conozca, como en el caso de Azorín, que habló con gran conocimiento, con un amor y con una fidelidad extraordinarias. Si se editara, esto lo vengo diciendo hace muchos años, por orden cronológico el conjunto de lo que Azorín escribió sobre autores españoles, se tendría la mejor historia de la literatura española, con enorme diferencia. No se ha hecho, no lo ha hecho nadie y había que hacerlo. Y esto lleva a un problema muy delicado que es el problema de la enseñanza.

El problema de la enseñanza es muy complicado. Actualmente y desde hace decenios se quiere abarcar todo. Hace poco tiempo ha habido un debate sobre el número de asignaturas que los estudiantes tienen que seguir. Tengo nietos y se pasan el día con clases y más clases, con asignaturas que llegan a dieciséis o dieciocho en algún caso. Esto no existía nunca antes.

Cuando estudiaba el bachillerato había normalmente cuatro cursos por año, en algunos casos tres, en otros podía haber cinco, nunca más, eran abarcables, eran dominables. Se estudiaban menos cursos de cada cosa. Estudié dos cursos de latín, luego la gente que es más joven ha tenido seis cursos de latín. En general no saben latín, decía: “es que se espera al año siguiente”. Ahora lo más frecuente es no tener ninguno y por tanto ni oler el latín. En mi segundo curso de latín, en el instituto Cardenal Cisneros, aquí al lado, traducíamos la Eneida, y si no fuera una impertinencia les podría recitar a ustedes largos trozos de hexámetros de la Eneida, que recuerdo de entonces, es decir de hace exactamente setenta años.

Había pocas asignaturas pero se sabía bastantes cosas. Recuerdo haber ayudado a mis hijos cuando estudiaban cristalografía, que es complicada, con el sistema monoclínico y el sistema triclínico, recordaba bastante bien mi cristalografía del bachillerato y les echaba una mano. De historia, de geografía tenía ideas bastante precisas de cosas elementales, abarcables.

La función de la escuela es enseñar a hablar y a escribir, y presentar el mundo. Hacer que los niños empiecen a vivir un mundo y presentarles como es el mundo, y algunos conocimientos sumamente elementales, basta con eso.

Hoy una escuela buena tiene aparatos como microscopios y aparatos electrónicos. Creo que una escuela consiste en un aula limpia, con unos bancos, con una pizarra y un maestro con vocación, eso es una escuela y con eso basta. Si se puede hacer algo más, mucho mejor, pero hay unos sitios en los cuales se hacen unas escuelas espléndidas, magníficas, con todos los adelantos, a las cuales asisten el cinco por ciento de los niños y los demás no tienen escuela, eso ocurre en muchos países. En los países europeos no es así, aunque a veces no aprenden mucho.

En la segunda enseñanza o como se llame ahora, ya me he perdido y nunca pregunto a los hijos o nietos de mis amigos lo que estudian porque no sé de qué me hablan. La función de la segunda enseñanza sería conocer una visión elemental pero precisa, no adulterada de las líneas generales de las grandes disciplinas, saber efectivamente una lengua, un par de lenguas quizá, matemáticas, aunque creo que ya no se sabe hacer una división por esas maquinitas tan complejas. Y tener una idea de la física, de lo que es la química y lo que quiere decir eso y qué son elementos y qué son moléculas, la diferencia entre la química orgánica y la inorgánica. Y unas nociones de mecánica y de electricidad. Casa que es accesible y que se adquiría fácilmente, con poco esfuerzo en cualquier momento, y unas cuantas cosas más.

En el bachillerato hay que aprender realmente a escribir, a conocer la lengua, a manejarla, a que sea un instrumento para expresar y decir lo que piensa cada uno, lo cual empieza por no ocurrir y está no ocurriendo.

En la universidad también la enseñanza debe estar limitada: no se puede enseñar más que lo que se puede aprender, esa es la norma. Recuerdo que había unos programas de bachillerato que estaban bien, pero el que supiera lo que los programas contenían podrían licenciarse en filosofía y letras y en ciencias, sin más, y eso es irreal, eso no puede ser, no se puede hacer.

Hay por tanto un problema de irrealismo, de hacer grandes gestos, de dominar disciplinas que no se pueden dominar y en cambio no conocer las cosas elementales, básicas que permiten comprender las demás y que permiten tener un acceso a la cultura efectiva y real.

En lo que me es más familiar, en los programas de filosofía actuales, se hace una selección. En los estudios de filosofía en el bachillerato, lo normal es que se enseñen tres o cuatro autores, aislados, a los cuales no se puede entender. Por ejemplo un curso sobre Platón y otro sobre Berkeley y otro sobre Wittgenstein, no se sabe ni dónde ponerlos, ni qué quieren decir, ni por qué pensó cada uno de ellos lo que pensó, ni qué pasó entre ellos en medio de los siglos que los separan. Y a alguno de los autores, simplemente un muchacho no los puede entender. He nombrado a Wittgenstein, que es muy complicado, además hay varios Wittgenstein, porque pasó por fases muy distintas, y rectificó varias veces su pensamiento, ¿Cuál va a estudiarse de sus diversas fases de pensamiento?, para un chico de catorce o quince años.

Es irreal, la única manera que hay de acceso a la filosofía a la edad del bachillerato es la historia de la filosofía, porque da el argumento de la filosofía, presenta forzosamente las situaciones por las que ha pasado el mundo, desde los presocráticos hasta hoy. Se ve como han pensado lo que tenían que pensar. Se ve en qué tenían razón y si seguimos pensando como tenemos que llegar a otra filosofía, a otro sistema que también tiene su razón, su porción de verdad y que también es insuficiente. Esto es accesible y se puede poseer.

Los niños no entienden nada de la filosofía, que empieza a conocerse en la primera juventud, los niños no entienden, no porque sea complicado, como razonamiento hay muchas ciencias más complicadas, pero no entienden el problema, no entienden de qué se trata. Desde los catorce y quince años ya lo entienden.

No olviden que Platón, Sócrates tenían a sus estudiantes entre los adolescentes, muchachos muy jóvenes. Es la edad en que uno puede empezar a entender la filosofía y a apasionarse por ella. Pero no se la puede separar de la historia, y de la literatura, y del arte, porque todo eso va junto. Es lo que se llama la cultura, la persona culta tiene que poseer las líneas generales del mundo en el que se ha vivido, del cual se viene y en el cual, en el momento actual se vive, y por tanto prepara para lo que se pueda vivir en el futuro, para lo que se puede proyectar, para lo que se puede esperar.

La posesión de la cultura es algo muy importante, no es un asunto de pedantería. Hay personas que tienen una cultura muy limitada y se puede decir que la poseen, la tienen asimilada, y por tanto saben quiénes son, saben que son españoles, saben lo que quiere decir eso. Tienen el repertorio de las formas que se han creado, que se han elaborado en España, que representan la manera de sentirse en el mundo, la manera de proyectarse nacionalmente, la manera de entenderse uno a sí mismo. Esto es lo que se llama cultura, si quiere decir algo.

La palabra cultura se emplea demasiado, se habla hasta de la cultura de la violencia, que es la incultura de la violencia. En cambio se emplea poco la palabra civilización. Una persona culta es una cosa, una persona civilizada no es lo mismo exactamente e importa que haya personas civilizadas. Importa la civilización que viene “civitas”, que es ciudad y es la cultura de los ciudadanos. Vivimos en ciudades, aspiramos a ser ciudadanos y por tanto debemos ser civilizados y ser civiles, tener civilidad. Todo eso forma parte de la instalación de un nivel que es el propio.

Cada época y cada país tiene un nivel propio, un nivel que le pertenece, si uno no llega a ese nivel es deficiente, es como una especie de mutilación personal. Si se llega a ese nivel hay un enriquecimiento de posibilidades. Proyectamos desde lo que poseemos, desde la memoria personal o desde la memoria histórica. Entonces es cuando podemos tener futuro, podemos tener porvenir. Es un asunto sumamente grave.

Si se toman la molestia de ver unos cuantos días los periódicos. Hagan ustedes el experimento, ver con alguna atención los periódicos. Ver de qué hablan y de qué no hablan y a qué dedican las páginas, y qué proporción hay. Hagan un experimento parecido con la televisión, vean ustedes en una semana qué pasa, qué se recibe de ella, de qué se habla y de qué no se habla, y la palabra hablar parece excesiva, porque no es hablar, no merece llamarse hablar. También hay que tener en cuenta las revistas ilustradas, incluidas esas llamadas del corazón, no sé por qué. Hay mucha gente que se nutre de eso, hay gente que no lee más que eso.

Se ha producido el tipo de un semiculto urbano, nutrido de radio, televisión, periódicos y revistas ilustradas, que desconoce su lengua, que no tiene la menor idea de su historia, que no tiene la menor idea de lo que es la literatura española, que no sabe quién existe en España, quién vale la pena.

Hace poco tiempo, lo recordé en un artículo, me pidieron de la televisión que hablara sobre el pensamiento de la generación del 98 y su influjo en España, y pregunté qué tiempo disponía, me dijeron que unos doce minutos entre todos los intervinientes, me quedarían tres minutos. Les contesté que en ese tiempo no se puede decir nada interesante sobre esa cuestión. Hay gente que quiere aparecer en la televisión, pero yo no soy un fantasmón. Me interesaría decir algo accesible, claro, que pudiera cualquiera entender, pero para aparecer como un fantasmón no quiero. Otros lo han hecho.

Se emplean en la televisión horas, como en los deportes, cuando se hace la operación del zapeo se ve siempre el campo verde ¡Qué verde era mi televisión! En cambio las cuestiones más importantes, más graves, de más peso, o no aparecen jamás o aparecen unos minutos, a veces segundos. Esto es lo que recibe la mayor parte de la gente y es de lo que se nutre. Entonces resulta que la posesión de la cultura es muy deficiente y lo va siendo cada vez más. Esto me parece enormemente preocupante, porque significa un descenso de nivel.

Hoy lo que se llama la escolarización está conseguida, ahora todo el mundo puede ir a la escuela. Hace tiempo circulaba en ciertos ambientes, sobre todo políticos, la justificación de los regímenes por la alfabetización, si un gobierno se dedicaba a alfabetizar a los habitantes, esto era maravilloso, yo decía: “La alfabetización con libertad es excelente, la alfabetización sin libertad es peor, porque si a uno no le dejan leer lo que querría leer y lo obligan a leer lo que no quisiera, es una esclavitud, el analfabeto tiene alguna defensa, porque por lo menos no le pueden obligar a leer” Esto me parece importante.

No basta con la alfabetización, hace falta que haya ciertos incentivos para leer, un hábito de leer, que la gente tenga idea de leer. Hay un último estudio sobre los hábitos de los estudiantes españoles y dice que no entienden lo que leen. Eso me parece muy grave, eso supone un desconocimiento de la lengua y además hay que saber las conexiones, donde alojar eso que se lee.

Si leen algo aislado, que no tiene que ver con nada, no lo entienden. Las cosas se entienden cuando se ponen en conexión con otras y por eso cuanto más se tiene familiaridad con un tipo de asunto, mejor se comprende lo que tiene que ver con eso. Es un trabajo lento, difícil, en cierto modo penoso, que requiere algún esfuerzo, delicioso por otra parte cuando se posee la cultura.

Un curso de bachillerato mío, creo que era cuarto, tenía clase a las diez de la mañana, todo ese curso me levantaba a las seis de la mañana. No es que estuviera loco, es que antes de ir al instituto hacía mis problemas, las traducciones, preparaba las clases, iba a los cursos y cuando acababa las clases me quedaba la tarde entera libre, salvo algunas prácticas. Me dedicaba a leer aproximadamente un tomo diario, por ejemplo Galdós, Valera, algunos libros franceses, algunos ingleses, entonces traducidos todavía. Empecé a leer en francés a los trece años. Me nutría de una enorme cantidad de lectura.

Hay que leer precisamente cuando se es joven, cuando se está muy formado conviene no leer tanto, es hora de pensar más que de leer. Pero durante unos cuantos años hay que nutrirse de lo que han hecho los demás. Me contó Morente una cosa graciosa, enseñó después de la guerra muy brevemente, pues murió el año 1942, y al que era director del instituto de filosofía de cuyo nombre no quiero acordarme le dijo que debían comprar libros porque faltaban y este señor le dijo que: “hay que vivir de la propia sustancia”, y Morente le contesto: “pero se acaba, padre, se acaba”. Hay que alimentarse cuando se es joven y siempre, pero quizás en dosis menor.

Hay dificultades, pero la posesión de la cultura española es algo esencial, porque representa una manera de ser, una manera de vivir, distinta de las demás, no aislada ni aislable, que se ha nutrido de todas las demás de Europa, especialmente de las próximas. No se entiende la cultura española sin contar con la cultura portuguesa, francesa, inglesa, alemana, italiana, y algo más.

Si quisiéramos atenernos a ideas españolas, solamente de ideas españolas estaríamos en la indigencia, si tratáramos de quedarnos de las ideas de una región estaríamos en la miseria. Hay que nutrirse de todas las ideas europeas, occidentales, de sus raíces latinas y griegas en la proporción posible, en la proporción real y es la manera de ser nosotros mismos. Lo que se ventila en esta cuestión es si somos nosotros o no.

Y podemos ser o un antepasado nuestro, lo cual es la cima del arcaísmo o ser cualquiera, una realidad abstracta, sin raíces, que no vive desde esa realidad española que es lo que constituye nuestra última realidad. Si no poseemos esa cultura, si no poseemos bien, plenamente nuestra lengua, si no hemos leído por lo menos una porción significativa de lo que se ha pensado, de lo que se ha escrito, en español. Si no conocemos como se han visto las cosas, si no nos lleva eso a dominar la realidad física de España: los paisajes, los pueblos, las ciudades, las obras de arte, los monumentos. Incluyendo los errores, las torpezas, los desastres, los desengaños, que todo eso forma parte de la cultura española. No nos poseemos a nosotros mismos, no somos quienes somos y sobre todo no somos quienes podemos ser, quienes podríamos ser.

Creo que en España a pesar de lo que he dicho negativo, de dificultades, de limitaciones de la posesión de la cultura, de las amenazas que sobre ella se ciernen, creo que los españoles tienen una peculiaridad, tienen una intensidad adquirida en gran parte por la vida espontánea, vida elemental. Los españoles tenemos entre una de nuestras virtudes la de hablar mucho, la gran riqueza de la cultura española es la palabra. Un barco cargado de palabras sería algo maravilloso, podríamos exportarlas.

El español es hablador, se manifiesta, se expresa, se comunica. Una porción inmensa de la cultura española se ha creado en las tertulias, cuando había tertulias, ahora hay pocas tertulias, por varias razones, también materiales, la gente tiene poco tiempo, pretende vivir mucho mejor económicamente, pretende ganar más y por tanto tiene menos tiempo, poco tiempo para vivir. No tiene tiempo para reunirse con amigos a hablar. El coche es un elemento maravilloso y destructor al mismo tiempo. Cuando llega un amigo a casa y me dice: “me voy porque estoy en segunda fila”, la segunda fila como antídoto de la cultura.

Los españoles han tenido y en cierta proporción tienen cierta generosidad. Por ejemplo si un europeo de otros países tiene una idea brillante o se le ocurre una frase ingeniosa o con belleza literaria, normalmente no la dice en una tertulia, la publica en una revista, por lo general especializada. Los españoles han dicho las cosas ingeniosas o bellas cuando se les han ocurrido, las han dicho espontáneamente y los demás se han nutrido de ellas y esto ha sido un factor de cultura absolutamente capital, que está en crisis por muchas causas.

También la escolarización tiene su importancia. Los niños antes iban a la escuela a los seis años o siete años, yo fui a los ocho y medio, y tuve tiempo de aprender bastantes cosas. Pero en general ahora van a los dos o tres años, por falta de servicio doméstico, porque las madres trabajan fuera de casa. Las que trabajan en casa trabajan más que nadie. Esta escolarización temprana es quizá inevitable, pero en la familia, dentro de la casa las relaciones son personales y el proceso de personalización se realiza así.

Pero si el niño pasa de los dos años a los tres años a una guardería o un jardín de infancia, entra en un mundo de vida colectiva, de normas, de atención menos personal. Aprende destrezas para la vida colectiva, pero temo que se perturba el proceso de personalización o es deficiente.

Es evidente que a un niño al que le hace caso todo el día, al que se le habla, a quien se acaricia, a quien se le tiene en brazos tiene un desarrollo, incluso mental, se ha estudiado muy bien, que el niño que está en una institución colectiva menos atendido, con menos presencia humana. Esto puede ser inevitable y justificado, pero hay que ver qué consecuencias puede tener.

Me pregunto cómo serán los jóvenes de veinte años que han ido desde temprana edad a una institución, que puede ser excelente. Probablemente distintos de nosotros.

Ahí ven ustedes toda una serie de factores que intervienen en la formación, en la pertenencia a una forma social, a una forma de vida colectiva, dentro de la cual se produce cada vida personal, única e insustituible.



                                              La instalación en la cultura mundial



La posesión de la cultura española es muy importante porque es una modalidad de la cultura europea, de la cultura occidental, desde la cual un español puede penetrar en el conjunto. Es evidente que hay unas cuantas modalidades fundamentales de la cultura europea, hoy diríamos mejor occidental y se hace el ingreso en ellas desde la modalidad propia, en el caso nuestro de la española, y por consiguiente la posesión de esta cultura es fundamental.

Pero esta cultura no es solo español, esto es capital entenderlo también, es decir no existen culturas nacionales aisladas. No tenemos ideas españolas, hay ideas españolas, pero son una fracción. Las ideas que necesitamos, las ideas que poseemos, las que usamos para comprender lo real son, españolas, y de los demás países de Europa y América, y con sus raíces romanas y griegas que han vivido en relación y nosotros tenemos que estar instalados en ese conjunto. No es fácil por muchas razones, y en nuestra época es todavía más difícil de lo que ha sido en otras.

En primer lugar el enorme volumen de la cultura occidental, su riqueza extraordinaria. La velocidad del cambio, la sucesión de innovaciones que no se pueden dominar y conocer. Todo esto hace muy difícil la instalación en el conjunto de esa cultura. La producción es de tal volumen que ni siquiera en una disciplina particular es posible conocer ni los títulos de los libros y artículos publicados sobre una cuestión determinada. Cuando se tiene un catálogo de publicaciones, no hay tiempo ni de leer el catálogo, no digamos los libros, es algo absolutamente irreal. Y sin embargo una cierta instalación en el conjunto es absolutamente necesaria si se quiere poseer una cultura. Un problema muy difícil de superar.

En épocas relativamente recientes, quizá hasta la primera mitad de este siglo, se podía seguir el conjunto de las líneas rectoras de la cultura europea, y digo europea porque todavía era la rectora de la cultura, Estados Unidos todavía no había llegado a dominar como ahora. En la primera mitad del siglo era más fácil de dominar. Había un criterio de selección. Se conocían ciertas porciones de cultura que parecían las más relevantes. Las cimas de la cultura eran relativamente conocidas. Había principios generales comunes que eran relativamente fáciles de conocer.

Ahora en cambio está ocurriendo un fenómeno muy extraño, en gran parte por la generalización de estudios y publicaciones, en segundo lugar los medios de comunicación ponen todo al alcance de todo el mundo. Cualquier persona con aparatos electrónicos va a tener acceso a cualquier cosa, esto se parece mucho a no tener acceso a nada. Me produce una gran preocupación, esto que la gente llama “navegar” por internet, se parece mucho a navegar a la deriva, ¿qué jerarquía tienen las cosas?, ¿qué conexiones tienen entre ellas, qué es lo que es realmente necesario y es la milésima parte de lo que está al alcance de cualquiera?

Hay problemas incluso técnicos. Lo que está ocurriendo es extraordinario y en algún sentido admirable, al mismo tiempo va a introducir una dificultad enorme de saber a qué atenerse, de tener claro qué es lo importante, qué conexiones se establecen entre las cosas, qué jerarquías existen a las aportaciones a la cultura, qué es lo que realmente vale la pena, qué es lo necesario.

Este problema se está produciendo de una manera inundatoria y creo que va comprometer eso que se llamaba “ser culto”. Si recurren a su experiencia personal, si piensan en las personas que conocen, con quienes hablan y tratan o cuyos libros leen y se preguntan en qué medida éstas personas son o no cultas, encontrarán que a medida que se avanza en juventud es más problemático.

Encuentran personas de cierta edad, no muy jóvenes a las que se puede llamar cultas, que lo son realmente. Cuando se van acercando a la juventud conocen gentes que saben muchas cosas, a veces en un campo particular saben enorme cantidad de cosas, pero al mismo tiempo no tienen ni la menor idea de otras, de las cuales se solía tener una cierta idea, incompleta, imperfecta, tal vez vaga, pero que producía un balance de cultura, de saber a qué atenerse, de saber en qué mundo se estaba, de tener una noción de la estructura del mundo actual y fundamentalmente de su historia.

La Historia es el vehículo en el cual se alojan las cosas. Una persona que no tenga una idea de la historia aceptable, sin ser historiador, ni conocer muchos datos o hechos, sino alguien que tenga el argumento de la historia. En caso contrario no puede colocar nada en su sitio, no tiene idea de las conexiones, por qué las cosas son antes y son después y por qué unas vienen de otras.

Ahora empieza a ser frecuente que haya personas que conocen nombres históricos, algo de Carlomagno o de Richelieu o de Napoleón, tal vez no saben quién bien antes y quien viene después, ni a qué época pertenece cada uno de ellos.

Una profesora me ha contado recientemente que uno de sus alumnos decía que en la Restauración alternaban en el poder Sagasta y el Cardenal Cisneros, esto ocurre. Se estudian por ejemplo tres o cuatro nombres de filósofos, sin claridad de la época de cada uno, si uno viene del otro, si tuvo que pensar lo que pensó dada la situación de cada época. Esto por lo general no se sabe. Es muy frecuente que no se sepa, entonces el resultado es que no se sabe dónde se está y no se sabe quién se es, y por tanto hay una dificultad enorme de proyección.

Esta situación se ha agudizado enormemente en los últimos tiempos y amenaza con agudizarse aún más. ¿Es superable? ¿Hay alguna manera de superar esta falta de instalación en la cultura mundial? Creo que es posible, pero no es muy fácil.

En otras épocas ha habido personas que han tenido un gran conocimiento, profundo conocimiento de ciertas porciones de esa cultura, no de la totalidad. En el Renacimiento se hablaba del “Uomo universale”, las grandes figuras del Renacimiento poseían la cultura de la época, esto se prolonga todavía hasta el siglo XVII. Se ha dicho que el último hombre que tuvo la posesión de la cultura universal fue Leibniz, que muere en 1716. Ya desde entonces no ocurre la posesión de la cultura, pero había personas que sabían grandes porciones de esa cultura y esas personas eran capaces de transmitir a los demás una selección ordenada y coherente, inteligible de esa cultura y eran capaces de escribir libros en los que se podía tener como en un espejo, parcial, pero fiel de un gran campo de la cultura y los hombres normales, no grandes investigadores, intelectuales creadores podían conocer una serie de libros claros y asequibles que les ponían en contacto con una selección limitada pero coherente que les permitía eso que llamo instalación en la cultura.

Esto ahora es sumamente difícil porque casi nadie lo hace. Si buscan libros que den una iluminación sobre un campo de la cultura, en general o son libros inmensos, inabarcables, ilegibles por su volumen o son libros sumamente técnicos que estudian con un vocabulario hecho con neologismos, que no son fáciles de comprender, de una parcela mínima de un campo de conocimiento, lo cual no ayuda porque no da el mapa general de la cultura. Es como el que tiene que orientarse con planos de ciudades o mapas detalladísimos de pequeños lugares. Hay que orientarse como en los “mapamundis”, con grandes espacios y pocos detalles, y mapas nacionales, y luego se pude llegar a mapas comarcales. Esto es lo que pasa en el mundo cultural, no hay “mapamundis”.

Hoy es muy difícil orientarse por la gran dificultad de las síntesis inteligibles en los diversos campos. Hay un elemento de pedantería. Tengo nostalgia de los libros que estudiaba en el bachillerato, hace setenta años, libros de geografía y de historia, de España y Universal, clarísimos, inteligibles, atractivos, que se retienen, que recuerdo todavía muy bien. Ese tipo de libros no existen, no hay nada parecido y lo mismo diría de otros campos.

La Historia es capital porque es el marco que sitúa cualquier realidad. Una realidad que no se sitúa históricamente acaba por no ser inteligible, no se comprende. Cuando se tiene el argumento de la historia, en este caso de Occidente, que es el ámbito de nuestra vida, en el caso de la India o de la China es otra cosa. Pero si no se posee el argumento de la historia de Occidente, si no se sabe de dónde venimos, por dónde hemos pasado, adonde hemos llegado, hacia dónde podemos orientarnos, no se entiende nada.

Lo que es realmente grave es la desaparición de la Historia en el horizonte de la humanidad. Recuerdo que Ortega, que además de tener pasión por la historia y es el autor del gran método, la gran innovación que se ha hecho en nuestro siglo de la razón histórica, como hacia el año 1930 tenía una enorme ilusión por la historia y creía que iba a ser la gran disciplina fundamental. Se ha producido lo contrario, se ha producido una destrucción, incluso una persecución de la historia, un abandono de ella, una tergiversación casi constante, y esto ha introducido un grado de desorientación del hombre actual que amenaza ser algo abrumador en el siglo XXI, si no se pone remedio. Esto es absolutamente capital.

Añadan ustedes que la especialización en muchas disciplinas, el desarrollo enorme de los conocimientos ha hecho que se pierda la configuración. Ustedes habrán estudiado la teoría del átomo, recuerdo por ejemplo que cuando era joven se estudiaba el modelo atómico de Böhr, el gran físico danés, se veía como el átomo era parecido a un sistema planetario, análogo en cierta medida. Cada átomo estaba compuesto de un núcleo de protones con electrones en órbita de ese núcleo. Era algo bastante comprensible. Actualmente está superado por el conocimiento, se ha descubierto que los protones no son unidades suficientes, contienen innumerables partículas, los electrones tampoco son simplemente electrones. Se han descubierto inmenso número de partículas dentro de los átomos con funciones sumamente distintas.

No creo que sea imposible hacer una síntesis de lo que se entiende por la estructura de la materia, pero no se ha hecho. Nadie está con una idea actual y al mismo tiempo comprensible, inteligible de lo que puede ser la materia, tanto la orgánica como la inorgánica. Lo que ha ocurrido con la biología, se ha avanzado fantásticamente en el conocimiento y en la manipulación, la ingeniería genética que se funda en conocimientos extraordinarios, no ya de las moléculas y de las células, sino de los contenidos de ellas, de esa enorme complejidad que se ha descubierto.

¿Ha habido un esfuerzo de recopilación de todos esos saberes? Nadie sabe sino una pequeñísima parte de la actual biología, faltan las nociones generales. Es decir el hombre actual que antes tenía una fe y confianza en la ciencia, porque le parecía lo inteligible, era lo racional, era lo comprensible, se la ha vuelto el “libro de los siete sellos”, casi nada se entiende, casi nada es inteligible. Hay una especie de acto de fe en la ciencia, se supone que lo que los científicos dicen es verdad. Yo lo dudo cada vez más, por otra parte. Porque dicen cosas que me parecen tan irresponsables, en cuanto salen de la parcela de la ciencia en la que son competentes y lo hacen constantemente. Dicen cosas que son absolutamente inaceptables. Absolutamente incomprensibles, pero en todo caso en aquellas cuestiones que son más de fiar las presentan de tal manera que no son comprensibles para casi nadie.

Con lo cual resulta que el hombre actual que tiene una cantidad de noticias absolutamente incomparable con ninguna otra época y que las tiene al alcance mediante los aparatos electrónicos fácilmente, al mismo tiempo tiene una suma de ignorancia que es aterradora.

Esta situación tiene consecuencias muy varias, por lo pronto la de que la mayor parte de las personas que viven en nuestro mundo no saben bien donde están, no tienen una idea aceptable del mundo actual, no saben dónde se está, no saben lo que se está investigando, ni hacia donde se dirigen los conocimientos en las diversas disciplinas. En esa medida no tienen demasiada capacidad de anticipación del porvenir.

El hombre del sigo XVI y XVII sabía en cada momento hacia donde iba el mundo, no pasa actualmente. Casi todos los libros de anticipación resultan absurdos. Cuando era joven se hablaba del año dos mil, y resulta que casi todo lo que se anticipaba no se parece en nada al mundo actual. Incluso el famoso libro de Orwell: “1984”, hemos pasado esa fecha y el mundo no se parece demasiado a ese libro, por fortuna. Hay una tendencia a la prolongación mecánica de lo que se conoce, de lo que existe en un momento determinado.

Si no se tiene capacidad de imaginación, si no se tiene capacidad de proyección, se cae en formas de proyección mecánicas, puramente cuantitativas y esto compromete el futuro. Estamos tratando de ver como puede ser el futuro de España y de los factores capitales es que esa cultura española de la que tratamos el otro día y que me parece absolutamente necesario poseer, y que es de una riqueza muy considerable. Esa tiene que estar inserta en un marco general, que es la cultura mundial, la cultura occidental por lo pronto, de la cual se nutre. No podemos permitirnos esa idea de la autarquía que tuvo tanta aplicación económica en los años de la guerra mundial y después, eso fracasó totalmente y estamos en lo contrario.

Hay ciertos requisitos que quisiera nombrar por lo menos. La cultura es accesible en la medida que se participa de ella. Una persona que no tenga la experiencia real, la experiencia personal de lo que es cultura no puede comprenderla, que tengan acceso real a la creación cultural en cualquier campo. Por eso insisto hace mucho tiempo que la función del profesor es pensar ante los estudiantes, que vean esa función del pensamiento en estado naciente, como acontece delante de ellos esa función fundamental que llamamos pensar. Es la única forma de que ese pensamiento se contagie. Dirán ustedes que hay muchos libros, ensayos, artículos, pero no basta, eso es en cierto modo bastante inerte.

Si asisten al pensamiento de alguien entonces tienen la vivencia inmediata de lo que es el pensamiento, lo ven ustedes como nace, como se desarrolla, como vacila, como tropieza, como retrocede, como se busca entre la oscuridad, y el que asiste a ello reproduce en sí mismo esos movimientos, esas actitudes mentales y vitales, es decir piensa por su parte, se produce eso que llamo el contagio del pensamiento. El pensamiento es contagioso pero no mucho, insisto en ello y es menester dar las condiciones para que se produzca el contagio, que en forma abstracta, en forma meramente de lectura no es posible.

No digamos si de vez de lecturas lo que se maneja son informaciones o datos. El que se pone delante de un ordenador tiene acceso a todo en principio, pero qué hace con ello. Nada sustituye a sentarse en una butaca con un libro en la mano y leerlo, leerlo en continuidad y luego pensar sobre ello o asistir al pensamiento vivo, al pensamiento pronunciándose delante de uno mismo, que es lo que nos ha ocurrido a los que hemos tenido nuestros maestros, desde el maestro de escuela hasta los más excelsos maestros universitarios. Eso es lo que produce el contagio del pensamiento.

Si esto no se produce el hombre será un primitivo lleno de noticias, que es la amenaza actual. Insisto en el hecho de que existían hace unos decenios algunos hombres que conocían ciertas parcelas de la cultura, las conocían muy bien, las conocían profundamente, habían participado en su creación, eran en cierto modo creadores de ellas, las vivían desde dentro y eran capaces de comunicarlo, eran capaces de contar a los demás eso que habían vivido, eso que habían visto.

Existían libros valiosos, atractivos que permitían esa comunicación. Entonces existían grandes minorías de personas que eran verdaderamente cultas, de personas que vivían en un mundo que era verdaderamente suyo, del cual conocían las líneas maestras, del cual podían participar, dentro del cual podían aportar algo suyo. Esto es cada vez menos frecuente, lo cual es aterrador, pues de esa actitud es de donde nacen las vocaciones.

Hay un fenómeno que se está produciendo actualmente, el número de estudiantes se ha multiplicado, es inmenso, ahora todo el mundo estudia, pero el número inmenso de estudiantes reclama un número inmenso de profesores. ¿Puede haberlos?, ¿Puede haber ese número de profesores competentes? No es seguro, pero es posible. Lo que me parece dudoso, lo que me parece problemático es que hay ese número de personas con vocación de profesores.

Hay una queja universal de vocaciones sacerdotales, pero la vocación es la de ser alguien, de tener una vida llena de contenido, la que pretendemos ser. Hay una insuficiencia de vocaciones sacerdotales en todo el mundo, pero ¿qué pasa con las otras vocaciones? Piensen que la ciencia física, la ciencia biológica han hecho avances inmensos y tienen un éxito incomparable con el de ninguna otra época, no estoy seguro de que haya un número suficiente de vocaciones científicas, posiblemente se convierte en profesión.

Hay gentes que trabajan en un laboratorio y hacen una labor importante, puede ser interesante, sin vocación, sin esa delicia que era para cada investigador el dedicarse a eso, en gran parte porque las profesiones están ahora mejor pagadas. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ustedes piensen que ha habido vocaciones económicamente lamentables.

Les he recordado la inauguración de la facultad de Filosofía y Letras en el año 1933 en la Ciudad Universitaria de Madrid, el decano don Manuel García Morente nos dijo que “el que se matricula en esta facultad hace voto de pobreza”, le hicimos una ovación impresionante, no sé si pasaría ahora eso, no sé si nadie se atrevería a decir eso, ni siquiera es verdad ahora. El que se matricula en una facultad de Filosofía y Letras no hace voto de pobreza, quizá hace voto de modestia pero no más, pero nos pareció en ese momento entusiasmante, es decir nuestro horizonte iba a ser ese y sin embargo tuvimos una reacción de entusiasmo.

Todo el mundo pide recursos, aparatos, dinero para la ciencia, nadie pide vocación. La ciencia moderna se ha hecho con muy pocos aparatos y mucha vocación, y eso ha ocurrido con la Historia, con la filosofía, con la literatura. Los escritores, decía Larra que “escribir en Madrid es llorar”, no tanto y además él ganó bastante dinero y tuvo mucho éxito, luego se pegó un tiro, como saben ustedes, no por eso. Pero en fin, se escribía y se gozaba, porque cuando se tiene vocación se goza. Cuando está escribiendo, cuando está investigando, cuando está pintando.

La vocación es ya una delicia. Recuerden el espléndido poema de Goethe: “El cantor”, que decía: “La voz que canta en la garganta es el premio feliz para el que canta”, esta es la forma de la vocación. Si hay una crisis d vocaciones se paralizará la creación intelectual, la creación científica, se producirá un regreso, a las personas no le interesen las cosas.

Es absolutamente esencial conocer el esquema de la Historia, saber por tanto donde estamos, de dónde venimos, donde podemos situar cada uno de los ingredientes de la cultura. Haber asistido a la creación del pensamiento, haber recibido el estímulo que produce el contagio, tener las líneas generales abarcables de las grandes disciplinas, de sus líneas programáticas. Con todo ello se puede entrar con confianza en el siglo XXI y puede ser un siglo creador y de una gran cultura, de otro modo no.

En España, porque hablamos de España, no lo olvidemos, tenemos algunas ventajas, por lo pronto la vitalidad de España, hay una vitalidad extraordinaria, hay mucha gente que tiene interés por las cosas. Hay una capacidad de conversación, da hablar unos con otros, de comunicar las cosas, de estimularnos mutuamente. Una gran parte de la cultura española, desdeñada por los pedantes, ha nacido de las tertulias. Las tertulias españolas han sido una creación de cultura y de comunicación, de difusión de ella mucho mayor que ninguna otra.

Pero además España ha sido, creo que todavía sigue siendo un país con talento literario. Es decir los investigadores, los científicos, los eruditos españoles han solido escribir libros que eran libros, no hojas cosidas, sino libros que se pueden leer, libros atractivos, libros inteligibles, libros incitantes, libros divertidos. Existen bastantes y no se han dejado de escribir y eso hace que se participe de ello, que hay un número muy grande de españoles que participan, que han participado hasta hace no mucho tiempo y que todavía lo hacen de la cultura más selecta, más innovadora, más profunda.

Me producía admiración y alegría el hecho de que don Ramón Menéndez Pidal, que hablaba principalmente de la Edad Media con gran rigor, era una figura popular en España, era conocido, era famoso, la gente sabía quién era. Escribía gruesos libros, gruesos tratados, pero escribía libros breves en la colección Austral. Había veinte libros de don Ramón Menéndez Pidal, baratos, fáciles de leer, accesibles, que estaban en muchas manos, no en todas. Esto existía, esto era posible. Creo que son ventajas capitales.

Hay un hecho fantástico, el hecho de que la lengua española sea una lengua, una, quiero decir que no hay una lengua coloquial, una lengua hablada y una lengua culta como ocurre en otras lenguas. La lengua popular es utilizada por los escritores más encopetados y de más valor. La lengua de los escritores más profundos y más refinados, como lengua es accesible, la entiende todo el mundo. No es una lengua particular, podrán no entender los conceptos que empleen, la lengua es la misma. Es una ventaja inapreciable que tenemos y a la cual no debemos renunciar.

Esto quiere decir que ese horizonte que les he presentado y que tiene amenazas, hay nubarrones en el porvenir de la instalación en la cultura general. En España está un poco atenuado, un poco menos grave que en otros sitios.

El intelectual español, si lo es de verdad y lo ha sido siempre hasta hace muy poco tiempo y lo sigue siendo a pesar de las tentaciones es capaz de escribir, es capaz de estar en contacto con los problemas vivos, no es pedante. Un gran psicólogo alemán del siglo pasado se ocupó de una cuestión no muy científica, que era de la inmortalidad, publicó sus escritos sobre este tema con un pseudónimo, porque hubiera perdido su prestigio intelectual si hubiera hablado de esto.

Unamuno se pasó toda su vida hablando de la inmortalidad y hablando del temor a la muerte y de la preocupación por la perduración. No le importó y escribía novelas y escribía poesía, y esto es un rasgo característico importante y decisivo de la cultura española. Puede ser quizá la vacuna que nos libre de los peligros evidentes y gravísimos que amenazan a toda la cultura occidental en los umbrales del siglo XXI.



                                                              Las vigencias sociales



Las vigencias sociales son por lo general un proceso lento. Lo estudié como fenómeno social hace mucho tiempo en mi libro “La estructura social”, hablaba de como las vigencias sociales se engendran de una manera individua, se trata de la acción de individuos aislados o de pequeños grupos de individuos como tales que ejercen un influjo en la sociedad como tal, y al cabo del tiempo, lentamente se convierten en usos sociales que ejercen presión sobre los individuos y regulan su conducta en muchos sentidos.

Los usos sociales regulan una conducta y al mismo tiempo son una coerción, una facilidad para la vida. Esas vigencia que primero son en principio incoactivas y en general débiles o solamente ejercen su influjo sobre unos estratos de la sociedad, acaban haciéndose más sólidas y se consolidan, y adquieren una fuerza mayor, un vigor más fuerte. La palabra vigencia quiere decir vigor, un uso social es vigente cuando tiene vigor.

Esas vigencias, por el paso del tiempo, por diversas circunstancias o por cambios sociales se van debilitando, ejercen una presión menor y hay un momento en que se evaporan, se extinguen, dejan de ser vigentes, dejan de tener esa fuerza social.

Ese proceso ha sido siempre lento. Las sociedades son desigualmente estables, pero en general a lo largo de toda la historia ha sido siempre un proceso muy lento. Ortega recordaba la frase: “Los molinos de los dioses muelen despacio”. En España hay un dicho popular que dice: “Las cosas de palacio van despacio”, salvo en los momentos excepcionales en que se produce una gran alteración, brusca por causas que en cada caso habría que determinar.

Ahora, en nuestra época, y cuando digo, en nuestra época, me refiero a los últimos decenios, no mucho tiempo. Se ha producido un cambio muy importante en el proceso de las vigencias. Por lo pronto se ha producido una enorme aceleración, por causas bastante bien conocidas, sobre todo dos. Una de ellas es la aptitud que tienen las sociedades actuales para la organización, es un fenómeno que además es creciente, en el último decenio se ha acelerado de una manera extraordinaria.

Hay organizaciones de todo, para todo, y con cualquier pretexto. Creo que es una muestra más de un fenómeno que, en cierto modo, es un poco paradójico. Uno de los rasgos de la sociedad española, y no solo española, es el particularismo: es decir el que las partes del todo no se vean a sí misma, pero como partes del todo, sino como todos, que no cuentan con el resto. Pero esto tienen un carácter social y no individual, no se trata del famoso “individualismo español”, que tiene una cierta porción de realidad.

Se trata de la facilidad de organización y de que partes, a veces muy pequeñas partes del cuerpo social se organizan como todos y ejercen su presión sobre el conjunto. Este es un hecho muy característico de los muy últimos decenios, acentuado cada vez más.

A este hay que unir el otro factor más, que es visible y notorio, y lo tenemos todos presentes: es el enorme desarrollo de los medios de comunicación. Los medios de comunicación tienen unos medios, un poder y un influjo absolutamente desproporcionados con todo lo anterior. Por una serie de hallazgos técnicos ha habido un proceso desde el siglo pasado, proceso que desconocían los poderes de las monarquías absolutas, que tenían mucho poder y pocas potencias, muy poca facultad de actuar sobre los cuerpos sociales. No solamente era bastante difícil que se cumplieran sus órdenes, sino simplemente comunicarlas. Faltaban medios de comunicación. Había bastantes naciones europeas en el siglo XVIII que simplemente no se enteraban de muchas cosas.

Esto se va acelerando, el ferrocarril fue un factor muy importante, muy poco después el telégrafo, luego el telégrafo que permitía una comunicación más directa. En el siglo XX, la radio, la televisión, no digamos los últimos adelantos electrónicos que pasan a otro orden de magnitud mucho mayor. Es decir estamos recibiendo noticias, impactos de todo tipo constantemente, consignas, modelos, consejos, desconsejos, todo el tiempo, en cantidad enorme y llegan a todas partes.

La diferencia entre la vida urbana y la vida rural, que era muy grande hasta hace muy poco casi ha desaparecido. En los más remotos lugares, no solamente en los pueblos, sino en casi todos los rincones de los países menos avanzados técnicamente hay bosques de antenas de televisión en todas partes. Llega de una manera inundatoria extraordinaria.

Lo cual quiere decir que el hombre actual recibe una serie cada vez mayor de impactos de todo tipo, de noticias, verdaderas o falsas, en el mismo momento que se producen y aunque no se produzcan. Y hay interpretaciones de elles y consejos y modelos. Todo esto ha hecho que la duración de las vigencias tenga una enorme aceleración, que no tiene nada que ver con lo que era hace medio siglo. No me refiero antes, sino dentro de nuestras vidas la aceleración es fantástica y además está aumentando.

Todo esto está produciendo una crisis de vigencias. Las vigencias que parecían sólidas, que parecían muy arraigadas, que se mantenían durante mucho tiempo, decenios o siglos, resulta que son débiles, que no tienen mucha solidez, se evaporan y pierden si vigor, son sustituidas por otras, rápidamente. Por otras que son también superficiales, esto me parece importante, que son a su vez improvisadas, que tampoco tienen solidez, ni tienen tiempo de arraigar, porque son sustituidas por otras.

Se crea una inestabilidad social, que es el fenómeno característico de nuestra época, y al decir esto me refiero a una porción reciente de nuestro siglo, lo cual, claro está tiene consecuencias extraordinarias. Por lo pronto una cierta desorientación, una cierta inestabilidad.

Todo esto ocurre en las ideas de ver la realidad, en la manera de comprender la vida y su horizonte, en las relaciones personales, en las relaciones familiares, en un grado desusado anteriormente de inestabilidad matrimonial, amorosa o familiar.

Se producen cambios que son mucho más importantes y mucho mayores, que afectan, no solo a grupos reducidos, como ocurría antes, sino que afectan a la totalidad de la sociedad. Lo cual referido a las posibilidades españolas en el siglo que va a empezar, afectan naturalmente, no solo porque la sociedad es actualmente más inestable que lo ha sido, salvo en momentos de gravísima crisis, sino que en la perspectiva en la cual nos encontramos, las posibilidades de proyección están afectadas por esa inestabilidad.

Es decir tenemos una visión no clara y no fácilmente imaginable de lo que pueden ser los años próximos, los muy próximos, pongamos el decenio próximo, para no buscar muy lejos. Esto tiene una enorme importancia y que se ha producido en otras épocas pero en momentos excepcionales y además con una cierta localización.

Recuerdo el testimonio de una situación en cierto modo parecida. Hace muchos lo estudié, es en Platón. En un texto muy poco leído y muy poco estudiado, que es la carta séptima de Platón. En ese escrito se muestra como la crisis de Atenas, crisis de las vigencias sociales, crisis de lo que se puede esperar, de lo que se puede hacer, aquello en lo que se puede confiar es tan grave, eso trunca la vocación política de Platón y lo llevó a hacer filosofía.

Mostré hace muchos años que le origen de la filosofía e Platón está en la imposibilidad de hacer política, dada la situación de desorientación tremenda: él emplea la palabra “vértigo”, y esto lo lleva a la necesidad de filosofar. Pero esto ocurre en Atenas y en un cierto momento determinado, con una serie de problemas políticos muy graves.

El hecho de que todo esto afecte a naciones enteras, porque el problema no es solo español, produce un estado de inestabilidad claramente visible. Esa inestabilidad, sin embargo, no es total, y no lo es porque no toda la vida humana está afectada por las vigencias. Hay un fondo en la vida humana, especialmente en la vida individual, en la vida personal que no es conformada, formada transformada por el sistema de vigencias.

Si ustedes ven lo que está pasando, como es la vida real de ustedes mismos y de sus amigos, y de sus contemporáneos, tropiezan con esa situación de inestabilidad que es absolutamente evidente y notoria. Y sin embargo, por debajo de ello verán ustedes que hay ciertos estratos de la vida humana que no están afectados por esa inestabilidad, por esos cambios vertiginosos de vigencias y que dan un cierto punto de apoyo, una cierta forma de estabilidad.

No es claro, no es muy claro, porque hay ciertas cosas que parecían muy sólidas, por ejemplo ciertas convicciones morales o religiosas que parece que se han evaporado, sim embargo no sé si es enteramente verdad. Tal vez queda en un estrato de la vida humana, que no está claro, que no está precisado, un fondo de resistencia a esas variaciones de las vigencias, resistencia que es puramente pasiva, consistente en no hacer caso, en considerarlas como problemas superficiales.

Estamos en Semana Santa. Las vigencias sociales aparentes harían pensar que la Semana Santa simplemente no existe, ¿hasta qué punto es verdad?, luego se encuentran con que sorprendentemente existe, con formas nuevas, ¿es que se ha pasado la hoja?, tampoco es verdad, lo cual nos lleva a pensar que no entendemos bien lo que pasa, lo que es la vida humana, cuáles son sus estratos, cuáles son sus grados de importancia ¿qué puede ser más permanente o más estable?

No olviden la famosa imagen de Unamuno de la intrahistoria. Las aguas agitadas por el viento, con un oleaje que asusta y por debajo, sigue lo mismo, sigue todo. El agua está tranquila y serena. Hablaba de los bullangueros de la historia, como el escuadrón de caballería que entra en un pueblo con un gran estruendo y altera todo, pero hay alguna serie de gentes que hacen lo que tenían que hacer, que van al campo y lo cultivan, y las mujeres les dan de mamar a sus hijos y hacen la comida para su familia, y hacen lo de todos los días a pesar de todo aquello. Esto no conviene perderlo de vista tampoco.

Hay que calibrar la importancia o el arraigo o el alcance que tengan esos evidentes cambios de vigencias, acelerados que introducen un grado muy grande de inestabilidad.

Por otra parte hay una experiencia que me parece importante, aunque no se la suela ver y no se la suela dar gran consecuencia: es el fracaso. Hay la impresión de que muchas cosas fracasan o han fracasado. Hablamos antes d las relaciones familiares, amorosas, hay un número de fracasos que son muy grandes, enormes. Lo que parecía estable, digo a veces de broma que cuando veo a una persona a quien no he vito en los últimos tiempos, ya no se atreve uno a preguntar ¿y Pepita?, por si ya no hay Pepita, y hay que preguntar ¿qué tal la familia?, que es más fácil de acertar, lo cual es confiar en algo que es de algún modo estable.

Hay una dimensión de fracaso, evidente. Muchas personas se dan cuenta de sus fracasos en diversos aspectos de la vida. Otra forma de fracaso es el sistema de las estimaciones. El mundo actual está dominado por aquellas cosas y personas de que se habla, que están en todas partes. Si ustedes se molestaran en pensar qué caras ven en la televisión todo el tiempo, por ejemplo en los últimos meses, contamos con esas personas, sabemos quiénes son. Ahora todos sabemos los nombres y las caras de algunos jueces que en mi vida he llegado a conocer.

Se habla de personas que se supone que son valiosas y la mayor parte de la gente lo acepta, pero al cabo de algún tiempo esas valoraciones no se justifican. Le dicen a uno que vaya a ver una película que es muy buena y luego cuando va a verla se da cuenta que no le gusta, a lo mejor no se atreve a decirlo, ni siquiera a decírselo a sí mismo, por la presión de los prestigios establecidos y a lo mejor cuando se estrena otra película de ese mismo autor, pues no va a verla.

O le dicen de un libro que es magnífico y que todo el mundo lo lee, pero tampoco le gusta, se aburre o ni siquiera lo termina.

Hay fracasos de la vida personal, fracasos de las relaciones, fracasos de las estimaciones, no digamos si son políticas. Entonces hay una impresión que una cierta frecuencia del fracaso, y en definitiva ¿han sido fracasos de uno mismo?, porque nosotros fracasamos, cometemos errores. Especialmente cuando no hacemos caso de lo que vemos, esto es muy importante. Yo de lo único que me fio es de la cara de las personas y suelo hacer caso de lo que veo, pero alguna vez no hago caso, las presiones me hacen no hacer caso de lo que veo, entonces tropiezo, y luego me doy cuenta de que lo había visto, y no he hecho caso.

El tipo de fracaso al que me refiero es propiamente social, no personal, es que me han persuadido de algo que luego era falso, lo ha aceptado pasivamente y no es valioso. Este fracaso al que me refiero es muy importante, es muy importante porque es aleccionador.

Entonces se produce una situación que en cierto modo es alarmante, aumenta esa inestabilidad que hablábamos, que es que no me fío de las vigencias, esto es un refinamiento.

Las vigencias ejercen su presión sobre nosotros, las aceptamos a veces con entusiasmo, a veces de un modo pasivo, a veces las rechazamos, porque una cosa que se puede hacer es resistir a las vigencias, a la presión de las vigencias. Pero puede ocurrir, si estos fracasos se repiten con demasiada frecuencia, en que uno no confíe en las vigencias, las perciba como tales, sienta que ejercen sobre uno la presión, pero no acaba de tomarla en serio. Lo cual disminuye su importancia.

Un ejemplo muy trivial, pero que es orientador, que es la moda, fenómeno muy interesante. Una cosa son los usos sociales y otra es la moda. Los usos son que nos vestimos de un cierto modo, la moda es otra cosa, es la moda de este año o de esta primavera o de este otoño y supone una presión de los creadores de la moda, que son unos dictadores que la imponen, pero supone una aceptación. Es decir la moda ejerce presión sobre el que pretende estar a la moda, es un fenómeno de vigencia social limitada, pero muy interesante.

En nuestra época hay un fenómeno muy curioso, que es que están de moda cosas enteramente distintas, con resultados contrarios. Recuerdo una vez que paseándome por una pequeña ciudad de provincias, había unas amigas, una de las cuales llevaba una minifalda, tan mini que yo la llamo cerofalda, la otra llevaba una falda hasta los pies, las dos iban a la moda y seguían la moda.

Si ustedes miran con atención verán que es un fenómeno curioso, ocurre ahora esto: hay vigencias que ejercen su presión, cuyos contenidos son enteramente dispares, y un diría que opuestos, pero que coinciden en ser objeto de presión. Esto aumenta la inestabilidad y al mismo tiempo, le quita importancia, lo cual no da estabilidad. La estabilidad la da un sistema de vigencias, pero si es fluctuante, aceleradamente cambiante, al final se debilita como sistema general de vigencias y no da estabilidad a la vida.

Entonces la vida humana hace lo que hace siempre: recurrir a otra instancia. El hombre no puede vivir en estado de perpetua inestabilidad, sobre todo si es una inestabilidad total. La vida humana es inseguridad, pero hace falta un cierto lugar en que se hace pie, justamente para poder proyectar, para poder enfrentarse a la inseguridad de la vida. Si no tenemos un punto de apoyo, ni siquiera esa inseguridad se puede tomar en serio, y esto es muy grave.

Si las vigencias sociales se debilitan, si pierden, por aceleración y por multiplicación, pierden su valor y su fuerza, hay que buscar otra cosa, y eso es justamente la vida individual, la vida personal, es nada menos que lo que le pasó a Platón, que en vista de que no se podía hacer política, que la vida ateniense era un “vértigo”, absolutamente inestable, tuvo que hacer algo importante: ponerse a pensar. Tratar de tener ideas claras, ideas justificadas.

Las creencias en las que estamos son mucho más importantes que las ideas, el hombre se guía por sus creencias mucho más que por sus ideas, las ideas suplen las deficiencias de las creencias, su conflicto. Deciden entre ellas cuando entran en conflicto, pero si hay una crisis credencial, el hombre tiene que buscar ideas, tiene que buscar una seguridad de otro tipo, una seguridad intelectual, que es la evidencia, tiene que apelar a la evidencia y tiene que ver que algo es de cierta manera.

A veces no es posible la evidencia, hay cosas que a veces no son evidentes, entonces se usa un mecanismo que es la prueba, puedo probar lo que no es evidente, partiendo de varios puntos de apoyo que son evidentes, la pueba de algo que por sí mismo no es evidente.

Entonces sí, llego a saber a qué atenerme, llego a tener una visión personal, propia de qué es mi vida, qué puedo esperar, qué realidades me rodean, qué puedo esperar o hacia dónde puedo proyectarme. Es por tanto un recurso de lo social, a lo puramente individual.

Ahora bien esa función de las ideas, si son verdaderas, es decir si son evidentes o justificadas o probadas, eso se puede difundir, de eso pueden participar otros que no lo han pensado originalmente, que no lo han pensado creadoramente. Entonces adquieren ciertas solideces, ciertas certidumbres parciales, localizadas, de las cuales no son autores, que no han descubierto por sí mismos, pero de lo cual han participado, que se han apropiado, y que es propio también de ellos entonces.

Empiezan a orientarse, empiezan a saber a qué atenerse, y se produce un interesante proceso, que es partiendo de ciertas ideas, repito o evidentes o justificadas, se produce un cierto núcleo de solidez, se estabilidad que puede convertirse en un sistema de vigencias sociales, de vigencias colectivas.

La única manera de superar la inestabilidad de las vigencias, en la cual estamos, es el recurrir a ideas para tomarlas como son, discutibles, problemáticas, necesitadas de justificación, en las cuales uno se puede apoyar, y que se puedan poner a prueba. Las ideas tienen que ponerse a prueba, las creencias no, estamos en ellas y son más fuertes si no tenemos ni idea de ellas.

Ustedes no han pensado tan siquiera en el aire que llena esta habitación, pero si alguien extrajera el aire y lo sustituyeran por un gas extraño, se darían cuenta de que estaban en la creencia de que esta habitación estaba llena de aire respirable. Pero no han pensado ni un momento en eso. De esa creencia básica no tenían ni idea. Esta es la función primaria de las creencias. Pero cuando las creencias faltan, porque ni las hay o porque fallan o porque entran en conflicto, entonces hay que recurrir a las ideas, que tienen que ser verdaderamente ideas: problemáticas, discutibles, a veces evidentes, que en todo caso se pueden poner a prueba, se pueden justificar o mostrar que son inválidas. Esta es la cuestión.

Pero queda un problema más, y es que tratamos de fenómenos sociales, no de lo que cada uno puede hacer por su cuenta, que es principalmente pensar. Es que se pueda restablecer en una sociedad, por ejemplo la española que es la que nos ocupa, un sistema de vigencias orientadoras.

¿Cómo se puede pasar de la experiencia individual o puramente personal de cada uno de nosotros, que cuesta esfuerzo y que es muy limitada, a que una sociedad adquiera una dosis suficiente de estabilidad? Y así entrar en el siglo XXI de una manera aceptable y no demasiado problemática.

Tiene que converger esa certeza individual, esa certeza concreta de las ideas con un factor social, es lo que suele llamar prestigio, el prestigio es un fenómeno social. Hay ciertas realidades que tienen prestigio, hay ciertas personas que tienen prestigio, hay ciertas personas de las cuales uno se puede fiar.

En la vida política hay personas en las que tenemos confianza o no, tenemos confianza en ciertas personas y no en otras. Tenemos confianza en ciertos autores, escritores, que tienen prestigio, si lo justifican, si podemos apoyarnos en ellos, si no tenemos decepciones.

Ahí se ve como hay una convergencia entre la calidad individual, del político, del intelectual, del escritor, del artista y el elemento social que puede asegurar su eficacia social, por eso imaginen hasta qué punto es importante el problema del prestigio, que el prestigio exista, que haya realidades prestigiosas, que pueden ser instituciones, personas individuales, pueden ser partidos, o lo que sea en cada caso y que ese prestigio se justifique y tenga solidez, y resista a las pruebas. Esto es capital, absolutamente capital y puede ser que las épocas en que los prestigios establecidos responden a lo que pretenden ser y entonces eso da una cierta estabilidad, o puede ocurrir que sean prestigios falsos, en los cuales no se puede confiar, y entonces no se produce ese saneamiento de la sociedad, ese paso del estado de inestabilidad, a una inestabilidad suficiente para poder afrontar la inseguridad de la vida. Esto es verdaderamente importante.

Tengo un ejemplo, que el haber vivido muchos años, además de inconvenientes, tiene algunas ventajas. La experiencia de la Guerra Civil ha sido decisiva en muchos sentidos. Había en España, especialmente en lo cultural, un sistema de prestigios antes de la Guerra Civil, bastante justificados y bastante establecidos, sobreviene la Guerra Civil, que es un corte brusco, con una doble negación de todo lo que podía parecer estimable. Una parte del país niega unos prestigios, la otra niega a los otros.

Después de la Guerra Civil hubo unas presiones enormes, políticas, del Estado, de todos los poderes fueron enormemente fuertes, y sin embargo, recuerdo muy bien que en los años cuarentaitantos, en los años cincuenta, la mayor parte de la gente tenía un sistema de prestigios sustancialmente correcto. Es decir figuras no elogiadas, incluso denostadas, seguían siendo estimadas. Figuras propuestas, impuestas, no eran estimadas, a pesar de todo tenían muy poca estimación, tenían muy poco prestigio. España vivió unos quince años después de la Guerra en un estado bastante sano respecto de los prestigios.

Después esto empezó a cambiar por otras actuaciones particulares, concretas, de grupos, de organizaciones. Empezaron a perturbar esto. Es posible que desde entonces, daría una fecha que es muy importante, no voy a explicarlo ahora, desde 1956 esto empezó a alterarse. Yo diría que por diferentes cambios, por diferentes equipos de perturbación. Ha habido varias actuaciones sucesivas que han perpetuado, lo que podríamos llamar la inseguridad de los prestigios, hasta hoy. Esto es muy grave.

Yo diría que la Guerra Civil con su tremenda presión y con sus tremendos desajustes consiguió mucho menos la alteración del sistema general de los prestigios, en la vida cultural, que es lo que me refiero. Hoy estamos más desorientados que entonces, con menos claridad, con una escala de valores y de estimaciones, más insegura y quizá en conjunto menos justificada.

Pero como ven ustedes y eso es a lo que quería llegar, la única manera de superar ese estado de inestabilidad, que me parece evidente, y repito que no es solo español. En los países europeos se producen fenómenos parecidos en todos ellos. Si ustedes se preguntan cuál es el sistema e prestigios en Francia, Alemania, Italia y demás, verán que la cosa no está clara, y es muy importante, es muy grave, lo cual afecta a la totalidad de Europa en la cual estamos.

La única manera de restablecer la situación que permita proyectar el futuro con alguna tranquilidad es el restablecimiento de las vigencias que arranquen de experiencias, de valoraciones individuales, que alcancen socialmente prestigio y que puedan tener una fuerza de orientación sobre los países.

En España tal vez la situación sea más aguda que en otros países, pero el remedio quizá sea más accesible, por una razón, porque en España hay una capacidad de comunicación mayor que en otro sitios y el español, dígase lo que se diga es más receptivo que el hombre de otros pueblos. Y además no se ha producido en el grado de otros lugares, la especialización, el acotamiento de las capacidades.

En la vida cultural hay muchas personas que tienen, como en los medicamentos, un espectro muy amplio, gentes a los que les preocupan muchas cosas y se ocupan de ellas, que pueden tener una capacidad de orientación en campos muy diversos y establecer conexión entre esos diversos campos. Si encima la gente tiene alguna gracia, alguna capacidad de expresión, si por ejemplo hay un cierto número de personas a quienes leen, no solo los especialistas, que en algunos países ocurre eso de modo angustioso.

Estuve en una universidad americana muy importante y en el mismo corredor que tenía en mi despacho, había una figura muy notable de otro campo. Casi nadie sabía que estaba allí esa persona. Eran muy conocidos de los especialistas, de los profesionales, no tenían ningún prestigio social.

Comparaba el caso de don Ramón Menéndez Pidal, que era medievalista, que no hablaba casi nada más que de la Edad Media y que era una figura conocida, popular, famosa, con un inmenso prestigio. Esto no puede ocurrir en otros sitios, en otros países. Es España está empezando a no ocurrir, la gente se está acantonando en ciertos sectores particulares, ni saben, ni quieren saber de otras cosas, ni se ocupan de ellas. Pero todavía existe un cierto número de personas que quizá podrían establecer un sistema de vigencias que nos permitiera mirar con confianza hacia el siglo XXI.



                                                               La moral colectiva



La moral es un asunto personal, por tanto es asunto individual, es de cada persona. Mi libro “Tratado de lo mejor”, plantea el problema de la moral desde una perspectiva un poco nueva. Pero el hombre vive en una sociedad. El hombre vive una vida individual, pero articulada con la vida colectiva y entonces la vida moral está condicionada por la situación social en que se vive, por el conjunto de usos, de vigencias, de presiones sociales, de modelos, de ejemplos, todo eso influye enormemente.

Siempre queda, hay que insistir en esto, en que por ser asunto personal: lo decisivo es la libertad. Es decir el hombre es responsable, el hombre hace su vida, elige su vida, la realiza en la medida en que las circunstancias lo permiten, pero el proyecto es propio, el proyecto es personal, cada uno proyecta su vida, intenta realizarla. La realiza o no, la realiza mejor o peor, según el influjo de las circunstancias sociales y de algo muy importante, en lo cual no se suele reparar demasiado, que es el azar.

El azar interviene enormemente en la vida individual. La mayor parte de las cosas que nos pasan están condicionadas por el azar. Por el azar nacemos en un cierto lugar, en un cierto momento histórico. Vivimos en unos lugares o en otros, a veces por una decisión no muy personal o por el influjo de unas circunstancias. Conocemos a personas que dejan una huella, buena o mala, importante en muchos casos en nuestra vida y esto es azaroso. Nos ocurren accidentes que perturban nuestro proyecto. La palabra accidente es justamente lo que sobreviene y que no tiene que ver directamente con nuestro proyecto y que en cierto modo lo perturba.

Y sin embargo el azar no significa una abolición de la coherencia del proyecto, porque cada persona reobra sobre el proyecto desde el azar, lo absorbe, lo transforma, lo digiere podríamos decir. Hace con él su vida y lo hace a su manera. Es decir, el azar que es exterior a la persona individual, sobreviene de fuera y no se cuenta con él, y en cierto modo perturba, sin embargo la persona reacciona sobre él, lo adopta, lo transforma, lo interpreta, lo ajusta y lo convierte en un ingrediente externo, pero asimilado de su vida.

Por eso la libertad es fundamental, es decisiva. La libertad hace además que el hombre sea responsable, soy responsable, no del contenido último de mi vida, ni de lo que me viene de fuera, pero sí de lo que elijo, de lo que yo prefiero, de lo que decido dentro de las posibilidades.

Ahora bien, la sociedad ejerce una gran presión, en unos sentidos es una presión difusa, es la presión que ejercen los usos, las vigencias sociales, que en cierto modo configuran nuestra vida y le quitan espontaneidad, le quitan una cierta autonomía, al mismo tiempo la regulan y le dan facilidades.

La sociedad me da resueltos muchos problemas, por ejemplo como se viste uno. Si tuviera que inventar el traje que me tengo que poner, sería bastante complicado y me daría mucho quehacer. La gente se viste de un cierto modo, en los hombres la elección es muy limitada, las mujeres tienen un poco más margen. Existen los usos alimenticios, uno no inventa qué va a desayunar, hay desayunos habituales, en cada país, en cada sociedad.

Recordaba que en los Estados Unidos es muy frecuente desayunar huevos, pero era difícil en el almuerzo o en la cena conseguir huevos porque no se usaba. Si piden sardinas para desayunar en cualquier parte de España tendrían problemas para conseguirlas, si toman un café con leche o algo parecido la cosa es mucho más fácil. Esto automatiza la vida pero la facilita.

Esta presión difusa de los usos sociales condiciona los modos de vida, especialmente porque en nuestra época se han producido unos cambios recientes de los procesos sociales, que se han acelerado mucho y han adquirido una importancia que no tenían antes porque hay un factor, que es la comunicación, que es enormemente poderoso.

Un hombre de nuestra época recibe una serie de interpretaciones de lo real, que tienen un carácter moral muchas de ellas. Se presentan formas de vida, formas de relaciones humanas, de familia, de moral política, de una serie de fenómenos y el hombre recibe interpretaciones que se presentan a una luz determinada. Son presentadas favorablemente o desfavorablemente según los casos. Se presentan muy frecuentemente como normales porque son frecuentes.

Hay una identificación muy peligrosa en nuestro tiempo que es considerar que lo que es frecuente es normal, y lo que es normal es lícito, y lo que es lícito legalmente es moral. Son identificaciones inaceptables, puede haber cosas frecuentes que no son normales, puede haber cosas normales, pero a pesar de ello no ser lícitas y pueden ser lícitas legalmente, pero moralmente no. Por tanto hay que ven en cada caso de qué se trata.

Sobre todo se reciben ejemplos, se reciben modelos, modelos humanos, modelos de conducta que se presentan en los periódicos, en la radio, en la televisión, en el cine, en todos los medios de comunicación, y esto ejerce una influencia sobre los individuos, muy particularmente sobre los niños y sobre los jóvenes que reciben toda una serie de impactos, que les hacen ver que ciertas cosas parecen normales, parecen lícitas, parecen aceptables, y a veces no lo son.

Si ustedes consideran la diferencia que hay entre diferentes países, verán ustedes que esto es notorio. El sistema de presiones que experimenta un español no es muy diferente del que experimenta un alemán o un inglés o un italiano, algo distinto de lo que experimenta un americano del norte o del sur, que no es lo mismo, y si nos comparamos con otras formas de cultura, por ejemplo con un país islámico o de la China, las diferencias son ya muy grandes.

Este sistema de presiones condicionan, si no la libertad, porque hay un reducto último de libertad, sí condicionan la moral colectiva, lo que socialmente es aceptable, lo que parece bien o lo que parece mal. La palabra moral se deriva del sustantivo latino “mos”, que quiere decir costumbre. Es decir las costumbres tienen un carácter moral, son vividas como algo que tiene una condición moral y la moralidad queda afectada por esas costumbres.

A veces se habla de “malas costumbres”, otras veces de “buenas costumbres”, frente a las cuales, insisto el hombre es siempre libre, puede aceptar las vigencias o resistir a ellas. Una vigencia tiene vigor y por tanto tengo que tenerla en cuenta. Hay cosas que hay que tener en cuenta. Otras como cuando me preguntan por una cosa que no me interesa digo: “no opino nada”, en mi vida no cuenta.

Hay ciertas cosas con las cuales hay que contar y esas ejercen presión y tienen vigor, pero puedo resistir siempre, puedo aceptarlas, incluso con entusiasmo o tibiamente o puedo resistirlas y pudo ir contra las presiones sociales, contra las vigencias, pero no es muy fácil y de hecho la vida colectiva queda afectada por este sistema de presiones.

Si consideramos la situación actual, y más concretamente en España que es de lo que hablamos en este curso, es curioso lo siguiente: lo que se muestra, lo que se presenta como modelo, como ejemplo en los medios de comunicación, escritos o hablados o visuales, da igual para esto, son siempre minoritarios. Esto es el problema curioso, por ejemplo en la televisión, ven ciertos grupos de personas que aparecen y hablan y expresan sus opiniones y sus maneras de ver las cosas, son muy pocas personas.

Sería curioso saber cuántas personas aparecen de un modo frecuente en la televisión en un país determinado, no son muchas, por supuesto una fracción ridícula, una fracción mínima comparada con los cuarenta millones de españoles, lo mismo pasa con los que hablan en la radio o los que escriben en los periódicos o los libros, son siempre muy pocas personas.

Esto parece que tiene poca importancia, pero tiene mucha porque es lo que se ve, es lo que consta, es el punto de referencia que tiene el hombre, y la mujer. En otras sociedades y en otras épocas las personas públicas eran vistas en los teatros o en algunas ceremonias, eran pocas personas.

Recuerdo por ejemplo, cuando era muy joven había en Madrid, había unas cuantas señoras que eran famosas por su belleza o por su elegancia y eso constaba y la gente las conocía. Eso no existe ya, tiene que pasar por la televisión, que son los modelos que constan hoy. El carácter es distinto y el efecto es mucho mayor. No se entiende nada de nuestra época, y al decir nuestra época me refiero a los últimos decenios y no más, sin tener en cuenta esa presión colectiva, minoritaria en realidad pero con efectos colectivos y que se ejercen sobre la totalidad de todos los niveles sociales.

Esta es una transformación enorme. ¿Y cuál es la situación de la moral colectiva en España? Creo que no es demasiado buena. Si ustedes hacen recuento de lo que ven, de lo que se les muestra, de lo que se les comenta como positivo o favorable o valioso, a poco exigentes que sean verán que la situación no es satisfactoria y como la influencia es enorme, la situación de la moral colectiva es inquietante.

Hay a favor un factor que mencioné el otro día pero es menester volver a recordarlo, que es en cierto modo la superficialidad de los influjos, esos influjos que son inundatorios, que afectan a casi todo el mundo y que en gran proporción son muy discutibles o son incluso rechazables, son superficiales.

Algunos son superficiales porque afectan a aspectos externos de la conducta y no afectan al fondo de la actitud moral, otros que pueden ser más peligrosos son efímeros, duran poco. El influjo escrito es más hondo, más continuado, más perdurable. El efecto de la televisión dura poco a pesar de su enorme difusión. También pasa con la notoriedad, las personas que salen en la televisión todo el tiempo, si desaparecen de los programas, al cabo de poco tiempo ni se les recuerda, no han dejado huella, lo cual quita gravedad al influjo, por una parte superficial, por otra parte efímero, pasajero.

En cambio lo que se lee, sobre todo con una cierta continuidad, tienen mayor efecto, aunque los periódicos actuales dejen mucho que desear, pero producen una serie de influjos mucho mayores que con otros medios, sobre todo si se lee un único diario.

Antiguamente había muchos periódicos, diez, doce, quince y tenían más diferencia entre ellos, se leían varios. Además eran necesarios para encender las cocinas de carbón y para envolver, por no haber bolsas de plástico. La gente necesitaba papeles de periódico para esos dos casos, una razón para que se compraran más.

Los periódicos además decían cosas más diferentes, ahora hay las grandes agencias que dan la misma información, si lee una información en un periódico, la lee con pequeña variación en otro, pero en el fondo es la misma. Los periódicos tienen menos personalidad, por lo tanto se justifica menos el leer dos o tres. Pero además no había televisión, incluso la radio era bastante pobre y deficiente, no tenía mucho influjo. Empezó siendo radio de galena, que había que oír con auriculares, luego vinieron las radios con lámparas que eran mucho mejores.

Lo curioso del caso, y esto tiene que ver con la moral colectiva, es que hay personas que leen varios periódicos, pero hay otras que leen un solo periódico, algunas es porque creen que no vale la pena porque se parecen demasiado, pero hay otros que no. Hay personas que no leen más que un periódico, porque según digo: “su religión no les permite leer otro”, este es un caso muy curioso, hay personas que leen un periódico y lo toman como la realidad misma.

Recuerdo una vez que tenía que dar una conferencia en Murcia y tomé un vuelo a Alicante, me recogió en el aeropuerto de Alicante un profesor joven y me llevó a Murcia, este joven hablaba y nombraba un periódico veinte o treinta veces en el breve trayecto, pero no insistía en ello, es que era la realidad para él. Este tipo de actitud existe y tiene consecuencias en la moral colectiva.

Cuando una persona no consiente en leer más que un periódico, tiene una especia de adhesión incondicional a un periódico. Esto es bastante grave. Lo mismo ocurre con las radios y con las televisiones, entonces hay un efecto de estrechamiento del horizonte y en cierto modo lo que podríamos llamar manipulación consentida, lo cual tiene un carácter moral inquietante, Es muy grave.

En el análisis de la situación actual hay que distinguir entre personas, unas que tienen personalidad, que viven desde sí mismas, que tienen sus opiniones, que pueden no ser muy buenas, que por tanto no se dejan manipular, que ejercen su libertad. Hay otras muchas personas que están en un estado de pasividad, que aceptan lo que reciben como la realidad misma, que no ponen en cuestión. Entonces dejan que su vida sea orientada, sea configurada por influjos que son originariamente minoritarios, muy minoritarios.

Las gentes que manejan los medios de comunicación son muy pocas, representan a unas cuantas personas que ejercen un influjo enorme y que la mayor parte de la gente lo recibe con una especie de pasividad.

La desorientación de nuestro tiempo, que no es una época particularmente inmoral, creo que ha habido épocas más inmorales que la actual, pero es una época de mucha desorientación. Hay muchas gentes que no saben bien a qué atenerse, ni qué opinar. Aceptan lo que se les presenta sin mucha devoción, sin mucha fuerza, con cierta apatía, pero lo aceptan.

Eso se nota mucho en la moralidad económica, antes se utilizaba la palabra honrado, hoy no se emplea apenas. La honradez era una virtud que se estimaba en general. La palabra honesto se empleaba para las cuestiones sexuales, por influencia del inglés, que actúa enormemente sobre los que no lo saben. Los que saben inglés no les pasa nada, saben inglés y lo distinguen, pero los que no saben inglés que son legión, como en inglés “honest” es más bien “honrado”, todas las palabras de estimación son muy difíciles de traducir, como en el caso de la española “hidalgo” o la inglesa “gentlemen”.

Ahora se emplea “honesto” en español y “honrado” está arrinconado, no digamos la palabra “honor”, que simplemente no se emplea y lo grave es que no se usa mucho que es más importante.

Se piensa que todo es aceptable, por ejemplo a que a los hombres les gusten las mujeres y a las mujeres los hombres se llama “sexualidad convencional”. Esto produce una impresión general de inseguridad. Un número muy grande de personas no sabe a qué atenerse. No se atreven a juzgar, no a las personas que en definitiva es muy difícil, incluso va contra el mandato evangélico.

Pero lo que sí se puede juzgar es a las conductas y a las cosas. Hay cosas que están bien y otras que están mal, y esto se puede juzgar y se debe juzgar. En el caso de una persona concreta es mejor aplazar el juicio, pero la situación actual es que la gente cree que no se puede juzgar de nada y que lo mismo da, y a eso se llama a veces libertad, que es quizá lo más peligroso.

Libertad no quiere decir lo que a uno le da la gana o lo que a uno le dicen o lo que a uno le mandan, libertad es lo que uno puede querer, lo que uno puede querer personalmente. La mayor parte de la gente no pueden querer lo que hacen, no lo quieren, lo hacen porque sí, porque se hace o porque se dice que está bien. No lo pueden querer.

Recuerden la frase, que me parece espléndida, de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, “Ama et quod vis fac”, evidentemente se subraya mucho el “ama”, que es capital, pero hay que subrayar el segundo elemento “lo que quieras”, no lo que desees o lo que te convenga o lo que se te ocurra, sino lo que quieras, lo que puedas querer realmente.

Este es el sentido que tiene el imperativo categórico de Kant: lo que verdaderamente quieras, lo que verdaderamente puedas querer, esto significa lo que verdaderamente puedas justificar.

En la situación de la moral colectiva que no es muy alentadora, que no es demasiado buena, que no es satisfactoria, por supuesto, que es inquietante, con la salvedad que no es muy grave, en el sentido que le falta peso, de que no es muy honda, de que es en cierto sentido superficial o sujeta a variaciones fácilmente.

Esta situación no tiene más remedio o más recurso que el ejercicio de la libertad. El problema es que la mayor parte de la gente no actúa libremente, no actúa desde sí misma, desde el fondo de su persona. No elige lo que realmente quiere, lo que realmente le parece bien.

Frente al siglo que va a empezar tan pronto nos vemos en una situación en la que la gente se deje llevar, entonces se va a producir una desmoralización, más profunda que la que hay actualmente.

No olviden que la humanidad está compuesta por una serie de generaciones que conviven en cada momento, ahora son cinco generaciones por la prolongación de la vida y por consiguiente hay una serie de niveles de edad. La moralidad tiene una diferencia de generaciones bastante claras. Si determinaran los cuatro o cinco niveles de edades que coexisten en este momento, verían ustedes como lo criterios morales y de la calidad cambia, no es que las cosas vayan mejorando o empeorando con la edad, empeora y mejora dependiendo de muchas causas.

Lo grave del caso es lo siguiente: como los viejos se van muriendo y los menos jóvenes llegan a viejos, los jóvenes van ocupando el mundo y el siglo XXI va a estar moralmente decidido por las generaciones más jóvenes. Hay dos posibilidades, si estas generaciones más jóvenes reciben esos factores de desorientación, de superficialidad, de no saber a qué atenerse, de evitar el juicio moral, entonces el horizonte es muy inquietante. Si hay una resistencia, si hay una reivindicación del punto de vista propio, de la libertad personal. Si los que son muy jóvenes a medida que van avanzando en la vida están experimentando las limitaciones de lo que han recibido, de lo que se llama en general educación, que no es solo la instrucción en las instituciones, sino que es en gran medida la familia, el ambiente de la casa que es enormemente influyente, capital.

Ustedes piensen las diferencias entre los que han vivido en una casa en la cual había claridad, en que la gente mostraba su realidad, en que había un matrimonio bien avenido, con amor mutuo o las personas que nacen en una familia dividida, rota, a veces con varios cambios sucesivos. Esto influye de un modo capital.

Lo que puede servir de saneamiento general de la vida moral colectiva es el ejercicio de la libertad, la afirmación de la libertad. Después de insistir en el influjo de lo que es colectivo, creo que lo decisivo es el punto de apoyo en la vida individual, pero resulta, como ya dije al principio, que eso que se presenta como influjo colectivo se origina en grupos muy minoritarios, es decir se origina en vida individuales.

Se trata de evitar que unos cuantos aprovechen las posibilidades técnicas del mundo actual, técnicas de todo tipo, empezando por las sociales, para manipular a los individuos y despojarlos de su realidad propiamente personal. La cuestión sería hacer una apelación a los individuos, a la vida de cada cual, a los criterios propios de cada uno, a no dejarse llevar.

En definitiva la libertad como tantas veces es el remedio. He dicho muchas veces hablando de cosas más bien de tipo político, pero que se puede generalizar a estratos más profundos que la política. He dicho que la libertad, que tiene inconvenientes, que tiene males, se curan, no suprimiendo la libertad, sino con más libertad, que la ejerzan todos, no que la ejerzan unos cuantos en nombre de los demás, porque eso es manipulación, que la ejerzan todos, que cada persona sea libre, sea realmente libre y actúe de acuerdo con su libertad personal.

Entonces las dificultades se equilibran, persisten las dificultades, persisten las confusiones, persistan los conflictos. La vida humana es conflictiva, pero en definitiva se produce por lo pronto un incremento de la autenticidad, un incremento de la veracidad.

Si se dice la verdad y se obra en consecuencia, si cada uno reivindica el derecho que tiene a ver las cosas por sí mismo y a decidir a última hora por sí mismo y no por lo que le dicen o no por lo que le imponen. Si esto se hubiera hecho se hubieran evitado las grandes maldades colectivas.

No olviden ustedes que en nuestro siglo han ocurrido cosas atroces, pero las cosas atroces son de muchas maneras. Hay un terremoto o un volcán entra en erupción o hay unas inundaciones, y la gente muere, esto es lamentable, pero hay otras cosas que no son así, que proceden de voluntades libres, humanas, de actos humanos libres, que consisten en maldad.

Y si ustedes repasan la historia del siglo XX, tan ilustre, tan admirable en tantas cosas, tan creador, ven que han ocurrido catástrofes, pero han ocurrido concentraciones absolutamente pavorosas de maldad. ¿Por qué?, porque la gente se ha dejado manipular, porque ha habido grupos minoritarios, sumamente minoritarios, en comparación con el conjunto, que han llevado a la genta a la locura, a la demencia, al fanatismo. A la maldad en suma.

Al hablar de la moralidad colectiva volvemos al punto de partida, al lugar en el cual reside propiamente la moralidad, que es la vida personal, que es la vida individual, la de cada uno de nosotros.

Hay que buscar el remedio a los males, a los peligros que nos amenazan, no directamente, no primariamente en las técnicas o en los resortes de la vida colectiva, por ejemplo en la política o en la economía en la medida que la economía tiene una vertiente también moral. Hay que hacer una apelación a la moral individual, a la moral de cada uno, en suma a la personalización.

El problema es que las gentes no abdiquen de su personalidad, hay muchos que hacen cesión de su condición personal, que dimiten de ella y se dejan manejar. Todos los casos de fanatismos tan frecuentes, que los hay en grandes escalas y en pequeñas escalas, mayores o menores. De vez en cuando nos escandalizamos por unos ejemplos llamativos, que son incluso pintorescos, pero ha habido otros menos pintorescos pero más profundos.

Cuando Ortega estuvo en Alemania, muy brevemente en el año 1934, cuando ya estaba el nacionalsocialismo en Alemania, no tuvo ningún tipo de actuación, solo vio a algunas personas individuales, por ejemplo a Husserl, con el que tuvo una larga conversación. Me acuerdo que cuando volvió, nos decía a los que éramos estudiantes suyos: “El problema es que los alemanes se embarcan en una idea como en un trasatlántico”, pues bien esto pasaba con los alemanes y con muchos que no son alemanes.

Se embarcan en una idea, en general en una pseudoidea: algo que no se puede sostener, algo que no se puede justificar, que no es verdad, como en un trasatlántico. Es decir dimiten de su personalidad, se dejan llevar, se dejan arrastrar. A veces llega a ser un virus que prende y llega a ser frenético, los fanatismos son eso.

Esos son los grandes peligros, y en nuestra época por las condiciones sociales, por las condiciones estructurales, por el influjo de la técnica y lo que ella permite. Tiene una forma distinta de lo que pasaba hace un siglo, hace cinco siglos o hace veinte siglos. Se ha cambiado enormemente y por tanto hay que tener en cuenta esas posibilidades, esos peligros, esos riesgos para buscar el remedio, si lo tiene, en la vida personal.



                                                           La inseguridad histórica



La dificultad mayor que se presenta a España para empezar el próximo siglo es la inseguridad histórica. Parece que hay otros problemas que son más graves, que son más inmediatos. Este es de índole mental, si quieren ustedes. Creo que es la mayor dificultad con que se va a tropezar.

El problema está en lo siguiente: durante una gran parte de nuestra historia, sería fácil precisarlo, pero no es de este momento, los españoles sabían dónde estaban. Han dado por supuesta la realidad española, han sabido más o menos las líneas generales de su historia y han conocido el argumento de la historia española, con mayor o menor vaguedad. Han estado instalados en ello, han tenido una idea aceptable de la situación de España dentro de Europa y en definitiva dentro del mundo, y por tanto podemos decir que sabían dónde estaban.

No ocurre ahora, quizá. Esto me parece un cambio delicado y con consecuencias muy graves. La idea de lo que es la realidad española se ha hecho vaga, porque por una parte se la ha tratado de muy diferentes maneras. Hay una serie de opiniones distintas y conflictivas que más o menos se difunden, respecto de las cuales el hombre medio no puede decidir o no se atreve a decidir. Se produce ese fenómeno que fue la causa del escepticismo entre los griegos: “La discordancia entre las opiniones”.

Es un fenómeno que se produce respecto de ciertos aspectos de la realidad en algunos momentos, en algunas épocas y tiene una consecuencia muy peligrosa, que es la desorientación. En los últimos tiempos han surgido interpretaciones de la realidad española que en general van cargadas de un matiz de valoración, un matiz de estimación, es decir son optimistas o pesimistas, son afirmativas o negativas. Cuando se trata de precisar en qué consiste la cualidad que se estima o prefiere, surgen discordancias.

Últimamente se está poniendo en cuestión es algo obvio durante tanto tiempo que es la unidad española, la unidad de España como una realidad unitaria. Se ha lanzado una idea que tiene su cierta difusión, que es una especie como de mosaico, la idea es simplemente absurda porque los diferentes ingredientes de la realidad española, que son muy reales y tienen una realidad sumamente fuerte, lo que es una riqueza, son secundarios a su unidad.

En España ha habido desde la romanización una unidad, los hispani, han sido una variedad de los romanos, con una unidad administrativa y política, en segundo lugar de comunicaciones. Alguna vez me han oído comentar que hace muchos años descubrí con sorpresa que la longitud total de las calzadas romanas en la península, en tiempos de Caracalla, eran de unos treinta mil kilómetros. Tuve una sorpresa extraordinaria, esa cifra me dejó totalmente sorprendido, hubiera pensado que era mucho menor. Lo cual quiere decir que la totalidad de la península estaba muy bien comunicada con caminos, el equivalente a la mecanización actual.

Funcionaba como unidad, había además una comunidad lingüística. La multitud, desconocida ya, de lenguas prerromanas, habían quedado cubiertas por el latín, el latín vulgar, de las legiones, de los soldados principalmente, no era el latín, pero era la lengua general de la península.

Además había una organización, un derecho romano, administrativa y municipal. Funcionaba, no de manera autónoma, pero sí como una provincia del Imperio Romano, con una fuerte personalidad, incluso con variedades lingüísticas: es curioso, en español la be y la uve son el mismo sonido, eso era ya en la época romana, en Roma se decía: “Hispani quibus vivere est bibere”, “Los hispanos para los que vivir es beber”, una peculiaridad lingüística que ya ocurría en la época romana.

Después hubo una unidad que fue la monarquía visigoda que se extiende más o menos sobre la totalidad de la península y que funciona con unos reyes electivos y no muy estables en ocasiones, pero con una unidad.

Sobreviene la invasión islámica, invasión árabe o más bien bereber en el siglo VIII. Entonces esa unión de un país cristianizado, católico, que consigue que los dominadores visigodos, que eran arrianos, se conviertan en tiempos de Recaredo al catolicismo. La religión de los dominadores cede ante la religión de los dominados, los hispano romanos, algo sumamente curioso. Del mismo modo la lengua dominante es el latín, no la lengua germánica que hablaban los visigodos, incluso en español hay muy pocas palabras germánicas.

España ha funcionado como unidad, no nacional, puesto que no había naciones en ninguna parte, pero una unidad. Y esa España que desaparece como tal unidad se convierte en la España perdida, que se intenta su recuperación a lo largo de varios siglos, y es justamente la gran empresa de la Reconquista.

La Reconquista era la reconquista de España, no de reinos, ni condados, ni principados, que no existían, que fueron los resultados de la reconquista por partes. La integración por partes dicen los matemáticos, de esa realidad española. Hasta que a fines del siglo XV se completa la Reconquista y se restablece la unidad española, ahora de una forma mucho más compleja, distinta de las anteriores, la forma de la nación, en el sentido moderno de la palabra.

Desde fines del siglo continúa de una manera normal, con una diversidad que ha existido, con reinos, principados o condados, que se transformaron en regiones, articuladas como miembros de una realidad envolvente, que engloba el conjunto y que es la nación española.

Así se han sentido los españoles de una manera permanente. Es más, recuerden ustedes que en el siglo XVIII, que quizá es el momento de máxima coherencia. Por ejemplo Sempere y Guarinos, que escribe un libro muy interesante sobre los mejores escritores del reinado de Carlos III, dice incluso que cuando se habla de los escritores españoles, que no se debe decir de donde son, de qué ciudad o de qué región son, que basta con decir que son españoles, porque no se debe introducir ningún tipo de diversidad ni de rivalidad. Hay un cierto rechazo de la diversificación, en el siglo XVIII el ser valenciano o extremeño o castellano o gallego…es secundario y que no se debe insistir en ello por la preferencia de su condición de españoles.

Piensen que otro gran escritor del siglo XVIII, Mayans y Siscar, que era valenciano escribe en su libro sobre la lengua española esta frase: “entendemos por lengua española aquella en la cual todos los españoles se entienden perfectamente”, y después habla de las lenguas regionales, y dice que la más dulce es el valenciano, por el cual tiene predilección y cita unos versos, pero “lengua española es aquella en que todos los españoles se entienden perfectamente”.

Es la forma de instalación y cuando la invasión francesa de Napoleón empieza a hacer juntas de resistencia a los franceses en todas partes y luego se hace la Junta Central, y se convocan las elecciones para las Cortes de Cádiz. Es decir los españoles han vivido instalados en su condición unitaria, en su condición española articulada diversificada, la mayor parte de su historia, y plenamente desde el Renacimiento.

En el último siglo se ha introducido como una especie de desconfianza, de discusión, de poner en cuestión esto. Ha tenido un carácter muy concreto, y es el desconocimiento de la historia. Esto es sumamente grave.

La Historia de España se ha conocido de una manera bastante elemental, a veces imprecisa, con grandes lagunas. Había épocas que eran mal conocidas, el conocimiento de la Edad Media ha sido muy deficiente durante mucho tiempo, se conocía en sus líneas generales, se sabían los reinos con sus sucesivas incorporaciones, con la gran incorporación de Castilla y Aragón en tiempo de los Reyes Católicos, que fundan la Nación española.

El español normal, no especialmente versado sabía de donde venía, y por tanto sabía dónde estaba, y podía anticipar hacia dónde podía ir. Pero actualmente se ha producido un desconocimiento de la Historia, en parte, y esto es curioso, por una exigencia de mayor rigor. Sería interesante que los españoles conocieran los manuales de historia que se utilizaban hasta hace poco tiempo en los estudios elementales.

Se ha publicado hace poco un libro muy interesante del que se ha hablado poco. La Academia de la Historia organizó hace más de un año una serie de conferencias a cargo de académicos de la Historia sobre la realidad española. Estas conferencias eran hechas por personas muy competentes, en definitiva las gentes más competentes en historia y han sido publicadas en un volumen bastante grande que es muy interesante, desigual como toda obra de varios autores. Algunos capítulos del libro son espléndidos, otros son menores, pero todos de un nivel aceptable o eminente. Y hay uno de los capítulos en el que se habla de los libros en los que se estudiaba historia, manuales en los que se enseñaba historia. Recuerdo por ejemplo los libros de Moreno Espinosa donde estudié la historia de España y la Historia Universal. Alfonso Moreno Espinosa que era un catedrático de instituto en Cádiz, del siglo XIX.

Las ediciones que estudiaba eran ediciones anotadas, completadas por el que fue mi profesor de historia en el instituto Cardenal Cisneros, don Francisco Morán. Este libro era un libro elemental, de trescientas páginas, fácil de aprender, fácil de recordar, escrito con un atractivo extraordinario. Lleno de notas, de citas, de versos, de referencias a episodios históricos atractivos. Era un libro delicioso y que se recuerda siempre. Yo podría examinarme de aquel libro ahora mismo. Lo estudiaba hace ahora exactamente setenta años. Sería difícil encontrar otro libro que se pudiera recordar con tanta viveza hasta sus detalles al cabo de setenta años. Era un libro no demasiado exhaustivo pero con una selección de lo más importante.

Lo que se veía claramente en este libro, y en otros también, era el argumento de la Historia de España, y si uno conocía este libro sabía que había pasado desde los orígenes, había incluso unos capítulos sobre la España prerromana y todo eso. Esta es la situación en que estaba el español medio. Esto no parecía suficiente riguroso porque los historiadores profesionales querían una mayor precisión y más rigor. Cuando uno se acerca a un campo de la Historia las cosas son menos claras, siempre suponía una cierta esquematización y entonces se empezó a hacer una historia más de detalles. Lo cual llevó a una parcialización de la Historia. Se estudiaban partes de la historia.

Creo que es de especial importancia estudiar el conjunto de la historia de un país, porque es el personaje. El personaje era España. Si nos detenemos en los detalles se pierde la configuración, se pierde el conjunto.

Otro factor de perturbación es que se ha insistido mucho en los aspectos económicos y sociales, esto se está empezando a superar. La Historia ha sido en casi todo el mundo una historia de datos, sin nombres y sin narración. Entonces se han publicado libros como: “La evolución de los precios del trigo en Castilla entre 1200 y 1350”, evidentemente esto es muy interesante pero no es historia, son materiales para hacer historia. Pero la especialización se ha concentrado en los datos, en las estadísticas. Con lo cual el argumento se ha ido desdibujando.

El resultado es que la gente ha empezado a desconocer el argumento, esa historia elemental, en cierto modo simplificada, no siempre exacta, se ha perdido. Si ustedes quieren saber qué idea de España tiene en español medio, especialmente si es relativamente joven, y digo relativamente porque la historia lleva ya bastante tiempo. Verán ustedes que hay una cierta vaguedad, que no permite esa imagen de conjunto y por tanto produce una inseguridad.

Añadan que desde hace más o menos un siglo ha habido una voluntaria destrucción de la imagen total, de la imagen global de España. Han aparecido diversos particularismos que han tenido interés en negar la realidad histórica y global de España y atenerse a ciertas porciones, en general también muy mal estudiadas, y con un paso más, que es en el que estamos, y es con una tremenda falsificación.

No se trata solamente de la ignorancia de la historia, que es muy grande, o de su fragmentación o su confinamiento en diversos elementos estadísticos o económicos, sin argumento, sin narración, sin personajes, sin nombres propios. Sino que además hay un resuelto propósito de falsificación, de invención de una historia que no ha existido jamás. Lo cual produce inseguridad, hay una gran inseguridad.

Inseguridad que se produce cuando opera, incluso afecta, a las personas que tenían una imagen general de España en su conjunto, que tienen una cierta inseguridad porque les parece que es algo discutible y no quieren decir cosas que sean discordantes, pero los muchos españoles que parten de la ignorancia, que no conocen ni siquiera esas líneas generales, ni siquiera ese argumento de la historia, en esos casos la falsificación tiene efectos devastadores. Porque no hay recursos para combatir la falsificación.

Si no se sabe nada de la Historia, si no se saben el orden, la secuencia de las cosas. Es un fenómeno general, no solo español. Hay gentes que conocen ciertos nombres de la historia, a lo mejor saben que ha existido Carlomagno y que ha existido Napoleón, pero a lo mejor no saben quién viene antes y quién viene después, lo cual parece monstruoso pero es así.

Sobre ese vacío de desconocimiento general, de no saber dónde poner las cosas, de no tener la secuencia del tiempo histórico, se acepta lo más inverosímil, lo más falso que pueda haber y deja su huella.

Quizá esto sea la amenaza mayor que se cierne sobre España al enfrentarse con el futuro cercano. Es esa desorientación, esa inseguridad histórica, porque significa no saber dónde se está y por tanto no saber quién se es, y por tanto no ver como proyectar, hacia dónde se va.

Lo que intentamos hacer en este curso es lanzar una hojeada, insegura por supuesto, a lo que va a ser el comienzo del siglo XXI. ¿Qué puede ser España? ¿Cómo puede ser España? ¿Qué posibilidades? ¿Qué riesgos hay?, en los dos primeros decenios. La historia es inseguridad, no se puede lanzar la mirada hacia el futuro lejano. Pasa como con los meteorólogos, se puede anticipar lo que va a pasar mañana, pasado o dentro de tres días. Solo el Calendario Zaragozano de don Mariano del Castillo y Ocsiero, que se vendía y se sigue vendiendo, pronosticaba lo que iba a pasar en agosto o en octubre, pero esto ningún meteorólogo se atrevería a hacerlo. Ocurre también con la historia, pero se puede lanzar una hojeada al futuro próximo, analizando el presente, pero hace falta conocer el presente.

Y hay un aspecto más, al conocer el argumento general de la historia, se deriva de ello una impresión general de bienestar o de malestar. Esa historia de España ¿es algo satisfactorio? ¿es algo alentador?, o al contrario, es deprimente. En tiempos cercanos ha habido una propensión a la visión pesimista de España.

Esto es interesante, casi siempre con motivos reales, pero con generalizaciones abusivas, indebidas. Es evidente que ha habido acontecimientos penosos, a veces muy graves en el siglo XIX y en el siglo XX. Por ejemplo, después de la invasión francesa que fue terrible, pero que fue una invasión exterior, en la que España actuó con enorme energía, con gran esfuerzo y valor.

Y sin embargo después se produjo un gravísimo descenso, por ejemplo en el Congreso de Viena España hace un papel bastante lamentable, bastante triste. Había sido el país que, con Rusia, son decisivos en la caída de Napoleón, y con la labor de Inglaterra, sobre todo en el terreno naval, pero quedó España relegada a poco más que nada, por torpeza política, porque además en España se había establecido el absolutismo torpísimo y brutal de Fernando VII, que introduce la primera época de verdadera discordia.

Se ha hablado de las “dos Españas”, eso es un tópico falso, no ha habido nunca dos Españas. Los españoles no se han llevado bien siempre y han tenido dificultades y luchas concretas pero no ha habido nunca discordia. Discordia quiere decir que una parte del país no quiere convivir con el resto, esto no existía. La única época en que se puede hablar de eso es la época posterior a la Guerra de la Independencia, y esto se acentúa con la ruptura que suponen las Guerras Carlistas, que no fueron tan extensas como otras pero introdujeron la idea de que España era una realidad explosiva, que éramos un pueblo violento.

Esto no es cierto. La Historia de España tomada en su conjunto es la menos violenta de Europa, con gran diferencia. Si ustedes comparan la violencia ejercida por españoles contra españoles, es mínima. Si la comparan con la de cualquier otra nación europea es mucho menor. Lo que pasa es que tenemos una violencia reciente, y se deslizó en las mentes la idea de que España era un país inestable, explosivo, expuesto al espasmo. Lo que llevó a desear cualquier cosa menos eso, lo que se llamó el “marasmo”, palabra que se empleaba mucho a finales del siglo XIX. Hay un ensayo de Unamuno que se titula: “Sobre el marasmo actual de España”.

No había tal marasmo. España no estaba ni anquilosada ni paralizada. Se produce una impresión de que es un país violento y peligroso. Esto fue reforzado por la impresión penosa de España vista por los regeneracionistas, pesimista de España y de sus posibilidades. Por ejemplo el libro de Lucas Mallada sobre “Los males de la Patria”, es un libro terriblemente pesimista, España es un país pobre, irremediablemente pobre y no tiene arreglo.

Tengo una anécdota personal sobre esto y es que cuando Ortega volvió de su exilio de nueve años, el año 1945, y le pidió a sus amigos economistas que eran media docena de economistas eminentes. Les pidió que le hicieran un informe de como veían el futuro económico de España, y todos fueron terriblemente pesimistas. Esto ocurría entre el año 1945 y el año 1950. Eran personas eminentes y la mayor parte amigos míos, mayores que yo casi todos. Pero lo curioso es que poco después empezó el despegue económico de España, se produjo una prosperidad económica, que no es fabulosa, pero ha dejado de ser un país pobre, ya empezó a no serlo en 1960.

Estos economistas, que eran eminentes no contaron con dos factores: la industrialización y el turismo. Yo ahora me asombro un poco de esto, no tuvieron en cuenta los dos factores del cambio económico de España que llega hasta hoy con la Unión Europea, el Euro y todo lo demás, ni se hubiera soñado.

Pero había una impresión pesimista, deprimente. Uno ve a muchos autores que han sido de buena voluntad, por supuesto y a veces muy inteligentes. Y recuerda lo que creían que iba a ser el futuro, y piensa uno: “si fuera verdad España no existiría ya”, resulta que existe y en muchos sentidos bastante bien, en otros mal, y en conjunto mejor que en épocas anteriores.

Es decir que esa visión negativa y pesimista no era justificada, por lo menos era parcialmente justificada, y es evidente que convendría en cierta medida rectificarla. Considerar la realidad en su detalle en su conjunto y teniendo en cuenta el equilibrio entre los factores positivos y los factores negativos. Entre los peligros, los riesgos y las posibilidades. Esto me parece que es absolutamente capital.

Hoy vivimos una situación en que esto no se ve, no existe, se ha introducido en España, en una medida que es poco aceptable: el partidismo, las gentes niegan, no quieren ver lo que no les parece oportuno.

En el terreno cultural estoy observando que se escriben muchas cosas sobre diversos asuntos, lo frecuente es que no haya ningún nombre español entre las citas que se hacen, cuando en muchos temas se ha hecho mucho antes y mejor en España que en otros lugares. Esto no aparece, entonces deja una impresión negativa, de pesimismo.

La desorientación histórica, la ignorancia, la desfiguración, la falsificación en los casos más graves, supone un riesgo extraordinario. Incluso hay que tener en cuenta los riesgos que tiene a veces lo que está mejor, lo que es necesario. Les voy a poner un ejemplo aleccionador: España había sido de una magnitud colosal, está muy arraigada en España la idea de que es un país pequeño, pero no es un país pequeño ni mucho menos, por lo pronto por su extensión, por su realidad física. España es la nación más grande de Europa, inmediatamente después de Francia que es un poquito mayor, aparte de Rusia, naturalmente, pero que no es una nación propiamente.

En la época visigoda las dos unidades más grandes que había en el mundo eran el Imperio Bizantino y España, todo lo demás estaba fragmentadísimo, luego de la unidad nacional con los Reyes Católicos, se constituye lo que podríamos llamar la supernación en los dos hemisferios, la enorme extensión fuera de España, en Europa y sobre todo en América, y en otros lugares como las Filipinas.

La Monarquía Española es de un orden de magnitud incomparable con cualquier otro país. Esto tiene problemas, hay una fase de decadencia, tardía y no completa en la segunda mitad del siglo XVII, y después de la Guerra de Sucesión hay un reajuste de cuentas, como las familias que rehacen su vida y en el siglo XVIII, esto se hizo muy bien, pero esto significó una reducción de España. A parte de la pérdida de territorios y de influencia, pero la imagen fue una imagen de reducción.

Es como aquella gente que después de varios reveses cambia de piso y va a otro más pequeño. Esa fue la actitud del siglo XVIII, entrar en cuentas, arreglar la casa, con una actitud de reducción que se reflejó en la idea que los españoles tenían de sí mismos. Los españoles empezaron a pensar de un modo más cuerdo, de un modo más razonable, más justo respecto de la realidad.

Se decía que la España del siglo XVIII era una potencia de segundo orden, no es cierto, era una segunda potencia. No era el país hegemónico que había sido hasta mediados del siglo XVII. Era una segunda potencia, inferior en algunos aspectos a Francia y en otros aspectos a Inglaterra, pero era una potencia de primer orden. Y sin embargo en la mente de los españoles pasó a ser una potencia de segundo orden, lo cual es falso.

El ajuste de cuentas, el arreglo de la casa, tuvo el elemento negativo de una reducción, y una como reducción del horizonte. Pues bien yo creo que ahora, al acabar el siglo, al enfrentarnos con el siglo próximo, es menester también otro reajuste de cuentas.

Es menester volver a ver dónde estamos, de dónde venimos, qué somos, qué tenemos, qué nos falta. Y por tanto hacia dónde podemos ir. Si esto se hace bien, si los españoles lo hacen bien, si toman posesión y hacen cuentas claras del debe y el haber. Creo que podría ocurrir lo contrario de lo que ocurrió en el siglo XVIII. Creo que en vez de una reducción, tendríamos que hacer una dilatación. Justamente esto responde mucho más a la realidad. Los españoles tendrían que experimentar una dilatación de su horizonte, darse cuenta de que su magnitud es mucho mayor de lo que se cree, que sus posibilidades son mucho mayores, que además hay una conexión con el mundo hispánico, algo que es enormemente influyente, enormemente valioso, en crecimiento. De un orden de magnitud fantástico.

Esto en algunos aspectos está claro y en algunos aspectos como en la lengua, que lo hablan más de trescientos millones de personas. Después del inglés la más difundida, la más hablada como lengua propia, no como una segunda o tercera lengua, so es innegable.

Pero no es solo eso, el repertorio de ideas, de creaciones que se han forjado en España en este siglo es algo impresionante. Hace tres años en tres series, el Colegio Libre de Eméritos hizo una serie de conferencias que luego se publicaron en tres volúmenes: “El legado cultural de España al siglo XXI”, se titulaba. Es decir que aporta, que lega como posibilidades para el siglo XXI. Era impresionante, desigualmente, claro. En unos campos mucho más que en otros, pero en conjunto era absolutamente impresionante.

Se dieron las conferencias, se publicaron los libros. No recuerdo que se haya hablado de ellos nada. Creo que no son muchos los que los han leído. Creo que hubieran sido elementos capaces de modificar la manera de sentirse, de superar esa desorientación, esa inseguridad histórica. Inseguridad que no se debe perder porque la realidad es insegura, la vida humana es inseguridad, pero hay que ver esa inseguridad que límites tiene, de qué se puede partir, para enfrentarse, justamente, con esa inseguridad que es el siglo, el milenio con el cual nos encontramos.



                                               El español como modelo humano



S una cuestión un poco complicada. Ustedes saben que la idea de los tipos nacionales está muy descreditada, y con cierta razón. No hay formas permanentes, invariantes, la realidad humana es variante, histórica.

En la época romántica la imagen vigente del alemán era un joven tendido al pie de un tilo, aficionado a la filosofía y a la música, un poco idílico. A lo largo de todo el siglo XIX esto fue cambiando, piensen en la que evoca el nombre de Krupp, no digamos el nacionalsocialismo, es decir los países cambian.

Piensen en la Inglaterra medieval, de los siglos XVI e incluso parte del XVII, áspera, violenta, agitada, tumultuosa y luego tenemos la idea del gentlemen, de la pulcritud, serenidad, equilibrio y así se podrían dar tipos nacionales que son desmentidos por los hechos y que evidentemente van cambiando.

De modo que el español como modelo humano se ha de someter a la condición histórica, y por tanto a la variación. ¿Pero quiere decir que no tiene ningún fundamento?, ¿quiere decir que no hay una cierta manera de ser hombre?, que es ser español, francés, alemán…Hay un elemento de variación y hay también un elemento de continuidad.

La España de hoy es distinta de la de hace cincuenta años, no digamos de la de hace quinientos, pero cada una viene de las anteriores, ha habido cambios pero no rupturas, con una cierta continuidad. Hay una cierta manera de instalación en la vida que va cambiando, pero que mantiene ciertos rasgos permanentes.

Cuando se atiene solo a las variaciones, creo que se tiene una imagen inexacta. Para hablar de España en un momento decisivo, mientras en los Siglos de Oro, de la casa de Austria, por ejemplo, hay una evidente continuidad, pero se piensa que desde 1700, en el cambio de siglo, con la aparición de la casa de Borbón las cosas han cambiado profundamente. Por lo pronto el cambio de dinastía no es tan cambio, es más aparente. Felipe V era descendiente de españoles también, por lo que hay una continuidad dinástica y de sangre. Pero si vemos además el siglo XVIII, descubrimos rasgos de lo que llamaríamos “La vieja España”, con formas distintas, con ropas distintas, con pelucas, que por cierto, se encuentran anteriormente, como se puede observar en el cuadro famoso que está en El Escorial: “La Comunión de Carlos II”, que es de finales del siglo XVII, pero luego hay una uniformidad dentro del siglo XVIII, quizá el siglo más uniforme. Si observan cuadros del siglo XVIII todos se parecen, antes había una diferencia mucho mayor. Por ejemplo los cuadros que representan las bodas de españoles y franceses, cada uno va diferentemente vestido según qué país.

En el siglo XVIII esto se atenúa enormemente, si ustedes ven un retrato del siglo XVIII, se parecen mucho los de cualquier país, los retratos de Washington no son tan distintos de los de Carlos IV.

En el siglo XIX las cosas empiezan a cambiar más, en cierto modo porque se producen en España una serie de agitaciones, desde la Guerra de la Independencia y después hay muchas vicisitudes políticas, lo que introduce es una cierta vacilación. Hay una tendencia a que se desdibujen ciertos rasgos, pero que si se animan a leer, y se lo aconsejo, los “Episodios Nacionales”, de Galdós. No hace mucho tiempo los releí enteros, los cuarenta y seis tomos seguidos y por su orden y lo pasé divinamente.

Empieza en “Trafalgar”, en 1805 y termina con “Cánovas”, a quién asesinaron en 1897, al final de siglo. Hay cambios naturalmente, pero a última hora uno reconoce, no ya la misma España, sino un tipo humano que en definitiva permanece con ciertos rasgos fundamentales importantes, y si miramos hacia atrás es evidente que si miramos el teatro clásico del siglo XVII o a Cervantes o algunos textos medievales nos reconocemos.

Encontramos una afinidad que no encontramos cuando leemos un libro de un autor extranjero. Si leemos a Shakespeare o a algún autor italiano o francés, hay una diferencia bastante grande, con todas las variaciones que ustedes quieran, pero hay una cierta continuidad, un tipo humano con ciertos rasgos, tiene una cierta instalación en el mundo y esto creo que conviene verlo.

Vean un caso muy llamativo, que es el caso de América. Los hispanoamericanos no son españoles, y sin embargo aparecen en ellos rasgos, profundos rasgos que responden a una cierta manera de entender la vida, de relacionarse personalmente. Incluso en la inmensidad de Hispanoamérica hay muchas variedades. No es lo mismo un mexicano, que un chileno, que un argentino…pero tienen rasgos comunes entre sí y comunes con los españoles, por eso un español en tierras hispanoamericanas nunca se siente extranjero, es forastero, que es otra cosa, como un castellano que está en Galicia, o un andaluz en Valencia.

La continuidad no quiere decir permanencia, ni quiere fijeza, pero hay una cierta manera y podríamos preguntarnos por los diversos caracteres que permanecen a lo largo de la historia y que permiten el paso de unas formas a otras y establecen una manera distinta de estar en el mundo, de convivir, que es propia de los españoles.

Hay ciertos caracteres, ustedes recuerdan, que Menéndez Pidal, que se preocupó de esto con mucho talento, en su introducción a su Historia de España, el año 1947, hablaba por ejemplo de una cierta sobriedad que encontraba en los autores latinos cuando hablaban de Hispania. De los pobladores de la península ibérica encontraba ciertos rasgos de resistencia a la adversidad, de cierta sobriedad, de afrontar las dificultades con pocas necesidades.

Si ustedes consideran algo tan penoso como la Guerra Civil. Los que no son viejos no la han vivido, no han tenido una experiencia dolorosa pero muy esclarecedora, los males de la vida también tienen sus ventajas. La capacidad de resistencia que mostraron los españoles en los años de la Guerra y en la posguerra inmediata era algo asombroso. Se vivía con tan poco, en circunstancias tan duras, tan penosas, tan difíciles y todo eso se soportaba bien.

Hay un hecho no suficientemente bien explicado, en España hubo muy pocos derrumbamientos a pesar de tantos sufrimientos, muy pocas depresiones. No sé ninguna estadística de los suicidios, debieron ser muy pocos. En otros países en circunstancias igualmente penosas la gente se ha venido abajo, que no ha resistido, ha habido suicidios por ejemplo en la Europa central y en otros lugares en un número incomparablemente mayor. Este es un rasgo que se ha mantenido constante a lo largo de la historia.

Los españoles conocen poco lo que significó el descubrimiento, la exploración, la colonización de América, es algo absolutamente inverosímil. Empezando por ser muy pocos. En tiempos de los Reyes Católicos la población española probablemente no llegaba a los nueve millones de habitantes. Era un país pequeño, de poca población. Toda la población europea era muy pequeña, salvo Francia que era mayor. Pero además muy pocos españoles fueron a América. Y sin embargo en brevísimo tiempo exploraron ese inmenso continente con enormes distancias y cordilleras, ríos, selvas, desiertos.

Comparen con la América del Norte, que empiezan siendo una pequeña franja en el este, que va avanzando lentamente, muy lentamente. Todavía cuando se produce la independencia de los Estados Unidos son los “Trece Estados” del nordeste, es una pequeña fracción de lo que son hoy los Estados Unidos. Había mucho más territorio de lo que hoy son los Estados Unidos descubierto y colonizado por españoles, en el sur, en el suroeste y no digamos en el oeste.

Mientras el avance inglés fue muy lento. La exploración de los Estados Unidos actuales se hace en el siglo XIX. En poquísimos años, veinte o treinta años, con recursos mínimos, los españoles están en todas partes, ¿por qué?, porque se contentaban con muy poco, porque vivían con una extrema sobriedad, porque resistían las dificultades de todo tipo, las adversidades. Esto ha sido un rasgo que se ha mantenido a lo largo de la historia. Rasgo sumamente importante.

Pero hay otros: una cierta capacidad que ha tenido el español de improvisación. Cuando estaba en los Estados Unidos me pregunté sobre la principal diferencia entre los habitantes de los Estados Unidos y de los españoles, estaba enseñando en Yale, en el año 1956, lo recuerdo perfectamente, cuando caí en la cuenta de que el americano proyecta a distancias medias, que son por cierto las distancias de la colaboración, de la cooperación. El español proyecta a distancias extremas, para mañana o para muchísimos años, quizá para toda la vida.

Un español le dirá a otro ¿quieres que almorcemos mañana?, o esta noche. El americano rara vez hace eso, pero suele decir ¿qué le parece que almorcemos el día 23?, el español piensa: yo no sé, ¿quién vivirá? Y ¿tendré gana ese día?, gana tengo ahora pero el día 23 no sé. Esto es característico.

El español proyecta a larga fecha, aunque esto está cambiando, el matrimonio en principio es para toda la vida, ahora ya tampoco. La profesión en el español, se permanece en ella. Por ejemplo los americanos cambian más frecuentemente. Los militares trabajan en su profesión pero, por ejemplo, terminada una guerra, incluso militares de carrera no les apetece la vida de guarnición y entonces hacen otra cosa: los negocios, la industria, las fundaciones, la Universidad o ponen un rancho, otras cosas.

El español normalmente continúa en su profesión muchos años. Es una diferencia enormemente profunda. Para lo inmediato o lo remoto en el caso de España y la proyección a distancias medias en el americano. Un americano que no tiene un puesto de trabajo, un “job”, se siente inquieto, necesita tener una cierta seguridad, por lo menos para un par de años, luego cambiará, cambiará de residencia, le produce malestar el no tener trabajo.

El español en general o quiere un puesto permanente, en español se llama un “destino”, ¡qué palabra!, o bien se aviene a vivir a salto de mata. Otro rasgo entre los españoles es la mayor valoración de lo individual, respecto de las estructuras, respecto de las normas. Hay formas exageradas como decía Ganivet: “todo español querría llevar un documento que dijera, este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana”.

En un proceso lo que el español le preocupa en primer lugar es a quién va a favorecer aquello, no una norma objetiva de justicia, por eso no es probable que el jurado prenda en España, que funcione bien. Hace falta un cierto tipo de tradición, una actitud distinta. Esto produce un vicio español muy grave que es el “amiguismo”, que tiene su lado bueno también, la personalización. Siempre hay algún amigo que te puede arreglar un problema. Hay una relación personal, de persona a persona, en otros lugares no. Si hay algún tropiezo se siente uno perdido.

También está la capacidad de improvisación. Hay un rasgo que se está perdiendo. Hace tiempo el español ocultaba sus quehaceres. En otros países si alguien quiere ver a una persona tiene que pasar por un secretario que te dice que podría recibirte el mes que viene. El español ha tenido repugnancia a esto. Los españoles muy ocupados, hay españoles que están muy ocupados, trabajan muchísimo. Si aparece una persona dicen que sí y la ven. A lo mejor aquella noche se acuestan mucho más tarde, hacen atropelladamente un trabajo urgente, duermen menos. Pero son rasgos que se están perdiendo, pero hasta hace muy poco tiempo han sido válidos.

Ocultar las ocupaciones, evitar la jactancia, eso han sido rasgos que me parecen valiosos. Recuerden el tipo tan conmovedor del hidalgo del Lazarillo de Tormes, que no como, no tiene qué comer pero va con un palillo entre los dientes para fingir que ha comido, ni va a comer probablemente y no quiere reconocer que no ha comido y cuando le ofrece lo que ha recibido de limosna Lázaro: “sabrosa debe estar esa uña de vaca” y la prueba porque es lo único que va a comer. Esto es un rasgo característico y a su vez valioso.

Piensen en la simpatía por el vencido, es un rasgo también permanente de la vida española, incluso antes de que hubiera propiamente españoles. Pensemos en “La Farsalia”, que está dedicada al vencido y no al vencedor y no digamos “El Quijote”. Ha habido ejemplos en la vida política, en la vida pública muy recientes: había un político del cual se contaban chistes y se le tomaba el pelo. Hubo la impresión de que lo trataron mal, que su partido le trató mal y cesaron inmediatamente los chistes. El maltrato lo salvó. Este rasgo es bastante interesante y lo que tiene de valioso se debe conservar.

Hay otro rasgo y es que el español se ha sentido fuertemente sexuado. Digo sexuado, pues distingo entre sexual y sexuado. Sexual es una actividad sumamente importante e interesante, pero es como una provincia de la vida humana, innumerables comportamientos humanos no son sexuales, como lo que estamos haciendo ahora hablando de España y de su porvenir, que no tiene nada de sexual, no digamos “sexi”, pero sí es sexuado, está condicionado por nuestra condición de varones o mujeres. Yo soy varón y ustedes son varones unos y mujeres otras, y eso hace que sea una realidad, como toda la vida humana, de arriba abajo, del nacimiento a la muerte, y espero que después, es una condición sexuada. Se ha sentido el español sexuado, instalado en su condición sexuada, en un grado es posible que haya habido una actitud más sexual en otros pueblos.

La literatura española tomada en su conjunto es desusadamente casta, pero la condición sexuada aparece en todas partes, y ha aparecido en la vida sexual y en la vida afectiva.

Hay ciertas modalidades de la vida que aparecen, desaparecen, entran en crisis. Hay una característica de la vida española muy interesante y es el poner en segundo plano la conveniencia. La idea de que el español hace lo que le conviene es falsa, diría que en cierto modo, por desgracia, también.

Si ustedes le proponen a un hombre e otro país, no digo de todos, sino de muchos, lo que le conviene dirá que sí, aceptará, pero con el español no es seguro. Tal vez lo acepte, tal vez no.

Volvamos a la experiencia tan dura y tan fuerte de la Guerra Civil. Se supone que la gente tomó el partido que le convenía. No es cierto, yo conocía unas gentes en Madrid, tenían una situación bastante buena, vivían mejor que habían vivido antes, sin embargo deseaban el cambio político, en el que probablemente iban vivir peor, con condiciones inferiores de vida.

A veces lo que quiere es que no haga lo conveniente otro, es una actitud negativa. Hay gentes que no quieren que tengan conveniencia otros. Fue un factor decisivo en la discordia española, en la Guerra Civil, la hostilidad a un cierto estilo de vida, a una cierta retórica, a un cierto tipo de palabras, de estilos. Había una antipatía, como un caso de la Guerras Carlistas con unos prisioneros, no recuerdo de qué bando, aunque es igual. Un sargento le pegó un tiro a un prisionero sin motivo y cuando le preguntaron ¿por qué lo has hecho?, contestó: “era un rubico más atravesao”. Le cayó mal, le resultaba antipático, le pegó un tiro. Es el llevar la antipatía al comportamiento, como lo es ala simpatía, los rasgos humanos pueden tener dos caras.

En la Guerra Civil había una especie de solidaridad general, la gente se ayudaba. Por ejemplo en un viaje por carretera, que eran difíciles, que eran penosos, había la fraternidad de la carretera, decía yo. De compartir lo muy poco que se podía comer. Al mismo tiempo la atrocidad que se producía en grado superlativo.

Rasgos que son ambiguos, pero si los toman juntos, lo definitivo es que hay una cierta configuración, que es una configuración en la cual nos reconocemos. Es evidente que cuando uno vuelve a España, puede no gustarle, pero uno se siente cómodo. Esto es característico, a diferencia de otros países que uno reconoce que funcionan mejor, que se está mejor, sin embargo se descubre que lo propio es algo distinto, es otra cosa.

Recuerdo que la única vez que estuvo Ortega en los Estados Unidos, estuvo en Aspen sobre todo dando unas conferencias en el centenario de Goethe. Hizo una cosa muy curiosa. Ortega no hablaba inglés, lo leía mucho, pero no lo hablaba, y dio las conferencias en español y lo iba traduciendo el gran escritor Thornton Wilder, traducía secuencia por secuencia, y me contó Wilder que Ortega le hizo una faena, pues el primer párrafo fue un gran elogio de Wilder, que él tuvo que traducir, y cuando volvió Ortega a España comentaba que había tenido éxito, pero ya había tenido otros, lo que le interesaba era el éxito étnico, es decir el éxito que había tenido como español, porque: “El chulito madrileño pasado por Kant no está nada mal, pero hay que pasarlo por Kant”, esta fue la frase garbosa, frase muy española, muy propia del españolísimo Ortega.

El intelectual español es capaz de hacer muchas cosas, en otros países no, un intelectual no puede hacer muchas cosas porque perdería su prestigio. Ortega lo decía, un español tiene que ser, además de filósofo, escritor, periodista, torero y párroco. En otros países no ocurre.

Yo he escrito la mayor parte de mi vida artículos sobre cine. Una persona que pretendiera que lo tomaran en serio en el mundo dela filosofía no haría esto en un país extranjero. Hay casos curiosos de profesores alemanes que han escrito de asuntos, digamos más humanos con un seudónimo.

Esa capacidad de interesarse por muchas cosas, el que los escritores españoles desde que hay prensa propiamente dicha, desde comienzos del siglo XIX. Los escritores de cualquier género han escrito en los periódicos. Una parte muy importante de casi todos los escritores se ha hecho en los periódicos. Han tratado de cuestiones variadísimas, de cualquier cuestión que les interesaba, que les parecía que pudiera ser interesante para el público en general. Esto no ocurre en otros sitios. En otros países hay escritores que escriben en alguna ocasión.

Recuerdo que cuando se discutía el problema de la integración de los negros en los Estados Unidos, que coincidió con el asunto del Watergate y con lo del Vietnam, recuerdo dos espléndidos artículos que escribió Faulkner en la revista “Live”. Era excepcional, en toda la enorme crisis de Watergate y del Vietnam, escribieron periodistas y jueces, no recuerdo apenas que ningún filósofo, sociólogo, historiador tratara de esos asuntos que eran candentes, que eran apasionantes.

Una proporción inmensa dela obra de Unamuno, Ortega, Azorín. Larra anteriormente, Clarín, Valera, han escrito miles de artículos sobre cuestiones sumamente diversas. Y esto está hecho por personas que escribían libros, en algunas ocasiones muy valiosos. Es una actitud distinta, de estar pendientes de la realidad efectiva, de las circunstancias.

A veces pienso que la fantástica cultura alemana, que era la primera de Europa, y por lo tanto del mundo en aquel momento, no pudo impedir la locura desenfrenada que significó el nacionalsocialismo. Es asombroso que en un país del nivel cultural que tenía Alemania hasta 1930, con una serie de equipos de enorme valor en todos los campos. Y sin embargo no se pudo impedir esa perversión de la sociedad en su conjunto. Algo muy aterrador.

Compárenlo con España, como se conservó a pesar de la terrible crisis de la Guerra Civil, a pesar de las enormes dificultades ejercidas desde el poder, se volvió a una especie de normalidad interna. No había libertad política, y bien que la he padecido, pero había libertad social y libertad personal bastante alta, lo cual hizo que España no estuviera aplastada, que ha podido normalizar su vida de un modo normal y rápido, cosa que no ha ocurrido en otros sitios, que no está ocurriendo en los países del este, que tienen una situación sumamente complicada y difícil, porque la realidad misma está disminuida y está con resortes atenuados, cosa que no ocurrió entre nosotros.

Esto ha ocurrido en todas las grandes crisis que ha tenido España, con una historia muy compleja. Y sin embargo siempre ha habido una nota de vitalidad y de una cierta firmeza, con capacidad de enfrentarse con la realidad y resistirla.

Esa realidad dibuja un modelo humano, no digo mejor que otros. Mejor y peor a la vez, pero característico y propio y que en definitiva en él podemos sentirnos, simplemente nosotros, podemos sentirnos auténticos. Y cuando un español participa en esos rasgos, insisto en su enorme variación, pero con una cierta continuidad ha mantenido España desde que hay tal España.

Se siente capaz de proyectarse a sí mismo desde sí mismo, lo cual es muy difícil cuando un español se trasplanta a otro país. El español tiene una cierta impermeabilidad. Cuando había emigrados a Francia había y seguían absolutamente celtíberos y llegaban a un mercado y pedían ¡patatas!

Después de la invasión francesa para reponer a Fernando VII con el absolutismo, la emigración española dejó de ir a Francia y la emigración liberal se fue a Inglaterra, esto lo cuenta muy bien Antonio Alcalá Galiano, que fue uno de los emigrantes, y cuenta que en general no aprendían inglés, y resulta que en los mercados los ingleses hablaban ya español, y los serenos, que entonces había, en el barrio que vivían los españoles cantaban las horas en español. Esto lo cuenta Alcalá Galiano.

Esto denota una cierta impermeabilidad, pero al mismo tiempo muestra la capacidad de mantenerse dentro de una cierta realidad, es decir seguían siendo españoles irremediablemente, incurablemente. Lo cual tenía su lado negativo y no se enteraban del país donde vivían. He conocido españoles que vivían en otros países de los cuales apenas tenían idea.

Recuerdo que una vez me invitaron unos amigos españoles, profesores en Nueva York. Era el cumpleaños de una persona de la familia y me invitaron. Había como unas cuarenta personas, españoles todos, excepto una americana que era nuera de uno de los españoles.

Tengo innumerables amigos americanos, españoles ya los tengo en España y me bastan. Los españoles vivían en su propio jugo, no tenían trato con otras personas en Nueva York, nada menos. Esto tiene su anverso y su reverso, tiene una cara buena y otra lamentable, deplorable. Es el no enterarse, el estar metidos absolutamente en sí mismos.

Porque ocurre que por otra parte el español que vive en otro país y se funde con él, acaba de perder su realidad. Esto ha ocurrido en las emigraciones durante este siglo y ha habido como una descenso de la intensidad. Por eso decían los latinos: “el desterrado es una sombra”. Cuando se vive en un país extranjero se lleva uno muchos menos disgustos que en el propio, porque no le importa mucho lo que pasa. Si un político, un jefe de gobierno dice una estupidez, en el país propio se lleva uno un disgusto, en el país de residencia se toma con mucha naturalidad.

Se vive menos, se vive con menos intensidad. No soy demasiado partidario del trasiego actual. Mucha gente quiere emigrar a otro país, y en general vive peor, aunque económicamente está mejor, pero queda: “naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte!”, dice Machado. Pierde sus raíces, pierde su ambiente propio, no desarrolla la personalidad que normalmente tendría. A veces esto ocurre en la migración interior, de una región a otra porque los sueldos son mejores o porque hay más facilidad de trabajo, pero muy frecuentemente son menos felices que lo eran en su tierra en circunstancias económicamente menos favorables.

El balance de la felicidad y de la capacidad de proyección no suele hacerse en general. Planteé hace muchos años en “La estructura social”, la felicidad media de una sociedad en una época determinada. No se tiene claridad sobre esto. Tengo la impresión de que los españoles y de otros países, como en los países hispanoamericanos, son más felices de lo que creen.

Otro rasgo español muy frecuente es el negativismo, la frecuencia de mirar las cosas con malos ojos, el ver el lado malo de las cosas, que siempre tiene su lado bueno. El español siempre está dispuesto a ver que las cosas están muy mal y que son muy malas. Y a veces los son, pero otras veces no, o son buenas y malas, según los casos. Estamos en un momento de gran variación.

He insistido muchas veces en que el sistema de vigencias españolas que parecían firmes, que parecían muy sólidas. Muchas de ellas no lo eran, por los dos factores que nombré el otro día: la organización y la publicidad, los medios de comunicación que son enormemente poderosos. Se ha producido una aceleración del cambio. Ahora hay muchos cambios, han hecho crisis muchas creencias, muchas vigencias sociales, muchas formas de instalación, sustituidas por otras que no son tampoco sólidas, tampoco son fuertes, y que por tanto están siempre expuestas al cabio y esto ha introducido una actitud de desorientación.

Si ustedes miran la sociedad española, no es que sea particularmente mala, no es que sea inmoral, es que está desorientada, hay un número elevado de personas que no saben bien qué hacer, que no saben bien qué pensar. Lo cual es bastante grave y al mismo tiempo deja una puerta abierta, porque eso introduce un elemento de disponibilidad. Tal vez los españoles, más inseguros, sean a su vez más abiertos, más porosos, más dispuestos a rectificar, más dispuestos a recibir algo nuevo. Lo cual quiere decir que en el futuro próximo las posibilidades están abiertas, es decir España dentro de algunos años, me refiero al español como modelo humano podría ser una forma valiosa, y quizá mejor o lo contrario. Por eso creo que estamos en una situación sumamente delicada.

Hay una incertidumbre. No podemos imaginar cómo va a ser el español, y la española, que son dos formas distintas, dos formas de vida humana muy distintas. Como sería el español de los primeros decenios del siglo XXI.

Para mí sería fundamental que el español tuviera una actitud crítica, que español reconociera sus defectos, sus tentaciones, sus deficiencias y que fuera duro respecto de ellas, que procurara realmente corregirlas y superarlas, pero que no renunciara a lo que en esa forma de vida es valioso, es atractivo, tiene valor, tiene mérito, incluso un posible heroísmo. Esto sería lamentable que se perdiera o que se desdeñara, que se despreciara.

Es evidente que han empezado a actuar principios muy negativos. Por ejemplo esa vacilación sobre la realidad española como tal. Esa búsqueda de formas diferenciales, de variedades, de particularidades. Hay ciertas personas que dicen que no son españoles, y digo yo ¡qué alivio! ¡menos mal!, pero luego pienso que son más que españoles, si son la caricatura de lo español. La mayor parte de las aptitudes negativas y disidentes, si se mira bien, son exageraciones de los defectos españoles, son formas caricaturescas de las tendencias que nos amenazan, de las tentaciones que el español siente con frecuencia. ¡Pero qué españolísimos son éstos que dicen que no son españoles!, digo con frecuencia.

Esto está introduciendo como una cierta vacilación, como una cierta inseguridad. Hay mucha gente que ya empieza a dudar y al mismo tiempo se produce un cierto despego. Creo que la actitud del despego es sumamente mala, es muy peligrosa. Lo fundamental es el apego, el apego a la realidad.

Piensen que hay formas de piedad, formas religiosas, que a mí no me gustan nada, que aconsejan el despego, de todos los intereses, de las relaciones, de los afectos humanos, en nombre de Dios. No comparto esto, la creación es creación de Dios y creo que es hacer una injuria a Dios el despreciar la creación. El apego es sumamente valioso.

Piensen en los hombres del 98, tenían una actitud crítica respecto de España, les dolía España, había muchas cosas que no estaban bien, pero no había ningún despego. Lo hacía desde el apego, desde el amor, porque les importaba enormemente, porque se sentían identificados con la realidad española y querían mejorarla, querían corregir lo que tenía de deficiente o de erróneo.

Esa especie de vacilación que se está introduciendo, que es evidente que existe como tentación, que es favorecida por muchos medios y por muchas organizaciones. Esto está introduciendo una cierta inseguridad, y hay gente que no entiende bien o que no se siente española, o no sabe qué es eso.

Piensen en el pavoroso desconocimiento de la realidad española y de su historia, cosa que es aterrador. Mientras no se supere eso a fondo el riesgo persistirá y estaremos expuestos a entrar de mala manera, torpemente, de un modo infecundo en el siglo XXI.

Pero puede ocurrir lo contrario, puede ocurrir que se produzca un acendramiento de esa condición. Una toma de posesión crítica, lúcida de esa forma de variedad humana que somos los españoles. Y en ese caso sí, se podría esperar mucho del próximo siglo.

Si se hace un balance aceptable de lo que ha sido la creación científica, de pensamiento, literaria, artística de España. Durante tres años, tres cursos el Colegio Libre de Eméritos dio una serie de conferencias que se han publicado en varios volúmenes, con el título: “El legado cultural de España al siglo XXI”, qué se ha hecho que pueda servir para el siglo XXI, que pueda servir a los demás, no solo a los españoles. Resultaron unos volúmenes impresionantes, de los cuales no se ha hablado, que yo sepa, nada, que probablemente la gente conoce muy mal, y ahí están sin embargo, en unos campos más en otros menos, con una aportación desigual.

La enorme valoración que ha tenido el arte español en este siglo ¿por qué?, por dos razones, una de ellas porque no hay que traducirlo. Es evidente que la pintura o la escultura o la música ahí están, por otra parte valen dinero. Un cuadro vale dinero, se cotiza. ¿Es que son superiores los artistas españoles a los pensadores, escritores?, no, en modo alguno. Sin embargo la circulación internacional de éstos últimos es muy inferior, y no se cuenta en gran parte con ellos. De vez en cuando hay una mente clara y generosa que lo reconoce y lo dice, pero no es frecuente.

En muchos aspectos la aportación española a la cultura es comparable a la más alta de cualquier otro país. He dicho otras veces que la cultura española del siglo XX no la cambio por otra, entre otras razones porque es la mía, pero en segundo lugar porque no es inferior a ninguna otra, y en muchos aspectos es superior. Ahora ¿el español lo sabe?, no lo sabe, y además, más bien no lo cree, no lo posee, y entonces hay una propensión a abandonar todo eso, a no tomar posesión delo que se tiene.

Recuerden ustedes la frase de Goethe: “Lo que heredaste de tus padres, conquístalo para poseerlo”. No es mal consejo. Creo que el español tiene el deber de poseer su realidad, incluso en la medida en que es negativa, es dolorosa. Los problemas y los errores forman parte de nuestra realidad, somos también eso. Hay que poseerlo, y hay que descubrir en ello lo que es fecundo, lo que es positivo, lo que puede seguir viviendo, lo que merece seguir viviendo, lo que nos puede permitir seguir instalados en esa variedad humana, en esa forma de vivir que llamamos lo español.



                                   El argumento de la España del siglo XXI



No olviden el título del curso: “La España posible del siglo XXI”, la palabra decisiva es “posible”, quiero decir que hay una inseguridad que ha planeado sobre este curso y de un modo más agudo al final. Porque se trata de analizar el presente, no es cosa de profetizar, que no está a mi alcance, sino de analizar el presente y ver cuáles son las posibilidades al acabar este siglo y al asomarnos al siglo XXI.

Pero naturalmente esas posibilidades son posibilidades. Se realizan o no, pueden realizarse o no. No olviden ustedes que la condición radical de la persona es precisamente el incluir la posibilidad como elemento de la realidad. La realidad de la persona humana está hecha de posibilidades, pero posibilidad, naturalmente, insegura. Por eso no empleo la palabra futuro, sino la palabra futurizo: orientado hacia el futuro, proyectado hacia el futuro, que se puede realizar o no.

No se olvide el elemento radical de libertad, que pertenece al hombre. Por consiguiente la persona elige, decide lo que intenta hacer, lo que puede realizar o no.

Y un elemento más que conviene tener en cuenta, que ha aparecido varias veces ya a lo largo del curso, y es que el resultado no corresponde exactamente nunca a las voluntades, a los proyectos, a las decisiones humanas.

Se puede emplear una imagen, que es la imagen de un tapiz: los hilos diversos que forman la trama, forman la urdimbre del tapiz, pero el resultado a veces no se puede prever. Incluso los que tienen la pretensión de hacer la historia, dirigirla, se encuentran con que el resultado no es exactamente, y a veces es muy distinto de lo que se han propuesto, de lo que han intentado hacer.

Esto afecta a una realidad como la española y nos hace, si queremos, lanzar una hojeada a lo que puede ser el argumento en la historia de España, de la realidad española en el próximo futuro, hay que tener presente esa inseguridad.

Recuerden ustedes también los rasgos que traté de descubrir y mostrar en la lección anterior al hablar de los caracteres del hombre español, de ese modelo humano que es el español. Ennumeraba una serie de caracteres bastante distintos, variables, muy variables a lo largo de la historia, pero en una continuidad.

Y el rasgo dominante, el rasgo que me parecía característico de la historia española en su conjunto era el carácter personal. Todos los hombres son personas, sí pero la posesión de la realidad personal admite grados muy diversos. El hombre está siempre amenazado por una tentación de despersonalización.

A lo largo de toda la historia española, si la recuerdan, verán que el español rara vez ha perdido ese sentido de la personalidad. En sus relaciones con los demás, con los demás pueblos rara vez ha perdido ese sentido, lo cual no quiere decir simplemente un elogio, no quiere decir que han tratado bien a los demás. A veces mal, pero como personas. A las personas se las puede tratar bien o mal y esa posibilidad existe también, paro nunca como cosas.

Recordaba la relación con el otro que ha sido característico de la situación española desde la invasión islámica. El español ha convivido con personas distintas, de otra religión, de otra lengua, de una cultura diferente. Con un número bastante significativo de judíos insertos en la sociedad española. Es decir ha tenido una experiencia muy próxima del otro. Es evidente que toda la Edad Media ha sido un diálogo polémico entre la Cristiandad y el Islam. Toda la historia europea es eso, sí pero en España ha sido cuerpo a cuerpo, más de cerca. Los musulmanes estaban en España. Había un trato, a veces hostil y violento, otras veces cordial o de admiración mutua, según los casos, pero siempre en proximidad, lo cual acentuaba el carácter concreto, el carácter personal, no abstracto, no despersonalizado. Esto creo que se reflejó en América.

Los españoles se encontraron con pueblos enteramente distintos, radicalmente distintos, porque no tenían ninguna historia común, ninguna relación. En definitiva el Nuevo Mundo era otro mundo sin punto de conexión. No había unidad ninguna ni de lengua ni de religión ni de usos. Todas las vigencias sociales de los aborígenes de América eran totalmente distintas, independientes de todas las del Mundo Antiguo. No ya de las españolas particularmente, sino del Mundo Antiguo.

La proximidad, la frecuencia de trato, la relación inmediata que se produjo probablemente estaba determinada por esa capacidad personal que tenían los españoles, por esa vivencia inmediata del otro que habían tenido durante toda la Edad Media, y ahí se ha dado una relación que no se ha producido nunca.

Si ustedes piensan en las colonizaciones europeas de los diversos países europeos en otros continentes, no ha habido nunca nada parecido, no ha habido nada semejante. Lo que llamo el injerto español, que tiene hasta una realización biológica, que es el mestizaje. Esto ha sido característico de la realidad española.

Dirán ustedes ¿y ahora? El mundo se ha homogeneizado mucho, hay una comunicación con un papel inmenso. El que se reciben noticias, impactos constantemente, en todas partes. Se está produciendo una dosis de homogeneización, acompañada de despersonalización.

Creo que el español por debajo de la superficie en que esto ocurre, y que lo haría semejante a los hombres de otros países. Sin embargo conserva una muy fuerte dosis de personalización, con lo que tiene de bueno y de malo, tiene sus inconvenientes también.

Les recordaba el otro día, por ejemplo, que frente a la idea de conveniencia que domina en gran parte del mundo. Casi todos los hombres actuales si se les propone algo que les conviene, lo aceptan. El español no es nada seguro que lo acepte. Los españoles hacen muchas cosas que no les convienen, y además que saben que no les convienen. A veces por impulsos generosos, nobles, de admiración, a veces por impulsos negativos, hostiles, por antipatía, pero en todo caso no es la conveniencia lo decisivo. Si ustedes proponen a un español algo que le conviene, no es seguro, en otros países sí, en España no.

Pues bien, creo que esas condiciones hay que tenerlas muy en cuenta al hablar de lo que puede ser el argumento de España, ahora, en este momento, en este cambio de siglo que estamos casi entrando ya en él. Piensen ustedes en lo siguiente: España está incorporada muy fuertemente y cada vez más a Europa, España va a participar cada vez más en casi todas las instituciones europeas. La relación, por ejemplo, económica con Europa y administrativa es sumamente estrecha. Dentro de muy poco la legislación española va a incluir la legislación de la Comunidad Europea como propia, con lo que tiene de bueno y con lo que tiene de malo.

Se habla de que dentro de muy poco tiempo, poco hemos de vivir si no pagamos con euros. Siempre imagino a la vieja española que diga: “estos son tres euros veinticinco”, probablemente se adapta enseguida, pero es una novedad también.

Es decir al imaginar el posible argumento de España en el siglo XXI hay que tener presente esa vinculación estrecha y pienso que cada vez más densa y más espesa con Europa. Ahora bien, la Comunidad Europea se está organizando de un modo que creo valioso y además necesario, pero tengo el reparo que está dominada por las condiciones económicas y administrativas. Esto es peligroso, porque sea cualquiera la importancia de la economía, que es muy grande, y la importancia de la organización, de la administración, son formas relativamente abstractas de la vida humana, y la vida humana concreta tiene una enorme cantidad de dimensiones que no son esas.

La felicidad humana, que es a última hora lo que se procura buscar, lo que el hombre trata de lograr no depende primariamente de eso, tiene otras muchas dimensiones. Temo que estén en sobra, temo que se las oculte o no se las tenga muy presente, que queden por lo pronto en un segundo plano, o tercero.

Si miramos la realidad de la Europa actual encontramos que las naciones europeas han perdido una parte considerable de su personalidad, esto es una ventaja en el sentido que es sumamente improbable que haya guerras entre las naciones, las hay dentro de algunas naciones, entre fragmentos que no son naciones, ni lo han sido nunca. Pero una guerra entre naciones europeas es muy improbable. Ha habido tantas a lo largo de su historia, ahora es sumamente improbable, lo cual es una ganancia.

Pero al mismo tiempo esas variedades de lo humano que han sido las diferentes naciones, esas propuestas de humanidad que cada una de las naciones ha significado. Esa rivalidad, fraterna, a veces cainita, la rivalidad por la ejemplaridad, el que cada nación pretendiera ser la mejor en un aspecto o en otro, esto ha sido un motor de perfección de Europa extraordinario. Echo de menos que esto lo haya. ¿Hay alguna nación que pretenda ser la mejor?, no creo, probablemente ninguna.

Esto ha introducido un elemento de cierta homogeneidad que es una pobreza de Europa. La riqueza de formas de vida, de personalidades nacionales ha sido una gran riqueza de Europa. Temo que está en cierto modo en regresión, que está atenuada. No digo que no exista, hay variedades, pero se conocen mal. Lo más grave de lo que está pasando en Europa es que ignora lo que ocurre en los demás países. Se sabe muy poco de ellos, no se sabe qué es importante en cada uno.

No existe el tipo de admiración mutua que ha existido a lo largo de la historia europea. A veces violenta, a veces sangrienta, pero siempre con admiración, quizás esto falta en cambio.

La realidad española en el futuro próximo se va a realizar en una Europa afectada por estas deficiencias y con estas ventajas que también son notorias. España debería tratar de ingresar en ese mundo europeo aprovechando sus caracteres. Y acabo de nombrar el grado de personalidad que tiene el hombre español, y la mujer española, que es otra manera de personalidad bastante distinta y muy valiosa. Y España como nación.

Creo que sería además la contribución mayor que España podría hacer a Europa. Podría ser un fermento, un catalizador de la personalidad de la demás naciones europeas.

Si España ingresara a la Comunidad a la cual pertenece desde sí misma, con sus caracteres propios, sería un estímulo. Esto no es nada nuevo, pues creo que España a fines del siglo XV cuando logró su unidad nacional, cuando fue la primera nación europea, fue el catalizador de la modernización de Europa. Se puede estudiar y se puede comprobar en mil ejemplos, como España fue el estímulo de la modernización de Europa, que pasó de formas medievales a las formas de la Edad Moderna, en gran parte por el estímulo de España.

En muchos sentidos, desde el punto de vista militar, el punto de vista económico, en muchos aspectos de la cultura, por supuesto en la política. Fue el primer país que tuvo eso que llama diplomacia, hasta entonces había habido otra cosa: misiones, embajadas. Un rey mandaba una embajada a otro rey.

El sistema de la diplomacia como algo permanente, como la representación de un país, esto ocurrió con las naciones y no existió antes que ellas. Hay un estudio excelente sobre la diplomacia del Renacimiento, que es primariamente la española. Es decir sirvió de catalizador y fomentó la modernización del resto de Europa, en etapas sucesivas.

Creo que si España no renunciara a lo que tiene de propio, de personal, de peculiaridad humana, de variedad de lo humano y se presentara en Europa y ante ella desde esa condición, creo que estimularía el que hubiese un despertar de la personalidad de las diferentes naciones, de esas variedades humanas, de esas formas de vivir, de esos estilos vitales, esas formas de cultura que han sido la gran riqueza de Europa.

A Europa la veo como una orquesta, no como un batallón que evoluciona al toque de corneta. Una orquesta que hay instrumentos varios, cada uno de los cuales tiene su voz, su sentido propio y su porción de partitura.

Hace falta que haya un proyecto, una partitura, y creo que España podría servir, no ya conservarlo, de estímulo para que Europa funcionase no como una empresa económica, no como una mera organización administrativa, sino como una orquesta, que tuviera un proyecto colectivo, que tuviera una realidad variada y concorde. En lugar que haya disparos de cañón, habría voces de los instrumentos musicales, que es algo más interesante y más atractivo.

Pero hay otro elemento más que España podría funcionar en ello. España tiene una vinculación absoluta, estrechísima con América. España es una parte del mundo hispánico, que es un mundo, que es un mundo coherente, es un mundo que existe como tal mundo. Porque tiene un repertorio de ideas, creencias, de estilos vitales, de costumbres. Una lengua, una religión dominante. Hay un conjunto de elementos que constituyen una figura de mundo.

España no puede caer en la tentación de ser, porque no lo es, un país intraeuropeo, España es un país transeuropeo, y esto es capital. Ahora bien hay una tentación europea que es el europeísmo a ultranza. Es cierto que los movimientos europeístas han sido en cierta medida antiamericanismo. Esto se está quizá curándose, es menos activo. Ha habido decenios en que lo que se llamaba europeísmo era primariamente antiamericanismo.

Es un error como si hubiera un antieuropeísmo en América. La realidad actual de Europa es insuficiente. El año 1930 en “La rebelión de las masas”, Ortega pedía la unión europea. Decía: “Europa es desde hace mucho tiempo una unidad, pero no es una unión. Hace falta la unión europea, los Estado Unidos de Europa”, y lo explicaba desde muchos aspectos.

Recuerdo un ejemplo que él ponía: la industria del automóvil. Parecía que era una industria americana, la razón es que el mercado del automóvil americano es incomparablemente mayor que los mercados europeos. Hoy existe un mercado europeo del automóvil, que es incluso americano también, porque se venden muchos coches europeos en América. La industria europea del automóvil es algo fabuloso, es de las más importantes industrias del mundo. ¿Por qué?, porque se ha conseguido el mercado europeo, en España misma se producen una cantidad de automóviles, de marcas diferentes, europeas y algunas americanas.

Ha habido esa dilatación que Ortega echaba de menos, decía que los problemas de las naciones europeas no tenían solución nacional, tendrían solución europea. Algo muy parecido a lo que ocurrió a fines del siglo XV en España.

He dicho muchas veces que si a un castellano inteligente o a un aragonés inteligente le hubieran preguntado en 1460, si habría solución a los problemas, hubiera dicho no. Estaban muy mal los dos reinos. Y hubo solución española. La nación española fue la solución de los problemas que no tenían solución particular, castellana o aragonesa.

Ortega, y esto es lo triste, escribió sobre esta cuestión en el año 1930, y en el año 1939, Europa en lugar de unirse, se destruyó con la más feroz guerra mundial. Pero resulta que Europa no es la solución ya, no es suficiente. Europa depende de América y América depende de Europa.

Es decir la realidad efectiva, la realidad en la cual estamos, donde los problemas pueden tener solución es Occidente, con sus dos lóbulos: el europeo y el americano. Las naciones transeuropeas son más europeas que las otras, que las intraeuropeas, porque Europa es transeuropea, ha consistido por interesarse por lo otro, y muy especialmente por América, que es una consecuencia, una prolongación.

Ahora bien España es la más transeuropea de las naciones europeas. El vínculo de la lengua y de los demás que he ennumerado antes es tan fuerte que nosotros estamos en el mundo hispánico. Un español está en Europa, naturalmente que está en Europa, pero no menos en el mundo hispánico. La comunicación es permanente y la lengua es un vínculo enormemente fuerte, porque en definitiva los europeos hablan muchísimas lenguas, y aunque gran parte de ellos hablan más de una, algunos dos o tres, pero la relación entre los países es de extranjería, cosa que no ocurre cuando un español viaja a Hispanoamérica o un hispanoamericano recorre el continente o viaja a España nunca es un extranjero, en gran medida porque tiene esa instalación primaria que es la lengua.

Somos realidades íntegramente transparentes, mutuamente transparentes. Este en un rasgo español capital que no se puede olvidar, pero que se puede aplicar. Es decir si Europa tiene la tentación de olvidarse de América, si tiene la tentación de encerrarse en sí misma, España no lo puede hacer, España puede tener la función de impedirlo, de recordar que justamente está en una realidad que es europea y americana, que no puede renunciar a esto.

Dirán que es una gran ambición, pero ¿por qué no?, de que España puede significar una aportación capital a Europa en muchos sentidos. Ese carácter de personalización, ese trato con el otro esa falta de repugnancia frente al distinto, que no ha tenido nunca España. La vinculación con América, la presencia de Occidente, el ser un país occidental, no solo europeo. Esto puede ser una tremenda contribución, extraordinaria, de España al conjunto de la vida europea.

Dirán ustedes ¿esto va a pasar?, no lo sé, hay dificultades. La primera dificultad es que es dudoso de que España tenga conciencia clara de esto. ¿Es que los españoles, que son a pesar de todos los pesares, muy personales, que tienen un fondo de realidad muy personal, se dan cuenta de ello?, lo cultivan, lo desarrollan de un modo positivo, no lo reducen a insolidaridad o arbitrariedad o a capricho, a no tener que ver con otros. Es una gran tentación, peligrosa tentación.

Si los españoles tomaran posesión de ese carácter personal, respecto de sí mismos y de los demás, si procuraran tratarlo con esmero, desarrollarlo, perfeccionarlo. Esto significaría un tremendo enriquecimiento, por lo pronto y haría posible ese efecto más allá de España. Europeo y occidental del que les hablaba.

¿Qué ocurre con la cultura española, con la realidad española? ¿Es que se posee?, muy poco, muy poco. La historia de España es casi desconocida, mucho más desconocida que hace unos cuantos decenios, no hay que darle vueltas, es un hecho que hay que reconocer. Incluso el conocimiento de la realidad física, que había progresado enormemente en los últimos tiempos, por varias razones, por el crecimiento económico. La gente tenía más dinero, más posibilidades, viajaba por Europa, los autobuses fueron un factor capital, luego el coche particular, que tiene prácticamente todo el mundo- yo soy una excepción, muy rara-, pero la gente se dedicó a recorrer España en coche.

¿Y ahora. No se está encerrando en sus Comunidades Autónomas? ¿No se está empezando a desconocer el resto? En algunas Comunidades se enseña un trozo de río, nada más, el trozo de río que pasa por su Comunidad, como si los ríos tuvieran fronteras. Cuando las posibilidades son todavía mayores ¿No se está empezando a entrar en regresión, incluso en el conocimiento físico de España que se había conseguido? No digamos respecto de la Historia, respecto de la literatura, del pensamiento, del arte.

Hay gentes que si un monasterio admirable de su región, se destruyera o se incendiara, tendrían un disgusto tremendo, pero el monasterio que puede ser igualmente admirable, que está en la Comunidad vecina, no les importa y no lo conocen, y hasta no quieren conocerlo. ¿No puede ocurrir esto?

La cultura española de todos los siglos es una de las cuatro o cinco grandes culturas que ha habido, qué duda cabe, pero la cultura actual, la cultura del siglo XX es espléndida. Si se hiciera la revisión de lo que en España se ha hecho, se ha creado, se ha pensado, se ha escrito, se ha pintado, se ha esculpido, se ha edificado, resultaría algo enormemente valioso, muy valioso. Pero naturalmente eso es muy poco conocido, no hay que hacerse ilusiones.

La mayor parte de los europeos conocen mínimamente lo que ha sido la cultura española, o lo que es actualmente. La conocen muy poco, no conviene engañarse. Se conoce mucho más en los Estados Unidos y en el Brasil, sorprendentemente, tienen más interés, tienen más porosidad. Se tiene más idea de lo que se ha hecho en España, en los Estados Unidos, donde el hispanismo es muy eficaz y muy rico o en el Brasil que tiene una lengua distinta, traslúcida pero no enteramente transparente. Mucho más de lo que se sabe en Europa que está tan cerca, a dos pasos.

La condición para que esto sea posible es que por lo pronto los españoles se conocieran a sí mismos, poseyeran lo que tienen, lo que son, lo que han hecho y lo que pueden hacer.

El Colegio Libre de Eméritos hizo una publicación de una serie larga de conferencias, la mayor parte muy interesantes, que se publicó en tres volúmenes sobre “El legado cultural de España al siglo XXI”, era una revisión sobre lo que en diferentes campos se había creado en España en nuestro siglo y que tenía valor para el siglo XXI, para los demás. Lo que podían recibir, lo que podían utilizar, de lo que podían partir. Los europeos o los hombres en general, de las creaciones españolas del siglo XX. Se trató bien la cuestión, teniendo en cuenta que en unas cosas ha sido más creadora que en otras, pero en conjunto fue muy interesante. Tengo la impresión que, salvo las personas que siguieron estas conferencias, los demás no se han enterado. Incluso los tres volúmenes que se publicaron, uno sobre el pensamiento, otro sobre el arte, sobre la literatura. Tengo la impresión de que han tenido poco efecto, muy poca resonancia, apenas se ha hablado de ellos.

Había que hacer un catálogo de las cosas de las que en España no se habla nada, esto sería interesantísimo. De las cosas más interesantes no se habla. Se habla interminablemente de cosas que no tienen ningún interés. Para poner un ejemplo reciente, creo que hace dos años la Academia de la Historia organizó un curso sobre España, a cargo de académicos de la Historia, en general muy buenos, dieron unas conferencias excelentes, se publicó un grueso volumen con el contenido de estas conferencias. Está muy bien, con algunas diferencias como ocurre en todas las obras colectivas. Había capítulos espléndidos, la mayor parte muy buenos. No sé cuanta gente lo ha leído. No he leído nada sobre esto, no se ha dicho nada. Esto sí que me parece grave.

Hay una fundación que ha estado publicando durante meses y meses unos largos ensayos sobre diferentes aspectos de la cultura, en general, les he echado una vista, y no aparece ningún autor español de ninguna época. Entonces, claro, ¿vamos a pedir que los alemanes o los ingleses o los franceses o los polacos sepan mucho de España si no lo sabemos nosotros? Sería pedir demasiado.

Esas posibilidades que he estado ennumerando, esa acción que puede ejercer España sobre Europa, ese estímulo, ese fermento, tiene que empezar porque los españoles, sean de verdad españoles, lo sean, no al ciento por ciento, que es mucho pedir, pero quizá al sesenta o al setenta por ciento, no al veinte por ciento. Esta es la condición absolutamente capital. ¿Hay conciencia de ello? Temo que no mucho.

Temo que cuando se habla de esto y se trata de superar la situación hay una especie de desinterés, a veces como de hostilidad a la idea. Porque hay un fenómeno, no conviene engañarse, es evidente que a un número bastante grande de españoles a los que les duele que haya otros españoles que hagan algo que valga la pena. Esto es muy grave, pero ocurre, conviene no engañarse. Sobre todo cuando están en ciertas posiciones que les permiten administrar el conocimiento, administrar la popularidad o tomar posesión de la riqueza efectiva de la historia española.

He insistido muchas veces en el uso de ese concepto del espesor del presente, que es una zona de tiempo mayor o menor, que en España por fortuna es mayor que en otros sitios. Estamos hablando ahora del 98, de la generación del 98, es algo vivo, enteramente vivo. Los autores de la generación del 98 han muerto todos ellos hace ya bastante tiempo. Algunos como Unamuno o Valle-Inclán murieron en el 1936, y Maeztu. Otros han muerto después, hace muchos años, pero están vivos, están más vivos que casi todos los vivientes. Son actuales, son plenamente actuales, incluso algunos más antiguos todavía. Es una riqueza extraordinaria.

Hay el problema capital de la cultura española y es que la lengua española se fijó muy pronto, la mayor parte de los libros medievales son perfectamente comprensibles para un español actual, lo cual no ocurre en otras lenguas. Ocurre en italiano, en toscano, la lengua culta toscana también se fijó muy pronto, pero no ocurre en alemán, en inglés o en francés. Un texto del siglo XIII o dl siglo XIV es muy difícil de comprender por un europeo actual, si no tiene conocimientos particulares, conocimientos lingüísticos. En España el horizonte es dilatadísimo.

Un español puede leer casi todo lo que se ha escrito en español desde la Edad Media ¿lo lee?, esa es la cuestión. Lo puede leer que ya es bastante, que es importantísimo, a lo mejor le aconsejan que no lo lea. Hay equipos de “disuasores”, que se dedican a disuadir de leer a tal autor o a tal otro o a tal género literario, sobre todo si es contemporáneo, con gran eficacia.

El resultado es una pobreza mayor de la realidad. Es decir un país que es potencialmente rico, vive en condiciones de relativa pobreza, acentuada en los últimos tiempos, sin duda ninguna. Entonces esa posibilidad de argumento español y de influjo en Europa y hasta en Occidente, que yo veo es insegura, requiere condiciones.

No tengo seguridad de que esto que les digo, que me parece realmente posible, no estoy seguro de que se vaya a cumplir. Podría cumplirse pero tendría España que ejecutar unas cuantas operaciones propias, internas, desde sí misma, cada español.

No creo mucho en las instituciones, ni creo en los poderes públicos. Tienen su papel, tienen su función, pero es un asunto primariamente personal. Lo mismo que cuando hay una queja de que las bibliotecas públicas no son demasiado buenas, ni demasiado cómodas, ni funcionan demasiado bien. Sería mejor que fueran mejores, pero las bibliotecas importantes son las privadas, los libros que cada uno tiene en su casa y que lee sentado en una butaca, y que por la noche en vez de ir a acostarse, que es lo que debería hacer, echa la mano a un estante y saca un libro y se pone a leer. Esos son los libros eficaces, eso son los libros verdaderos, son los que traen la cultura.

Las bibliotecas públicas españolas no han sido muy buenas, las bibliotecas privadas españolas, de personas de un cierto nivel han sido fabulosas. En parte porque no eran buenas las públicas y había que tener los libros en casa. Y la gente se ha gastado durante mucho tiempo el dinero que tenía y el que no tenía en libros. El intelectual español o el escritor español que no tenía casi nada en su casa. Que vivía muy escasamente, tenía una cantidad de libros que no se permitía tener el de otros países. Se gastaba todo el dinero que tenía en libros y hasta el que no tenía, hasta el punto que no se puede vivir en las casas por estar llenas de libros, lo digo por experiencia penosa. Estos son los libros eficaces y son los que a última hora determinan la realidad de un país, los libros que la gente tiene en sus casas y los que lee.

Hay mucha gente en España que no lee nunca, que no compra un solo libro, no es que compre pocos, es que no compra libros. Es como si me preguntaran: “¿usted compra muchos hipopótamos?, ni pocos ni muchos es que no compro hipopótamos. Hay gente que se comporta con los libros así, no compra libros simplemente. Pero hay bastante gente que compra más libros que en otros países y los lee encima, esos son los eficaces y eso es lo que ha hecho que en España haya una forma de cultura, quizá más elevada y personal, más propia, menos abstracta que en otros lugares.

Y ha habido esa prodigiosa institución española que es la tertulia. Hay una diferencia capital entre el escritor o el intelectual español y el de otros países. En general en los otros países, que tienen más rigor y más utilitarismo, si a alguien se la ocurre una idea, la publica en una revista especializada, si se le ocurre una imagen feliz, la escribirá en un libro o en un artículo. El español lo dice cuando se le ocurre, por ejemplo en la tertulia. En la tertulia se han dicho las cosas más inteligentes, más divertidas y las cosas más bellas, literariamente, las han dicho espontáneamente y los demás se han nutrido de ellas.

La tertulia está en crisis porque la gente no tiene tiempo y además como todo el mundo tiene coche, cuando llega un amigo dice: “me voy porque estoy en segunda fila”, y no se puede quedar a hablar un rato porque está en segunda fila. El coche es maravilloso pero aísla, aísla enormemente. Hay que tomar las cosas en su realidad. Creo que habría que buscar sustitutivos, inventar remedios para que no se perdieran las cosas valiosas, las cosas que fomentan la cultura.

Las universidades han crecido enormemente, con miles y miles de estudiantes y miles de profesores que hacen falta. Se ha llegado a una idea que me parece sospechosa, lo que se llama la “ratio” profesor-estudiante tiene que ser determinada, es decir un profesor tiene que tener pocos estudiantes, lo cual quiere decir que hace falta un número inmenso de profesores. No estoy nada seguro, un profesor puede hablar a muchos estudiantes para aprender muchas cosas, no estoy seguro de que esto sea así.

El problema es que, ¿es posible el altísimo número de profesores competentes?, no es seguro, pero quizá, ¿y con vocación? ¿Es que existe el número inmenso de personas con vocación de profesores? Es que si no hay vocación, no funciona. La función del profesor es pensar con los estudiantes, ante ellos, en diálogo con ellos. Eso puede contagiar el pensamiento, que no es muy contagioso; es contagioso pero no demasiado. Si esto no se produce, se produce una especie de descenso, de paralización. Creo que el mundo actual está pasando por una fase en que esto ocurre. Es más necesario que nunca, precisamente, el partir de la posesión real, inmediata de las formas de la cultura, del pensamiento, de la belleza, del arte.

En España hay una potencialidad mayor de todo esto. Podría ser algo que diera un valor intrínseco a la realidad española y la hiciera eficaz en sus contactos con el resto del mundo, por lo pronto con Europa. La condición sin embargo es ineludible: la posesión plena de la realidad española por los españoles. Podremos conseguir que los demás se enteren, que los demás se lucren con esa riqueza, que la aprovechen, que la reciban.

Hay muchas cosas en la que España ha ido más allá que otros países. Ha habido formas de pensamiento o formas literarias o formas artísticas que han sido más creadoras, más fecundas. Quizá porque han sido más minoritarias, porque los creadores se han desenvuelto en situaciones no cómodas, más difíciles, que han exigido más de ellos.

Ha habido una continuidad no interrumpida, no ha habido un momento en que se interrumpa el flujo de ideas, de formas literarias o artísticas en España. Esto está desconocido, está oculto, está soterrado. Podemos comunicarlo eficazmente a los demás, es lo que creo que podríamos hacer.

Volvemos a la inseguridad, es una inseguridad grave, me preocupa, me angustia precisamente el ver con evidencia, la riqueza de esas posibilidades, pero siento el temor de que no se pongan en juego, de que no se aprovechen, de que no se posean en España, de que no se compartan eficazmente a los demás.

Este es el argumento que veo como posible en el siglo que va a empezar. Está en la mano de ustedes. He dicho que es un asunto personal, al decir que es un asunto personal, es asunto de cada uno de nosotros. No cabe delegar en otros, que lo hagan, cada uno tiene su parcela, la que le es propia.

Ustedes saben que si tuviera un escudo, si tuviera un lema, sería: “Por mí que no quede”, háganlo ustedes suyo. Muchas gracias.



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